domingo, 28 de enero de 2007

Choque de tranvias

Según Manuel Espino fue Vicente Fox quien, a última hora, decidió no meter la pata y salir en el escenario político para inaugurar la reunión de la Organización de la Democracia Cristiana de América (ODCA), presidida por Espino. Con esto se evitó un posible choque de tranvías entre Calderón, quien ha venido actuando claramente como máxima autoridad del Poder Ejecutivo en México y aquel que dirige el Partido Acción Nacional y la OCDA.

No sabemos si Calderón habló con Fox para ponerlo en su lugar, o si la conversación fue con Espino que, a su vez, declaró que su Partido no pude depender del Presidente de la República como sucedía con el PRI, sin aceptar que la invitación a Fox era un acto políticamente incorrecto. ¿O No?

Entonces, si son independientes no entiende uno por qué el señor Espino mete las narices en el gobierno federal y se encarga de vetar a ciertos candidatos que hubo para formar parte del gabinete de Calderón, como el caso del doctor Jaime Sepúlveda más que preparado para ocupar la Secretaría de la Salud y quien fue vetado por Espino, que prefirió a José Ángel Córdova Villalobos, más cercano a la derecha retrógrada que va a galope en ese sector del PAN.

Pero esto no queda aquí. Hay otros puestos, secundarios o terciaros, donde Espino influye directamente para solicitar la inclusión de algunos exdiputados, ahora desempleados, para desplazar a los especialistas que sabían cómo hacer las cosas mejor que estos nuevos apadrinados por el presidente del PAN como sucedió en Turismo, entre otras dependencias.
Mientras, se escucha el eco de hace un mes cuando un centenar de adolescentes gays, bisexuales y transexuales caminaron por las calles de la Zona Rosa de la ciudad de México para «hacer visible» que la sexualidad y la orientación sexual se presentan a cualquier edad y no después de los 18 años, así como, para reprochar el nombramiento del funcionario de la SSA ligado a los grupos conservadores y, por supuesto, a las afirmaciones de su titular y sus políticas —retrógradas y parroquiales— basadas en la no promoción del uso del condón y en la discriminación de los homosexuales a pesar de las cifras objetivas de los casos de SIDA, por falta del uso de preservativos en estos sectores de la población.

Así las cosas, respira uno profundo sin importar qué fue primero, si la gallina o el huevo, pero que, de alguna manera, lograron que Fox se quedara en su rancho sin hacer sombra a Calderón, aunque Espino, quien se sabe no es de su equipo aclare las diferencias en esta etapa democrática donde los presidentes del Partido y de la República son dos autoridades autónomas, aunque lo son relativamente, pues esa autonomía, como la que cacarea Espino, debe considerar que hay protocolos en este país que deben cumplirse y que tienen que ver con guardar la distancia que hay entre un expresidente y quien ocupe la cabaña en los Pinos. (El Informador, martes 30 de enero, 2007)

sábado, 27 de enero de 2007

Scoop, la exclusiva con el humor de Allen

Woody Allen ha dejado Nueva York para irse a Inglaterra y dejar claro su origen y las diferencias que hay entre estas dos culturas, idiomas, costumbres y modos de vivir. Después de haber escrito y filmado Match Point en 2005, el año pasado hizo Scoop que, en el lenguaje periodístico, quiere decir La exclusiva y que ese es el motivo principal de la trama de esta película, pero que la han traducido interpretando el ir y venir entre la Vida y muerte. Allen trabaja con la joven actriz que la ha puesto de moda, la sensual Scarlett Johansson, haciendo ahora el papel de una estudiante americana, ingenua y fachosa, más que perversa y seductora.

