jueves, 31 de mayo de 2007

Nezahuacóyotl, señor de Texcoco: ayer y hoy

La geometría del escenario es precisa: un cuadrilátero rojo con su diagonal hacia el público iluminado de tal manera que se forma una cruz en sus dos diagonales para dividir el espacio en cuatro triángulos isósceles perfectos. Recargados sobre los muros al fondo de la plataforma, hay seis paneles de color oscuro de diferentes anchos siguiendo alguna proporción matemática. Después de la tercera llamada, sale del fondo y de la oscuridad una anciana doblegada por el tiempo, arrastrando la cobija. Parece una sacerdotisa cubierta la cabeza con un sombrero adornado con grecas, que balbucea algunas oraciones. Nezahualcóyotl (Coyote hambriento o en ayunas), séptimo señor de Texcoco, nació en 1402 (1 Conejo) y vivió hasta 1472 (6 Pedernal). Era hijo de Ixtlilxóchitl el Viejo, sexto señor de Texcoco y de Matlalcihuatzin, hija de Hutzilíhuitl y hermana de Chimalpopoca, señor de México-Tenochtitlan. Las sombras de la anciana se proyectan sobre los paneles. ¿Qué estará diciendo?, no sabemos. Es la madre, es la anciana madre Tierra que está pendiente de sus hijos hasta la muerte.

Aunque el comienzo es fantástico, su desarrollo resulta accidentando pues, Juliana Faesler, escritora, directora, escenógrafa y encargada de la iluminación decidió estructurarla como una serie de viñetas atemporales: puede ser ciudad Nezahualcóyotl hoy en día, con sus microbuses brincando los topes y los lugares comunes de esa ciudad; o es el ayer, donde nos enteramos cuando secaron los lagos o, es durante el tiempo precortesiano, como es el tema principal, el relato de su historia que poco conocemos, tal vez por los nombres que nos resultan difíciles de pronunciar y recordar por ser poco utilizables, como los de estos personajes que por lo pronto los vemos corriendo de un lado para el otro, huyen y se esconden. Se trata de la infancia de Nezahualcóyotl que, entre lamentos, se la pasa corriendo en el escenario que nos parace inútil desgaste pero que, tal vez, saltan como las liebres por tratarse del año 1 Conejo.

También tienen sus momentos de gloria y de franca comicidad con algunas bromas de carpa, como es el merolico que sustituye al profeta chichimeca que a su vez convierte a la historia precortesiana en parodia, pues no podemos menos que reír al contrastar al señor de Texcoco del siglo XV, con los vendedores ambulante del Zócalo.

Son cinco actores: Clarissa Malheriros, Diana Fidelio, Roldán Ramírez, Natyeli Flores o Alam Sarmiento y todos, en un momento dado, hacen el papel de Nezahualcóyotl, Cuando alguno de ellos se detiene, por un momento, y declama uno de sus treinta y seis poemas que conocemos, entonces pisamos un poco de ese cielo universal y el personaje adquiere, por un instante, la altura a la que pensamos estaría Nezahualcóyotl ecuación escénica de memoria y tiempos que se presenta en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM.

Es entonces cuando nos acomodamos en la butaca y escuchamos por un momento: Como si fueran flores los cantos son nuestro atavío, oh amigo: con ellos venimos a vivir en la tierra. Verdadero es nuestro canto, verdaderas nuestras flores, el hermoso canto. Aunque sea jade, aunque sea oro, ancho plumaje de quetzal…, o ese otro dicho con el tono que requiere: Como una pintura nos iremos borrando. Como una flor, hemos de secarnos sobre la tierra. Cual ropaje de plumas del quetzal, del zaguán, del azulejo, iremos pereciendo, iremos a su casa.

Los actores recuerdan el tiempo ajeno y distante en el que vivían los pequeños-grandes señores de la triple alianza: México, Texcoco y Tlacopan, señores que peleaban por su ambición de poder aumentar los tesoros de su miseria, por ensanchar un poco más su orgullo como esos pavos reales que andan entre el lodo y las piedras, entre el ayuno y el hambre. Pero Nezahualcóyotl fue un gran hombre: sembró los ahuehuetes de Chapultepec, trajo agua a la ciudad y durante su gobierno, florecieron la historia, la filosofía y la poesía.

De pronto, el siglo XX y la invasión de los terrenos —a peso el metro cuadrado—, por nada, por ir ahí a respirar el polvo que fue lo que quedó del lago salado, polvo con el que amanecían y respiraban hasta el día de su muerte cuando les tocara dejar las flores antes de irse y luego cuando se fuera llenando hasta los dos millones de habitantes, cuando cerraron sus puertas en medio del tráfico, sí, del tráfico de drogas y del deseo de salir hacia el Norte para comer bien tacos sin tanto polvo de adorno.

