jueves, 28 de junio de 2007

El barbero de Sevilla o la inútil precaución

Una producción en Bellas Artes del Teatro Colón

Sentirse «el factotum de la ciudad» es lo mejor que le pudo pasar a Fígaro, sobre todo si es «el» peluquero de Sevilla y su peluquería es el centro de acción a donde acuden todos y todas para que les peine sus pelucas empolvadas y, de pasada, les haga algunos favores como buen alcahuete, un buen intermediario en Andalucía, que sabe bien cómo conseguir que la joven deseada atienda a sus clientes y escuche sus reclamos amorosos. Así, entre esta y otras cosas, el factotum de Sevilla escucha todos los días: «¡Fígaro, esto, Fígaro lo otro, Fígaro lo de más allá!» y por eso es «¡afortunadísimo de verdad!», feliz de tener esa vida aunque termine el día agotado. Un día se le acercó el conde Almaviva para que le ayudara a cortejar a Rosina, la joven pupila de don Bartolo, un viejo tutor que la cuidaba como si fuera la niña de sus ojos.

De esto trata más o menos la ópera de Rossini que es una de las más populares óperas del repertorio del siglo XIX: El Barbero de Sevilla o la inútil precaución se presentará en el Palacio de Bellas Artes los días 1, 3, 5, 8, 10, 12 y 15 de julio (siete presentaciones, que es todo un récord), con la producción del Teatro Colón de Buenos Aires y con la dirección concertadora de Marco Balderi, la escénica de Willy Landín y las actuaciones de George Petean, Brian Stucki, Nancy Herrera, Carla López Speziale, Rogelio Marín, Enric Serrano, Rosendo Flores, Gabriela Thierry y Roberto Aznar, con el acompañamiento de la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes. También se presentará en el Centro Cultural Tijuana los días 27 y 29 de julio.

Basado en la comedia de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, el libretista Cesare Sterbini la adapta en un gozoso texto, lleno de luz y de buen humor para que Rossini compusiera lo que resultó ser una ópera bufa, acompañada de tan buena música que nos alegra la vida. El día del estreno en Roma (1816), tuvieron varios accidentes: por un lado, la caída y golpe contuso que se dio don Basilio, el profesor de música de Rosina, para levantarse con la nariz ensangrentada y, luego, en medio de las arias, dúos y tríos, sin pena alguna, se subió al escenario un gato que empezó a maullar con singular alegría, en pleno cortejo, tratando de encontrarse con su pareja extraviada. En esa época, la obra fue rechazada por el público que se mantenía fiel a la primera versión compuesta, hacía unos treinta años (1782), por Amadeus Mozart. Se trataba de Las bodas de Fígaro, en donde señalaba con maestría, el abuso de la nobleza, como lo había escrito Beaumarchais, en cuanto al derecho de pernada, como deseaba hacerlo ese otro conde de Almaviva con la bella Susana, la prometida de Fígaro en la versión de Mozart.

Rossini nos muestra a un Fígaro diferente: en primer lugar, ya no es un empleado del conde, sino un simpático peluquero que dice ser el factotum de Sevilla —y lo es— y, de alguna manera, es el conductor de los enredos amorosos, entre el conde de Almaviva y Rosina, la joven encerrada en la casa de don Bartolo. El conde sigue los consejos de Fígaro y hace cualquier cosa con tal de cortejar a su Rosina. Por ejemplo, llamarse Lindoro y simular estar borracho para llegar con Bartola, disfrazado de capitán de un regimiento acampado en Sevilla, buscando posada en la casa de Bartolo; luego, hacerse pasar como sustituto profesor de música con tal de acercarse a Rosina y lograr sus favores.

Con este libreto, Rossini compone una música deliciosa y convierte su obra en lo que han clasificado como la ópera bufa del siglo XIX, con el canto y declaración de Fígaro al principio de la obra, pasando por la cavatina de Rosina, llena de una centelleante vitalidad y buen humor, sobre todo cuando canta que «hace poco una voz resonó aquí en mi corazón…». Sin dejar a un lado el virtuosismo que Rossini, les exige a los cantantes que se entreguen, como en la divertida aria de la calumnia que canta don Basilio: «la calumnia es una brisa, es un aura muy gentil, que insensible, sutil, con ligereza, suavemente, empieza a murmurar…», y así explica los efectos que puede tener la calumnia que, como el viento, va de un lado para el otro «y se introduce hábilmente a las cabezas y a los cerebros para aturdirlos e hincharlos…» y si empieza con un cuchicheo, éste va aumentado de tono hasta una gran explosión.

