jueves, 30 de agosto de 2007

Fotoseptiembre con Eduardo Sepúlveda

Calidoscopios metálicos o de carne y hueso

Convertir un conjunto de tuberías o de cadenas como esas que hay en los barcos petroleros o en las plataformas marinas, convertir a una bella mujer desnuda y de pie en un paisaje campirano o a otra o a la misma que nos voltea a ver como lo haría la Venus de Milo para transformar lo primero en un tejido plástico y lo segundo en un sueño que se repite, una y otra vez, como si lo viéramos a través del calidoscopio (del griego caleidos, imagen y scopein, mirar) de nuestra infancia, para volver a asombrarnos, con lo que vemos a través de ese tubo donde las imágenes se reflejan en pequeños espejos inclinados, generando figuras simétricas que se repiten a partir de su eje central, es lo que ha preparado Eduardo Sepúlveda para exponer y es lo que he escogido de todo lo que hay, desde el martes 4 de septiembre en la galería Hecaro (Antonio Caso 19-1er piso, casi esquina con el Paseo de la Reforma a la altura de la Glorieta Colón) , como parte de «Fotoseptiembre» o el mes de la fotografía, en donde todas las galerías, museos y las salas de arte de la ciudad de México, les dan oportunidad a los fotógrafos de arte para que expongan y vendan sus obras.

Eduardo observa unos tubos de acero y cuando lo fotografía, los convierte en una clase de anatomía: ahora son unos tubos que se retuercen y se dan la vuelta a sí mismos, como lo harían los intestinos de una plataforma marina, aislada, día y noche, en manos de los trabajadores y de los técnicos que las mantienen digiriendo el petróleo nuestro de todos los días, en medio de esa nada oceánica, de los temporales y de las noches estrelladas.

Luego se les queda viendo a unas cadenas, como esas que sabemos truenan en el eslabón más frágil, para colocarlas y verlas a través del tubo repetidor de imágenes, como si fuese un brocado, un tejido de gruesos estambres, con sus derechos y sus revés que cubren todo el espacio posible repitiendo su imagen en sí misma, como si fuese algo natural, sólo para acercarse a ser una especie de perfección fractal, un eslabón tras el otro, uno un poco más cerca que el otro, en perfecta simetría, tomados de la mano sin poder soltarse ni un solo momento.

O las placas de acero oxidadas con las que forma un cuadro brutalmente sanguíneo, como si el óxido de hierro se pareciese a los glóbulos rojos y hubiesen dejado ahí su huella sobre una capa de delicada geometría metálica.

Y todo esta frialdad —aparente— es porque se trata de metales y tuberías en las miradas del fotógrafo como es Eduardo y que, por eso mismo, las convierte en órganos que sólo les falta palpitar y salirse del cuadro para que uno se les quede viendo como si estuviesen vivos durante un rato.

De pronto, en el séptimo día, de sus costillas aparece una Eva en medio de estos paisajes calidoscópicos: ahí está, como una flor desnuda, púdicamente cubierta por una banda de seda o boca arriba sobre una concha, jugando a la flor de Loto o la Venus, que ha dejado el mar y sus espumas, para quedarse en un patio a solas con ella misma como si fuese un eco perfecto que se repite gracias a los pequeños cristales que le ha impuesto Sepúlveda para que no se sienta tan sola y su alma y, así, crea que está muy bien acompañada con ella misma.

O el juego con su perfil en el primer plano y, el otro, detrás de las mamparas o tras bambalinas; los dos en silencio, y por su lado, como si cada quien se viera a sí mismo, como si con el espejo caleidoscópico se evitara la soledad que habitan.
Juegos que se repiten y lo que se repite —como dice Freud—, siempre es placentero: vuélveme a contar el mismo cuento, como lo pedimos en la infancia y, si lo hacen, nos acomodamos, nos repechamos en el sillón, nos cubrimos bien con la cobija y disfrutamos de volver a escuchar las mismas historias que ya sabemos cómo terminan.

La imagen que se repite, ahora es el dedo de la creación de Miguel Ángel, cuando el hombre que se quedó sorprendido de tomar conciencia de sí mismo a unos centímetros del divino y que ahora lo toma Eduardo como tema para multiplicarlo y verse a sí mismo desde los cuatro puntos cardinales, antes de que le quitaran la costilla y, ya sabemos, que naciera esa Eva calidoscópica y que Sepúlveda la ha colocado aparte, en otra serie, en otro espacio. Eva la que se recuesta sobre el pollo de una banca y que tortuosamente Eduardo la convierte en una mujer moderna con una figura delicada, como un objeto que ha caído dentro de las bandas del molino para ser, un día de estos convertida en el pan nuestro de todos los días.

