jueves, 29 de noviembre de 2007

Divagando sobre la Navidad con la Sinfónica de Minería

O Tanenbaum, o tanenbaum, qué verde es tu follaje

El nacimiento, por si se nos había olvidado, es el primer evento de nuestra vida al aire libre. Por eso es muy importante y su recuerdo siempre viene acompañado de sentimientos encontrados. Cuando los celebramos, nos damos cuenta que estamos vivos gracias a tres variables independientes: el instrumental genético con el que nacemos; la calidad de vida que llevamos en función del tiempo y, por último, el azar que nos acompaña y con eso vamos corriendo por la pista olímpica de la vida mientras el Tiempo circula en el mismo o en sentido contrario recordándonos que, en este juego, hay tiempo límite.

«Yo soy yo y mis circunstancias y si no las salvo no me salvo yo», decía Ortega y Gasset en sus Mediaciones del Quijote, donde explica que nos constituimos en «un ser» en donde no hay prioridad en el individuo sobre la realidad, sino que todo lo que hay es la interrelación del hombre con «la» realidad, es decir, no existe un «yo» separado del mundo real y, por lo tanto, ese «yo» no se encuentra solo, sino que necesita de las otras cosas para ser realmente, es decir, que la propia vida es la realidad en un constante y continuo hacerse, pues la vida está compuesta de lo que hacemos y de lo que nos pasa, así como, de lo que tenemos que decidir en cada momento para saber qué es lo que vamos a hacer de inmediato que es una decisión intransferible: nadie puede sustituirnos en la tarea de decidir qué hacer en la vida.

Lo decisivo en el hombre es el proyecto vital de las cosas que lo rodean, siempre lleno de alternativas y posibilidades, en donde la vida es un órgano de la comprensión y por eso se puede decir, sin ningún problema, que el hombre es la razón de la vida misma.

Por eso cuando celebramos la Navidad, estamos celebrando tanto el nacimiento —en términos cristianos de Jesucristo— como el de cada uno de los que seguimos vivos y si alguien sabe interpretar estos sentimientos —aparte de los filósofos y los poetas—, son los músicos con quienes compartimos, de golpe y porrazo, de manera simultánea, la sensación dual —vida y muerte, inseparables— así como otras ideas que circulan en nuestra vida inconsciente, en esa otra dimensión a la que sí nos podemos acercar si nos dejamos llevar por las interpretaciones de los símbolos, como en este caso de los símbolos musicales —ritmo y melodía en el tiempo— tal como van a interpretarlos en la Sala Nezahualcóyotl con la Orquesta Sinfónica de Minería y un programa delicioso que gira alrededor de la Navidad, como el que se va a interpretar el próximo domingo 9 de diciembre a las 18:00 horas bajo la dirección de José Areán y la participación de ciento setenta voces integradas por el Coro Convivium Musicum que dirige Víctor Luna, el Coro Pro Música que dirige Samuel Pascoe y el Coro de la Facultad de Ingeniería de la UNAM que dirige Oscar Herrera.

El repertorio está formado por las obras de compositores nacionales e internacionales, todas ellas más o menos reconocidas por el público, como las del maestro Georg Friedrich Händel (1685–1759), integrado por su Aleluya, el Mesías y sus Revelaciones; o las de Arcangelo Corelli (1653–1713) y su Concierto para la noche de la Navidad, o a las obras de Georges Bizet (1838–1875), como su Farandole de L’arlessienne y para esta época no podía faltar El Cascanueces de Piotr Ilich Tchaikovski (1840–1893), con sus marcha, danza rusa y luego la china, así como el vals de las flores.

Durante este día, le han abierto un espacio a los tradicionales villancicos mexicanos cantados a capela, como Todo está en silencio de Jesús Villaseñor o el de Ramón Noble (1920-1999) que se titula Canten vivas, así como algunas estrofas como las que se cantan durante las posadas, nada más para ir entrando en calor.

La temperatura no ha llegado tanto como para estar envueltos en la bufanda de lana calientita ni hay vaho por la noche cuando parece que ilustramos la conversación con la condensación del vapor o el respiro profundo después de sentir una cierta alegría en la celebración del nacimiento, la esperanza puesta en la renovación, el pase de estafeta con la que el hombre ha realizado su carrera olímpica entre los valles que una vez fueron la región más transparente del aire o entre las montañas nevadas o qué mejor cerca del mar azul como el cielo.

Enfrentar la dualidad, la vida y sus circunstancias con buena música es más que suficiente para llenarse de eso que se llaman «ilusiones adornadas por al abeto», el famoso Tanenbaum, (O Tanenbaum, o tanenbaum…), abetos de la familia de las pináceas, una de las tantas coníferas, entre cincuenta especies con sus verdes follajes, como dice esta canción que simboliza la época navideña por excelencia. Con todo esto iremos al concierto de la Sinfónica de Minería que llega justo a tiempo para cerrar el año y compartir esta temporada cuando celebramos el nacimiento y la vida. (El Financiero, lunes 3 de diciembre, 2007).

Fraude

Fraude viene de fraus en latín, mala fe o engaño y de la Real Academia que dice es «un acto realizado para eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros o para burlar los derechos de una persona o una colectividad», por ejemplo, este fraude cinematográfico que todavía está en cartelera, tal como lo realizaron Luis Mandoki, su director y el productor Federico Arreola contratado por Andrés Manuel López Obrador para trabajar antes, en y después en su campaña, a cargo de la comunicación social y, por supuesto, de esta película.