La crítica de quien asiste al Teatro Colón de Buenos Aires es importante para el currículo artístico de quien ahí actúa: el teatro y su público son exigente. Por eso, el hecho de que hayan contratado a esa producción es buena noticia, pues si pasó la prueba del Colón, se espera que sea una buena producción.

Al final, cuando se desenredan los nudos, las voces crean una sensación de caos que termina en cuanto entra la guardia para que el canto se vaya cerrando como si intentara detener el tiempo por un instante, para que todos se acomoden y tomen su lugar. Toda una delicia de ópera. (El Financiero, lunes 2 de julio, 2007).

martes, 26 de junio de 2007

La Suprema Corte en acción

No recuerdo haber visto tanta acción por parte de la Suprema Corte de Justicia, sobre todo a cargo de esos casos que forman parte del inconsciente colectivo, donde parecía se habían dejado a un lado en detrimento de la práctica democrática y el Estado de Derecho.

De pronto pasa al escenario la Ley Televisa para ponerla bajo una nueva perspectiva y, de ahí, a dos casos deleznables que tanto deseábamos fuesen juzgados: el de Lydia Cacho, la vapuleada periodista que escribe un libro para señalar la existencia de una red de prostitución infantil en manos de unos gañanes deplorables, títeres del mal y, al publicarlo, provoca la movilización de la red de intereses —y de capital— de aquellos que protegen a esta mafia en donde cayó de bruces el «gober-precioso» para castigar, abusando de su poder, a la periodista. Hasta ahora el Gobernador se había librado pero pronto será juzgado por la Suprema Corte y ojalá cumpla con las expectativas que hasta ahora se han creado por parte de la sociedad desesperanzada en la aplicación de la ley y de los derechos que van de la mano de la libertad de expresión.

No sólo eso, sino que también van a juzgar el caso del gobernador de Oaxaca quien dejó que el conflicto de la APPO llegara hasta al colmo de la destrucción, lavándose las manos —como el gober de Puebla—, amparado por la ineptitud y protegido por la bandera de su partido que no ha sido capaz de reaccionar frente a ese caso, ni siquiera ahora con doña Beatriz, mucho menos, aprovechar para revisar su código de ética como proponíamos hace tiempo, sino más bien todo lo contrario: insinúan que la Suprema Corte puede estar politizando los dos casos sólo para proteger con su manto roído y pútrido, del mismo color que el de la impunidad y la corrupción, como con el que cubren a Montiel, sólo para demostrar hasta qué grado puede llegar el poder en manos de un partido caracterizado por la protección, a pesar de que se sabe que está putrefacta parte de su estructura. No hemos visto actuar, como esperábamos, a Beatriz Paredes una vez que tomó la estafeta. Nada, todo sigue igual y se mantiene el principio de «yo te protejo, si tú me proteges» y así, encubiertos, poder seguir caminando por el fango de la corrupción, la prostitución infantil o el narcotráfico.

Nadie es perfecto y seguro que hay otros podridos por otros lados pero, que la Suprema Corte juzgue estos dos casos es empezar a ventilar los primeros trapitos de una larga lista, pues sabemos que «tanto mata a la vaca el que la mata, como el que le agarra la pata», y ahí están esperando ser juzgados otros empresarios, panistas, perredistas o verdes que se han cubierto de billetes —los vimos en TV—, pero donde lo legal se lo pasan por el arco del triunfo, impunes y protegidos por la pirámide del poder. (El Informador, martes 26 de junio, 2007).