Toda la exposición es congruente, aunque pretende dejar lo metálico y pasar a lo orgánico. Todo es un juego donde se repiten las imágenes para que se vean en los espejos del Norte al Sur y también en los que corren del Oriente al Poniente, en cuatro sucesivas imágenes que intentan disimular la soledad que las acompañan.

Fotografías que podrían ser vitrales de una nueva catedral y con su luz se ilumine el espacio interior en juegos geométricos que se miran por sus cuatro lados: yo, tú, ella y nosotros. El Financiero, lunes 3 de septiembre, 2007).

El aliento devastador de Hurankén

El huracán Dean, como bien sabemos, entró por la Península de Yucatán y anunciado su «¡agua va!», cruzó toda la república mexicana de Sureste a Noroeste como si estuviésemos pagando nuestros pecados, dejando huellas de su destructor aliento, hasta convertirse en una vil tormenta tropical que ha inundado casi todo el país, dejando a su paso daños que han sido mayores aunque, por fortuna, no se han perdido tantas vidas como en otras ocasiones, pero el costo de su transcurso ha sido multimillonario, y mayor es la tristeza de esa gente que, de un día para el otro, se ha quedado sin nada, sí, nada de lo que tenían existe más y eso cuesta trabajo asumirlo.

Los mayas sabían de este fenómeno desde sus orígenes: en maya le llamaban «Hurankén» y ese era el nombre con el que se referían a un especie de Dios creador que «esparcía su aliento a través de las caóticas aguas del inicio, creando así a la Tierra». A lo que nosotros le agregamos al acto de creación, el de destrucción, pues su mortal aliento traía consigo a la fuerza destructora que, a su vez, contenía el agua del cielo que tanta falta hace, y con esto, sus excesos destructores.

Hemos visto, dentro del protocolo político de este sexenio, la oportuna reacción del presidente Calderón quien, sin dudarlo por un momento, abandonó, antes de concluir su reunión y gira que tenía con sus colegas de TLC, para estar al pie del cañón en la logística de los apoyos elementales para las víctimas de Dean. Ojalá su presencia haya sido efectiva y no sólo protocolaria, pues ese tema, no cabe duda, es complicado y las necesidades muchas veces rebasan la capacidad de ayuda. Recuerdo a Zedillo, a finales de los noventas, como alguien que siguió, paso a paso, la reconstrucción del entonces devastado puerto de Acapulco.

Es fácil opinar sobre esta destrucción pero, si por un momento nos ponemos en sus zapatos e imaginamos lo que significa «perder todo», entonces, sabemos que es una tragedia en donde hay que tener, no sé de dónde, la enjundia para empezar de nuevo desde nada, con o sin ayuda de fuera. Qué pena y qué impotencia, pues no hay mucho que podamos hacer desde estas latitudes.

El aliento empieza a tomar forma cerca del Ecuador, ahí se va formando ese monstruo nebuloso, galáctico y elíptico, ese gigante que avanza a poca velocidad pero que va girando alrededor de su propio núcleo con vientos de 250 km/hora destruyendo todo lo que se le pone por enfrente.

Este fenómeno es parte del sistema de circulación atmosférico creado por el movimiento del calor que inicia en el Ecuador y se mueve hasta otras latitudes, generando las lluvias que necesitamos. Somos testigos de un fenómeno de la Naturaleza: del bien y del mal, de la creación y la destrucción simultánea y de la pena de aquellos que han perdido todo menos la vida. El Informador, martes 28 de agosto, 2007).

jueves, 23 de agosto de 2007

El miedo a la muerte y la lucha por la fe

Diálogos de carmelitas, ópera de Poluenc en Bellas Artes

En un momento dado escuchamos cómo es que cae la navaja de acero para decapitar a cada una de las ocho monjas carmelitas que vivían en paz en su convento, alabando a Dios con sus oraciones, hasta el día que tuvieron que escapar de las garras de la justicia revolucionaria, para ser capturadas forzadas a renegar de su fe, empujadas a un endemoniado juicio para ser condenadas, con premeditación, alevosía y ventaja, a muerte pasadas por la máquina que inventó monsieur Guillotine, donde perderían la cabeza. No deja de ser aterrador el momento musical donde nos imaginamos ruedan por la plaza de armas sus cabezas rasuradas por la fe. Todo esto sucede en el Paris de los años revolucionarios entre 1789 y 1794, años de terror, después que Blanca de la Force (Patricia González) le había suplicado a su padre (Jorge Lagunes) que la internara en el convento como una monja de clausura. Tanto monsieur de la Force, como la priora del convento (Vera Circkovic) sabían que lo único que intentaba hacer esta joven era evadir el mundanal ruido y el miedo a la muerte, como el que tenía desde niña. La instalan con Sor Constanza (Eleonora Sancho / Leticia Vargas), una monja muy alegre y llena de vida, pues creían que esta monja podía contagiarle a Blanca la alegría de vivir en poco tiempo para que aceptara la vida y la muerte como es, desde esa otra perspectiva.

