jueves, 27 de septiembre de 2007

¿Qué es lo que mantiene vivo a Shakespeare?

The Old Globe en San Diego, California

Desde que descubrimos el Festival de Shakespeare en The Old Globe de San Diego, California, hemos ido a celebrar este rito donde vemos la puesta en escena de tres obras del cisne de Avon, con los actores residentes de ese teatro, acompañados por estudiantes de la UCSD, bajo el mismo concepto con el que lo fundó Craig Noel en 1937 y que, hasta ahora, cumple su cometido. Tres obras de Shakespeare bajo la dirección artística de Darko Tresnjak quien también puso este año El mercader de Venecia en Stratford-upon-Avon.

Durante el festival de este año pusieron la primera de las comedias escritas por Shakespeare (1592), Los dos hidalgos de Verona, para entrar al día siguiente por el castillo de Elsinore para ver Hamlet, el príncipe de Dinamarca, la joya de la corona, y concluir con Medida por medida una obra problema, como le dicen. Las tres obras se presentan al aire libre, bajo el cielo de California, en el teatro que está en Balboa Park, diseñado para presentar obras del bardo durante los veranos.

Sin duda que Shakespeare está vivo, como lo han discutido Joseph Papp y Elizabeth Kirkland, pero el misterio está en saber por qué sigue estando más vivo que nunca brillando entre los escombros. ¿Cómo es posible que después de cuatrocientos años siga entreteniendo e inspirando en todo el mundo y en todos los idiomas posibles? ¿Será por los temas que trata o por los conflictos que explora, por lo que ha trascendido todos estos siglos en diferentes civilizaciones?

En medio de la Primera Guerra mundial, un soldado inglés escribió desde su trinchera: «no existe pena, terror o duda que suceda aquí, que Shakespeare no lo haya tocado o advertido». Cuando murió, le encontraron una copia de Enrique V en su chaqueta.

El terrible y eventual sufrimiento, los conflictos entre la justicia y la piedad, entre la naturaleza del poder y el individuo, entre la vida en familia y la mágica transformación del amor, son los temas que Shakespeare trata en sus obras y que resultan ser parte importante de la condición humana desde que el hombre es hombre. ¿Serán estos temas lo que lo mantiene vivo? ¿O tendrá que ver con el amplio espectro de las fuentes literarias que utilizó y que, al rescribirlas para el teatro, les dio una nueva vida más duradera? ¿O será que se ha convertido a su vez en una fuente inagotable para que otros artistas se impulsen, a partir de estas obras, para expresar su propia creatividad?

¿Será esto lo que mantiene vivo a Shakespeare? A lo mejor es el lenguaje que hablan sus personajes y que, a pesar de que en parte ya es obsoleto, sigue teniendo un ritmo, una música y una tal fuerza y expresividad que nos preguntamos seriamente si eso es lo que lo mantiene vivo. Por nuestra parte, sabemos que al ser traducido perdemos el ritmo, la música y el juego de palabras, pero es posible que ganemos en la metáfora y la trama. ¿Serán, entonces, las metáforas, las tramas y subtramas las que nos mantienen al borde la butaca y, por lo tanto, lo mantienen vivo? O tal vez sean los personajes, llenos de vida que nos brincan entre las páginas, donde cada uno de ellos parece que tiene vida propia fuera del escenario. Un escritor victoriano se inspiró en ellos e inventó su vida antes de empezaran a aparecer en las obras, como hace poco lo hizo John Updike con Gertrudis y Claudio antes que inicie Hamlet. Pero en verdad, donde existen es en el escenario y no fuera de él para ser psicoanalizados, sino ahí mismo, en sus actuaciones. Falstaff no podría existir sin una audiencia y un escenario donde pueda decir todas las barbaridades que le conocemos; el Guardia del castillo de Elsinore declara que «algo huele a podrido en Dinamarca» y le da al color de trasfondo a la obra y, ¿dónde podría estar Ricardo III si no puede decirnos, en confianza sus planes a quienes somos su verdadera audiencia?