jueves, 21 de junio de 2007

Las nueve de Beethoven

Inicia la temporada de la OSM

En diez conciertos, la Orquesta Sinfónica de Minería va a interpretar, desde el 30 de junio hasta el 2 de septiembre, primero la Misa solemne y luego, las nueve sinfonías de Beethoven, con lo que la Academia de Música de Minería abre fuego graneado con su temporada de verano en medio del tan esperado tiempo de aguas. Intercaladas con las sinfonías van a interpretar una selección de la música orquestal de Igor Stravinsky (1882-1971), el apasionado compositor ruso quien compuso al ballet de Diaghilev algunas de las obras más importantes de su repertorio como son El pájaro de fuego y La consagración de la primavera. Con esta programación estaremos este verano disfrutando, por un lado, «al vendaval de hirsuta melena y actitud bravía», de ese compositor que «soñaba con la eterna sinfonía, como el mar que nada reprime», como escribió Enrique González Martínez en su poema dedicado al sordo de Bonn, que cantó todo, desde la quietud serena del lago azul, así como la claridad que envía la triste luna, como el esplendor del día y «la alegre brisa y el huracán que atruena y el llanto universal, que funde en sus notas la voz humana y la virtud del arte». Este verano podremos escuchar cada una de las nueve eternas sinfonías que todavía no se agotan y que culminan con una exaltación a la alegría y a la vida.

Son dos variables las que pronostican el éxito de la temporada de la OSM: una, que la Academia reúne su orquesta con los mejores elementos disponibles en México como lo ha hecho desde hace treinta años y, la segunda, es la creatividad con la que diseñan el programa musical donde le adivinan el gusto y el interés musical de ese público que atiborra y asiste a la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM.

Este año, el pivote musical gira alrededor de la interpretación de las nueve de Beethoven y, como mencionábamos, una selección de obras de Stravinsky poco interpretadas como son El canto del ruiseñor, el Concierto para violín, el Concierto para piano y alientos, El beso de la hada y Petruchka, entre otras.

Pero cada fin de semana podremos recorrer las nueve de Beethoven, desde esa Primera que escribió iniciando el siglo XIX cuando los críticos pensaron que era «una caricatura de Haydn llevada al absurdo» después de haberla interpretado en abril de 1800 cuando, en verdad, fue «una aterradora y novedosa visión de la música, que correspondía al arte de las emociones desbordantes».

Cuando compone la Segunda, en 1802, el médico le había recomendado, por problemas de sordera, que se fuera de Viena así que se fue a Heiligenstadt donde empezó a elaborar su discapacidad y donde trabajó con la segunda de la serie. Luego vino la famosa Heroica (1803), la Tercera Sinfonía donde heroicamente promueve, musicalmente hablando, el ejercicio de la libertad. En un principio fue dedicada a Napoleón para tacharla de la partitura cuando Bonaparte se corona como Emperador. Los dos compartían un cierto delirio de grandeza y cuando años después el exilado murió en la Isla de Santa Helena (1821), Beethoven sabía que, desde hace tiempo, había compuesto su marcha fúnebre en el segundo movimiento de esta Tercera Sinfonía donde había compuesto un retrato de la muerte.

La Cuarta en Si bemol mayor la inició en 1806, agotado al concluir Fidelio su única ópera. Cuando se desafanó de ella se lanzó a componer, entre otras cosas, ésta sinfonía que resultó ser, como podremos comprobar, una obra elegante, alegre e ingeniosa.

La Quinta de Beethoven es el fiel de la balanza de las nueve que compondría. Se estrenó en diciembre de 1808 y es la más conocida y querida de todas. Parece estar dedicada a «papá», pues empieza en do menor reproduciendo «¡para papá!…. (breve pausa y luego a buen ritmo) …¡para papá, para papá, para papá!»… y así sigue la melodía. En realidad ese motivo representa la «V» del código Morse, código que fue en la segunda Guerra Mundial el símbolo de la «victoria.»

La Pastoral es la Sexta y representa ese campo donde brilla el sol antes de oscurecer y antes de que llueva, pues el cielo está encapotado y sólo podemos escuchar el viento y el ímpetu de la lluvia hasta que pasa y se dispersa y el cielo se despeja para llenarnos de alegría con su canto.