Y vuelta al mundo azteca y rendir culto a la naturaleza renovada, como aquel sacerdote que se pone sobre su cuerpo (como si fuese su abrigo) la piel de un sacrificado en honor a Xipe Tótec, dios de la primavera. Y así se dan las viñetas de esta historia discontinua, provocando la risa franca, con sus rostros pintados, con la sangre que les escurre entre los sacrificios públicos de corazón abierto o las calaveras en los muros y el olor a mierda. De pronto, lo que era serio se vuelve una mascarada donde se pierde la esencia de un gran hombre como lo fue por más de medio siglo. (El Financiero, lunes 4 de junio, 2007).

martes, 29 de mayo de 2007

Divide y vencerás

Se han marcado las diferencias entre Manuel Espino, el actual líder del PAN y Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de la República y será en estos días cuando el Partido aclare su posición nombrando un nuevo Consejo Nacional donde se espera que éste no interfiera con el gobierno en el poder, pues ya no es lo mismo ser un partido de oposición, como lo fue hasta el año 2000, que un partido en el poder, como lo han sido durante los últimos siete años.

En estos momentos de crisis interna es cuando uno pude observar la salud mental de ese partido expresada en términos de madurez, dentro de este ejercicio por el que están pasando en estos días donde hay cambios en el Consejo donde se podrá ver si desean apoyar al gobierno en el poder y jalar la carreta hacia un mismo objetivo o que la sigan jalando cada quien para su milpa haciendo las cosas como se les antoje, bajo amenaza de abandonar esa carreta para irse a otro partido, como lo vimos en Yucatán.

Todo comenzó hace un par de años cuando Creel era Secretario de Gobernación y soñaba ser precandidato a la Presidencia. Un punto clave era tener el apoyo de su partido. Ahí se dio el primer forcejeo entre Manuel Espino y Carlos Medina, entre un funcionario poderoso Creel y un modesto precandidato llamado Calderón. La lucha por el control del partido la ganó Fox-Creel, al tiempo que perdió brutalmente la precandidatura para medio sacar la cabeza del atascadero, quedándose fuera del juego principal y vivir entre la espada de la ley Televisa y la pared de los casinos que le rondan como moscas prietas alrededor de la cabeza.

Cuando Calderón llega al poder hereda los problemas que le deja Fox y, ahora, resulta que Espino, en una actitud enfermiza que no puede ser calificada más que de estúpida o de suicida, se ha dedicado a pagarle aquella factura y, concientemente, estorbar al Presidente exacerbando los ánimos para llevarse de la mano del retirado Fox en un par de viajes, como chivo en cristalería por el mundo, encrespando las relaciones con el pretexto de que hay libertad de expresión, cosa que es cierta, pero que nada tiene que ver con la educación política que explica cómo debe comportarse un expresidente. Pero sus limitaciones no se lo permiten y Fox con Espino se van de viaje de la mano por la madre Patria causando desaguisados e, incontinente, lanza una reciente y renovada confrontación con Chávez en Venezuela con lo cual no le facilita a Calderón para nada su estrategia diplomática para América Latina.

Vamos a ver si el PAN ha madurado lo suficiente como para que sepan contener las ambiciones personales y logren, el equilibrio con un Consejo Nacional que entienda que en el mundo, el presidente de la República debe ser, al mismo tiempo, el líder de su partido y que sólo así se logra actuar eficientemente en un futuro inmediato. (El Informador, martes 29 de mayo, 2007).

jueves, 24 de mayo de 2007

Mahler: lo majestuoso, lo sutil y lo premonitorio

Durante esta primavera, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, con sede es la Sala Ollin Yoliztli, le hace un homenaje al director y compositor vienés Gustav Mahler (1860-1911), obedeciendo al deseo de Enrique Barrios, su director artístico que, como Titán, dirige esta orquesta para interpretar su obra, que sigue siendo una de las más importantes hasta nuestros días: majestuosa, como son las sinfonías de Mahler, donde convirtió su delirio de grandeza en diez sinfonías, donde paradójicamente incluye momentos sutiles y delicados, amorosos, diríamos, como el Adagietto de la Quinta que, como bien dice Barrios, «es una declaración de amor para Alma (Mahler) y una de las páginas más profundas, bellas y conmovedoras que se han escrito en pentagrama». Cuando lo recordamos, pues fue tema musical de la Muerte en Venecia de Visconti, sentimos una sacudida pues, «¿quién no experimenta un estremecimiento, quién no tiene que luchar contra una secreta opresión al entrar por primera vez, o tras larga ausencia, en una góndola veneciana?»

Por eso decimos que en las obras de Mahler hay grandeza, pero también hay esos otros momentos que nos hacen sentir una cierta turbación producto de la trágica historia de un héroe y las canciones de la Tierra, hasta el deseo de ser acariciado o la premonición de algunos golpes que nos da la vida de repente.