Los que hemos seguido la trayectoria de Allen, sus éxitos, y fracasos, sus experimentos y sus fajes neoyorkinos, no podemos dejar de ver su más reciente obra hecha con uno de esos libretos facilones, donde él vuelve a actuar ahora a sus setenta y dos años de edad, como un mago itinerante que obviamente es un fiasco pero que divierte a su público con una cierta inocencia. Nunca deja de aparentar lo que es: un judío de Brooklyn que en su guión intercala con gran naturalidad la vuelta y aparición de los muertos que logran escaparse de la Parca mientras circula por el Averno, para hacerse presentes en su teatrito de Londres donde Splendini (Woody Allen) hace su función como mago apareciendo y desapareciendo personas —vivos o muertos—, tejiendo así, con gracia su historia, tomando en cuenta sus convenciones como los hilos de su trama que gira alrededor de un asesino en serie, al tiempo que un periodista en serio, como es Joe Strombel (Ian McShane), descubre en exclusiva (scoop) quién es el asesino. Como es tan bueno en su oficio, no resiste quedarse con esta exclusiva y salta a las aguas del Averno para comunicarse con Scarlett y darle tips sobre el posible asesino de varias prostitutas, morenas y de pelo negro, como descubrimos después que había sido la madre del asesino a quien abandonó desde que era pequeño.

No puede dejar de anotar las diferencias entre las dos civilizaciones y, cuando lo hace, trata de los lugares comunes, es decir, de las diferencias en el idioma como ya lo sabemos y que siempre se han burlado por ambos lados del Atlántico; luego, el esnobismo inglés, comparado con la vulgaridad de los gringos, desde la manera de vestirse hasta lo que comen y beben; la poca educación que muestran los americanos y la notable diferencia —todavía— entre las clases, como sucede en Inglaterra, más los estilos, clubes, Pubs, casas de ciudad y de campo, perros, jardines, sobre todo los jardines ingleses que están bien cuidados y diseñados y compara lo que en América le llaman la democracia gringa (que sigue siendo una falacia, con la discriminación a flor de piel que hay entre los WASP y el resto del mundo que, para ellos, sólo son mano de obra barata) y, por último, el tráfico de coches invertido que tanto humilla al resto del mundo que maneja en sentido contrario y que, cuando están en Inglaterra, caen una y otra vez en la trampa volteando a la izquierda, cuando hay que hacerlo en el sentido contrario, causando tantos accidentes que han tenido que pintar en cada una de las banquetas un anuncio: «por favor, vea hacia la derecha». Por supuesto que Allen lo sabía y lo lleva al extremo; y, por último, menciona los miles de restaurantes hindúes que hay en Londres con comida que pica como si se comieran acido sulfúrico en el más puro de los sentidos.

La trama se teje como otras de sus películas policíacas, ahora con la búsqueda hecha por un brooklyniano en Londres y la joven estudiante, un viejo mago, cándido, paternal e ingenuo que, en sus funciones, aparece, en lugar de conejos en el sombrero de copa, cartas que caen por todos lados y desaparece lo más elemental, como es un ramo de flores de papel o manchas de un pañuelo y que siempre carga con su mazo de cartas para, obsesivamente, —en este, como en el otro mundo— adivinar a quien se le ponga por enfrente la carta que escogieron. Un mago que siempre anda con camisas floridas, como las que usan los turista gringos en Hawai o donde estén. También nos muestra lo inglés: el Pub, las casas de los aristócratas ingleses en Londres con sus cavas y sus colecciones de arte o, en este caso, de instrumentos antiguos, así como sus clubes privados y exclusivos.

Ver Scoop es un homenaje a Woody Allen como lo hemos hecho desde cuando filmó Annie Hall (1977) o las bromas del mimético Zelig (1983) o El Misterio del asesinato en Manhattan (1993), o la deliciosa Mighty Affrodite (1995) hasta nuestros días, donde seguimos disfrutando su buen humor, su actuación, gestos y frases que son como su huella, esté en Londres o en la isla de Manhattan, entre el Hudson, East River y Harlem. (El Financiero, lunes 29 de enero, 2007)

domingo, 21 de enero de 2007

La cuesta de enero

A veces subir la cuesta de enero se convierte en deporte extremo: hay que echarle el resto para ver si podemos vislumbrar la cumbre borrascosa del mes de febrero antes de entrar al luto morado de la Semana Santa, para luego brincar de ahí y tirar cohetes en la Pascua florida. Igual les sucede a los políticos cuando quieren remontar a las alturas y lo quieren hacer a buen paso, muchas veces, contra viento y marea.

