sábado, 25 de febrero de 2017

Valsando un vals sin fin...

Ciudad de México, sábado 25 de febrero, 2017.— 

La Casa del Poeta: valsando un vals sin fin…
Y pensar que pudimos en una onda secreta de embriaguez, deslizarnos, valsando un vals sin fin, por el planeta..., tal como deseamos hacer esto que sugiere el de Jerez, el poeta Ramón López Velarde (1888-1921), un hombre que murió a los 33 años de edad en la calle de Álvaro Obregón no. 73 de la Ciudad de México, donde ahora es ‘La Casa del Poeta’ que, por cierto, ojalá la puedan conocer cuando vengan a México para entender mejor esas ganas de valsar toda la vida, sin importar cómo vivía porque era, desde esa cáscara de nuez ‘el amo del universo’ y la nostalgia. 

Haciendo a un lado todo el ruido que nos amenaza allende el río Bravo, el fin de semana pasado tuvimos la fortuna de escuchar La Valse de Maurice Ravel (1875-1937), con la OFUNAM bajo la batuta de Josep Pons, director huésped que ha dirigido, entre otras, la Orquesta de Granada y la Nacional de España, para ofrecernos una versión de primera de esa obra donde conectamos y asociamos, durante su ejecución, el deseo de valsar sin fin por el planeta con ese poema musical que implica el deseo contenido y el placer de girar como un planeta, tal como lo sugiere la obra de Ravel que terminó de componer en 1920, justo después de la primera Guerra Mundial, para que toda Europa volviera a creer en sí misma, recordando la felicidad que implica el valsar y recordar el poema de la secreta embriaguez de deslizarnos por ese espacio imaginario tomados de la cintura de nuestra pareja resistiendo así la fuerza centrífuga con esa sonrisa que es su sello, como sucede en estos casos y como siempre la imagino, feliz girando sobre nosotros mismos alrededor de la sala, como planetas de esa otra galaxia, mientras esperamos con ansias que Ravel concluya de una vez por todas con el deseo que provoca desde los primeros acordes, cuando parece que escuchamos las cintilaciones del Zodíaco sobre la sombra de nuestras consciencias, como decía el poeta de Jerez.

Ravel lo compuso para que Sergei Diaghilev la acompañara con una coreografía, pues era el creador y promotor del ballet Ruso en el París de esos años. Por alguna razón que desconocemos, no la aceptó y Ravel se dio la media vuelta y la estrenó en su versión sinfónica el 12 de diciembre de 1920 en París.

Casi un siglo después, la escuchamos con gusto porque logra llevarnos de la mano por un salón iluminado con su ritmo que incita girar con esa alegría que promete el vals como el que bailaban en Europa y el mundo entero desde el siglo XIX.

Parte del silencio y pronto los acordes que lo identifican como vals; luego, divaga, seduce, acaricia la idea y aparenta irse por otro lado, por aquellas noches de luna, bajo el laurel de la India en la Villa Montecarlo de Chapala, lleno de poesía y de ilusiones, cuando creíamos en el perfecto estado de la felicidad, la misma que ahora vuelve a provocar si tarareamos su ritmo, acompasado y fluido como el agua fresca de la mañana.

De pronto parece que hay unas nubes que pronto se dispersan, pues el ‘vals mata sombras’ y nos deja el campo abierto y luminoso de la fantasía para volver a ese salón, nuestro escenario, iluminando por el rostro de la pareja hasta desembocar en lo que sería el vals en toda forma con todo y su torbellino de buenos deseos.

Contenido el vals en todos los sentidos, es decir incluido su ritmo y cadencia, resulta ser una pieza musical que reprime el desemboque enloquecido del amor, tal como sucede con los valses de Strauss, ‘el rey del vals’, que se constriñe durante el noviazgo antes de la avalancha para valsar el amor tan esperado.

sábado, 18 de febrero de 2017

Los zares de la mentira

Ciudad de México, sábado 18 de febrero, 2017.— 

Moulder-Brown (Krull) y Magali Noël en Félix Krull, TV, 1982. 

