domingo, 25 de febrero de 2007

La economia de la felicidad

Hace unos años un par de economistas de Princeton, Bruno S. Frey y Alois Stutzer, hicieron lo que nadie había hecho antes: pensar y estructurar una teoría y práctica económica que le permitiera al individuo ser más feliz. Hasta entonces, los economistas tradicionales se habían negado a trabajar con las variables que pertenece más bien a lo subjetivo, como las que se trabajan en la psicología social.

En 2002 publican el primer libro sobre este concepto: Happiness and Economics: how the economy and institutions affect well-being, y ahí hacen su propuesta y el análisis de los factores determinantes y su incidencia en esto que le llamamos felicidad. Tal vez sea posible encontrar coincidencias en la política económica que Felipe Calderón y su equipo están implementando.

En una encuesta sobre la sensación del bienestar del World Values Survey de 1996, México ocupaba el segundo lugar en Latinoamérica con un 7.69% en el grado de «bienestar», después de contestar la pregunta: ¿considerando todo, qué tan satisfecho está ahora con su vida?

La propuesta es novedosa y no sencilla, pues hay que partir de las definiciones de lo que consideramos es la felicidad y luego, integrar y cuantificar los factores que lo afectan. Por ejemplo, se sabe que el sentimiento de bienestar no es un sentimiento aislado, sino que depende de las condiciones en las que la persona vive («yo soy yo y mis circunstancias») y esto dentro de las siguientes variables independientes que la determinan: los factores personales (autoestima, control, optimismo, extroversión o neurosis); los socio demográficos (edad, género, estado civil, educación); los económicos (ingresos individuales o agregados, desempleo e inflación); los factores de contexto o circunstanciales (ambiente y condiciones de trabajo, tensión en el trabajo, relaciones interpersonales, amigos y familiares y lo más importante, la pareja en el matrimonio) y, por último, los institucionales (democracia, descentralización y grado de participación política).

Estos economistas han revisado de qué manera inciden las instituciones y la política del Estado en lo que suponemos sería la sensación de felicidad y de bienestar, ya sea subjetivo o no, para determinar qué tipo de sociedad es la que permite que se alcance este concepto; por ejemplo, la necesidad de que haya paz (expresada en los últimos días) o que la violencia se reduzca al mínimo; la descentralización del poder que, ojalá sea parte del paquete de las reformas de Estado y se avance en ese sentido, para que incida con un incremento en la participación del individuo en la toma de decisiones. Tal parece que entre más descentralizado está el poder, más participativo es el individuo y mejor se siente.

Aunadas estos factores al sentido común que se supone tenemos, eso de estar desempleado o vivir con la inflación (como en la época de López Portillo), disminuye la sensación de bienestar y, al contrario, tener casa, (como en los últimos años) y empleo, incide en el bienestar y nos coloca en esa plataforma donde la vida sonríe. (El Informador, martes 27 de febrero, 2007)

Gabriel Orozco: artista obsesivo compulsivo

En diciembre del año pasado Mercedes Iturbe decidió, cuando estaba a cargo del Palacio de Bellas Artes, cerrar con broche de oro tanto el año como el sexenio y para eso realizó una tarea mayor: montar una retrospectiva de la obra del artista Gabriel Orozco, uno de los más cotizados y famosos artistas conceptuales de México que desde hace años forma parte del circuito internacional presentando obras de todo tipo con las que sorprende a los museos y a los coleccionistas para llegar a cotizarse como nadie lo ha hecho en este país en tan poco tiempo. Es un artista obsesivo compulsivo.

Cuando entramos a la Sala Principal, entendemos por qué lo tratan así en el mundo: primero, vemos sus estelas o el espacio que el hombre alcanza con los brazos abiertos; luego sus sistemas de cognición, en donde parte del principio de que el hombre la medida de todas las cosas. Al centro de la sala está una bola de plastilina negra donde el artista observa cómo ocupa el espacio una masa de la misma magnitud que la del artista vivo: una referencia con una de las propiedades de este espacio que está dominado por la fuerza de la gravedad.

«Las presencias que más me impresionan en la obra de Gabriel Orozo, —escribió Pablo Soler Frost— son su claridad, su sensatez frente al abismo, su respeto por las formas, la elegancia de la proporción en su obra, su dominio del mundo aritmético y geométrico sin el cual, según Erasmo de Rotterdam, no puede haber arte; su humor y sus atrevimientos.»

