sábado, 3 de diciembre de 2016

El encuentro entre dos pasiones y culturas

Ciudad de México, sábado 3 de diciembre, 2016.— 

Las ruinas de Santa Margarita de Belice en Sicilia.
Cuando Plutarco escribió sus Vidas Paralelas en el primer siglo de nuestra era, contrastó la vida y obra de varios héroes y personajes de la Grecia antigua y los equivalentes romanos: «respira esa vocación a un tiempo clásica, helenística y romana que emerge en sus páginas escritas con esos personajes que reflejan la universalidad de su pequeña patria enclavada en la confluencia de las rutas que unen el Norte con el Sur y el golfo de Corinto con el mar Egeo —escribió Aurelio Pérez Jiménez en la Introducción publicada por Gredos—; fue un hombre afortunado de origen griego que contaba con poderosos amigos en Roma. Por eso, trató de unir esas dos culturas y pasiones en una sola, recreando y encontrando posibles paralelismos que podía haber entre estos dos mundos sobrepuestos en el tiempo.»

A principios de los noventas le pregunté a David Huerta si quería colaborar en el suplemento La Plaza que salía los viernes y en respuesta nos entregaba sus «Vidas perpendiculares» que trataban de dos personajes que se habían encontrado en algún punto en el espacio y, por eso, contrastaban o no tenían nada que ver, excepto en ese punto en común como pudo haber sido un encuentro en el espacio o en la imaginación del poeta.

Con El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa creí haberme encontrado en un punto dado, no sólo por ser un escritor tardío, sino por ser también un aficionado lector de Shakespeare que ofrecía talleres sobre sus obras en su casa de Palermo. Me puse a seguir los viajes que hacía de niño cuando iba con toda su familia a Santa Margarita de Belice en Sicilia, viajes que años después fueron parte de su novela como la Villa Donnafugata, donde el príncipe Salina pasaba el verano con toda su familia.

Fue la única novela que escribió y también fue inspiracional para escribir las Confesiones de Maclovia (El Equilibrista, 1995), cuando me instalé en la Villa de Chapala para recorrer no sólo la infancia y adolescencia por la ribera del ensueño, sino la escenografía del relato familiar de Maclovia. Con el conocimiento de sus viajes, me crucé en ese punto de la imaginación con Lampedusa, empalmando mis recuerdos de la infancia cuando en agosto íbamos al rancho de Santa Bárbara, cerca de Tepatitlán que ahora son las mismas ruinas.

Pero, el deseo de satisfacer mi curiosidad a través de la literatura también ha funcionado con otras obras, como el viaje que hice a Roma después de haber leído la novela con el mismo título que el blasón de la familia imaginaria tal como la escribió Jean d’Ormeson: Aux Plaisir de Dieu, blasón que está grabado en el arco de cantera a la entrada de la supuesta mansión en la Vía Apia Antica, misma que busqué hasta encontrarla por instinto y por azar, antes de celebrar con un Chianti ese encuentro entre la fantasía y la realidad. 

A partir de entonces, intento recrear otros viajes y otras cosas, siguiendo, tal vez, lo que declamaba el Coro en la Antígona de Sófocles, cuando aseguraba que «hay muchas cosas admirables, pero ninguna más que el hombre. Él es quien, al otro lado del espumante mar, se traslada llevado del impetuoso viento a través de las olas que braman en derredor; y, con la más excelsa de las diosas, la Tierra, incorruptible e incansable, la esquilma con el arado, dando vueltas sobre ella año tras año, para revolverla con ayuda de la raza caballar; así como, la habilidad del hombre recoge los peces del mar con cuerdas tejidas en malla.»

Tal vez por eso acudo a Shakespeare, admirando, entre otras cosas, la complejidad del hombre que es como el cuento de nunca acabar.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Descubrir la verdad de las mentiras

Ciudad de México, sábado 26 de noviembre, 2016.— 

Dolores Heredia, Estephany Hernández y Jorge Zárate, en La Chunga.

El director de teatro Antonio Castro llegó de Barcelona después de haber estrenado El filósofo declara de Juan Villoro y llegó para dirigir La Chunga (1986), esa obra de teatro de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel 2010, quien es el invitado especial de Latinoamérica para la FIL-2016 que hoy se inaugura

La Chunga se pone en escena el próximo lunes en el Teatro Diana de Guadalajara, para ver si podamos descubrir los misterios que nos aguardan desde aquel día que se reunieron cuatro amigos en una cantina que regenteaba esa mujer que le decían La Chunga en San Miguel de Piura, a orillas del Pacífico, cerca de la frontera con Ecuador, en donde iban los parroquianos a jugar a los dados y apostar lo que traían de lana.