«La mitomanía es un trastorno psicológico que consiste en mentir de manera compulsiva y patológica. El mitómano falsea la realidad para hacerla más soportable y puede tener una imagen distorsionada de sí mismo generalmente asociada al delirio de grandeza», así es como definen esta enfermedad que viene a cuento porque estamos viviendo el delirio de un mitómano que ha convencido a más de 60 millones de personas que creen —cada vez menos— lo que dice, incluyendo eso que le llama ‘realidad alternativa’ o la amenaza de un terrorismo imaginario que, según su equipo, dice que ha sucedido algo que no ha pasado, aunque sus seguidores están seguros de que ‘el mundo se ha aprovechado de ellos’ y, por eso, ‘es hora de exigirles y ponerlos en su lugar’, sin importar que el resto del mundo ve las cosas de otra manera. 

Entre otras cosas hemos entendido que ‘el déficit en la balanza comercial con México no necesariamente es malo y que, el argumento de Trump está equivocado’, tal como lo explica un experto en la materia.

Para entender mejor a los mitómanos acudo a la literatura para ver si así podemos jalar el hilo de Ariadna y logramos salir del laberinto en el que nos encontramos. Son las Confesiones del estafador Félix Krull de Thomas Mann (Edhasa Literaria, 2009) con el que pude seguirle la pista a este joven que desde joven aprendió la manera de evadir su realidad creando otra en paralelo, en donde Krull sostiene «que todo engaño que no se base en una verdad superior y que no sea una pura mentira, resulta torpe, imperfecto y susceptible a ser descubierto». 

Siguiendo estos principios, Krull llegó a convertirse en un impostor que se comportaba según el papel que le tocaba hacer en un momento dado, desplegando con naturalidad ese castillo de naipes, con una tras otra de sus mentiras, hasta que un día, un resbalón acabó con lo construido para caer por los suelos.

Nunca en la historia moderna había sucedido una reclamación mundial con pelos y señales sobre los engaños y la conducta de un mitómano. Nunca antes hubo un Presidente con el descaro de mentir basado en esas ‘verdades superiores’ que son, en realidad, sus propias mentiras o ‘realidades alternativas’, como las de ese hombre que está cerrado a cualquier discusión, pues tiene ideas fijas, inamovibles e indiscutibles y él es el poseedor de la verdad.

Estamos frente a un fenómeno de malestar mundial causado a menos de un mes de estar en el poder, en donde los millones de seguidores no se detienen a reflexionar porque… ‘en una estampida, el que se detiene parece que huye’.

Todos somos un poco mitómanos y, sin duda, alguna vez hemos utilizado algunos argumentos sacados de la manga, pero hasta ahí nuestra habilidad para mentir. 

Otra cosa son las mentiras de aquellos que tienen un cuadro clínico y que vemos cómo salen por peteneras culpando a ‘los hombres necios’ de la prensa o a los jueces de bloquear sus órdenes, siendo ellos los mitómanos que distorsionan la verdad sin entender el daño que causa a los miles de habitantes originarios de alguno de los nueve países musulmanes que desde hace tiempo viven, trabajan y pagan impuestos en ese país que desde hace años suponían que era su casa. 