Mahler produce sentimientos encontrados, ya sea que hablemos del ser humano o del artista. Como persona, tenemos la impresión de que era insoportable, neurótico, perfeccionista, egocéntrico y megalómano que en 1902, cuando ya era un director imponente, se casa con una jovencita, Alma María Schindler (1879–1964), que tiene diecinueve años menos que él y se sabía que era «la chica más guapa de Viena», una modesta compositora y pintora que destacó por su belleza, su inteligencia y, sobre todo, por una pasión desbocada con la que caminó, durante su vida, del brazo de varios artistas del siglo XX: casi una niña se enamoró de Gustav Klimt (quien pudo haber sido su primer amor); se casó con Mahler en 1902; viuda, en 1911, se casó con Walter Gropius (fundador de la Bauhaus); entre líneas fue amante de Kokoscka (un expresionista atormentado) y, finalmente, se casó en 1929 con Franz Werfel (escritor y poeta). También anduvo del brazo de Schoenberg y Stravinsky y de Thomas Mann, el gran novelista. En fin, anduvo con medio mundo de la Europa de la primera mitad del siglo XX.

Digo que el esfuerzo que ha hecho Enrique Barrios es titánico porque se necesita mucha energía para entrar de lleno y para llegar hasta el fondo de esas obras, sutiles y monstruosas, como el que ha hecho en esta primavera para dirigir la Orquesta de la Ciudad de México e intentar sacar esa luz que hay en cada una de estas obras.

En el fin de semana del 9 y 10 de junio, van a interpretar varias obras bajo el lema de la «Segunda escuela de Viena», donde podremos escuchar la Suite del caballero de la rosa de Johann Strauss, obra a la que le tenemos una cierta ternura, sobre todo cuando la interpreta Elizabeth Schwarzkopf —como la Mariscala— cantando, apesumbrada, el aria donde reconoce y se da cuenta que ha envejecido, así como, de lo rápido que pasa el tiempo, aunque no quiera.

El tercer fin de semana (16 y 17), interpretarán, entre otras obras, la Obertura Coriolano de Beethoven, una breve introducción donde están presentes los rasgos del patricio general romano, Cayo Marcio, vencedor en la ciudad de Corioles —por eso Coriolano— que se negó participar de la democracia, traicionando a Roma, para morir en manos del vosco Tulio Aufidio, su enemigo.

Por fin, el fin de semana del 23 y 24 de junio, bajo la batuta de Enrique Barrios, se cierra este ciclo con la Sexta Sinfonía de Mahler, la famosa sinfonía Trágica, obra maestra, premonitoria según Alma Mahler, estrenada en 1906 en la ciudad de Essen. Nadie entendió por qué el compositor expresaba, en la hora más feliz de su vida, unas oscuras emociones. Alma lo interpretó diciendo que «había por ahí unas voces infantiles que están jugando y, luego, se vuelven medio trágicas hasta que, al final, se desvanecen en un lloriqueo, como si fuese la premonición de lo sucedido un año después, cuando murió su hija María en julio de 1907 en nuestra casa de verano en Maiernigg, junto al Wörthersee, lejos de los médicos y de cualquier ayuda y, María, nuestra primera hija, se enfermó de escarlatina y difteria para morir a las dos semanas, lo que fue una tragedia que nos puso a Gustav y a mí al borde de la muerte». Los tres golpes de martillo los asociaba al sufrimiento de Mahler: la muerte de María, la renuncia forzosa a la Ópera de Viena y luego, su enfermedad del corazón y su muerte en 1911.

Buen homenaje a este hombre, hecho por un gran director e interpretado por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. (El Financiero, lunes 28 de mayo, 2007).

martes, 22 de mayo de 2007

El debate migratorio

¿De qué manera podrá expresar el poder legislativo de los Estados Unidos de Norteamérica la solución que les pueden ofrecer a más de doce millones de mexicanos que viven y trabajan en ese país indocumentados? ¿De qué manera se puede lograr que esta gente tenga un trato que sea de acuerdo a los derechos humanos? ¿De qué manera la xenofobia, que acompaña al nacionalismo norteamericano, podrá transformarse en aceptación y, por lo tanto, en trato igualitario?
Hasta el momento no lo sabemos, pero en el Congreso de los EEUU están trabajando para conseguir primero un consenso básico y luego, salir a la tribuna del Capitolio a ventilar los pros y los contras de esas posibilidades de regularización para, finalmente, poner las bases sobre las cuales podrán vivir los mexicanos que viven en ese territorio y que, en muchos casos, son sobreexplotados por los mismos que los acusan.