Vamos a ver a cuatro amigos que al mismo tiempo que juegan, hablan de sus historias y presumen de sus conquistas. De pronto, recuerdan aquella tarde en la que Josefino llegó con Meche, la bella Mercedes, una joven ingenua que fue víctima de las pérdidas que sufrió su compañero cuando perdió todo en el juego y, pensó resarcirse si le ofrecía a La Chunga, que Meche pasara con ella la noche a cambio de unos soles: las dos mujeres subieron a la planta alta de la cantina, donde La Chunga tenía su cuarto y luego, nadie volvió a ver a Meche que esa noche desapareció sin que tuvieran más noticias de ella. Por eso, tanto Josefino como los tres amigos y, al final, La Chunga, nos van contando lo que cada uno de ellos cree que pasó esa noche, mezclando la realidad con la fantasía, para que cada uno de nosotros descubra la verdad de las mentiras.

«Mentir es inventar, añadir a la vida verdadera otra ficticia, disfrazada de realidad. Es odiosa para la moral cuando se practica en la vida, pero es una operación lícita y hasta meritoria cuando tiene la coartada del arte. En una novela, en un cuadro, en un drama, celebramos al autor que nos persuade, gracias a la pericia con la que maneja las palabras, las imágenes, los diálogos, de que aquellas fabulaciones reflejan la vida, son la vida», tal como lo había definido Vargas Llosa.

La Chunga la escribió en 1986 para estrenarla en el teatro Canout de Lima y tiene dos actos: el primero, con cinco escenas y el segundo con diez, cuando escuchamos a Josefino, El Mono, José y Lituma y, al final a la Chunga, eso que cada uno cree que pasó aquella noche.

No conocía que Vargas Llosa hubiera escrito tantas obras de teatro, así que, aprovecho para compartir la lista de obras que ha escrito: La huida del Inca (1952), La señorita de Tacna (1981), Kathie y el hipopótamo (1983), La Chunga (1986), El loco de los balcones (1993), Ojos bonitos, cuadros feos (1996), Odiseo y Penélope (2007), Al pie del Támesis (2008) y Las mil y una noches (2010).

Roberto Ángeles aclara cómo es que, con La Chunga, aparece una nueva línea en la dramaturgia de Vargas Llosa que nos presenta el lado monstruoso de un personaje como si fuera una alternativa humana real. «¿Cómo es posible que un hombre venda a su novia por una noche, y cómo es posible que una mujer la compre por tres mil soles? Lo que los personajes se imaginan que hizo La Chunga puede ser monstruoso, pero, lo que ella cuenta, es otra cosa. Quizá lo que hizo fue algo tierno y muy humano, pero el monstruo está cerca y puede habitar en la misma persona», tal como piensa este crítico de teatro.

Tal vez por esto dice Vargas Llosa lo siguiente: En la literatura siempre encontré la verdad de las mentiras. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

Época de tirar cohetes

Ciudad de México, sábado 19 de noviembre, 2016.— 

Arquitecto Andrés Casillas de Alba.

El jueves pasado, la Facultad de Arquitectura de la Universidad Anáhuac le otorgó la medalla Antonio Attollini 2016 al arquitecto Andrés Casillas de Alba, hermano mayor de quien he recibido una gran influencia en muchos sentidos, sobre todo, en lo cultural para ver la vida a través de su estética que, para él, es su modus vivendi.

Un día le pregunté cuándo había decidido ser arquitecto: «Nunca —me dijo—, es decir, desde siempre… desde que estaba en la primaria dibujaba casitas». Qué afortunado ha sido de saber qué era eso que lo apasiona, como les sucede, me imagino, a los músicos que nacen con ese don y no pueden imaginar que la vida tenga sentido sin practicar su oficio.

Desde siempre observa lo que le rodea: animales, cosas, espacios y objetos de arte o la literatura o la música de Bach o la comida y su presentación y, por supuesto, a la gente con la que se relaciona sobre todo si comparten su muy personal ‘estética’, porque todo aquello que se sale de esos parámetros, queda, automáticamente fuera de su área de interés

Mi madre decía que se parecía mucho a su padre, pues ‘tenía los ojitos de tu abuelo’ que era el ingeniero y después arquitecto Guillermo de Alba (1864-1933), un tapatío que decidió irse a estudiar a Chicago a finales del siglo XIX para traer consigo el estilo de lo que ahora conocemos como la Escuela de Arquitectura de Chicago, con Louis Sullivan (1856-1924) como su representante, para construir con ese estilo, entre otras obras, el Hotel Fénix de Guadalajara y el fraccionamiento de las Colonias, para ser uno de los promotores de la transformación del pueblo de pescadores, en toda una señora Villa de Chapala, construyendo casas como la Villa Niza que ahora es de Patricia Urzúa y Mito Arce, o la propia que le llamó Mi Pullman, ahora reconstruida por una inglesa y, por supuesto, la Estación de Chapala construida en 1920, lo último que hizo antes de irse a vivir a la Ciudad de México.