El mitómano no se inmuta con las mentiras que dice, sean del tamaño que sean. En esta asociación de ideas, recuerdo a un amigo de la adolescencia que nos aseguraba ‘le faltaban cinco escalones para llegar a ser rey de España’ y, sin darnos cuenta nos reíamos sin saber que se trataba de un mitómano. Desde entonces le decimos ‘Mirey’ y, con el tiempo, se destruyó a sí mismo y a los que lo rodean sin poder acceder a la ayuda de un psiquiatra para que no termine como Félix Krull en la cárcel, escribiendo sus memorias, como uno más de los zares de la mentira.
-->

sábado, 11 de febrero de 2017

El caballo de espadas y la dama de bastos

Ciudad de México, sábado 11 de febrero, 2017.— 

Mina de Alba y José Luis Casillas, boda en Chapala en 1933.
El 10 de febrero de 1933, hace 84 años, Mina de Alba y José Luis Casillas se casaron primero por lo civil en el Lago de Chapala y, una hora después, por la Iglesia, en la Parroquia franciscana. Un día le grabé a mi madre cuando contaba su boda y las trifulcas que pasó para lograrlo, sin duda un buen ejemplo de lo que es la literatura oral. Luego la transcribí y publiqué a su muerte en La Plaza. Para mi sorpresa, Gabriel García Márquez la leyó y me habló a la editorial para decirme que le había gustado, tal vez por eso, me permito celebrar esta fecha con el texto que cabe en este espacio para que ustedes también lo disfruten:

«Nadie me creía que me fuera a casar. Cuando me preguntaban, les decía que ahora sí, que ya mero y, ¿tú crees?, ¡ochenta meros y nada! Un día, por fin, recibí una carta del novio. ¡Bendita carta que me salvó la vida! En mi desesperación estaba dispuesta a tomar cicuta si era necesario.

»Me salí del hotel Nido, donde vivía con mi madre en Chapala y me fui corriendo a la playa para leerla. De tanto leerla me la aprendí de memoria: ‘Querida Minita’, así empezaba la carta con esa letra tan masculina, gorda, con rasgos tan suyos, donde me decía que por fin tenía trabajo en la Ciudad de México y que, aunque no era lo que él esperaba, consideraba oportuno proponerme matrimonio si es que yo estaba dispuesta a compartir, aunque fuera, un cuarto redondo.

»Y yo pensaba… ‘cuarto redondo o cuadrado o como él quiera o como pueda, con tal de pasar juntos los inviernos y poder acercarle en las noches de invierno el piecito inocente, como pasó cuando nos fuimos a vivir con el Ángel en las narices, ese que fue mi protector, con todo y la neblina que lo rodeaba y yo feliz, nada de calcetines, no, nada, sólo le acercaba el piecito inocente y luego, luego, me subía un rubor como de paloma.

»Cova, mi madre, no quería que me casara con el de Tepa, pues ella esperaba que un día llegara el príncipe azul. Ya estaba, ¡pobrecita!, un poco vieja y medio amargadona de la vida. Murió ese mismo año en el mes de octubre instalada en la nostalgia: todas las tardes iba al malecón con su paragüitas y sus guantecitos de encaje blanco, aunque un poco rotitos de los dedos, a ver el atardecer. Había gente de Guadalajara que se sentaba a su lado para oír todo lo que se le ocurría.

»Pero yo estaba joven y llena de ilusiones. Sin decirle nada, con la carta medio escondida, andaba por el pueblo de un lado para el otro como nisticuil sin poder decirle nada a nadie. Cova empezó a darse cuenta de que algo traía entre manos y me preguntaba si traía alguna cosa escondida por ahí. Por las noches, antes de dormir, leía las cartas españolas y, en una de ésas, me volteó a ver pálida y me dijo: ‘¡Qué curioso, Minita!, el caballo de espadas va seguido de la dama de bastos... seguro algún familiar se nos casa.’

»Y yo, mejor me tomaba mi cucharadita de pasiflora y me daba la media vuelta para hacerme la dormida, dándole vueltas y pensando en el de Tepa, el del ojo azul chisporroteante.