Cuando se trata de subir cuestas, dicen los expertos, no hay que voltear para atrás, mucho menos hacia los desfiladeros y, si en esas andamos y por momentos nos late tomar un respiro, hagámoslo tal como lo hizo el fraile que cruzaba diario el puente colgante de San Luis Rey en los Andes. Un día cualquiera se le ocurrió detenerse para admirar el paisaje y darle gracias a Dios por esa maravilla, tal como lo escribió Thornton Wilder, sólo para escuchar un chasquido de látigo y ver caer el puente con cinco personas que lo estaban cruzado. Asombrado del hecho, se dedica el resto de su vida a investigar quiénes eran y por qué habían muerto ellos y él no. Años después, fue condenado por la Santa Inquisición a la hoguera, sin poder contestar por qué a él no le tocó. Perdió la fe y consideró que lo fortuito y el azar actúan y existen en este mundo.

Ahora fresco gabinete de Calderón tiene encima la cuesta de enero y trata de resolver el aumento de la canasta básica para ver si libran el chasquido de la inflación con el famoso «pactortillas».

Todo parece que en la vida y, en especial, la de los políticos, no termina de tronar la ola más reciente, como han sido las medidas de seguridad o las clínicas rodantes para los doscientos municipios más pobres de este país, cuando viene la siguiente ola que, en un descuido, los toma de sorpresa y les da una buena revolcada. Pero sabemos que «el que quiera peces, se moja el culo».

Las fuerzas económicas y los funcionarios que las administran quieren peces y, aunque sea un poco tarde, han aplicado los principios básicos de la oferta y la demanda que gira alrededor del abasto, como lo cuidaron en los noventas para detener la inflación galopante para pararla en seco con el pacto económico nunca antes visto en México, como lo aplicaron Salinas y Aspe con los representantes de la mano de obra y del capital. Para eso revisaban en detalle y todos los días los niveles de abasto de los productos de la canasta básica pues, sabían que si se descuidaban, se destemplaba la economía y seguía girando el círculo vicioso de la inflación que puede hacer que caiga el tenso puente colgante que sostiene a las fuerzas económicas sólo para escuchar el chasquido, como de un latigazo, si nos detenemos a ver el maravilloso paisaje de los Andes o el de la poesía. (El Informador, martes 23 de enero, 2007)

sábado, 20 de enero de 2007

Grecia: tres secretos de su pasado

El volcán de Santorini, Delos y la escultura de la diosa Atenea.

Entramos felices a la Megapantalla del Papalote Museo del Niño, para disfrutar el vuelo a vista de pájaro, como las que siempre nos ofrecen y que son el fuerte de las versiones IMAX, para conocer, según lo anuncian, los secretos del pasado de Grecia navegando por el mar Egeo, para llegar al volcán de Santorini, para luego ver la isla de Delos, «la brillante», donde Leto parió al hijo de Zeus, al dios Apolo, el Delfín, bajo una palmera cuidada por nueve leones de mármol frente al azul marino, después de haber conocido el cuerno de la isla de Santorini que rodea la caldera de un volcán que cambió el rumbo de la historia para cerrar en el Partenón con la diosa Atenea.