Los EEUU nos produce emociones encontradas porque, tal como sucede en otros países, hay de todo en esa viña que parece no es del Señor y está formado por un mosaico cultural con una formación geométrica extraña: una bolsa amplia formada por una mayoría inculta, ultra conservadora (normalmente que habita en el Sur), seguida de otra, formada por la clase media, a la que le dicen «la mayoría silenciosa» y que, desde siempre, viven apanicados, temerosos, rechazando a la gente de color en sus diferentes tonos y discriminando las capacidades de estos extranjeros; esta gran mayoría se deja manipular por los medios y al mismo tiempo creer —como lo demostró Michel Moore en Masacre en Colombine— que efectivamente los EEUU es el país modelo en el mundo en cuanto al ejercicio de la democracia y de las libertades, como ese que creían era un sueño, el famoso sueño americano del siglo XX que resultó ser, más bien, una pesadilla para los inmigrantes de nuestros días.

Pero esa misma gente está segura que, en todo caso, los culpables son los negros (o afro-americanos, en términos de la corrección política) o esos morenazos —que no estén jugando en algún equipo de bésibol— latinos de piel y corazón, que son golpeados «por alguna razón» por la policía de Los Ángeles, por lo menos, porque lo acusan de ser culpable de lo que sea o porque lo busca la migra.

Pero también viven ahí los intelectuales —pocos, relativamente, pero de mayor importancia—, y están las universidades de primera con sus profesores y, ni hablar, ese nivel de vida que sólo se da en el primer mundo, donde además han desarrollado la ciencia aplicada y nos ofrecen su tecnología. Estos también forman parte de ese mosaico.

Por eso, puede ser admirable el ejercicio de la democracia y, puede ser desesperante la ceguera con la que niegan ciertos temas como el de los inmigrantes mexicanos. Ahora esperemos que se arregle y que se avance en este tema, pues desde hace más de una década y luego, con la famosa «enchilada completa», ha sido imposible solucionar este tema de alguna manera, por los grados de dificultad que enfrentan los legisladores para convencer a esa parte del mosaico representada por los xenofóbicos que se la pasan discriminando y despreciando a los extranjeros, a los que no son WASP. (El Informador, martes 22 de mayo, 2007).

jueves, 17 de mayo de 2007

El velo pintado o Al otro lado del mundo

Una pareja compuesta por una frívola inglesa que se casa con tal de huir de la casa de su madre con un médico investigador de los bacilos que producen las epidemias, más callado que otra cosa, terminan viviendo, finalmente, en un pueblo a orillas del Yang-tse, donde enfrentan los demonios del engaño y de la cólera. Ella sabía que estaba al otro lado del mundo no sólo geográficamente, sino desde cualquier otro punto de vista. Primero en Shangai el médico sorprende a su mujer en las manos de un diplomático y, colérico, le propone dos salidas: una, que se vaya con él a un pueblo a orillas del Yang-tse donde hay una epidemia de cólera que debe atender o que le dé el divorcio de inmediato.

Todo esto sucede en los años veintes, cuando iniciaba la campaña por el nacionalismo chino y la xenofobia que lo acompaña, un año después del primer congreso nacional del Kuomintang (KMT) donde intentan la reconstrucción nacional empezando con un gobierno militar, seguido del KMT, hasta llegar a la soberanía popular bajo los tres principios del pueblo: nacionalismo, democracia y bienestar del pueblo.

La trama principal gira alrededor de la pareja inglesa que se va a un pueblo chino a orillas del Yang-tse para arreglar, de ser posible, su relación. Al otro lado del mundo es la película basada en El velo pintado de W. Somerset Maugham (1874-1965), autor de Servidumbre humana, la más famosa de sus novelas.

Descubierto el engaño de la esposa, se inicia la doma o la venganza correspondiente con esta fierecilla, a costa de lo que sea, con tal de que esta mujer entienda lo que es el amor y los principios básicos de una pareja. La va amaestrando primero con la ley del hielo que el médico aplica con todo el dolor de su alma, hasta que se va desarrollando este drama romántico entre los velos pintados por la bruma que se levanta desde el río y cubre el paisaje de las montañas y la vergüenza de la pareja al desnudo.

Edward Norton (1969-) es el joven médico y Naomi Watts su esposa. En el pueblo sobre el río aparece un extraño personaje llamado Waddington (Toby Jones), un inglés acomodado en China desde hace tiempo que resulta ser un buen hombre, tal como lo declara su amante china. La locación, como decíamos, es un pueblo al pie de las montañas, sobre el imponente río de casi 6 mil kilómetros de longitud que fluye, primero, entre unas gargantas, hasta que se regulariza río abajo para desembocar en el mar de la China oriental, formando un estuario donde se encuentra el puerto de Shangai; el guión es impecable y narra la transformación de la pareja en donde ella deja de ser una esposa frívola para convertirse en una verdadera mujer.