»Vivíamos en el Hotel Nido, en un cuarto que daba a la laguna. Ahí lo conocí. Un día, nadando con mis amigas y de repente, ¡chula de mi vida!, que sale de la laguna, que era como el mar, de la misma espuma, un señor altísimo, con el pelo mojado y que me clava sus ojos azules. ‘¡Ay, Dios!’ —casi grité—, ‘¡éste es el que tanto esperaba!’ Por eso decidí casarme en la laguna, en un vapor…

»El 10 de febrero del 33, día de mi santo…»
-->

martes, 7 de febrero de 2017

Cómo colmar las grietas del alma con Shakespeare, Chejov e Ibsen



SEMINARIO EN EL MUAC 2017

OBJETIVO.
De aquello que leemos, lo que más nos interesa tiene que ver con nuestras ‘fisuras en la psique’ o ‘las grietas en el alma’, como les he llamado y que son esas con las que andamos cargando en vida. Ejemplificar cómo fueron colmadas interiorizando algunas escenas, personajes, tramas o diálogos, para tener una especie de catarsis y entender mejor eso que estaba agazapado. ¿Será una especie de psicosíntesis? Ni idea, pero vamos a ver qué resulta.

MÉCANICA.
Ocho sesiones, todos los miércoles de las 19:30 a las 21:00 horas a partir del 1º de marzo al 26 de abril en el auditorio del MUAC del Centro Cultural de la UNAM.

PLAN DE CADA UNA DE LAS SESIONES.
1) Introducción. La importancia de las 'fisuras de nuestra psique' o 'las grietas de nuestra alma'. Nota de Stephen Greenblatt tomada de El giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno. (Crítica, 2016) y de Lucrecio De la naturaleza de las cosas. (Porrúa, Sepan Cuantos No. 485). (1.03.17)

2) El arte como terapia. Basados en el poema La violación de Lucrecia podremos ver de qué manera esta mujer se pudo consolar a través de una pintura. (Alain de Bottom y John Armstrong, El arte como terapia (Océano, 2016) y Shakespeare. Poesía Completa, en particular La violación de Lucrecia (Edición bilingüe. Libro Río Nuevo). Los dos están de venta en amazon.com.mx (8.03.17)

3) Las 'implicaturas'. O por qué, cuando estamos en crisis, escuchamos más cosas de las que nos dicen. (Ulises Schmill, Las implicaturas del resentimiento. La tragedia de Otelo. (Themis, 2010) y Shakespeare, Otelo, el moro de Venecia (Nuestros Clásicos, UNAM). (15.03.17)

4) La grieta en el alma familiar y el Rey Lear. Asociar al rey Lear cuando por vanidad, exilia y deshereda a su hija consentida como era la pequeña Cordelia, así como, los intentos de reconciliación al final de sus vidas. (W. Shakespeare, Rey Lear, (Nuestros Clásicos, UNAM) (22.03.17)

5) Las trampas cuando jugamos con el amor. Convertirse en perjuros como Biron o el rey de Navarra en los Trabajos de amor perdidos, una vez que conocemos a la Princesa francesa y su comitiva. (Shakespeare, Trabajos de amor perdidos, (Nuestros Clásicos, UNAM). (29.03.17)

6) Los celos como locura. Lectura dramatizada tomada del Cuento de invierno de Shakespeare, para explorar por un lado la locura de los celos y, por otra parte, los deseos de 'tener una segunda oportunidad'. (Texto digital que se enviará a cada uno de los asistentes. (Shakespeare, El cuento de invierno, (Nuestros Clásicos, UNAM). (5.04.17)

7) Vivir en provincia y soñar en Moscú. O cómo evadir la realidad tal como lo hacen las tres hermanas den esa obra de Chejov, incapaces de disfrutar el 'aquí y ahora'. (Antón Chejov, Las tres hermanas, (Editorial Porrúa, Sepan Cuantos No. 454). (19.04.17)