Pronto, el terror invade las calles de Paris y la revolución de ensaña con las monjas que, a regañadientes salen de su convento y se dispersan por París. Blanca vuelve a su casa sólo para enfrentar su miedo, convertido en pánico, pues la muerte se hace presente por toda la ciudad y, aunque logra huir disfrazada de criada, llega a su casa para verla destruida y a su padre, brutalmente asesinado.

Las monjas no pueden escapar y son arrestadas. Ahí empieza el golpe metálico y rítmico para informarnos de su caída en medio de una mortal bacanal. De pronto, aparece Blanca en escena cantando el «Veni creator spiritus», decidida a abrirse camino en medio de los verdugos y el resto de los condenados a muerte, sin que le temblaran las piernas, para subir, hecha un mujer, directo a la plataforma de la guillotina y enfrentar, sin miedo a la muerte. Por fin quedaría libre de temores, protegida por el Señor. Un golpe más de la orquesta y cae su cabeza antes de que acabe esta ópera basada en la novela que escribió Albert Béguins en 1951 y que luego Georges Bernanos convirtió en un libreto para que Polenc le pusiera la música.

Francis Poulanc (1899-1963) había estudiado piano con su madre y, a los 15 años, pasó a ser alumno de Ricardo Vines. Conoció a Satie —el minimalista del piano— y a Auric, con los que se alimentó de ese estilo tan francés, impresionistas diríamos que, luego de la Primera Guerra Mundial, formó el famoso «Grupo de los seis» con Honnegger, Tailleferre, Milhaud, Auric y Durey, un grupo que buscaba alejarse de la moda y crear su propio camino que fuese, como lo resultó, reconocido como «la música francesa», en comparación con los movimientos iniciados por el alemán Wagner (1813-1883) y luego el austriaco Schoenberg (1874-1951).

Las óperas de Poulanc son poco conocidas y por eso no son muy populares. Están enclavadas en la corriente moderna alejadas de las melodías y de los motivos musicales del siglo XIX, cuando la ópera italiana dominaba el panorama y, por ejemplo, Verdi creaba sus arias, divinas y pegajosas, tanto que las guardada en secreto, hasta el último ensayo. Cuando la inauguraba, la gente la cantaba con furor, como lo logró hacerlo con Nabucco, cuando los judíos están a orillas del Éufrates, llorando su libertad, y Zacarías los llama a la resistencia augurando la caída de Babilonia. Días después los garibaldinos la usaban como himno y hoy en día lo cantamos a la menor provocación.

Diálogos de carmelitas regresa por segunda vez a México el domingo 2 de septiembre para ser interpretada en el Palacio de Bellas Artes (luego, el 4, 6 y 9 de ese mes), con la versión apegada al original y un reparto que incluye el debut en México de Stefan Lano, director musical del Teatro Colón en Buenos Aires, Argentina. Esta obra forma parte de la programación que ha diseñado la Compañía Nacional de Ópera en México, llena de sorpresas y de contrastes, en esa exploración de la diversidad del repertorio operístico como será la temporada del 2007.

Diálogos de carmelitas es una de las tres óperas que escribió Poulenc: Los senos de Tirésias (1947), es la primera y es una ópera bufa en tres actos, basada en el libreto de Apollinaire; La voz humana (1959), con textos de Cocteau y los Diálogos de carmelitas (1957) que se estrenó en el teatro de Milán y luego en la Ópera de Paris. Vino a México en 1959 par ainterpretarse en el Palacio de Bellas Artes, cantada en una versión en español. (El Financiero, lunes 27 de agosto, 2007).

El partido incómodo

No cabe duda que no hay democracia perfecta y todo lo que tenemos es un sistema de gobierno que se aproxima, en sus métodos y sistemas, a una expresión democrática representada por una mayoría. Esta fórmula se repite, aplicada de diferentes maneras, en los partidos que conforman nuestro zoológico político.

En estos días nos asomamos a través de las rejas donde se reunieron las tribus que conforman la izquierda en México y no podíamos esperar ver otra cosa que lo que lo leímos con nuestros propios ojos: una conducta congruente con su manera de hacer política y con la forma de comportarse en público, como es la consigna, el puño en alto, los arrebatos y la toma de la tribuna, en lugar del diálogo donde se puede defender las ideas con la retórica de la razón.