La vitalidad se Shakespeare se expresa no sólo en los grandes personajes, sino en las más insignificantes de las criaturas del escenario: los guardias, los sirvientes, los soldados, las nodrizas, los niños y las cortesanas menores. Como lo comprobamos en The Old Globe con Bernardino, ese prisionero borracho en Medida por medida, que le puso trabas a la trama y al duque de Milán, al negarse a morir en el momento oportuno. O Pedro, el sirviente de los Capuleto y su manera de lamentar la (supuesta) muerte de Julieta o los sirvientes anónimos de Gloucester en Rey Lear que buscan yemas y claras de huevo para calmar el rostro sangrante de su amo, al que le habían sacado los ojos. Por eso tal parece que los personajes de Shakespeare existen fuera del escenario y siguen vivos después de que los vemos en el teatro.

¿Será esto lo que mantiene vivo a Shakespeare? Los temas, las preocupaciones humanas, el lenguaje poético o las historias de sus personajes tan reales. Todo esto hace posible que Shakespeare se mantenga vivo pero, lo que lo realmente lo logra, es ir a ver sus obras al teatro como lo hacemos cada año en «El Viejo Globo» de San Diego. (El Financiero, lunes 1 de octubre, 2007).

martes, 25 de septiembre de 2007

El populismo según Alan Greenspan

No creo que alguien tenga una visión tan completa de la vida de la segunda mitad del siglo XX como Alan Greenspan, quien fue Presidente del Consejo de la Reserva Federal en Estados Unidos hasta el año pasado y que ahora comparte esa visión y sus aventuras en el libro recién publicado Alan Greenspan. La edad de la turbulencia. Aventuras en el nuevo Mundo, donde creo que podemos entender mejor el ambiente en el que vivimos desde esa perspectiva tan amplia de alguien quien ha estado controlando la chequera detrás de bambalinas, para ser uno de los poderes reales, como lo hizo este hombre que tomó varias importantes decisiones para salir de las turbulencias creadas por las corrientes mundiales, como lo hizo desde el día que asumió el mando, nominado por Reagan en 1987, unos meses antes de que se diera una de las más serias crisis en Wall Street, como fue la de octubre de ese año.

Su vida profesional es producto de lo impredecible pues quien podría imaginarse que terminaría presidicendo la Reserva Federal alguien que empezó estudiando y trabajando como músico para después de la segunda Guerra Mundial, girar ciento ochenta grados y terminar haciendo un doctorado en economía en la Universidad de Nueva York, para luego asociarse con Townsend en 1954 y formar una empresa de consultoría. De ahí, pasó a ser miembro del Consejo de Economistas de Gerald Ford en 1974 para ser nombrado por Reagan, el encargado del Banco Central o, como le dicen en EEUU, las Reservas Federales y quedarse ahí hasta el año pasado presidiendo como mago esta etapa de la vida que se ha convertido, más bien, en La edad de las turbulencias.

La introducción a su biografía empieza el 11 de septiembre del 2000 cuando venía de Suiza de una reunión con sus colegas economistas y de ahí en diferentes retrospectiva, reflexiona y escribe lo que sería más que una autobiografía, un diario de sobrevivencia para el siglo XXI.

En el capítulo XVII, «Latinoamérica y el populismo», vuela por estos territorios en donde se ventila la economía populista, cuando «se hacen muchas promesas sin considerar cómo es que se pueden financiar y que muchas veces resultan en una reducción de los ingresos (fiscales) que impiden que haya prestamos por parte del sector privado o de los bancos foráneos, para terminar dependiendo del Banco Central que, finalmente, sirva de chequera» y de ahí, al círculo vicioso de la inflación y la regresión en los niveles de vida que tanto desestabilizan a los países como se han visto en Brasil en 1994, en Argentina en 1989, en Chile, en los 70’s y en México a mediados de los 80’s con Echeverría y López Portillo.

Cómo poder evitar que Latinoamérica caiga en el populismo -se pregunta Greenspan-, para contestar que sí hay manera sobre todo cuando se cuenta con políticos con un «talento excepcional» como los que ha tenido el privilegio de trabajar y que son: Pedro Aspe, Guillermo Ortiz, José Ángel Gurría y Francisco Gil Díaz en México o Pedro Malan y Armiño Fraga Nieto en Brasil o Domingo Cavallo en Argentina. Con ellos se puede cambiar a una sociedad con profundas raíces populistas, donde se sabe que si los individuos pueden hacerlo, una sociedad también, como Brasil lo está demostrando. (El Informador, martes 25 de septiembre, 2007).