Por ahí pasamos a los «Papalotes negros», pequeños rectángulo pintados sobre una calavera, como si volviera a nacer el dibujo: tatuajes en los lóbulos de su propia imaginación; y por eso, nos imaginamos el esqueleto de la ballena (que no cuelga en Bellas Artes, sino en la Biblioteca Vasconcelos): «el esqueleto de la ballena de Gabriel Orozco —apunta Soler Frost— es una obra de arte que tiene que ver no sólo con todo, o con el todo, sino con todo el arte que ha habido. Demuestra, entre muchas cosas, que Gabriel Orozco es un artista indispensable y, ésta, una obra inexhaustible.»

Juega con él mismo y con los espectadores. Juega con la teoría del caos y con la geometría fractal: dibuja un círculo dentro del otro en su particular sistema planetario. Le llama «Grafito solar». Luego, propone otro juego encerrando semillas dentro de un espacio delimitado por una malla de alambre fino. como los pajareros que apresan a sus aves cantoras que, hasta ese día, volaban por donde se les antojaba. Ahora, las semillas de Orozco, quedan apresadas, sin poder seguir jugando su ciclo allá afuera en la naturaleza. Pero en contraste, reproduce una hoja de árbol con un dibujo de su nervadura, fractal y precisa, como es la de estos vegetales ahora camuflada por su dibujo entre dos vidrios.

Cuando vemos sus bitácoras de trabajo, no podemos dejar de pensar que es un artista obsesivo compulsivo que ve, toma nota y desarrolla sus proyectos todo el tiempo —o viceversa— desde que amanece, miento, desde antes, cuando estaba soñando y cuando despierta toma nota del otro viaje, confuso y brumoso.

Las expresiones de la realidad las observa todo el tiempo para anotar cómo es la luz de la mañana tras la ventana o en el patio o cuando salía su mujer embarazada y ahí mismo decide fotografiar su vientre con una luz extraordinaria y luego titularla «La isla de Simón», donde habitaba su hijo.

Cuando revisamos sus cuadernos de apuntes, donde anota todo lo que ve —antes o después de transformarlo— se imagina: el humo de algún cigarro, la transparencia de las hojas, sus círculos obsesivos que hace todo el tiempo sin importar dónde está, en París o en la casa de mar que ahora construye frente al Pacífico o en Tlalpan; apunta todo lo que ve o todo lo que se le ocurre —que es como verlo—, absolutamente todo y lo hace todo tiempo: lo que pasa por su imaginación y que algún día se convierte en una instalación, en una obra conceptual, en una obra de arte.

Cuando se aburre, escribe las reglas geométricas del árbol del Samurai y las reglas para hacer esos círculos por si usted decide hacerlo un día: «comenzando a partir de un centro, una secuencia de círculos crecientes se multiplica o divide entre dos, desarrollándose hasta el límite del cuadro; la estructura y dirección de los ejes de la secuencia generan una división de campo; tenemos cuatro colores, un color por campo; la localización y distribución de los colores comienza desde el centro y…»

Para terminar, en la planta baja de Bellas Artes vemos sus espumas de poliuretano colgadas en el espacio y su interés por ciertos animales marinos ensamblados por partes —ligeras como la espuma del mar— para ser colgadas y nos recuerden esos peces grandes, mutilados y flotando en esta vitrina. Una retrospectiva que bien vale la pena. (El Financiero, lunes 26 de febrero, 2007)

lunes, 19 de febrero de 2007

Beatriz Paredes toma la palabra

«Vamos a ser una oposición firme, creativa y constructiva, siempre defendiendo los derechos de nuestros agremiados», fue lo que declaró Beatriz Paredes después de tener casi el 70% de los votos para dirigir el PRI. Es una mujer política que se ha dedicado una buena parte de su vida a esa profesión y, tal como escribió en «Acaso la palabra» sabe que «en política, las palabras son el arco y la flecha del Centauro, el cincel del escultor, la tea del revolucionario o el bálsamo del médico.»
El domingo pasado los priístas votaron para que fuera esta mujer aguerrida y política, que sabe lo que es ganar y perder, la Presidenta de su partido, pues saben no ha perdido el rumbo, ni la claridad de sus pensamientos y propósitos durante su vida política.