Pero todo en la política es actuación, bueno, en política y en todas las actividades, pues bien sabemos que «todo el mundo es un escenario y los hombres y las mujeres, simples actores, que tienen sus entradas y sus salidas», tal vez, por eso vimos, en el centro del zoológico, darse un abrazo a Alejandro Encinas y Jesús Ochoa, para dar a entender una cosa que es lo opuesto de lo que realmente pasa, justo después que la Nueva Izquierda retiró el apartado de autocrítica, con lo que se ha perdido una magnífica oportunidad para que ese partido pudiera reconocer la realidad y los errores cometidos, como lo sabía Jesús Ochoa, pues si «no reconocemos los errores, como la falta de coordinación entre las estructuras electorales y el partido o la respuesta tardía a la guerra sucia en los medios o el haber lanzado a varios candidatos faltos de honorabilidad o el alejamiento del partido de los movimientos sociales, además de haber pecado de exceso de confianza que les hizo perder la posición que creían haber logrado, bueno, pues sin reconocer todo esto, seguirán perdiendo presencia a nivel nacional.

Grave es que no hayan podido aceptar la realidad y que existe un Presidente en el Ejecutivo Federal. Para ellos todo lo que existe es un Poder Legislativo, donde sí van a discutir a su estilo que ya sabemos cómo es. Así lo demostraron, una vez más, para en casa aprobar que el 50% de los cargos sean mujeres, sin importar su preparación o su integridad y para eso tuvieron que tomar la tribuna y arrebatarle el micrófono a Pablo Gómez.

Esta violencia interna existe y la volvimos a ver en su congreso. Todo parece que lo único que saben hacer es arrebatar el micrófono, tomar la tribuna y sustituir el discurso por la consigna y la fuerza. Lo hemos visto en el Congreso o en Oaxaca.
Por eso creo que es un partido incómodo para esta frágil democracia y el senador Carlos Navarrete tiene razón cuando afirma que los que no conocen al PRD se ponen nerviosos por la forma de discutir sus problemas. Tiene razón, nos ponemos nerviosos. (El Informador, martes 21 de agosto, 2007).

jueves, 16 de agosto de 2007

Entre el beso de la hada y el canto a la alegría

Fin de la temporada de la OSM

Son dos los conciertos que quedan pendientes antes de que termine la temporada de verano de la Orquesta Sinfónica de Minería en la Sala Nezahualcóyotl y, como si hubiesen reservado para el final lo mejor de la fiesta, este fin de semana podremos escuchar el ballet Petruschka de Stravinsky y la Octava Sinfonía de Beethoven, esa que compuso cuando estaba sufriendo como loco de amor con Antonie von Birkenstock (1780-1869), diez años más joven que él y casada con el poeta Franz Brentano. El próximo fin de semana, el 1º y 2 de septiembre, será el Concierto de Gala con el que cierran interpretando la Novena Sinfonía y antes, el Divertimento para orquesta, Suite El Beso de la hada de Stravinsky con lo que se dará por concluida la temporada y el récord, nunca antes tenido, de asistencia a la sala de conciertos.

Después que se inauguró la temporada el pasado 30 de junio con la Misa Solemne de Beethoven, el resto estuvo diseñado de tal manera que se pudieron escuchar varias obras de Stravinsky y las nueve sinfonías de Beethoven, una tras otra, durante nueve semanas, para concluir con La oda a la alegría, el poema de Schiller que tanto batalló Beethoven para incluirlo en su sinfonía y el divertimento de Stravinsky. Ese fue el sello de esta temporada, para beneplácito del público.

La dirección de la orquesta fue compartida entre Carlos Miguel Prieto, el director titular, en plenitud de funciones, y José Arean, el director asociado que tanto nos gustó cómo maneja y controla las texturas cundo dirigió la Tercera y la Cuarta Sinfonía. Como director huésped estuvo Sylvain Gasançon que dirigió el Concierto para piano y alientos de Stravinsky con Rodolfo Ritter al piano, así como la Pastoral esa tan conocida sinfonía de Beethoven.

Diez fines de semana con una orquesta de primera y dos compositores que han dejado su marca en la historia de la música del los siglos XIX y XX. Ahora vamos a poder escuchar el ballet Petrushka compuesto en 1911 por Stravinsky que empieza con la feria del carnaval, seguido de una danza rusa, antes de colocarse sobre el corazón de Petrushka, la marioneta que cobra vida, antes que llegue el Moro, su rival, para cerrar con una feria al anochecer, donde seremos testigos de esa tragedia en la que Stravinsky brinco de gusto cuando encontró su título, Petrushka, el inmortal e infeliz héroe de las ferias de todos los países. Cuando Diaghilev (el creador del ballet ruso en París) escuchó un fragmento, quedó encantado y le propuso que lo convirtiera en un ballet completo. El lugar de la acción sería una feria, con su gentío, sus puestos, el pequeño teatro, el mago de los mil trucos y los títeres que cobran vida, como lo hace Petrushka, así como su rival y la bailarina de la que estaba perdidamente enamorado, hasta que culmina en una tragedia de amor, como podemos imaginarnos.