Y de la sexta (siguen, en dos semanas seguidas, la Séptima y Octava), viene la Novena, la Coral (1824), donde Schiller había propuesto que fuese «a través de la verdad que llegamos a la libertad». De ahí viene el canto y la oda a la alegría (Freude, alegría; Freunde, amigos; Freiheit, libertad). El poema de Schiller le encantó a Beethoven hasta que la pudo integrar cantando, ¡ah!, cantando:
«Freude, chispa divina, hija de Eliseo, donde penetramos en tu santuario inflamados y tu mágico poder une de todo lo que la costumbre ha separado y, así, los hombres se vuelven hermanos donde quiera que se pose tu ala.»
(El Financiero, lunes 25 de junio, 2007.

jueves, 14 de junio de 2007

Paris, je t’aime, perla del séptimo arte

Veinte breves historias para la pantalla grande

París es la escenografía de las veintiún historias que componen esta antología de cuentos cinematográficos que suceden entre los diferentes barrios de esa ciudad y que forman las piezas de arte de un rompecabezas hecho con estas breves pero contundentes cápsulas de la vida de algunos de sus habitantes, algunas tomadas de la vida real, pero contadas con tanta imaginación que volvemos a creer en el hombre que, sin mayores aspavientos, nos hace sentir que mientras haya vida, hay esperanza, sobre todo después de ver estos sueños que están hechos con la misma tela con la que estamos hechos todos. París, te amo se llama la película y ese amor, más que a la ciudad, es al ser humano que anda por las calles de París, arrastrando su soledad. Algunas historias que nos cuentan duelen, otras, las celebramos cuando los amantes se abrazan y se besan, unas más nos hacen reír cuando inventan sus payasadas como si fuesen de otra realidad y unas más nos sorprenden como lo hace Olga Kurylenko en la Madeleine, una mujer vampiro con la que también se nos antoja darle de mordiscos en el cuello para chuparle toda la sangre.

En una de estas historias la joven Francine le dice al ciego de su amigo-amante Tomás: «¡Escucha Tomás, escucha! Hay momentos que la vida exige un cambio, una transición, tal como pasa con las estaciones, donde sabemos que nuestra primavera fue maravillosa, pero que el verano ha terminado y hemos perdido el otoño. Y ahora, de pronto, hace frío y todo está congelado. Nuestro amor se quedó dormido y la nieve nos sorprendió. ¿Tú sabes que y si te duermes sobre la nieve, no se siente cuando llega la muerte?»

Estas historias forman el largo metraje tal como se le ocurrió a Tristán Carné y a Emmanuel Benbihy, que fueron los que concibieron esta idea, invitaron a veintitantos escritores y directores y los dejaron que contaran sus breves historias —de diez minutos cada una. Entre otros, participaron Ethan y Joel Cohen (en las Tuileries); Alfonso Cuarón (en Parc Monceau); Gena Rowlands quien escribió el Quartier Latin que luego dirigió y actuó Depardieu; Gus van Sant, con el segmento de Le Marais; Vincenzo Natali en el Quartier de la Madeleine con Olga, la mujer vampiro; Tom Tykwer, la del Fauburg Saint-Denis o Wes Craven, con la historia de los recién casados en el cementerio de Pére-Lachaise.

Las historias van una tras otra cambiando de barrio, unas con finales abiertos y otras bien cerrados, como la «cartera» norteamericana, una mujer entrada en los cincuentas que estudió francés para un día ir a París, ¡ah, París!, y desde ahí nos lee su diario de viaje con un despiadado francés —como el que yo hablaría, seguramente—, sola y su alma, caminando, como le gusta hacerlo cuando reparte las cartas en su pueblo natal. Nos duele su soledad cuando no puede comentar con nadie aunque sea eso de «¿verdad que es maravilloso?» Un día, sentada en el parque comiendo un sándwich, se le llenan los ojos de lágrimas: por fin había entendido que si se junta la alegría de estar allí, con la infinita tristeza de estar sola en Paris, puede decir, «París, je t’aime» y sabe que París la ama a ella... y a nosotros, nos deja con el dolor de su soledad como la nuestra.