Santorini fue colonizada por el rey Minos en lo que le llaman la «era minoica», alrededor del año 3000 a.E. Pudo tratarse, dicen, de la famosa Atlántida, como contaba Platón que le habían dicho unos sacerdotes egipcios sobre aquellos que habitaban «esa isla que se extendía frente a las Columnas de Hércules, cuando se salía del Mediterráneo para entrar en el Océano.» En el reparto divino, esa isla de Santorini le perteneció a Posidón, el dios del mar, quien se enamoró de la huérfana Clito que vivía en esa isla pero en la montaña. Posidón la seduce y tienen, durante cinco ocasiones, dos gemelos en cada una de ellas. Según Platón, los habitantes de esa isla eran conocidos como los Atlantes, mismos que había desaparecido tragados por un cataclismo. Este fue el primero de los secretos del pasado griego.

Efectivamente, el volcán explotó aproximadamente en el 1650 a.E. y, cuando se colapsó para hundirse en las profundidades del Egeo, provocó los desastres naturales más grandes que se hayan conocido en la antigüedad, con cambios climáticos irreversibles y, de pasada, la desaparición de la isla de Creta, arrasada por el tsunami (o la gran ola en el puerto), con lo que acabó con todo lo relacionado con la época minoica para darle paso a la civilización dirigida por los habitantes del Peloponeso, ahora amos y señores de los mares del Mediterráneo. Iniciaba ahora la «época micénica», por ser dominada por los habitantes de Micenas (Agamenón y su hermano Menelao) los que asumieron el control y dieron pie a la guerra de Troya cuando huye con Paris la bella Helena: «¿es este el rostro que impulsó a mil navíos y puso fuego a las torres altivas de Ilión? ¡Dulce Helena dame, con un beso, la inmortalidad!», tal como lo pedía Fausto en la obra escrita por Marlowe). Helena huye a Troya y es perseguida por los mil navíos que dirige Agamenón. Diez años después lograron quemar las torres altivas de Ilión y de pasada, llevarse a Hécuba y los tesoros de esa orgullosa ciudad, al suroeste de Turquía.

Santorini eran unos de los tres volcanes que formaban un círculo con cierta actividad por siglos. Un día explotaron de tal manera que del círculo sólo quedó un cuerno y el resto se colapsó y cuando entró en contacto con el agua del mar, las altas temperaturas produjeron una explosión equivalente a varias bombas atómicas: las nubes y la ceniza cubrieron treinta kilómetros a su alrededor y dejaron un enorme cráter lleno de agua. El vacío creado por el colapso originó un tsunami que barrió con la isla de Creta y sus habitantes. Tiempo después emergieron las islas de Néa Kameni y Palaia al centro de la caldera. Thirasia quedó como muestra al oeste del cuerno.

Otro de los secretos de la antigua Grecia es la minúscula y deshabitada isla de Delos a cuarenta minutos de navegación desde la bella isla de Miconos. Allá había nacido el dios Apolo después que Leto fue seducida por Zeus disfrazado de cisne. La isla de Delos se convirtió en el centro del mundo griego y un santuario de la Grecia antigua, dónde sus visitantes depositaban tesoros, celebraban su salud, vida y entre todo eso, se divertían en sus casas donde pasaban algunas temporadas. La palmera donde nació Apolo, cerca del lago Sagrado, está a la vista de cinco leones esculpidos en mármol blanco de Naxos, que están en guardia desde una terraza para proteger al dios Apolo. En este viaje, vemos, a vuelo de cisne, las terrazas con los dibujos en cerámica de sus delfines y el pequeño teatro griego donde se divertían con las comedias de Aristófanes o sufrían con las tragedias de Eurípides.