Para salir del vacío en el que vivía, fue necesario que se integrara al paisaje y empezara a vivir incomunicada y que se diera cuenta de la pobreza que la rodea, resistiera la xenofobia a flor de piel y, con todo esto, enfrentara la bandera negra que ondeaba gracias al soplo de la muerte, desde que amanecía hasta el final de la obra, al tiempo que veía cómo empezaba a moverse la bandera blanca, con el viento de la esperanza y del perdón.

El paisaje es abrumador como lo es el clima. El contraste entre las dos culturas era tal, como el que hay entre el deseo de muerte y el deseo de vida —tal como lo definió Freud— y esto hace que los dos amantes desafíen al destino y luchen entre el odio y el amor, entre el rechazo y el deseo, entre la vida y la muerte hasta encontrar un posible borrón y cuenta nueva.
De pronto, entre las miserias cotidianas y la lucha contra el cólera, algo se mueve en ella con las teclas de un viejo piano donde ella interpreta, como lo hacía en Londres, algunas obras de Satie (1886-1925) y que resultan ser el tiempo pasado y el recuerdo que él guardaba cuando la había conocido. Ahí mismo empieza a dar la vuelta su vida entre las monjas y los niños del convento con los que canta y baila.

Tal como lo hacían en la Edad Media para entrenar a los halcones (hembras), vemos cómo las voluntades se van doblegando, poco a poco, frente a este paisaje y al ambiente hostil que los rodea, hasta que vuelve a brotar lo que estaba escondido, como sucede en esta historia adaptada por Ron Nyswaner, para que la dirigiera John Curran.

La miseria se soporta por el paisaje sobre el majestuoso río que fluye en silencio como un gigante mudo, todopoderoso, que refresca el ambiente y la vista: el rocío que se levanta intenta cubrir el paisaje y sus verdes montañas como un velo pintado entre los gritos de las aves que buscan la carroña mientras planean desde las alturas.

Dos meses eternos pasan en ese infierno. Mientras, el médico intenta detener la epidemia y su esposa se olvida de su amante. En medio de la cólera el destino actúa —títeres de la fortuna— y, en medio del velo pintado, la vida da la vuelta para que todo siga igual aunque diferente. (El Financiero, lunes 21 de amyo, 2007).

lunes, 14 de mayo de 2007

Parteaguas en la educación

Hasta hace unos días estuve trabajando como director académico del proyecto Enciclomedia Primaria y, desde el primer día que entré a trabajar con el Dr. Felipe Bracho, en marzo del 2004, supe que estaría trabajando en lo que sería el parteaguas de la educación básica.

Los parámetros son los siguientes: uno, sería un sistema para que lo use el maestro en tiempo real, durante el desarrollo de sus clases; dos, el equipo que usa es una PC, un cañón y un pizarrón electrónico; tres, se diseñaría el contenido multimedia sólo para 5º y 6º grados y, cuatro, estos estarían basados en los libros de texto gratuitos, que son la base sobre la cual los alumnos aprenden y los maestros enseñan.

Conforme fui avanzando en el proyecto, junto con un grupo extraordinario de académicos como son: la Dra. María Trigueros en Matemáticas, el Maestro Felipe Garrido en Español, el Maestro Alberto Sánchez en Historia, la Dra. Teresa Garduño en Geografía y el Dr. Fernando Flores en Ciencias Naturales, nos convertimos en el disparador de ideas, guiones y diagramas para toda clase de recursos pertinentes al programa y a los objetivos pedagógicos de cada una de las lecciones.

Logramos crear algo así como 8 mil recursos de todo tipo: video-clips (fantásticos, sobre todo, para Historia), interactivos (maravilloso instrumento para ejercitar Matemáticas, Español, Ciencias Naturales y Geografía), dos tipos de mapas interactivos, uno, hecho ad hoc por el INEGI (en capas) y el segundo, un mapamundi hecho por la dirección tecnológica que dirige Eduardo Barón, un experto en programación y en sistemas operativos que diseñó esto que es una joya. Hay animaciones, enlaces pertinentes a otros libros de texto o a galerías de arte con posibilidades de ver en detalle (como nunca podríamos hacerlo) esas obras; visitas virtuales a las catorce ruinas arqueológicas más importantes y al mural de Diego Rivera en el Palacio Nacional. Nunca jamás los niños ni los maestros han tenido a la mano, en el momento que lo necesitan, este tipo de recursos para que puedan mejorar, sustancialmente, lo que están estudiando.

En Español, por ejemplo, se han desarrollado aplicaciones para que puedan entender mejor lo que están leyendo, con ejercicios (vocabulario y conceptos) antes; con grabaciones de las historias en, y con ejercicios después de la lectura para ver si han entendido lo que leyeron.