Cuentos cortos, viñetas de la vida cotidiana, fantasías de las miserias cotidianas o hechos excepcionales que se mantienen entre los límites de la comedia, del romance, del drama o de la tragedia; breves instantes de la vida, algunos memorables, como la fantasía de una pareja de mimos que se conocen en la cárcel, tal vez en memoria del gran Marcel Marceau.

O el hijo que decide irse con la muerte disfrazada de cowboy; o Depardieu, ahora en la Rue St. Jacques o el Boulevard St. Michel, recibiendo en su restaurante a una pareja de clientes un día antes de que ellos firmen su divorcio y, en menos de lo que se toman una copa —que nunca se la beben—, conocemos sus vidas absurdas y los cambios que a veces se dan en plena senectud, después de haber tenido lo que podría ser una historia de amor que ya pasó.

O los ingleses recién casados y que andan por el cementerio de Père-Lachaise para ver la tumba de Oscar Wilde entre la frialdad del hombre de negocios y el calor de la poesía. Y no es sino hasta que el primero escucha que «cuando el viento y el invierno devasten al hosco país, él hablará susurrante del jardín y lo comprenderán todo», para encontrar en esta fantasía lo que necesita para reconciliarse con su mujer y mejor hacer el amor que cualquier otra cosa.

París está ahí, como una vieja guapa que nos muestra lo nuevo, lo bello y lo peligroso de sus barrios pero, donde finalmente, está una vida como las nuestras que corren entre los parques, los bares, las cafeterías y la soledad o el amor y la compañía. Una perla del séptimo arte. (El Financiero, lunes 18 de junio, 2007).

martes, 12 de junio de 2007

Fracasa el Congreso de EU

Fue decepcionante conocer los resultados del Congreso de los Estado Unidos alrededor de las reformas que se podrían hacer para integrar a más de doce millones de mexicanos que viven y trabajan en ese país sin estar regularizados. La cifra no es para nada despreciable y es equivalente a dos o tres veces la población de Guadalajara y parcida a la del Distrito Federal, una población que trabaja en condiciones deplorables y que, por su condición, son explotados, ocupando empleos que nadie más quisiera tomar.

El Congreso se negó a seguir discutiendo el tema y su negativa muestra una vez más, un rostro difícil de aceptar pero que existe y que es real como cualquier otra cosa: la discriminación, la xenofobia y el deseo de que el sueño americano sea únicamente para los que son blancos, anglosajones y protestantes (WASP) nacidos en ese territorio, rechazando al resto de sus habitantes, sobre todo si han entrado por la puerta de atrás, pero que son contratados como mano obra barata y que es lo que les permite a muchos de estos empresarios tener utilidades.

Pero nada de esto se pudo concretar en las últimas sesiones del Congreso en donde había, por momentos, lo que pensamos era una luz al final del túnel y que les dio a estos doce millones de personas la esperanza de llegar a ser ciudadanos con obligaciones y responsabilidades pero, sobre todo, con un trato igualitario en sus derechos que les permita imaginar que su sacrificio vale la pena, derechos que tienen que ver con la posibilidad de mejorar su economía, educación y salud.

Pero nada de esto fue posible y ahora la agenda se retrasa y, si nos va bien, serán unos tres años antes de volver a ver si es posible que haya un cambio y mientras, seguir viviendo cerrados en sí mismos, para sí mismos, discriminando al resto de quienes colaboran con su grano de arena en la economía de ese país.

El año que entra es año de elecciones presidenciales, donde habrá designado un nuevo gabinete y todo lo que corresponde. Los momios están en contra de los Republicanos —representados por Bush—, pero eso no quiere decir mucho, pues el miedo y la paranoia de la clase media puede girar hacía la extrema derecha, hacia la represión. Como ya sabemos, los políticos siempre prometen cosas en sus campañas y será el Congreso quien deberá lograr una mayoría para aprobar los cambios, así que, en el mejor de los casos, estamos hablando del 2010 para ver si se avanza algo.