8) Colmar la grieta de la muerte de la madre. Colmada con la lectura de Peer Gynt de Ibsen donde caminamos entre la realidad y la fantasía sin frontera alguna. (Ibsen, Peer Gynt, et al, (Editorial Porrúa, Sepan Cuántos, No. 303). (26.04.17)
_______________________
INFORMES E INSCRIPCIONES
Costo: $2,000 pesos, $1,400 estudiantes, maestros e INAPAM. 
Tel.: 5622-6969 ext. 48812 / 48829 o por correo a: publicosycomunidades@muac.unam.mx

sábado, 4 de febrero de 2017

La ignorancia es la fuerza

Ciudad de México, sábado 4 de febrero, 2017.— 


Imposible escapar de la fuerza centrípeta del Norte y menos cuando me entero que las ventas de 1984 en los Estados Unidos de Norteamérica de la novela de ciencia ficción escrita por George Orwell en 1949, ha repuntado para estar en las listas de las más vendidas. Sus lectores asocian varios asuntos de la novela, con la ‘era Trump’ iniciada el 20 de enero pasado.

Sí, efectivamente hay varios aspectos de esa sociedad definida como ‘totalitaria y bárbara’ que se parecen a lo que estamos viendo con el gobierno actual. Por ejemplo, cuando el Partido en el poder es el que mantiene el control total de las acciones y pensamientos de los individuos y ha desaparecido la ‘intimidad personal’ pues, ‘la adoración al sistema es la única condición para seguir vivo’, como ahora parece que obligan a los inmigrantes para que explícitamente ‘acepten estar de acuerdo’ con su gobierno. Nunca antes en país democrático.

America first, es la consigna del señor Trump que ignora que America es un Continente con varios territorios, razas, costumbres, colores, lenguajes y hábitos como esos que pretende evitar se integren a la suya.

En el gobierno de la ficción, Orwell instala una ‘Policía del Pensamiento’ que se encarga de torturar a muerte a los que considera son unos conspiradores, aunque saben que, algunas veces, es necesario aplicarlo a uno que otro inocente. Esta semana 'Donald Trump despidió a Sally Yates, la fiscal general interina, tras haber tomado la medida de NO defender la orden ejecutiva del Presidente con la que prohibió la entrada a Estados Unidos de ciudadanos y refugiados provenientes de siete países de mayoría musulmana’: la tortura del despido injustificado.

Winston y Julia son dos rebeldes que se oponen a ese poder y corren peligro. Los vemos huir de un lado para el otro en un laberinto sin fin y, aunque las comparaciones no es uno a uno, por algo 1984 se está vendiendo como birotes calientitos recién salidos de la panadería y, por eso, he buscado algunas citas para descubrir los posibles enlaces de ese gobierno totalitario en donde, entre otras cosas, rechaza la realidad expresada por los ciudadanos o los medios, tal como sucedió el mes pasado cuando el Presidente en el poder negó el número de manifestantes en su contra el día después de su toma de poder y, como en 1984, decidió que «la verdad de los hechos la define el Ministerio de la Verdad que se ocupa de establecer qué es FALSO de lo VERDADERO» y la vocera de la Casa Blanca inventa y les llama Hechos alternativos o Alternative facts.

El texto en español de 1984 está disponible en Internet (.pdf) y su lectura nos deja fríos con esos contrastes puntuales y la dirección que está tomando el gobierno de Trump como si la novela de Orwell fuese una premonición.

Cuando se refiere al enemigo —como ahora ha escogido a México obstinadamente—, 'es necesario que ese país (según las circunstancias) figure como el enemigo de siempre. Y si los hechos demuestran otra cosa, habrá que cambiar los hechos: la Historia debe de ser escrita de nuevo.'