Mi madre decía que tenía la misma mirada y los mismos ojos sumidos de su padre a quien tanto quiso. Es cierto, esos ojos hundidos son muy de la familia de Alba y dogo que también heredó su oficio, pues nunca se le ocurrió ser otra cosa que arquitecto.

Joven se fue de la casa para estudiar en la Technische Hochschule de Ulm en Alemania, la versión de la postguerra de la Bauhaus y de ahí nos mandaba fotos con la nieve rodeando su casa, antes de irse a trabajar en la remodelación de la ciudad de Isfahán, Persia (ahora Irán), con un despacho de arquitectos alemanes.

Antes de todo esto, mi padre lo había castigado (dice que es el mejor castigo que ha tenido en su vida) al rancho Santa Bárbara en Tepatitlán, pero, como ya veía el mundo a través del cristal de su estética, todo lo que había en el rancho, la sogas, los muros de los potreros, el piso de loseta, el canto de los rancheros antes de dormirse para levantarse con el sol, todo eso lo fue integrando a su caja de herramientas que luego utilizó mientras iba desplegando su ‘arquitectura de la intimidad’, como le digo, porque, por fortuna, vivo en una de las casas que él diseñó, acá en Tlalpan, donde somos felices y que, con el tiempo, sólo queremos estar aquí, así que, como dicen, me van a tener que sacar ‘con los tenis por delante.’

La medalla que le otorgó la Universidad Anáhuac es un reconocimiento a la calidad de su obra, misma que se ha estado transformando dentro de los parámetros para que sean totalmente vivibles, mejorando el estilo de vida de sus habitantes.

Por eso digo que es época de tirar cohetes, como se hace en estas ocasiones. 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Tejer con palabras el paso del tiempo

Ciudad de México, sábado 12 de noviembre, 2016.— 

Tejedoras.
Nos ha caído la espada de Damocles con quien resultó el Presidente electo de EU. Hay muchas manera de entender y elaborar la realidad. Una de ellas puede ser, en una especie de catarsis, con el tejido de las palabras como si fueran una serie de asociaciones libres para llegar a entender lo que significa eso que hoy nos parece importante, tal como recuerdo que lo que expresó Chejov cuando uno de sus personajes nos dice que no nos preocupemos porque «cuando pase el tiempo, todo lo que hoy parece serio, importante y significativo se olvidará o parecerá insignificante.»

Y con el tejido de palabras recuerdo la manera en la que mi madre digería su propia angustia y apaciguaba sus ansias tejiendo por las tardes en Guadalajara unos zapatitos para los recién nacidos o unas ‘mañanitas’ para que las madres estuvieran calientitas a la hora de amamantar a sus hijos.

Las madejas se las vendían sueltas y por eso me pedía que las detuviera con los brazos abiertos mientras ella hacía la bola de estambre, vuelta y vuelta, platicando de cualquier cosa antes de tejer y tejiendo pensar en su próximo viaje a la ciudad de México, para salir a caminar por el Paseo de la Reforma e imaginar la felicidad de volver a ver a sus primas las Palomino. Hacía años que nos habíamos ido a vivir a Guadalajara y desde entonces vivía pensando en su próximo viaje en ese...

       Ir y quedarse y con quedar partirse,
       partir sin alma y ir con alma ajena... 

como decía Lope de Vega. Esta historia de su vida la descubrí, como lo conté una vez, cuando vi Las tres hermanas de Chejov, la historia de las hijas del general Prózorov, que había sido más o menos notable y que había fallecido hacía un año, el mismo día que empezaba la obra:

—Aunque era General y estaba al mando de una brigada, asistió poca gente a su funeral. ¡Claro!, estaba lloviendo a cántaros, sí, estaba lloviendo y nevando —como decía a Olga, una de las tres hermanas que tanto le costaba aceptar la realidad y, en lugar de decir que no había ido nadie porque ya no se acordaban de su padre, creía que era porque había llovido y nevaba.

Hacía once años que las hermanas habían salido de Moscú para vivir con su padre en un pueblito Desde entonces, añoraban los años en Moscú —como mi madre extrañaba la ciudad de México— y todo el tiempo soñaban regresar a su paraíso perdido, a esa ciudad en donde vivieron felices cuando eran niñas y vivía su madre.

Tal como ahora añoro Guadalajara en ese tiempo como el que menciona Renato Leduc… 

       y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
       amor de aquellos tiempos,  cómo añoro
       la dicha inicua de perder el tiempo.