Por lo pronto la xenofobia está en acción, sobre todo en el Sur de Estados Unidos, donde todo parece que siguen como en 1865 con la guerra de Secesión donde Lincoln fue asesinado por un fanático y ahora siguen doce millones de esclavos regados por todo el territorio sin poder hacer algo para cambiar su vida que anda al borde del filo de la navaja. (El Informador, martes 12 de junio, 2007).

jueves, 7 de junio de 2007

El color del paisaje en Jalisco

La nostalgia acosada por el tiempo y por la tierra

Gilberto Larios Chávez es un hombre afortunado que pudo viajar durante dos años y medio por todo Jalisco y, cuando digo «todo Jalisco», digo exactamente eso, cargando su cámara fotográfica para registrar el color del paisaje que iba descubriendo y del que disfrutó como pocas cosas en su vida. Ahí está ese atardecer donde tuvo que esperar para que la luz dorada bañara lo que queda de la fachada de la exhacienda de San José del Rincón en el Municipio de San Gabriel, para convertirla, como el rey Midas, en una capa de oro puro; o en la otra ocasión, cuando pudo disparar su cámara justo antes de que cayera una tormenta como acostumbran caer en la sierra de Tapalpa, sólo para descubrir que se había hecho un hueco en el cielo para que penetrara un rayo de luz, entre las nubes cargadas de agua, para que iluminara donde estaban las piedrotas. Durante el mes de junio se exponen varias de estas fotografías en el taller de la Casa Luis Barragán para que cuelguen de sus muros varias latitudes de Jalisco: desde la sierra de Mazamitla, hasta las playas de Bahía de Banderas, para que ahí mismo podamos disfrutar del color de estos paisajes que seguramente Barragán traía en la sangre.

«El paisaje cultural del campo jalisciense —escribió Salvador de Alba—, nos lo muestra este apasionado arquitecto, apelando a los recuerdos, a la nostalgia, a esos rumores acosados o apagados por el tiempo que invocan la tierra y el paisaje», para sentirnos como escribió Jorge Souza: «y yo no sé si esta nostalgia me anda queriendo matar o si es la flor de la edad que se muere de distancia.»

Tienen razón los dos: el paisaje nos entra de golpe y porrazo y despierta los recuerdos de la infancia, sus olores y sus colores, como los que había en Santa Bárbara, cerca de Tepatitlán, allá, en los Altos de Jalisco, donde estuvimos tantas vacaciones entre la tierra roja, el maíz jiloteando y la tortilla recién hecha en el comal que ahumaba la cocina, con toda la familia en chorcha desde que Dios amanecía hasta que nos caíamos del cansancio. Cuando llovía en el verano, las tías aterradas por la tormenta con sus rayos y centellas, prendían unos cirios y rezaban no sé qué oraciones, una y otra vez, para alejarlos de la casa para lograr que lo natural no se convirtiera en tragedia. Así era el tiempo de aguas que asociábamos con la vida y los retumbos orquestados e iluminados por el horizonte con todo y un dejo de muerte, como el que alejaban mis tías con sus rezos interminables.

Las fotografías de Larios no pretenden ser obras de arte sino, más bien, un registro bien hecho, tranquilo y pausado del recorrido que hizo este hombre durante más de dos años para traernos la huella de ese paisaje y los estilos de vida en esos tan diferentes territorios que van desde el paisaje agavero, donde nos muestra los tonos de azules celestes con el pálido verde azulado del primer plano y las puntas del agave que apuntan al cielo, allá por el rumbo de Tequila, hasta la fachada de la exhacienda del Rincón de la Cañada en Zapotlán del Rey, donde Gilberto se esperó hasta que llegara la noche con la Luna llena para que luciera mejor el tono terroso del adobe de la fachada principal y también esperar para que encendieran las lamparitas que iluminan la modesta puerta principal y dos de sus ventanas que dan al campo travieso para poder exclamar que esa casa estaba viva, ¡qué gloria!

Sí, tiene razón Salvador de Alba, las fotografías «nos abren la posibilidad de especular sobre «nuestras raíces cargadas de respuestas que ahondan a lo largo de nuestra existencia en una tierra, un clima, un paisaje y un modo de vida peculiar y único.» Ahí está, por ejemplo, el Nevado de Jalisco, el volcán de Fuego y el cerro de Petacal (Tolimán), en donde los azules contrastan con el blanco de las cumbres y el volcán avienta sus modestas fumarolas. Sentimos el aire puro y vemos otra región más transparente, entre el placer de observar la naturaleza y para tenerla más cerca por un momento e imaginar que podríamos haber estado ahí mismo, tanto, que sentimos la corriente del aire que nos llega desde la montaña, con todo y sus aromas.