Saber perder es señal de madurez y de estar equilibrado. Aceptarlo sin perder la compostura, ni volverse loca o loco, es buena señal y no como hemos visto a varios que les sucede y que no aprendieron cómo es que debe comportarse uno cuando esto sucede. Ahí está Manuel Camacho Solís que perdió con el dedazo de Salinas en el 94, hace trece años, y todavía sigue dando bandazos con sus estrategias subversivas. Ni hablar del candidato incómodo del PRD que enloqueció al grado de subirse al estrado para ponerse él solito la banda y salir de gira con su circo de tres pistas para deambular por la República.

Hay dos cosas que me gustan del discurso de Beatriz Paredes: uno, que sabe que en esta vida se pierde y se gana y sabe ocupar el lugar que en cada caso corresponde; dos, ese amor que le tiene a la palabra (que es como el pensamiento). Sabe que «los políticos requieren comunicarse para explicar, para proponer, para interpelar, para entenderse y entender, para convencer, para fustigar, para elevar y conmover. Pero, en el caso de la política y de los políticos, como en el caso de los poetas y los literatos, las palabras tienen un atributo adicional: cobran vida propia, tienen y ejercen su propio encantamiento.»

Por todo esto creo que es buena noticia que haya triunfado para presidir su Partido y que tome el timón de ese barco que por poco naufraga pero que, a pesar de todo, se mantiene muy bien a flote. Hay esperanzas de que bajo su tutela se aclare el perfil y la plataforma para el futuro del PRI y tome la altura que le corresponde.

En los políticos, las palabras generan valores sociales y éticos —dice Beatriz— crean apotegmas. En los políticos las palabras reflejan sus compromisos y son una expresión de su línea de conducta: «el político que no es consecuente entre lo que dice y lo que practica, entre lo que propugna y lo que se esmera por realizar, no sólo es un político mediocre y cretino, es un pobre hombre, un destructor de palabras, un daño para la civilización.» (El Informador, martes 20 de febrero, 2007)

viernes, 16 de febrero de 2007

Peer Gynt y otras leyendas con la OFUNAM

No podía estar mejor el programa que nos ofrece la OFUNAM este fin de semana: primero que nada, la orquesta estará dirigida por José Guadalupe Flores quien llevó en su momento a la Orquesta Sinfónica de Jalisco hasta la cúspide de sus interpretaciones y ahora dirigirá a la orquesta de la UNAM con un programa enraizado en tres leyendas diferentes: la Tocata, dos Sinfonías y Moresca de L’Orfeo de Claudio Monteverdi (1567-1643), considerada la primera ópera; luego, la soprano Irasema Terrazas interpreta el poema sinfónico Luonnotar de Sibelius (1865-1957), seguida de un poema de Liszt (1811-1886), el Orpheus, que sintetiza el pensamiento romántico y, para cerrar con un broche de leyenda, escucharemos la versión de la suite Peer Gynt de Grieg (1843-1907), inspirado en la obra de Ibsen (1828-1906).

La leyenda de Orfeo ha sido tema para algunas obras pastorales y La favola d’Orfeo marca el punto de arranque de la ópera, «el arte de las artes», pues incluye, música, drama, actuación y canto. Vincenzo Gonzaga, el duque de Mantua le encargó a Monteverdi que le pusiera música a la letra de esa leyenda en donde un pastor cuenta cómo Orfeo ama profundamente a Eurídice y es feliz por haberla encontrado; por eso invita a las ninfas y sus amigos pastores a celebrarlo; pero, como en este mundo tanta felicidad no es posible, mientras Orfeo recuerda su infancia, hay una noticia fatal: Eurídice ha muerto mientras recogía flores: la había picado una serpiente. De ahí en adelante, Orfeo lucha para rescatarla del Hades y casi lo logra, si no hubiera volteado a verla mientras la sacaba de entre todos los muertos. Sin resistir la tentación se queda Eurídice en el Hades para siempre. Orfeo llora y Apolo le ofrece la inmortalidad para llevárselo a las alturas. Desde ahí podrá contemplar a Eurídice per secula seculorum. La ópera se estrenó en 1607 durante el carnaval de Mantua y, en los siguientes años, Monteverdi exploró más este género de obras musicales.

Sigue una leyenda finlandesa tomada del libro Kalevala donde la doncella Luonnotar canta durante las noches que se sucedían a solas, sí, la esplendorosa Luonnotar se había mantenido pura y virgen durante mucho tiempo a pesar de andar entre las grandes corrientes de aire en las llanuras inacabables de los cielos. Ahora le toca a la soprano Irasema Terrazas librar las dificultades vocales que propone Sibelius en esta obra, tanto en el rango como en los perfiles de sus melodías —según explica Juan Arturo Brennan en el programa de esta temporada. Esta obra fue estrenada en 1913 en el Festival de Gloucester y ahora es parte de este programa legendario que podremos disfrutar el próximo fin de semana.