Las SEP instaló 165 mil salones de clases (aprox.) en toda la República (el 100% de los salones de esos dos grados) y, ahora, Enciclomedia entrega la versión 2.0 con el 98% (aprox.) de su potencial contenido para hacer, de esta versión, una definitiva.

Un parteaguas en la educación que va a ayudar a los maestros (buenos, malos o peores) a hacer mejor su trabajo y, sobre todo, a que los niños se emocionen cuando saben que sin miedo alguno para encontrar lo que les interese y, sobre todo, que entiendan las cosas como nunca antes.

Enciclomedia, pues, es un buen regalo para el día del maestro, tal como ellos lo han expresado, felices de contar con esta herramienta tanto los maestros, como los alumnos y los padres de familia. (El Informador, 15 de mayo, 2007)

jueves, 10 de mayo de 2007

En el Campo de batalla de Armando Hatzacorsian

Un juego limitado al uso y brillo del negro

Armando Hatzacorsian inauguró su exposición en la galería Hecaro (del 9 al 25 de mayo en Antonio Caso 19), inspirada en el expresionismo abstracto donde nos muestra veinte de sus recientes obras en dos formatos resultado de haber jugado, con todo y sus reglas, límites y restricciones como las que se tienen en cualquier juego, ya sea en el tiempo o en el espacio y que, en este caso, fueron las siguientes: uno, sólo usar el negro en sus diferentes tonalidades y brillos; dos, permitir que el contraste de esta negrura sea con unas franjas plateadas; tres, definido el negro como la tonalidad más oscura que hay en la naturaleza y la ausencia de color por la absorción total de los rayos luminosos, usarlo al máximo de sus posibilidades. Con esta definición, reglas y límites, ha creado el artista tal tensión como la que puede suceder en un campo de batalla y nos hizo recordar cómo en los viejos tiempos, lo negro no se consideraba bello y si lo era, no llevaba el nombre de belleza; y ahora, el legítimo heredero de la belleza es el negro, pero su belleza es difamada por la bastarda vergüenza, como empieza el soneto 127 de Shakespeare, sólo para que observemos de cerca cada uno de los campos de batalla y disfrutemos lo que logró el artista para encontrar, sorpresivamente, que hay sí hay una nueva belleza negra, como nunca antes la habíamos visto.

De entrada, no podemos dejar de asociarlo con el luto, con la negación del color, con «la negra nada», como decía el poeta refiriéndose a ya saben ustedes qué. Pero, en este caso, sólo es un juego, negro, pero juego a fin de cuentas, juego donde el artista explora al máximo las posibilidades del brillo negro, pero brillo, en unas formas abstractas que parecen haber sido tomadas de la naturaleza negra, pero a fin de cuentas naturaleza, como pueden ser unas supuestas neuronas o las ramas secas de unos árboles o, a lo mejor, «la columna vertebral de un Alien» ―como decía Antonio Castro de broma― para crear así, una serie de obras de arte limitadas, como sucede con cualquier juego, a una cierta ausencia de color y lograr crear, como él quería, una tensión donde el negro adquiere su propia importancia.

Los títulos de cada una de estas obras están tomadas del Réquiem de Mozart: Illa die o Et de profundo lacu, por ejemplo, como esa música que sirve de consuelo a la hora del luto, propio o ajeno; pero esta obra de Armando también recuerda el juego que jugó Raymond Queneau (1903-1976) en sus Ejercicios de estilo, donde trabajó sobre 100 puntos de vista diferentes de un mismo suceso y, la del artista, sólo son 20 los puntos de vista diferentes sobre el mismo tema.

El brillo negro, pero brillo, es de laca pura laca con la que forma sus redes, telarañas, algunas con su luna, lunita llena, cuadrada como en los cuentos de terror. Perdida Selene entre la bruma, entramos al universo del negro para descubrir que esa paleta tiene diferentes tonos, ecos del negro puro, como los ecos que compuso musicalmente Mozart en su Requiem.

Las redes brillantes, conectadas o sueltas, están sobre un fondo que es la oscuridad pero, por ahí, ¡ah!, ¡por ahí!, hay una hendidura con una luz plateada o cuadrada como no es Selene, pero como si estuviera oteando el horizonte perdido su brillo en el universo. No, no es que haya pintado obsesionado, no, es el huego de alguien que quiere jugar con las raíces ―brillantes― que se hunden en un pantano donde está colocada, en su justa proporción áurea, un hueco blanco entre el negro brillo y nos preguntamos qué clase de astro puede ser.

Lo abstracto es vegetal o animal, no lo sabemos. Pero Armando sigue jugando dentro de sus propias restricciones y, de pronto, descubrimos que el negro tiene sus tonos, tenues y suaves, como los que vemos en una red y sus delicados hilos con los que se une.