El viaje concluye en la Atenas de Pericles y su Partenón en la Acrópolis (lo más alto de la ciudad), con todo y el fantástico regodeo de la escultura, como pudo haber estado en su momento la diosa Atenea Niké, con más de doce metros de altura, como nunca podríamos haberlo hecho por nuestra cuenta: le damos la vuelta para cerrar el viaje jugando con las elegantes cariátides del Erecteón que soportan el pórtico de la tumba de Cécrops. Los secretos de la antigua Grecia resultan un delicioso viaje virtual por el Egeo a vuelo de Cisne. (El Financiero, lunes 22 de enero, 2007)

martes, 16 de enero de 2007

La Fiscalia de Etica y Disciplina

El PRI está en el proceso de selección de sus nuevos dirigentes y presidente de su partido. Por eso, los diferentes actores están moviéndose para saber quién dirigirá su partido al tiempo que la crisis por los valores morales y la ética cunde en éste, como en el resto de los partidos (PAN y PRD). Por eso está a flor de piel la aplicación del llamado Código de Ética que, aparentemente, es sólo una teoría. Hasta ahora, no hemos sabido de algún juicio entre los militantes que sólo quieren cruzar el pantano, sin manchar su blanco plumaje.

El 19 de noviembre del 2001 se reunió en San Luis Potosí el PRI para analizar a fondo los «Principios y Valores». En esa ocasión propuesieron que se difundiera el Código de Ética para que la militancia tuviese conocimiento de ella y, por lo tanto, se pudiera exigir su cumplimiento sin limitación, ni exclusión ninguna. También llegaron a establecer las reglas a las que deberían de ajustarse los dirigentes del partido y aquellos que desempeñen cargos de elección popular o llegaran a ser servidores públicos en cualquiera de los tres ordenes del gobierno.

Debería ser ahora, aprovechando el cambio de su cúpula que el PRI (como el PAN, por lo que hemos visto en Guerrero), aplicara el principio de «cero tolerancia» frente a las prácticas de estos principios éticos que rigen a este partido, pues se supone que el juicio de los militantes que han actuado fuera de este Código es responsabilidad de la Fiscalía de Ética y Disciplina Partidaria. Ese es el instrumento que han diseñado los priístas para establecer las sanciones frente a las conductas que se consideren indebidas, así como, reconocer las acciones meritorias de sus militantes. En todo caso, la poca acción de esta Fiscalía, ha afectado su imagen, pues tal parece que la corrupción y el abuso del poder lo han convertido algunos pillos en bandera y objetivo personal, faltando por completo al código y siendo esta la manera en que se protegen de sus acciones.

En aquella reunión acordaron que se llevaría a cabo el fortalecimiento de la defensoría de los militantes, para que la Fiscalía asumiera «la defensa de todo priísta al que se le haga alguna imputación para evitar el indebido descrédito o injustificada aplicación de sanciones improcedentes.»

Entonces, uno se pregunta por qué no han pasado por esta Fiscalía militantes como Montiel o Marín o el terrible Murat y su ahijado Ulises o Hank, allá en Tijuana y otros más agazapados que la sociedad sabe, a vista del buen cubero, que han faltado al código de ética del PRI sin hacer el menor caso al Artículo 4 que han jurado que exige solvencia moral en toda actividad donde hay manejo de intereses colectivos y que, más bien, deberían «estar comprometidos con un ideal de elevación humana y mejoramiento social en sus acciones políticas y administrativas, donde todo militante priísta debe asumir las normas con la más limpia moralidad pública, para darle el sentido irrenunciable a una cuestión de honor.» (El Informador, 16 enero, 2007)

Sinfonia fantastica y otras locuras de Berlioz

El próximo 20 de enero empieza la temporada de invierno de la Orquesta Filarmónica de la UNAM en la Sala Nezahualcóyotl con la que podremos resistir el frío que haga, pues han planeado una programación tal que, seguramente, podremos calentarnos el alma celebrando varias cosas, como es el cincuentenario luctuoso de Sibelus con sus dos primeras sinfonías; la transcripción de Bach de la «Tocata y fuga en re menor» hecha por Stokowski; la joya de «Música para cuerdas, percusión y celesta» de Bartök y más que nunca, poder escuchar la «Sinfonía fantástica» de Héctor Berlioz que tanto he disfrutado entre otras de sus locuras.