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Antes, en y después de la boda

Nominada al premio Bodil como la mejor película 2007

Nos llevamos una buena sorpresa esta semana con la película dirigida por la danesa Susanne Bier, Efter bryllupet o Después de la boda, coproducida entre Dinamarca y Suecia que, sin mayores exaltaciones, nos cuenta una historia tan bien contada —que me niego a narrar, para no echarla a perder y, si ya la vieron, poder compartir estas opiniones— donde nos cuenta una historia que puede ser de amor, con otra de hambre, poder, filantropía y muerte, sólo para confirmar el contraste brutal que hay entre dos culturas: la casa de campo, como palacio, donde vive el empresario Jørgen (Rolf Mikkelsen) con la bella Helena (Sidse Babett Knudsen) y su familia: la joven Ana (Stine Fischer Chistiansen) y dos gemelos idénticos (Frederic y Kristian Gollist Ernst), cerca de Copenhagen, en medio de un bosque habitado por ciervos y, al otro lado, los barrios y las calles de Bombay en la costa oeste del océano Índico, con sus 14 millones de habitantes y los niños de la calle.

Entre estas dos locaciones, abismalmente diferentes, encontramos la soledad del hombre y la vida que pasa, como en un parpadeo, más rápido de lo que pensamos, mientras cae vertical para reacomodarse la flecha del amor que todo lo justifica y poder contrastar a un hombre solitario, con la vida de una familia; la carencia material, con la abundancia; las moscas con lo aséptico y medio desabrido.

Después de la boda tiene grandes logros. Uno de ellos es la dirección de la bella y frondosa Susanne Bier (1960-), que se parece un poco a Helena, la protagonista del film. Bier nació en Copenhagen y, junto con Andres Thomas Jensen, es coautora del libreto, excepcional en muchos sentidos, sobre todo, por el tejido y el desarrollo de la trama y de esos ciclos de vida que maneja con maestría, como si nos llevara de la mano por una espiral donde vemos el pasado desde varios puntos de vista diferentes; la edición perfecta, en tanto que logra mantener un buen ritmo con todo y sus sobresaltos; las locaciones, como el bosque y los ríos en Dinamarca —en verano— y las calles de Bombay, que nos explica gráficamente, lo que vio Henri Michaux cuando escribe que «en la India no hay nada para ver, todo debemos interpretarlo… ahí es dónde hay la ciudades más repletas del Universo… todos andan como peatones por las aceras y por la calle, altos y flacos, sin caderas, sin hombros, sin ademanes, sin risas, peripatéticos… algunos casi desnudos… demasiado numerosos para andar juntos…»

La fotografía es impecable, transparente, todo está allí de día o de noche cuando dejan encendidas las lámparas los que no pueden dormir; como es impecable las vistas de Copenhagen o del gentío de gente por las calles de Bombay: muertos de hambre, llenos de polvo y de basura.

Los actores que parece están en su casa y nos convencen, sin mayores esfuerzos, de lo que son y que es justamente lo que quería Sussane Bier en su actuación: elegantes empresarios en sus protocolos y sus smokings; ellas, con sus trajes largos de noche o la bata china de seda pura y el baño de tina con espuma que cubre el cuerpo de Helena, mientras el deseo juega con Jørgen hasta que surge a flor de piel, entre copa y copa. Los actores, desconocidos en estas latitudes, actúan y se mueven naturalmente en medio de esa sociedad tan civilizada, en esa familia de linaje, con sus ritos y costumbres, con sus discursos que hacen en cuanto pueden y con el deseo de vivir que parece que lo traen en la punta de la lengua.

El guión de Bier y Jensen no tiene pierde. Está hecho con ese estilo, como ese mismo que descubrió Shakespeare en sus últimas obras, en los famosos romances, donde le exige al público que trabaje todo el tiempo imaginando lo que podría suceder o lo que pudo haber sucedido o lo que está sucediendo para armar el rompecabezas de la trama y mantenernos activos, suponiendo lo que puede haber detrás o las diferentes salidas o el reencuentro, mientras el tiempo «que todo lo devora… y que tiene el poder de echar la ley por tierra, para plantar o deshacer las costumbres en una sola hora... (y, en un momento,) voltea la clepsidra y hace crecer el drama como si ustedes se hubiesen dormido en el entretanto …» y, en ese parpadeo, la vida avanza y da un salto de veinte años, como le sucede a Leontes en El cuento de invierno donde todo se convierte en historia, para ver las reacciones del público frente al futuro inmediato.