Azorados vemos el parecido: la verdad ES la que él propone y los que no están de acuerdo son sus ENEMIGOS, pues la Historia estará de acuerdo en reconocer lo que es VERDADERO Y para eso construye su Ministerio de la Verdad que es «una enorme estructura piramidal de cemento blanco que se eleva, terraza tras terraza, a unos trescientos metros de altura y donde se encontraba Winston, podían leerse, adheridas sobre su blanca fachada las tres consignas del Partido: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD y LA IGNORANCIA ES LA FUERZA».
-->

sábado, 28 de enero de 2017

El misterio de la dama de los ojos negros

Ciudad de México, sábado 28 de enero, 2017.— 

Marthe Keller, la dama del perrito.
¿Qué tiene la obra de Chejov que nos puede dejar tirados por el suelo con efectos que duran años, si todo lo que hace es contarnos esas vidas en donde aparentemente no sucede nada espectacular? Como la historia que nos cuenta a partir de una dama que sale a caminar con su sombrero y su velo que le cubre parte del rostro, por los muelles de Yalta seguida de su perrito, en donde se encontraba un tal Gúrov, casado y con dos hijas, vacacionando sólo y su alma desde hacía un par de semanas y que, de pronto, le interesó esa nueva cara. A partir de ese momento, se despliega una historia que nos ha dejado dándole de vueltas hasta ahora.

Estoy seguro que la escritura de Chejov es químicamente pura, si es que le podemos decir así a cierto tipo de escritura o persona: la trama es sencilla para contarnos una historia de amor que, por más deslumbrante que parezca, no nos lleva ningún lado, excepto, a compartir la angustia de arriesgar todo por nada, como sucede en La dama del perrito (1899) escrita cuando Chejov estaba enfermo y se había ido a curar a un balneario en Yalta.

Inspirados en la historia de esta dama, dos cineastas rusos, Nikita Michaikov (1945-) y Aleksandr Adabascian (1945-), toman el cuento y hacen de la dama el centro de gravedad de su película Oci Ciornie (Ojos negros o Black Eyes, ahora en DVD) estrenada en 1987 con Marcello Mastroianni (1924-1996), Marthe Keller (1945-) y Silvana Mangano (1930-1989) donde Gúrov ahora es un tal Romano, de unos cuarenta años —aunque, un poco envejecido—, y la historia adquiere una nueva dimensión.

«Por su expresión y sus andares, así como, por el vestido y el peinado se sabía que la mujer venía de un ambiente respetable, que estaba casada y se aburría…»

Ojos negros empieza a bordo de un pequeño crucero en donde vemos a Romano descansando en el comedor, musitando algo hasta que entra un viejo ruso para pedirle fuego. Romano le cuenta su historia en una serie de flash-backs, color crema, blanco y ocre, donde ese encantador y bon vivant ha abandonado su opulenta casa en Italia y a su bella esposa (Silvana Mangano) para ir a descansar a Yalta donde se enamora de la dama del perrito, cuyo matrimonio parece que es un horror.

Logra hacer el amor —interrumpido por el llanto de la culpa— y poco tiempo después, con cualquier pretexto, Romano va a buscarla a Rusia: cruza estepas y disfruta de la vida; bebe y canta feliz de la vida Oci ciornie cuantas veces puede, hasta que se da cuenta que es imposible convencer a la dama del perrito para que viva con él. Cuando regresa a Italia, su mujer lo abandona y lo corre de la mansión. La dama del perrito, por su parte, imposibilitada de abandonar a su marido, llora a escondidas.

Chejov termina su historia cuando Gúrov y la dama se ven a escondidas en Moscú y él trata de consolarla pues «tal parecía que un poco más adelante encontrarían una solución, y empezaría entonces una vida nueva, maravillosa. Para ambos estaba claro que para ese final faltaba mucho, mucho, y que lo más complicado y difícil apenas había empezado».