Así que ahí nos regodearemos con esa tragedia que duele, una de esas que tienen que ver con el amor ¿habrá de otras? Duele como Romeo y Julieta y cuando la oímos, se sufre una y otra vez, cada vez que la imaginamos, cada vez que la trabajamos, cada vez que la vemos o leemos y, ahora, Stravinsky inventa otra a su manera, con esas marionetas que toman vida para perderla en su aventura amorosa.

Petrushka antecede a la Octava Sinfonía de Beethoven, una obra donde contrastan dos situaciones opuestas: la alegría de la obra desabotonada y absolutamente deliciosa con el hecho de que fue escrita durante uno de los períodos más tortuosos de Beethoven, cuando estuvo enamorado de Antoine Brentano (le dedicó sus 33 Variaciones sobre un vals de Diabelli, opus 120), en ese romance que tenía por primera y única vez en su vida, amando y siendo correspondido. Se le conoce como la «Amada Inmortal» y no fue sino hasta hace poco que se sabe quién era cuando se refería diciendo que «con “A”, todo marcha hacia el desastre».

La sinfonía inicia con un breve motivo musical y la primera parte del tema principal como «una loca explosión de energía sobrehumana sin otro objetivo que el placer de desatar su energía, como cuando un río desborda su cauce sólo para invadir el campo que lo rodea», como dijo Wagner.

Como otros años, Carlos de la Mora, Presidente de la Academia de Música de Minería, ofrece un concierto de gala donde ha programado dos obras: el Divertimiento El beso del hada de Stravinsky y la Novena Sinfonía de Beethoven, esa que nos llena de alegría nada más de pensar en ella —como el mar que nomás de pensar en él, sabe a sal el pensamiento— e imaginar al Coro de la Universidad de Veracruz cuando cante el poema de Schiller que, como los estados de ánimo pasan del Allegro assai, al Andante maestoso, antes del Adagio ma non troppo, ma divoto y de ahí, expresar un Allegro energico y concluir, felices y agotados de la vida con el Allegro ma non tanto, para cerrar con un Prestísimo, entre tanto habremos escuchado y tal vez cantado la Oda a la Alegría para volver a creer en la hermandad de todos los hombres. El Financiero, lunes 20 de agosto, 2007).

La vuelta de tuerca

Todo parece que la inexperiencia del PAN será compensada por los colmillos del PRI y, entre los dos, podrán negociar los pactos que sean necesarios para que el Legislativo apruebe las reformas —reformadas— que tanto se necesitan para darle a este país el impulso que necesita y se pueda montar en la globalización y el crecimiento sostenido.

Durante esta semana, una vez que Beatriz Paredes le de el visto bueno al marco de negociaciones, irán los del PRI con el presidente Calderón, para celebrar, como se publicó esta semana, un pacto o acuerdo-compromiso de largo plazo donde puedan ir aprobando gradualmente los puntos de una verdadera reforma hacendaria garantizando su cumplimiento.
Ojalá y el presidente Calderón vea esto con buenos ojos, aunque el recelos que puede haber por parte del blanquiazul muestren una cierta resistencia. Este tipo de pactos son los que hacen falta tener para poder, en verdad, dar dos pasos para adelante y no quedarnos, como nos pasó en el sexenio pasado, con la brocha en la mano, sin poder avanzar ni un ápice en las reformas que urgen para darle al país los recursos que necesita y, lograr tener así, una mejor distribución y capacidad de inversión para la infraestructura.

Por lo que ha mostrado en lo que va de su primer año, Felipe Calderón tiene una buena capacidad para la negociación, ha dejado a un lado esa pequeñez de criterio y la cerrazón que a veces muestran los partidos, para entrarle a esta propuesta en donde todos salimos ganando.

Como ya hemos comentado, la primera propuesta de reforma resultó incompleta y ha creado desánimo por parte de la IP. El Presidente ha aceptado revisarla a fondo, aunque no sabemos por qué no lo hizo antes, ni por qué no tuvo Carstens un cabildeo con los diferentes sectores, hecho a fondo, que hubiera reducido el margen de error y desatino como en realidad sucedió. Su reacción, tardía y criticable, es un buen argumento a favor de lo que ahora está buscando el Revolucionario: encontrar uno o varios puntos de apoyo para que salga la nueva versión de reformas, reduciendo la tasa de CETU y otras medidas adicionales, en donde el PRI está mostrando ese rostro negociador, bueno para el toma y daca de la política y que, en este caso, hablará también, de la capacidad de negociación del Presidente.