¿Es el perfil de un ave el que está en esa mancha blanca? No sé, pero puede ser. Tres o cuatro o una sola ráfaga plateadas le da movimiento a todo un bloque negro brillante que se repliega en la noche como si haya sido sorprendida por una toma satelital, donde podemos ver cómo brilla a la distancia los afluentes de esa especie de paisaje nocturno.

En las ramas, donde una vez hubo follaje, luz y colores, parece que nos dice contempla en mí aquellas épocas del año, cuando las amarillas hojas, pocas o ninguna, cuelgan de las ramas que tiemblan contra el frío, desnudos coros en ruinas, donde los dulces pájaros una vez cantaron.

Algo explota en el centro mismo del universo y oculta lo que está detrás: la verdadera historia de un campo de batalla que va de lo positivo a lo negativo, de la modesta luz, brillante como la vida, hasta el negro de la muerte o ese otro juego de la línea que se lanza contra negro ―cóncavo―, empujado hacía el vacío, es decir, las neuronas en espera de una metáfora para iluminarse. La intimidad del universo y el detalle del orgulloso negro que danza en la oscuridad, con un brillo exaltado como en la feria de vanidades como es el juego que un Hatzacorsian, muy elegantemente juega vestido de etiqueta y con una técnica impecable. (El Financiero, lunes 14 de mayo, 2007)

martes, 8 de mayo de 2007

Los claroscuros de la libertad

Se celebró la libertad de prensa y tuve oportunidad de escuchar a Santiago Corcuera, abogado y relator de la ONU en México, aclarando algunas cosas sobre este tema y señalando que en México, no todo es negro o blanco, sino que, en este tema, hay un claroscuro. Por un lado tenemos que el 92% de los periodistas que han muerto este año (34 de 37), han muerto en manos de los narcos y, esto es algo que se reclama al gobierno, pidiendo que se haga algo al respecto. Bien sabemos que si algo se ha hecho a fondo en este sexenio, es enfrentar a esa plaga como nunca antes para coger a estos individuos (operadores y gatilleros) de la poderosa y escurridiza organización de narcotraficantes (como son los terroristas), con poder económico al contado, armas, entrenamiento y la sangre fría para acabar con y corromper al más pintado.

En 1993, cuando se habían controlado los demonios de la inflación y el peso se ajustaba quitándole tres dígitos, cuando estaba en la cima el gobierno de Salinas, el único problema que tenían era el narcotráfico que ya se había infiltrado por todas partes y en todos los niveles, y se sentían impotentes para reconocerlos, atraparlos y condenarlos. De entonces a nuestros días, sigue siendo lo mismo pero a una escala mayor y con tal violencia, como nunca antes la habíamos visto. Los militares les pisan los talones a los narcos y estos reaccionan con más violencia, sin importar que sean periodistas, jueces, militares o quien hayan estado en su contra.

Se ha cambiado la ley ―explica Santiago―, para evitar que la calumnia siga siendo un tema de persecución tal como estaba en la Constitución de 1917 donde también se habla de los daños a la moral que, como todos sabemos, ha cambiado con los tiempos y ya no es lo mismo lo que implicaba esto en el 17 que noventa años después. Entre otras cosas, por esto se dificulta la aplicación de la ley y hay que redefinir estos conceptos. Por ejemplo, los sucesos en el Zócalo para la obra de Tunick, que en 1917 hubiese sido imposible, inmoral y algo más.

El caso de Lydia Cacho está en el lado oscuro de esta libertad pues, ha sido una periodista maltratada y secuestrada por los gatilleros del gobernador de Puebla, pagado por un vulgar empresario de la mezclilla que buscaba, impunemente, vengarse de esta mujer. Por más grabaciones y jueces, el caso sigue en el aire y «mi gober precioso», operador de esa venganza, sigue campante escabulléndose y buscando salir en la foto con el Presidente, escondiendo con una sonrisa su miseria. Sin duda, es el lado oscuro de la libertad y de la justicia.

La libertad de prensa se asocia con la libertad de expresión que, a su vez, creemos que implica, en primer lugar, la libertad para criticar públicamente a los sistemas que nos gobiernan. Por eso, cuando se habla de un claroscuro estamos hablando del tamaño de la cancha que tiene la libertad de prensa que, sin duda, va a la par con la calidad de la democracia que nos gobierna. (El Informador, 8 de mayo, 2007)