Trabajamos las dos horas tratando de contestar el por qué de muchas cosas y dejamos que sean «las noticias las que descubran a tiempo el Tiempo» y las soluciones que trabajaron los dos guionistas que nos mantienen en la butaca imaginando causas y efectos de eso que parece, digo, un romance shakespeariano o un cuento triste, para contarlo durante el invierno en Dinamarca, mientras siguen bebiendo para enfrentar la realidad de esta historia ficticia, triste y maravillosa. (El Financiero, lunes 24 de septiembre, 2007).

martes, 18 de septiembre de 2007

Las dos reformas

La semana pasada, antes del grito, parece que desquitaron su sueldo los diputados y senadores que, en un especie de hormiguero, subían y bajaban a la tribuna unas negras y otras rojas discutiendo los pros y contras de las reformas propuestas en materia electoral y fiscal. Una de esas hormigas rojas, Layda de nombre y Sansores de apellido, siguiendo las consignas de quien considera su patrón, tomó por la fuerza el atril principal de la tribuna y colorada por la impotencia, sin saber cómo discutir las razones y los argumentos para convencer al resto de los legisladores, lanzó consignas para impedir que otros oradores usaran la razón y la retórica el micrófono para presentar su argumentación racional y pudieran presentar sus argumentos al resto de legisladores. En la desesperación, acusó a las rojas hormigas de tibieza, pues «Andrés Manuel nos pidió tomar la tribuna…», decía Layda de Convergencia, aferrada al micrófono.

A pesar de ese medio plantón, fueron aprobadas las dos reformas que se entretejieron negociando, cediendo en una para aprobar la otra, en esas negociaciones que se parecen a la rebatinga del mercado con las marchantas «regateando» el mejor precio posible y que resulta ser como actúan algunos de los clientes habituales de San Lázaro y que son unos verdaderos expertos en esta materia.

Para estas fechas ya se habrán publicado toda clase de críticas, comentarios y juicios sobre las dos reformas necesarias que limitarán, por un lado, los gastos publicitarios de los partidos y los spots millonarios pagados con el dinero que el IFE les otorga y que viene del presupuesto anual de la Federación en donde los únicos que se quejan son los dueños de los medios pues sus utilidades históricas, se verán mermadas cuando aprovechaban el «posicionamiento» de esos partidos o políticos. Parece que habrá un ahorro (o gasto en otro sector) por tres mil millones de pesos.

Sin embargo se mueve, como ahora parece ser el slogan de San Lázaro y el mundo gira pues parece que se han sacudido la flojera y la incapacidad de avanzar, aunque sea a paso chico y sólo para señalar la dirección a la que se quiere llegar algún día para mejorar los gastos de un país en desarrollo, y aplicar mejor los que ahora se podrán usar en otros renglones con las nuevas inversiones provenientes de una recaudación mayor.

La reforma fiscal tiene su paradoja, pues el incremento del 1% del PIB para las nuevas inversiones como objetivo principal, de pasada podrán controlar mejor con el IETU (que va a doler) que inicia con el 16.5% y termina, en el 2010, con 17.5% controlando a aquellos que evadían impuestos con o sin la ingeniería financiera, además de un primer intento para que los informales paguen por lo menos el 2% de sus depósitos mensuales de $25,000 pesos al contado. Así se mocharán con el fisco, que bien sabe que más vale pájaro en la mano, que ver a un ciento volando. (El Informador, martes 18 de septiembre, 2007).