Berlioz narra en sus memorias las peripecias de esta obra y el encuentro con la actriz Harriet Smithson, una irlandesa «alta y bien formada, con un bello rostro y una voz inconfundible, más que potente», tal como la describieron en Dublín antes de estar en 1827 en Paris haciendo el papel de Ofelia.

Todavía con el «Fausto» de Goethe en la cabeza, dice Berlioz que se puso a trabajar en lo que sería su «Sinfonía fantástica», una obra complicada donde algunas de sus partes le costaron mucho más trabajo componer que otras. Por ejemplo, el Adagio o la Escena en el Campo, que la trabajó durante tres semanas, con la que estuvo a punto de darse por vencido. Todo lo contrario con la Marcha al Patíbulo, que la escribió en una noche.

Cuando un día se negó irse de París (tenía que viajar a Roma), se quedó para interpretar su «Sinfonía fantástica» en el Conservatorio. Un día antes había recibido la visita de Liszt a quien nunca antes había visto. Habalron del «Fausto», entre otras cosas y, según nos cuenta, ese fue un encuentro genial donde pudieron compartir sus gustos y los conocimientos musicales. La presencia de Liszt en el Conservatorio causó gran sensación, pues la aplaudió y se mostró entusiasta con ella, a pesar de que el concierto no fue perfecto, pues sólo había tenido un par de ensayos en los que no pudo resolver algunas partes que requerían de un mayor trabajo. Sin embargo, estuvo lo suficientemente bien en otras de sus partes, como fue Un Baile, La Marcha al Patíbulo y El Sueño de un Aquelarre que causó un gran impacto.

Fue más o menos en esta misma época cuando Berlioz fue al Teatro Odeón para ver, por primera vez, «Hamlet» de Shakespeare, una obra donde Miss Smithson (Harriet Constante) hacía el papel de Ofelia, con la que Héctor se enamoró al instante. Fascinado con Ofelia y con las obras de Shakespeare de esta temporada, recuerda en sus memorias lo siguiente: «sólo puedo comparar el efecto que me produjo su talento y su genio dramático tanto en mi alma como en mi corazón, con una especie de conmoción producto de este poeta. Me es imposible decir más…» La referencia es del 11 de septiembre de 1827.

«La revelación súbita e inesperada de Shakespeare fue abrumadora. Los relámpagos de su genio me dejaron ver el horizonte completo del arte y por eso pude ver las remotas profundidades con un sólo destello. Pude reconocer el significado del esplendor y la belleza, así como de la verdad de la realidad dramática. En esa ocasión vi, entendí y sentí que había resucitado y que ahora, como Lázaro, debía levantarme y andar. El impacto fue tan fuerte que sólo logré recuperarme con el tiempo».

Años después, cuando regresó de Roma, buscando un departamento para rentarlo, llegó por azar al que había sido recientemente desocupado por Harriet: el destino se cruzaba de nuevo con esta mujer que tanto había deseado hacía unos años y que la recordaba más como Ofelia o como Julieta, que como lo que era: una bella irlandesa llamada Harriet.
En esta ocasión se preparó bien para interpretar su «Sinfonía fantástica». Por supuesto localizó a Miss Harriet y le mandó una invitación especial que ella aceptó, pues nadie la había tratado en París como este extraño personaje —del que no se acordaba para nada—, independientemente de que su vida como actriz declinaba. Cuando llegó a la sala de conciertos, tenía un lugar principal. Cuando vio al director subir al estrado con la batuta en la mano, recordó de quién se trataba. La Sinfonía, con sus disparatadas melodías, estuvo bastante bien y la orquesta hizo lo mejor que pudo para que sonara como deseaba su compositor. Poco después, Héctor y Harriet pasaron una deliciosa Luna de miel en Vincennes. Héctor Berlioz le confesó a su amigo que había quedado «agotado por el esfuerzo», pues tal parece que la irlandesa era todo un ferrocarril de pasiones. (El Financiero, 15 de enero, 2007)