Vamos a ver hasta donde le entran las fuerzas políticas en el estire y afloje de los puntos a favor y de las concesiones políticas. Así es la vida democrática de nuestro tiempo y no el irracional de las consignas y el rechazo a priori, sino a la negociación dirigida a lograr una mejor solución, para el beneficio de la sociedad y, de pasada, una revaloración implícita de los partidos que estén dispuestos a negociar.

Imagino que Calderón quiere llegar a su primer informe con buenas noticias, una vez amarrado el paquete fiscal y mostrando la zanahoria de las inversiones multimillonarias. (El Informador, martes 14 de agosto, 2007).

jueves, 9 de agosto de 2007

Travesías de Anna María Botero

Lo importante es viajar, no el destino

Desde la cordillera de los Andes ha regresado a México Anna María Botero para mostrarnos sus piezas más recientes en la sala de exposiciones de la Casa Lamm. Travesías es el título que le ha dado y expresa tal cual lo que intenta trasmitirnos: huellas de su viaje por esta vida, el paso por esta Tierra mientras la recorremos entre sueños y realidades, para ir conformando una especie de bitácora de viaje, un registro donde Anna María ha dejado sus huellas usando dos tipos de materiales: la madera, con sus vetas donde ha registrado su propia historia, y la cerámica de alta temperatura.

Con este material y una imaginación que, a la menor provocación se desboca, ha compuesto una puesta en escena donde compartimos sus emociones en esta muestra de su viaje por el tiempo. Hecha todo un Ulises, inspirada en la poesía de Kaváfis, ella sabe que ha emprendido su regreso a Ítaca y por eso el poeta le desea un viaje largo «rico en aventuras y experiencias». Ahora que la vimos, recordamos aquellos años en la Troya de Morelos, hace un par de décadas, cuando trabajó en el taller de cerámica de Hugo X. Velásquez en Cuernavaca, antes de emprender su viaje de regreso a Bogotá, su Ítaca, de donde ahora entra y sale como en su casa, sin miedo a los lestrigones, ni a los cíclopes.

Desde la cordillera, ha dejado constancia de su nostalgia por el mar y la madera parece que la ha tomado, como Crusoe, de la selva o de las playa que ha visitado, rescatándolas para imprimirles su huella, pulirlas a mano, darles forma, acariciarlas y colocarlas como unas columnas elegantes y fálicas que adornarán cualquier patio donde se coloquen —ojalá frente al mar, por aquello de la nostalgia. Columnatas firmes y portentosas que recuerdan la virilidad ausente, propositiva y encantadoramente poética. Símbolos ineludibles del deseo, como el que se tiene de los Totems y que ahora se yerguen —como escribió Eduardo Serrano— «misteriosas y hieráticas».

En una de sus escalas por la vida, en alguna de las islas misteriosas —como Narciso—, se encuentró reflejada, no en el agua, sino en una pieza de madera —¡claro!—, y ahí reconoce su autorretrato. Cristine Temin nos cuenta que fue en «un trozo de árbol donde encuentra la réplica de un torso femenino (cuando Botero lo halló, la pieza del árbol caído tenía un afortunado ombligo), con sus «piernas» del tronco que se abren y con sus «muslos» firmemente plantados en una cama de hojas secas. Es una especie —dice la crítica de arte—, de Victoria de Samotracia latina, o una de esas mujeres del mundo greco-romano».

Viajar sin saber a dónde se va a llegar es la propuesta de Anna María, viajar por viajar y ojalá que el viaje tarde, como le desea Kaváfis: «mejor que dilate largos años y, en tu vejez, arribes a la isla con cuanto hayas ganado por el camino».
Para mantener el vuelo se le ocurrió, desesperada, imaginar cómo lo haría El Principito, cuando Antoine de Saint-Exupéry se quedó atrapado en medio del desierto: tender unos hilos al aire y atarlos a una parvada de pájaros pequeños, como si fueran «tordos capitanes», esos que arman un escándalo antes de irse a dormir y que toman vuelo al unísono sobre los campos de trigo, sobre su piel dorada, como enloquecidos puntos suspensivos que por el cielo se alejan y caen en picada, dan la vuelta torcida en sí mismos, y suben sin rumbo alguno, como si huyeran de los rayos o fueran a despedir a Febo que, sonrojado, mejor se oculta. Anna María hizo, en cerámica de alta temperatura, «una parvada de unas setecientas setenta y siete aves pequeñas que ascienden al mismo tiempo, apretujadas en tres niveles, con un aparente patrón de vuelo con una cierta urgencia. No están en una excursión placentera. Su misión es atormentadoramente incierta», como dice Temin y uno sueña tomarse de esos finos hilos y seguir viajando antes que el reloj de arena termine de masticar sus finos granos de arena.