jueves, 13 de septiembre de 2007

Romeo y Julieta como fuente de inspiración

Ballet de Prokofiev y el Foro-Taller virtual de la UNAM

Romeo y Julieta es la obra de Shakespeare que, desde que se puso en escena en 1596, ha sido fuente de inspiración para otros artistas, por ejemplo, para Héctor Berlioz, el músico francés del XIX quien enloquecido como buen Romeo, se enamoró perdidamente de «Harriett» Constance Smithson, una actriz escocesa que hacía el papel de Julieta (y después el de Ofelia en Hamlet) que andaba de gira en París cuando Berlioz la vio actuar y se enamoró de Julieta y, como conejo lampareado, le propuso matrimonio y si no lo aceptaba, se suicidaba. Aterrada la pelirroja con este extravagante músico francés, aceptó sólo para convertirse en una pareja infeliz. En 1839, tres años antes de separarse compuso su sinfonía dramática Romeo y Julieta, opus 17, donde reconstruía aquella tragedia donde trata de expresar con sus notas musicales la poesía y la trama de esa obra.

Siguiendo esta idea, en 1857, Charles Gounod escribió una ópera donde integra los versos de Shakespeare a la música y, en 1935, Sergei Prokofiev compone un ballet donde, una vez más, las palabras son transformadas en expresión corporal y en movimiento de los artistas, como podremos verlo a partir del día 20 de este mes en la puesta en escena que ha preparado Dariusz Blajer, el director de la Compañía Nacional de Danza en el Palacio de Bellas Artes, en la versión del coreógrafo John Cranko y la escenografía y vestuario de Elisabeth Dalton.

Luego, tenemos las versiones en teatro y las tantas representaciones que ha hecho la Royal Shakespeare Company que la coloca como una de las «Top Ten» de la producción shakespeariana, sin olvidarnos la producción cinematográfica de las quince versiones que ha habido, entre ellas, la de Franco Zefirelli con Olivia Hussey, esa adolescente apasionada que actúa a las mil maravillas y que reproduce fielmente a Julieta Capuleto de catorce años, acompañada de Leonard Whiting, el Romeo en plena acción. O la más reciente, que es la versión de Baz Luhrmann con su Romeo + Julieta, una versión que les gusta a los jóvenes tal vez por el tono oscuro de las pandillas angelinas, en una Verona que nada tiene de bella, sino más bien es una ciudad decadente filmada entre Alameda, California y Texcoco, Veracruz y la colonia Narvarte de la ciudad de México.

El ballet de Prokofiev se inaugura el día 20 y Sealtiel Alatriste, director de Literatura de la UNAM inauguró el martes 11 el primer Foro-Taller virtual de Shakespeare (taller que voy a coordinar) mismo que ya está abierto al público, a través en la red, como una aventura nunca antes realizada y que ha empezado con Romeo y Julieta, un taller al que se puede entrar (gratis) en http://cazadeshakespeare.unam.mx y que durará ocho semanas hasta finales de octubre. Se trata de leer la obra completa y luego analizarla en cada una de sus partes, tratando de contestar toda clase de dudas sobre la obra, donde los talleristas podrán comentar en el Blog lo que más les llame la atención. Para esto, Carmina Estrada y Rodrigo Martínez de esa dirección han subido a la red todos los recursos que necesitan los miembros del taller y los video clips tomados de la versión de Zefirelli, audio con sonetos y demás elementos que nos permitirán comprender cuáles fueron los hilos que movieron a esos dos jóvenes para que tuvieran una vida amorosa y acabaran como lo hicieron.

Ahí estaremos en una Verona virtual, donde hay dos familias del mismo linaje, odiándose por razones ancestrales, como todavía puede suceder en tantos pueblos hoy en día. Sólo con la muerte de estos jóvenes —nos dice el Coro en el prólogo— se terminarán los conflictos, como si estuviésemos en medio de una guerra civil y experimentemos ese «terrible caminar de un amor marcado por la muerte, y la ira incesante entre las familias que sólo con la muerte de sus dos hijos conseguirán extinguir».

Esto es lo que vamos a leer y compartir en un foro virtual cada jueves durante las próximas ocho semanas en estas dos coincidencias afortunadas: la presentación de la tragedia en la versión de Prokofiev y, el primer taller virtual de Romeo y Julieta de Shakespeare en esta historia en donde apenas se conocen y ya se están besando «como dios manda» o como le dice ella, «by the book». No saben ni cómo se llaman y ya están perdidos de amor, pues «¿quién que haya amado, no lo ha hecho a primera vista?» Todo sucede a gran velocidad y veremos cómo es que los jóvenes sueñan, mientras que los viejos recuerdan.