Michaikov, en cambio, nos ofrece un final abierto: vemos que el ruso, antes de despedirse, le cuenta un cuento corto y sale a cubierta para reunirse con su mujer, al tiempo que descubrimos que Romano es un simple mesero y nos queda el eco del ruso: le había salvado la vida a una joven viuda, ahora, su querida mujercita, feliz de haberle cumplido su capricho y haberla traído a descansar justo a este crucero. Sí, ahí estaba ella con su sombrero de ala ancha para cubrirse del sol.
-->

viernes, 20 de enero de 2017

Contra Uno


Ciudad de México, sábado 21 de enero, 2017.— El viernes desde temprano, nos pusimos a buscar en los cielos invernales de la ciudad de Washington, D.C., alguna señal que pudiéramos interpretar para poder predecir el futuro, como lo hacían los oráculos en la antigüedad durante todavía la República en el 44 a.C., cuando todo indicaba que ese día Julio César no debería ir al Senado. No pudimos encontrar señal alguna para saber por dónde irían las cosas, una vez que se diera el cambio de estafeta en la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

Tratamos de otear los alrededores de donde se llevaría a cabo la ceremonia para imaginarnos la distancia que tendría que cubrir algún francotirador, como fue Lee Harvey Oswald (1939-1963) antes de acabar con la vida del presidente Kennedy. Lo que es el mundo de la fantasía, dando de vueltas para desahogar aquello que se ha venido acumulando desde el día que este individuo ganó las elecciones, sin entender cómo había sido posible que un país desarrollado como ese, hubiera decidido ‘jugársela’ con un racista, inculto, prepotente, misógino que tiene una visión tan corta que no ve nada ni por el espejo retrovisor, menos por dónde debería de ir en el largo plazo, fuera de llevar a cabo sus obsesiones que las tiene claras como el agua, creyendo que de esa manera va a mejorar la calidad de vida de esa sociedad levantando un muro para restringir más la entrada de los inmigrantes indeseables, violadores y demás, tal como lo ha declarado, sin proponer otros planes y alternativas—como en Canadá— de contrataciones temporales, entre otros.

Traté de encontrar algo en La psicología de masas de Freud pero no había nada que me indicara la razón por la que una sociedad toma una decisión a favor de un individuo así, hasta que el jueves Lucina Clement me mandó un artículo de Pedro García Cuartango, director de El Mundo, en donde tal parece que el Discurso de la servidumbre voluntaria, también llamado Contra Uno del joven Étienne de la Boétie (1530-1563), explica de alguna manera este tipo de sucesos en la sociedad. ‘es un texto genial y corrosivo contra el absolutismo y la tiranía, cuestionando la capacidad y el deseo humano de vivir en libertad frente al poder’, en donde dice esto:

«¿Qué título le daremos a la suerte fatal que agobia a la humanidad? ¿Por qué desgracia o por qué vicio, y vicio desgraciado, vemos a un sinnúmero de hombres, no obedientes, sino serviles, no gobernados, sino tiranizados; sin poseer en propiedad ni bienes, ni padres, ni hijos, ni siquiera su propia existencia? Sufriendo los saqueos, las torpezas y las crueldades, no de un ejército enemigo, ni de una legión de bárbaros, contra los cuales hubiera que arriesgar la sangre y la vida, sino de Uno solo, que no es ni un Hércules ni Sansón sino un hombrecillo, que con frecuencia es el más cobarde y afeminado de la nación, que sin haber visto el polvo de las batallas, ni haber siquiera lidiado en los torneos, aspira nada menos que a gobernar a los hombres por la fuerza… ¿Llamaremos cobardes a esos que se han dejado envilecer?...»

El que ese hombrecillo haya tomado el poder, dicen en Europa donde todavía recuerdan el Holocausto, que los norteamericanos han caído en manos de alguien que puede convertirse —como Julio César pretendía hacerlo—, en un especie de dictador que se brinca las trancas constitucionales para hacer lo que se le de su regalada gana, en donde sus habitantes se han convertido en ‘serviles’ de un peligroso Bufón.

En fin, ese día no encontramos señales en el cielo, pero sí en las calles, en donde miles de mujeres y otros grupos llegaron para manifestar su oposición a ese hombre que, en lugar de unir a una sociedad, lo que ha logrado desde el ‘Día 0’ es dividirla esperando que tengan manera de defender lo que hasta ahora han ganado.