Ver una casita en San Antonio, en San Gabriel, donde escribió Jorge Souza un pensamiento: «y ya no llegaré yo hasta tu puerta / para que asomes tú por la ventana», en esta construcción retórica y la ausencia o la presencia de la primera y segunda persona del singular, entreveradas. pero ahí está la fotografía para verla en detalle: el adobe, otra vez, el delicioso adobe café oscuro y la ventana de madera cerrada… donde tú podrás asomarte un día.

Este es el paisaje que retrató este hombre por todo Jalisco, ahí el espacio, pero ¿y el tiempo?, este lo cruza todo, pues cada una de ellas pertenecen al pasado, como los recuerdos en las tierras que conocimos o en esas otras que nunca hemos pisado, pero que sabemos son nuestras por alguna razón desconocida. El Financiero, lunes 11 de junio, 2007).

miércoles, 6 de junio de 2007

Alternancia en el PAN

El fin de semana pasado el Consejo Nacional del PAN demostró cómo es que funciona la alternancia como efecto primario del ejercicio democrático que, en este caso, se está demostrando con el movimiento andando. El cambio logrado, puede ser una muestra de maduración como partido, en donde los 300 miembros del Consejo Nacional evaluaron la tarea de Manuel Espino durante los últimos tres años y votaron para que dejara su lugar a alguien que fuese más eficiente con lo que ellos creen necesita ahora su partido.

Uno de los dos, César Nava o Germán Martínez, será el futuro Presidente de ese partido, representando, como era de esperarse, una mayor congruencia con los planes y propósitos del presidente Calderón para que, partido y gobierno, puedan coincidir con la práctica del poder, como sucede en la mayoría de los países democráticos donde el Presidente del país es, a la vez, el Presidente de su partido, integrando de esta manera la fortaleza política de quien ejerce el Poder Ejecutivo.

Desde la semana pasada discutíamos la discordancia que había entre Espino-Fox y Calderón, así como, la necesidad que éste último requiere de su partido para tener todo el apoyo posible y sumar fuerzas en lugar de dividir para vencer.

En los resultados obtenidos en los primeros seis meses del sexenio, Calderón ha demostrado tener un balance positivo entre el debe y del haber de sus funciones y, tal parece, sigue actuando congruentemente y lo que decide, lo que ejecuta, sin parafernalias y con una buena concentración en los puntos más álgidos de su agenda, como han sido, hasta ahora, el combate contra el crimen organizado, la política económica y las posibilidades de un crecimiento sustentable, así como todo aquello que tiende a mejorar el nivel de vida, la educación y la salud. Para eso ha logrado un primer paso como son las reformas a la ley del ISSSTE (motivo de marchas en el DF) y un Plan Nacional que tal parece es factible lograrlo.

La demostración de esta alternancia en el PAN es fruto de una democracia saludable —por lo pronto dentro de uno de los partidos políticos— que creemos es una muestra del ejercicio de la democracia en México, dentro de las instancias que se han construido para que se aplique, de manera racional, esta forma de gobierno y no sea el resultado de la fuerza bruta o las manifestaciones y consignas o, de la dictadura del poder, como vemos sucede en otros partidos y en otras naciones de América Latina.

Con el efecto de la alternancia en el poder, este partido se ha mostrado un grado mayor de madurez y, por consecuencia, es muestra un cierto avance democrático como parte de un avance general en el país. Los consejeros del PAN fueron capaces de cambiar a quien se había equivocado en sus funciones y ahora estará quien parece ser más incongruente con los objetivos del partido y del gobierno en el poder.

Se paró en seco lo que pudo haber sido su decadencia, y aplicaron la alternancia necesaria como uno de los productos del buen ejercicio de la democracia. (El Informador, martes 5 de junio, 2007).