Pero nada como la obra de teatro de Ibsen que fue la que inspiró a Grieg, el músico finlandés, para componer esta fábula en forma de suite y soltar por los aires al loco de Peer Gynt, como lo vimos el año pasado en el Teatro de Sor Juana de la UNAM, dirigida por Carlos Corona, sorprendidos hasta ahora de la actuación de Rodrigo Vázquez como Gynt. Ahora es Grieg quien busca musicalmente narrar las aventuras de este miserable que sabe cómo evadir la realidad tomando de la cabellera dorada de su fantasía para salir de su miserable vida e irse a la orilla de las rocas filosas de Genden-Eggen, montado sobre el lomo y agarrado de los cuernos de un enorme reno. Mitómano insoportable se burlaban de él, pero Gynt no se inmuta y nos sigue contando cómo huyó de los bosques donde habitan los terribles «trolls» para casarse con la princesa de los duendes antes que aparezca el terrible rey Dovre y sus genios de varias cabezas de la mitología escandinava. Y la historia sigue y con la princesa tiene un pequeño y regordete puerquito-jabalí, antes de volver a huir al trópico y convertirse en tratante de esclavos en el sudoeste de Marruecos: “¡Beban señores!, que hemos nacido para gozar, gocemos, pues, porque está escrito que lo perdido, perdido está y lo agotado, agotado”, y dice todo esto, asombrados de volver ver —en este caso a imaginarlo con la versión musical— a este miserable genial, antes de la muerte de su madre Asa, que sucede después de que Peer llega a su casa para llevarla a la puerta de los cielos volando en un carruaje, hasta que le abran las puertas y pueda negociar con San Pedro: “¡Madre Asa —ordena— puedes pasar!” Y su madre, que ya había abandonado este mundo recostada en la camita de su hijo, parece que sonríe agradecida de ese viaje hasta el cielo mismo de la fantasía.

Un programa legendario con tres leyendas en un mismo concierto, como para no perdérselo. ¿No cree usted? (El Financiero, lunes 19 de febrero, 2007)

lunes, 12 de febrero de 2007

La agenda presidencial

No cabe la menor duda que el presidente Calderón ha enfocado sus baterías, durante estos primeros días de gobierno, a temas prioritarios como son: la seguridad, que implica una lucha larga y penosa contra el narcotráfico; la creación de un buen ambiente para que se lleven a cabo las reformas a la Constitución que nos permita movernos mejor dentro de realidad que parece rebasarnos; mejorar la educación que es la base del futuro económico del país y del desarrollo sustentable y, por último, avanzar de ser posible en las negociaciones relativas a la migración y a la mano de obra en los Estados Unidos.

Calderón insiste en mantener la lucha contra el narcotráfico el tiempo que sea necesario y, sin cantar victoria, pone todos los días el dedo en la llaga, hasta llegar a ser secundado por el Secretario de Hacienda que ha asignado un mayor presupuesto para esa causa.

En estos primeros días de gobierno ha demostrado una actitud de conciliación y una estrategia que evade los enfrentamientos, tratando de sobrepasar a las distintas corrientes, con tal de lograr los objetivos y se avance desde la Constitución misma, en la construcción de un México moderno, alejado del populismo regresivo, evitando así la falta de crecimiento y remontar la modernidad. Hasta el día de hoy, sólo hemos oído discursos favorables a la integración de las diferentes corrientes para que se avance, hasta donde sea posible, en la agenda legislativa y se llevan a cabo las reformas a las leyes del trabajo, de la energía y las del Estado.

También entra en su agenda el tema de la educación y las alternativas para mejorarla, poniendo en juego las diferentes estrategias y herramientas. Aparentemente sigue apoyando el proyecto de Enciclomedia que, desde hace relativamente poco tiempo, se ha convertido en un parteaguas —como juez y parte— de la educación básica y que podrá, si le dan tiempo para instalar las nuevas versiones y que usen, mostrar sus beneficios a mediano plazo.