Huellas de su viaje, huellas codificadas para que, como buenos arqueólogos, interpretemos sus mensajes crípticos: lo fálico, los mil pájaros volando, las siete naves —¿naves, dije?—, más bien vainas, finas, largas y puntiagudas con una abertura al centro, apretada, de un ladi al otro, que no van a flotar nunca en su vida más que en nuestra imaginación: «largas y atenuadas como cáscaras de semillas de árbol que nos recuerdan a los mitos ancestrales de la cultura de los muertos, cuando éstos son llevados al otro mundo sobre el agua… la ambigüedad de la muerte», sugiere Temin. Por eso nos acercamos para examinarlas de cerca y ver dónde está el mensaje.

Luego nos muestra sus placas de cerámica opacas, planos de alguna ciudad soñada algún día, a vista de pájaro, con elementos de una realidad absurda: escaleras vistas por debajo, puertas pequeñas que no van a ningún lado. En fin, Anna María Botero nos muestra huellas de esta su travesía para que sepamos qué rumbo lleva y podamos confirmar que está más que viva que nunca. (El Financiero, lunes 13 de agosto, 2007).

martes, 7 de agosto de 2007

Pluralidad es el tono

Este fin de semana se llevaron a cabo tres elecciones y de estas, la más importante se realizó en la frontera norte, en la «Caliente» Baja California, donde votaron por un nuevo gobernador y donde todo parece ser que, el desconocido José Guadalupe Osuna del PAN, le lleva cierta ventaja al hijo del Profesor Hank que, como buen jugador, no quiere dar su brazo a torcer hasta ver los resultados finales. En Aguascalientes los resultados resultaron en tono tricolor, tanto para la alcaldía de la capital, como del resto de las once que hay en ese Estado y que se repartieron de la siguiente manera: 6 para el PRI, 4 el PAN y 1 alcaldía para el Verde. En la devastada Oaxaca bipolar, el tricolor aventajaba en las 25 diputaciones.

La foto, por fortuna, de esta final, tiene diferentes colores, lo que habla bien de la distribución del poder y del proceso democrático. Pero, como fondo del primer plano colorido, está la negritud del abstencionismo con el que caracterizó esta vuelta democrática, sobre todo en Oaxaca, donde llegó a ser, dicen de un 80%. Con razón están como están, digo, y lo digo en serio, pues hay una correlación entre la cantidad absoluta de votos y la responsabilidad que asume el que va a gobernar.

Beatriz Paredes viajó a Tijuana para estar presente durante el conteo pero, tal parece que será inútil. Ojalá se de cuenta de la clase de candidato tenía su partido que, aunque fuese el hijo frívolo de un gran político del siglo pasado, fue aquel quien dejó claro el modo de operar y el camino de la corrupción conocido desde hace décadas y que eran una marca que, sin ser única, es imposible desligarla a este hombre ahora hecho todo un capo del juego y de las apuestas, dueño de hipódromos y casas de apuestas, que pedió permiso para abandonar la alcaldía e integrarse para competir por la gubernatura en una campaña con varios desaguisados que ya pertenecen al anecdotario de la región.

Está claro que la influencia del PAN en Oaxaca es prácticamente nula y, en Aguascalientes, donde podrían haber tenido una mayor influencia, no han podido reaccionar para revertir las preferencias.

Tal vez el PRI y su dirigencia no pudo hacer mucho, por su lado, para cambiar al candidato en Baja California, copado por este Hank Rohn quien presuponía ser el ganador y quien amenazó a su partido si no aceptaban su candidatura. Los resultados, durante la presidencia Municipal, dejan que desear y este es el resultado de sus ambiciones políticas, donde la gente intuye o sabe que desea la gubernatura sólo para ampliar sus negocios, pues es de los que «no dan paso sin guarache».

El abstencionismo es una lástima, porque, como podemos darnos cuenta en esta época, ganar o perder es parte de la salud democrática, pero la alternancia es el premio o el castigo de un buen gobierno y el abstencionismo anula este principio básico. (El Informador, martes 7 de agosto, 2007).

jueves, 2 de agosto de 2007

Música en, entre y sobre las ruinas de Oaxaca

Instrumenta Verano 2007

Con gran valor, Ignacio Toscano, director de Instrumenta, decidió seguir adelante con la temporada de verano de este año para que se llevaran a cabo las clases maestras y la interpretación musical en, entre y sobre las ruinas de Oaxaca, la bella ciudad colonial, minada estos años por la brutalidad en general y, en particular, por los que forman la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca que son unos autodestructores que, en lugar de usar la razón, actúan bajo viles consignas.