Dos de las hermanas estaban a cargo de la casa y Andrei, el hermano menor, venía en el verano porque estudiaba para maestro. En una de las vacaciones se comprometió con Natasha que, según Masha, ‘se viste mal, es pretenciosa y controladora’, como lo fue una vez que se casó y se apoderó del control de la casa hasta el día que Andrei se suicidó.

—Cuando vivía papá y era el día de su santo, venían hasta treinta o cuarenta oficiales... Hoy, no hay más que un hombre y medio y, a juzgar por el silencio, esto parece una tumba... —como decía Masha y con este hilo de palabras me pongo a tejer para no pensar más en lo que nos espera creyendo esto que decía una de ellas:

—Se han olvidado de mi padre como se olvidarán de nosotros. Ese es nuestro destino y no tiene remedio. Cuando pase el tiempo, todo lo que hoy nos parece serio, importante y significativo se olvidará o parecerá insignificante.

domingo, 6 de noviembre de 2016

¿Caerá la espada de Damocles?

Ciudad de México, sábado 5 de noviembre, 2016.—

La espada amenaza en medio de la fiesta de Sicilia.

Cuando nos sentimos amenazados pensamos tener la espada de Damocles encima de nuestra cabeza, como Horacio en sus Odas: ‘para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia ya no tendrán ese sabor y el canto de los pájaros y los acordes de la cítara no le devolverán el sueño, ese que no se desprecia en las humildes viviendas, ni en la umbrosa ribera, ni bajo las enramadas de Tempe acariciadas por los vientos’.

Así nos sentimos a tres días de que se defina el próximo Presidente de EU y, por eso, como la reina Sicilia, en medio de las fiesta pensamos que nos puede caer la espada que amenaza y nos quieta el sueño.

Es filosa y nos tiene nerviosos además de que todo lo que estamos viendo que tal parece es muestra de la decadencia de ese imperio, al tiempo que deseamos haya otro Edward Gibbon que nos pudiera trazar, tal como lo hizo puntual en La decadencia y caída del Imperio Romano, cuando los ‘emperadores’ los subastaban la Guardia Pretoriana, como fue el caso de Dido Juliano en el 193 quien fue el que hizo la mejor oferta para ese puesto… ¡dioses del Averno!

Así fue como el Imperio desapareció en el 476 para que inicie la Edad Media durante los siguientes mil años, hasta la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453 o, como aseguran otros expertos, cuando Cristóbal Colón escuchó el 12 de octubre de 1492 al que estaba en el trinquete (no el que ustedes conocen, sino tal le dicen al primer palo en la proa) anunciando: ¡Tierra a la vista!

Mil años pasaron en medio de las tinieblas en donde no se sabe si los romanos habían deseado pasar por una acogedora oscuridad, esperando a los bárbaros como Beckett nos lo recuerda después ‘Esperando a Godot’.

—¿Qué esperamos agrupados en el Foro?
— Que lleguen los bárbaros.
—¿Por qué está inactivo el Senado y los senadores no legislan?
—Porque hoy llegan los bárbaros.
—¿Qué leyes votarán los senadores?
—Cuando los bárbaros lleguen, impondrán su ley

Una cita Rafael Reig en Señales de humo (Tusquets, 2016) para que tomemos nota cuando la mayoría puede estar esperando que llegue ‘el bárbaro del Norte’.

La sensación es parecida y el mal sabor de boca que nos dejan los ataques, las mentiras y las ofensas personales en los debates, en lugar de las propuestas constructivas. Se han dado con todo: infidelidades, mentiras y correos. Cómo extrañamos aquellos tiempos cuando había principios y valores.

También los españoles se preguntaron lo mismo con los moros y como dice Reig, se preguntaban: ¿qué deseaba más en España: la fantasía de los nobles godos, ociosos e ignorantes o esos ocho siglos de los musulmanes cultos?

La vergüenza ajena, el ‘mu’ cuando vemos en el escenario que hacen el ridículo y vociferan para esconder la carroña que cargan tratando de ocultarla y que nos deja insomnes, con miedo de que se desbarranquen los frágiles puentes que han sido suficientes para progresar en medio de esa libertad —amenazada ahora por la corrupción y el crimen organizado—, de la que todavía gozamos, conscientes de haber avanzado en poco más de un siglo, sumando esfuerzos y manteniendo el deseo de perpetuar la libertad individual —como proponía Stuart Mills— protegiéndola de la intromisión de los gobiernos o de las fuerzas sociales o religiosas, porque nadie tiene derecho a meterse en nuestro espacio privado, impidiéndonos u obligándonos a actuar en cierto sentido, aunque prometan hacerlo por nuestro bien o para procurarnos la felicidad.

¿Seguirá la fiesta de Sicilia o caerá la espada de Damocles para arruinar lo que hasta ahora hemos logrado, aunque esté pegado con alfileres? La suerte está echada. Esperemos los resultados.