También en la agenda está la visita de varios mandatarios. El primero en la agenda es el presidente Bush que viene, seguramente, a confirmar su apoyo y beneplácito al tema del narcotráfico y mejorar lo que se pueda en ambos lados de la frontera; el segundo tema, más álgido, tiene que ver con las alternativas para la migración y las estrategias para aprovechar la mano de obra temporal que necesitan en ese país, con esos temas que están trabados por la maldita xenofobia estadounidense extremista que levanta muros y mata a los ilegales que andan por las orillas del río Bravo.

En esa reunión también estaría pendiente la promoción de las nuevas inversiones que nos permitan crear más empleos, de este lado de la frontera, de tal manera que sus vecinos del sur vayan creciendo y cerrando la distancia entre el primer y el tercer mundo y con estos apoyos lograr el crecimiento que necesitamos, entre otras cosas, para abandonar los lastres tercermundistas que andamos cargando desde hace siglos. (El Informador, martes 13 de febrero, 2007)

domingo, 4 de febrero de 2007

Los partidos como agencias de colocaciones

Atáscate que hay lodo, dice el filósofo de Güemes y viene a colación por la actitud que ha tomado abiertamente Espino & Co., desde la cumbre de su partido, para convertirla en una agencia de colocaciones promoviendo, ahora con mayor énfasis, desde las oficinas de la del Valle y en cada una de las sucursales estatales, los servicios de sus fieles panista para que ocupen puestos en los gobiernos federal, estatal o municipal que estén bajo su férula. Como buena agencia colocaciones sólo trata de jalar agua para su molino. Por eso, el escándalo en Monterrey no es novedad, sino un simple descuido entre sus protagonistas que les gusta intervenir los teléfonos que ya son el pan de todos los días, pues si se oímos el río pasar, es que agua debe llevar. Pero más que agua de río es la de las coladeras del desagüe la que ha brotado con estas prácticas de la real politk.

En Jalisco empezó a funcionar este mecanismo desde la gubernatura que ganó el PAN en 1994, pues nunca antes habían tenido la oportunidad de hacerlo. A partir de ese momento se trataba, ansiosamente, de vengarse y emplear a los que más saliva tenían dándoles menos pinole y por eso los panistas empezaron a hacer cola, como si fuese la factura a pagar, para algunos puestos municipales que les permitiría ingresar a las filas del empleo y al engranaje político en el poder.

Así, en una oleada, van consiguiendo empleo en relación directa a su proselitismo —o saliva, digamos— para que puedan pasar de lo municipal a lo estatal y de ahí, como ahora lo podemos comprobar, al federal. No faltaba más, siempre y cuando —implícitamente—, sean capaces de incrementar el voto. Pero lograr entrar en esas tandas, tiene su precio —no tanto económica, sino moral—, en donde ellos saben que si tú me lees, yo te leo y así, uno tras otro, van atando los cabos que estaban sueltos para formar estas redes con las que salen, cada tres o seis años, a pescar votos, confianza y empleo bien remunerado.

Así es la política. Así era es y así seguirá siendo con este y con el resto de los partidos. Así era con el PRI, como lo es con el PRD, por lo menos en el DF. Mientras los ilusos que esperábamos el cambio, no hemos visto nada, de nada sólo para confirmar, una vez más lo que anticipó Giuseppe Tomasi di Lampedusa desde Palermo, cuando escribió su Gatopardo, la novela basada en la vida de sus antepasados y el cambio de un gobierno aristocrático al democrático, en donde sabía —con un cierto pesimismo— que todo tenía que cambiar para que todo siguiera igual.

Sin embargo no todo es así. Hay excepciones y estas son buenas, por ejemplo, la selección del gabinete económico donde han puesto a varios secretarios de Estado escogidos estrictamente hablando por su capacidad y experiencia más que por su afiliación partidista y esto, aunque no resuelve "cabritogate" como le llaman, equilibra la balanza entre el debe y el haber de la política y la democracia como esta que nos ha tocado vivir. (El Informador, martes 6 de febrero, 2007)

viernes, 2 de febrero de 2007

El laberinto del Fauno, adornado con siete Goyas

No podía ser de otra manera: una coproducción de Bertha Navarro del Tequila Gang con los españoles fabricando una obra del cine de ficción como es El laberinto del Fauno del tapatío Guillermo del Toro, les abriría la puerta para entrar a al sala principal y de la mano de la Academia del Cine Español para llevarse siete premios Goya muy bien merecidos. Entre ellos el de fotografía otorgado a Guillermo Navarro; el guión de Guillermo del Toro; los efectos especiales, la actriz novata y otros más. Una gran fiesta para este grupo de cineastas que han demostrado cómo se puede entrar al mundo globalizado y de las ligas mayores.