Cuando Toscano dejó la dirección de Bellas Artes, en el sexenio pasado, se dedicó a diseñar y a estructurar una de sus aventuras culturales más exitosas: se trataba de promover la música a nivel internacional con cede en Oaxaca, un Estado con gran sensibilidad artística donde nació Eduardo Mata, uno de los más grandes directores de orquesta que ha tenido México.

Desde entonces existe Instrumenta que es impulsado por Oaxaca, Música y Cultura A.C., y la Fundación Alfredo Harp Helú, para promover varios aspectos de la música que se complementan: la enseñanza, la dirección, la composición, la interpretación y ahora, la interpretación de música tradicional y la escritura sobre los diferentes aspectos de la música.

Instrumenta Verano inició la semana pasada sus cursos de especialización musical de alto nivel con casi 150 alumnos de 21 nacionalidades, todos ellos jóvenes músicos que van conformando sus ensambles y sus grupos de cámara y, al mismo tiempo que se especializan, ofrecen al público conciertos en diferentes lugares de la ciudad.

Este año, las clases maestras son impartidas por los miembros de los cuartetos Kodály y Ciurlions, del Stockholm Chamber Brass Ensamble y del Meridian Arts Ensamble, además de los solistas Jorge Risi, y Klauss Stoll, quien es el primer contrabajista de la Filarmónica de Berlín.

Con estas clases, los alumnos mejoran sus técnicas instrumentales y, por supuesto, el público disfruta de las interpretaciones pues, finalmente va a ofrecer 33 conciertos con programas clásicos y modernos, convirtiendo a la ciudad de Oaxaca en una enorme sala, capaz de transmitir la música durante las dos semanas de este verano. Instrumenta tiene que ver también con la educación, creación, producción y preservación de la música, así como con la formación de públicos que, con estas actividades, van mejorando su apreciación musical, además de ser testigos de la promoción de los talentos.

Caminar por las calles, asomándose a las galerías o las tienda de artesanías o si lo prefiere sentarse a tomar un buen café, antes de decidir ir o no ir a las ruinas de Monte Albán, allá arriba para disfrutar de su majestuosidad y de sus plazas aireadas o de la vista al valle donde nos podemos asomar para ver cómo se forman las tormentas desde Oriente y cómo van corriendo con su cargamento gris atravesando lo que era cielo azul, empujadas por el viento, huyendo del sol hasta más no poder y dejar caer con gotas gordas, esas lágrimas que marcan la tierra con unos pequeños volcanes y que dan sobre el pavimento con un sonoro cantarino, para después jugar a las resbaladillas entre los muros de verde cantera que refrescan el ambiente, haciendo correr a la gente —esa tarde— y a los músicos que esperan que pase el agua sentados en la cafetería que está frente a la catedral de Santo Domingo para poder seguir tocando.

Por las mañanas se camina por el Andador Turístico Macedonio Alcalá y puede uno ver a los estudiantes en grupos distintos inundando de música el centro histórico, con sus repertorios ensayados en los cursos y en los talleres de Instrumenta Verano. «Con la música de cámara los músicos se comunican entre sí sin intermediario. Desaparece la figura del director de orquesta y esto sensibiliza el oído de los músicos, su capacidad de sentir al otro, de intuir sus intenciones musicales. Por eso la música de cámara es más formativa que la sinfónica y por eso también ocupa un lugar importante en Instrumenta 2007», dice Roberto Kolb, coordinador de Maderas para el programa académico de este verano.

Dos semanas de música por todos lados y cuando decimos «por todos lados», nos referimos a la nueva tribuna de los intérpretes que este año se instala para que cualquiera de los participantes, en forma individual o en grupo, interpreten de manera espontánea, el repertorio que se les antoje. Música por todos lados.

Este lunes 6 estará en el Teatro Macedonio Alcalá, Whitney Crockett al fagot, Klaus y Ofelia Stoll al contrabajo y algunos alumnos interpretando obras de Teleman, Bach y Cage; el martes 7 estará el Meridian Arts Ensamble; el 8 las «Cuerdas Latinoamericanas» con obras de Enriquez, Piazzolla y Guarneri, que será un gran concierto. El sábado 11 clausuran con un concierto de los alumnos con obras de Revueltas, Stravinsky y Bartök.

Instrumenta Verano 2007 ha vencido el estigma que persiste en Oaxaca. ¡Viva la música! (El Financiero, lunes 6 de agosto, 2007).