jueves, 3 de mayo de 2007

Festival de Teatro en San Miguel de Allende

Peer Gynt y el sentido del teatro.
San Miguel de Allende ha sido, desde hace tiempo, una ciudad cuyos habitantes, residentes o flotantes, les interesa las artes y, por eso, tienen sus temporadas de música de cámara, exposiciones en las galerías de arte y toda clase de encuentros. Faltaba el teatro pero, Rodrigo Johnson Velorio, y todo un equipo, se lanzaron a organizar un Festival Internacional que este año se inaugura el próximo viernes 11 de mayo y que concluye el día 15, con varias obras de teatro profesional y alternativo, nacional e internacional. Abre fuego graneado Peer Gynt, una obra maestra de Ibsen, dirigida por Carlos Corona y con Rodrigo Vázquez en el papel principal, en una de sus mejores actuaciones; pondrán en escena el Réquiem por un payaso y los títeres de Mónica Hott; además, Julio sin Agosto de Carmina Narro, entre otras nacionales, con subtítulos en inglés en consideración de la comunidad que ahí vive o, en español, cuando se presente la versión de Enrique V de Lucidity Suitcase de Nueva York, porque la obra de los ingleses The Cost of Living, no lo requiere pues, es lo que le llaman «Teatro Físico» que, más bien, se centra en la danza.

Escena 2 se inaugura con Peer Gynt, una obra fantástica con la que puede suceder que se conmuevan hasta las lágrimas, como nos sucedió en el cine con Cinema Paraíso. Peer Gynt nos llega hasta el fondo del alma porque nos podemos identificamos con el personaje principal, un joven que se refugia en la fantasía para evadir su miserable realidad y, cuando un día regresa a su casa, después de varias aventuras, encuentra a su madre moribunda en la misma camita donde Peer dormía de niño. Era todo lo que le quedaba. Sin poder aceptar esa brutal realidad, le dice Peer que se prepare porque la va a llevar a un viaje extraordinario, que se agarre bien porque se van hasta las mismas puertas donde está san Pedro con quien discute la entrada de su madre al cielo. Sin tener respuesta, nervioso, le pregunta si no tiene un trago que le invite. Pero san Pedro se cree mucho y no le hace mucho caso hasta que aparece el mismo Dios y entonces Peer voltea con el portero y lo amenaza de que pronto tendrá su merecido. De pasada, le recomienda que deje esos modales que son más bien de un trinchante. Le dice a su madre que ahora ya puede pasar. Pero ella está acurrucada y parece que sonríe.

― ¡No me mires así! ¡Habla, madre! ¡Soy yo, tu hijo! ―le dice Peer. Es cuando decide soltar las riendas con la que se la llevó hasta las puertas celestes y, aceptar la realidad. Por eso le cierra los ojos y le pide a su vecina que la entierre con todos los honores, como se merece, porque él debe salir de ahí cuanto antes, hacia el mar, lejos, muy lejos, mucho más de lo que ella se imagina.

Peer Gynt se nos quedó en el pecho y, desde hace tiempo, le preguntaba a Mónica Raya, directora de Teatro de la UNAM, si la podría reponerla. Cuando Johnson me dijo que sería la obra con la que se inaugura el Festival, decidimos salir a San Miguel, cuanto antes ―como decía Peer―, para llegar al Teatro Ángela Peralta y ponernos en la primera fila.

La emoción que nos produjo esta obra puede ser la respuesta a las preguntas que hace Carla Matteini el relación al sentido del teatro en este siglo XXI: ¿Qué sentido tiene el teatro en este nuevo siglo? ¿Cuál es su conexión con una realidad tan confusa, acelerada y profundamente descorazonadora como la que vivimos actualmente? ¿Somos los teatreros restos del pasado, empeñados en un esfuerzo obsoleto y tal vez algo patético? ¿Quiere alguien “escuchar” durante más de una hora, cuando nos hemos acostumbrado a mirar sin oír, a dejarnos atropellar mirada y cabeza con imágenes cada vez más veloces, a discurso o diálogos huecos y mal pensados, inhibiendo más y más toda capacidad de pensamiento, o, por lo menos de reflexión?

Ir al teatro y ver a Peer Gynt en el segundo Festival Internacional de Teatro (Escena 2), donde además hay otras obras para niños y adultos, mexicanos y extranjeros, clásicas modernas o alternativas como la versión de Enrique V o The Cost of Living, con un grupo de artistas que, bajo la guía de Loyd Newson, aplican al concepto del «Physical Theatre», o, ver Julio sin Agosto de Carmina Narro, que es una flamante obra de cámara, creo que es una buena idea, pues si logramos meternos en la trama y los actores hacen creíbles a sus personajes, si aceptamos las convenciones ayudándonos un poco con la imaginación, como lo hacían en el teatro isabelino y, en concreto, en Enrique V cuando el Prólogo nos propone: «imagínense, cuando les hablemos de caballos, que los ven golpeando con sus duros cascos la blanda tierra; es su imaginación la que hoy debe vestir a nuestros reyes que van cabalgando de aquí para allá, brincando en el tiempo, convirtiendo los sucesos que duraron muchos años, en una hora y media con el reloj de arena», entonces, vale la pena ir al teatro y, en largo fin de semana, a San Miguel de Allende. (El Financiero, lunes 7 de mayo, 2007).