La Compañía Nacional de Danza ha decidido que cuatro bailarinas hagan, en las cinco funciones, el papel de Julieta y tres Romeo y que van a expresar con el lenguaje de su cuerpo apoyados por la música de Prokofiev la intensa poesía con la que está compuesta de tal manera que nos de la sensación de velocidad y la fuerza de atracción que hace, desde el primer momento, como decía Sabines: que los amantes «se vayan quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro». (El Financiero, lunes 17 de septiembre, 2007).

jueves, 6 de septiembre de 2007

Cincuentenario de las Torres de Satélite

Faro inamovible diseñado por Luis Barragán y Matías Goeritz

«Barragán es nuestro poeta mayor del espacio —escribió Fernando González Gortazar—, y también nuestro mayor poeta del vacío, un espacio y un vacío que se ocupan densamente a sí mismos y no necesitan otros motivos para existir». Sí, Luis Barragán y Matías Goeritz fueron los creadores de esa escultura monumental, como buen poeta del vacío, que ahora celebra sus primeros cincuenta años de vida. Se trata de las Torres de Satélite en Naucalpan, Edo. de México y para celebrarlo, la Casa Luis Barragán, catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, montó una exposición fotográfica para que podamos conocer mejor su diseño, el proceso de su construcción y podamos verla desde varios puntos de vista, desde su gestación, hasta su atormentada infancia, para concluir en la plenitud, en esta edad a la que ha llegado, ofreciéndonos siempre una perspectiva única.

Las Torres de Satélite siguen siendo el faro de esa ciudad, ese punto inamovible para los que navegan todos los días, ya sea que salgan del norte o del sur, disfrutando y ojalá sorprendiéndose, de la verticalidad de sus cinco espigadas torres que son unas claras, esbeltas y majestuosas torres de cemento pintadas que, en perspectiva, parecen rascacielos, como los que nunca hemos tenido pero que son, sin duda, una expresión del deseo sublimado de crecer, tal como el que se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XX.

Colocadas a la entrada y a la altura de la ciudad Satélite en medio de una plaza donde nos podemos asomarnos para ver la mancha metropolitana, el extenso lago urbano que, por las noches, brilla con su manto dorado y que recuerda el asombro que tuvo Bernal Díaz del Castillo cuando pudo ver a la Gran Tenochtitlan: «cosas tan admirables que no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas… y, por delante, la gran Ciudad de México».

Hace cincuenta años el mundo y la ciudad de México eran diferentes: hacía poco más de una década que había terminado la segunda Guerra Mundial (1939-1945) y México se montaba sobre la marea de la reconstrucción que golpeaba los muelles del desarrollo. Hacía un par de décadas, que se tenía una industria del petróleo convertida, a esas alturas del siglo, en la fuente principal del crecimiento para la segunda mitad del siglo XX.

El empleo y las oportunidades crecían y los urbanistas, como el arquitecto Mari Pani, sabían que la población estaba aumentando exponencialmente. Era urgente construir una infraestructura para una ciudad aledaña a la Capital, como la imaginó y planeó Pani durante el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) y que culminó durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines.

El arte caminaba al mismo ritmo en sus diferentes géneros y Pani invitó al arquitecto Luis Barragán (1902-1988) quien, junto con el artista Matías Goeritz (1915-1990), diseñaron lo que sería la puerta de entrada y el punto de referencia de la moderna ciudad localizada en el aledaño Estado de México, al norte de la ciudad: de mayo a noviembre de 1957 se construyó esta escultura que ahora conocemos como las Torres de Satélite.

En esta exposición podemos ver la historia gráfica de las Torres de Satélite y reconocer sus diferentes etapas de desarrollo, lo avances en el tiempo de la construcción de las cuatro torres que las vemos como rascacielos por una ilusión óptica, sobre todo si vamos del sur y que nos sigue encantando por su humildad, equilibrio y la verticalidad que nos ofrece esa fachada con su vértice con el que nos da la cara, tal como lo marca su perfecta geometría; luego, si es de espaldas, cuando viene uno del norte, vemos el tercer lado de las torres, que nos muestra otra panorámica, como si fuera lo que todo mundo quiere ocultar.