La carrera de Guillermo del Toro (1964-) la hemos seguido desde Cronos, en 1993, cuando inventó los efectos especiales que es el pivote sobre el que le gusta girar a del Toro y que por eso llamó la atención para ir a dar pronto a Hollywood donde pudo sentar las bases y luego hacer El espinazo del diablo (2001), Blade II (2002) y Hellboy (2004) y ahora en Praga filmando su Hellboy II.

El laberinto del Fauno fue hecha en España y por supuesto que les llama la atención a la Academia de Cine de ese país, pues del Toro ha demostrado tener una gran capacidad creativa en las artes cinematográficas sobre todo, en la creación de monstruos de todos los sabores y tamaños.

Ya he contado otras veces lo que me decía su padre, una vez que jugué golf con él Guadalajara: se quejaba de la infancia de Guillermo y nos decía cómo, desde que era niño, se negaba ir a la escuela e inventaba toda clase de pretextos, desde la gripa, pasando por la calentura y el dolor de estómago, sólo para quedarse disfrutando, revisando, anotando y elaborando sus fantasías alrededor de los «comics», en inglés o español, que tenía con los que iba elaborando lo se le ocurría para que Batman venciera al Pingüino, imaginando cómo eran los aparatos-vivientes que tenían los enemigos de los héroes, del Hombre Araña o de Superman y así, desde entonces se le ocurría hacer sus maquetas y diseñar sus mecanismos que luego filmaría para impresionar a la gente.

Cronos fue su primera experiencia en largo metraje y la hizo cuando tenía 28 años de edad. A esas alturas ya estaba dirigiendo y construyendo sus efectos especiales con esa especie de alacrán, ¿sería así?, no sé, sólo recuerdo que era un animal-metálico que chupaba la sangre y que con esa, podía rejuvenecer al villano. Valió la pena tenerle paciencia, como le dije a Guillermo papá en aquella ocasión, aunque él pensaba que iba a ser un inútil, bueno para nada. La semana pasada debió de estar de lo más que orgulloso, pues su hijo, salió de ese laberinto de la infancia para crearlos y darles vida, filmarlos en la pantalla grande y, en menos de una década, estar entre las grandes figuras del cine contemporáneo a nivel mundial.

Con El laberinto del Fauno, Guillermo del Toro se regodea en tres niveles: en una reconstrucción de la historia (la guerra civil española), para señalar en particular el sadismo de los militares y, en ese caso, del Capitán; luego, de esas fantasías que son resultado de la parte oscura de los cuentos de hadas, como de los aterradores cuentos de los Grimm (cuando metían al horno, a dos hermanitos perdidos, no sin antes engordarlos en una jaula) y, por último, en las pesadillas, como las que nos invaden en la infancia, cuando no entendemos qué es lo que pasa después de la muerte y presentimos o imaginamos lo que pude suceder cuando se apaga la luz y se acaba todo.

Pero también está la venganza, ¡ah, la deliciosa venganza!, tal como la que desarrolla y pone en manos de los oprimidos en un acto que satisface, sobre todo, a nuestras fantasías y que alternan con el resto de las tramas tomadas de esa realidad que inventa del Toro, como es el embarazo complicado de la viuda de un sastrecillo que ha sido usada por el Capitán como matriz de repuesto, sólo para tener un heredero. Pero la hija, que es la huérfana del sastre, escapa de la cruda realidad leyendo sus cuentos de hadas (o «comics», como lo hacía su director), desapareciendo la frontera que hay entre la realidad y la fantasía entre las hadas y el gran Fauno que habita en su laberinto —como el de Minos en la antigüedad o el del preludio de una siesta, como lo imaginó Debussy— para que pasen a ser parte de nuestra vida, protegiéndonos del mundo exterior y de la muerte, en un campamento donde esta niña, además de ser parte del cuento, tendría que pasar tres pruebas tres, para llegar a ser una princesa y parte de la corte —celestial—, donde está su madre. Sí, está segura que pasando esas pruebas podría ser parte de la corte —en el otro mundo—, en el de la fantasía, el de los cuentos, el del más allá. Y por todo esto, del Toro recibe siete premios Goya, confirmando que es un genio que ha llegado a la cumbre de su carrera. (El Financiero, lunes 5 de febrero)