La exposición está formada por fotografías e imágenes de las Torres tomadas por varios artistas nacionales y extranjeros como son: Antonio Caballero, el japonés Yutaca Saito, Pablo López Luz, Alberto Moreno, Sebastián Saldivar, Cerit Win Evans, Armando Salas Portugal, Marianne Goeritz, Sergio Zambrano, Tomas Moreno Arreola, Dune Vusquet, Guillermo Merino y algunas aéreas de la Fundación ICA tomadas en el año 1958.

La exposición culmina a fines de mes con una conferencia magistral del arquitecto y escultor tapatío Fernando González Gortázar en la Casa Luis Barragán, quien ha dicho que «Barragán ha opuesto la profanidad a lo espurio, el refinamiento a la vulgaridad, la necesariedad a lo gratuito, la privacía e intimidad a la carencia de real existencia propia, virtudes aquéllas muy escasas, vicios éstos casi universales… sus formas desnudas por las que el espacio fluye, pero en las que el tiempo parece reposarse en donde uno siempre está solo no importa lo público que sea el sitio». (El Financiero, lunes 10 de septiembre, 2007).

Entre los tabúes y la modernidad

La ceremonia ha cambiado y todo parece que nos acercamos a la modernidad y a la salud democrática como no lo habíamos hecho desde aquellos rituales parecidas a las de las tribus primitivas donde se exageraba la importancia del gobernante, atribuyéndole poderes ilimitados y luego le echaban la culpa cuando los resultados eran malos —como dice Freud en Tótem y tabú. Tal parece que las tribus y algunos neuróticos creen que la autoridad es el agente provocador de la lluvia o el regulador del sol o de la dirección del viento y, por eso, cuando la Naturaleza los defraudaba, los mataban o los destronaban, pues sus esperanzas de una buena cacería o una buena cosecha habían desaparecido.

Los tabúes eran impuestos por los jefes y por los sacerdotes para perpetuar sus propiedades y sus privilegios y los imponían con los enemigos, con los jefes y con los muertos. Cuando llegaban de la guerra, con las cabezas de los enemigos en la mano, ofrecían sus sacrificios para apaciguar a las almas de los vencidos; los jefes establecían unas ceremonias donde alejaban a sus súbditos lo más posible, pues inventaban que su contacto era terrible y, con los muertos, no había que tocarlos, pues nos contagiaban su impureza y, por eso, en el luto por la pérdida, estaba prohibido hasta pronunciar su nombre. Apestaba. Igual los neuróticos que las antiguas tribus: tienen prohibido acercarse o pronunciar el nombre del muerto, tan parecido, aunque al revés, de lo que están haciendo los perredistas después de la derrota del 2006.

Fuimos testigos de la ceremonia del primer informe del gobierno de Felipe Calderón y vimos cómo se ha modificado: los perredistas en el Legislativo, que representan al 18%, abandonaron la sala y con eso, vuelven hacer patente su neurosis pues niegan la realidad y, en lugar de enfrentarla, la niegan.

El domingo, sin poder resistir la tentación, unos cuantos perredistas salieron a la calle gritando sus consignas e intentando bloquear el acceso al Palacio Nacional en donde Calderón daba un resumen del estado de su gobierno y explicando porqué había hecho lo que decía durante los primeros nueve meses como Presidente.

En San Lázaro se logró una ceremonia pacífica y el cumplimiento constitucional y, en el mensaje, Calderón insistió en el diálogo, en la discusión de las diferencias para aceptar las coincidencias y lograr así: la igualdad de oportunidades, el desarrollo integral y el bienestar de las futuras generaciones. Entre todo hubo una seria advertencia: quedan nueve años de reservas petroleras comprobadas.

El informe puede desaparecer, los hechos los conocemos día con día: el estado de la economía, el debate de las reformas, el empleo, la seguridad, la educación, la justicia, etc., pero no está mal tener una visión del futuro y las causas y efectos de lo que está haciendo. Lo que vimos este fin de semana habla de un gobierno menos aparatoso que sabe que podrá lograr sus objetivos compartiendo el poder. (El Informador, martes 4 de septiembre, 2007).