Pero, bien se dice que nunca digas de esta agua no beberé, como soy uno de esos que por haberla bebido veo con claridad lo que esconde ese aparato cinematográfico de 110 minutos con una serie de verdades a medias, testimoniales hechos con una moneda cargada como las que ha estado usando AMLO desde el mismo día 6 de julio por la noche, pretendiendo engañar a quien se deje, lobo de mar disfrazado de humilde oveja, relamiéndose los colmillos para despeedazar a quien se encuentre en el despoblado.

En los ochentas, amenazada la editorial gracias a las devaluaciones de López Portillo, recibí una llamada para saber si me interesaba publicar un libro escrito por Gabriel A. Uribarri de la Universidad del Tercer Mundo, sobre los logros del sexenio de Luis Echeverría. Anticipo por delante acepté los costos de la producción y una compra anticipada de mil ejemplares con lo que imaginé podría librar una batalla. Todo lo contrario, se hundió más el barco, pues moralmente había aceptado algo que estaba en contra de mis principios aunque no tanto de la práctica editorial. Sabía en carne propia que este populista había seducido a los intelectuales —el famoso avión de redilas directo a Buenos Aires, con gastos y tragos pagados—, había impulsado al cine y su populismo se había convertido directamente en deuda externa galopante, acompañado de un egocentrismo mayor que no escuchaba a nadie —fui ayudante de Alejandro Álvarez Guerrero —¡que descanse en paz!— en una reunión con loa veinte ejecutivos internacionales más importantes del momento que venían a discutir sobre las Inversión Extranjera Directa (IED) pues algunos deseaban hacer sus plantas en el territorio nacional— pero don Luis, sólo hablaba de su Carta de Derechos del tercer mundo. Diálogo de sordos.

Por eso duele ver cómo ahora financió AMLO esta versión desbalanceada —bien editada, por cierto—, de lo que ellos dicen fue un fraude y uno sabe que es autogol, pues no se puede engañar al público mostrando la faceta que conviene mostrar de acuerdo a sus intereses. Es otro diálogo de sordos, además de cuestionar el hecho de que esa producción millonaria fue financiada con el dinero del IFE o de las arcas del DF en manos de Arreola quien pudo partir y compartir la mejor de las partes con este fraude cinematográfico que sólo muestra una visión parcial de ese México que se merece un discurso balanceado y objetivo. (El Informador, jueves 29 de noviembre, 2007).

Las barbas a remojar

Dicen que cuando Estados Unidos de Norteamérica estornuda, a nosotros nos da gripa. Todo parece ser que el año que entra, según el panorama de Ben Bernanke, el actual presidente de la Reserva Federal, está enredado con ciertos presagios que implican riesgo, como es el tener un crecimiento moderado, menor a lo esperado, que podría localizarse entre 1,8% y si bien les va del 2.5% y, como los augurios antes del desastre, como esos que conocemos para predecir el caprichoso y azaroso clima, en esta ocasión estamos observando cómo es que está rasurando las barbas el vecino para que, como dice el dicho, pongamos las nuestras a remojar y calculemos de qué manera nos puede impactar estos augurios en casa de nuestro vecino con los que tendremos que apechugar.

Seguramente las inversiones directas se reducirán, así como se podrían atenuar los gastos que normalmente viene haciendo ese turismo en México, que sigue siendo el número uno por mucho con más de 12 millones de visitantes al año y que, sin duda, significa una buena cantidad de divisas, aproximadamente unos 7 mil millones de dólares, por lo que viene a colación que esa industria es nuestra verdadera vocación, pues hemos sido favorecidos por una geografía en donde los litorales de las playas del Pacífico, junto con las del Caribe y el Golfo de México suman un poco más de 11 mil de kilómetros que nos permite posicionarnos como «el» destino turístico en esta industria que se ha convertido en una de primera importancia y que tiene unos 15 mil hoteles en toda la República con más de un millón de cuartos y una ocupación promedio del 60%, sin dejar de considerar los empleos que generan, directos o indirectos que sabemos son casi el 60% de los que se encuentran bajo el área de servicios.

En fin, no podemos quedarnos con los brazos cruzados y ojalá adelantemos con algunas estrategias que nos permitan enfrentar los riesgos de esa disminución en la actividad economía de nuestros vecinos, así como el alza en su inflación que tal parece ha sido compensado por el Banco Central donde ya no desean reducir más las tasas de interés.
Los ciclos de la economía y las burbujas que se forman, como la que acaba de tronar en aquel país relacionada con los bienes raíces, de pronto generan una reacción en cadena que afecta seriamente la economía, las bolsas de valores y el nivel de empleo, entre otras cosas.

Sin embargo, el panorama parece que va a mejorar para el 2009 y el crecimiento podrá recuperarse a niveles del 2.3 al 2.7% , con un crecimiento potencial de la fuerza laboral y la producción del trabajador estimada en un 2.5%, aunque se queda por debajo del 3.1% de la última década.

Para el 2010, estiman los expertos de la Fed, la inflación se ubicará entre el 1.6 y el 1.9%, siendo estas la metas a alcanzar, mientras mejor ponemos nuestras barbas a remojar. (El Informador, martes 27 de noviembre, 2007).

jueves, 22 de noviembre de 2007

Rodin: un monstruo entre la fragilidad de Camille y el silencio del poeta Rilke

El 17 de noviembre, hace noventa años, murió el artista Auguste Rodin en el pueblo de Meudon en Île-de-France, al sudoeste de París. Fue un gran escultor que marcó la diferencia entre la forma de expresarse del siglo XIX y el brinco que había que dar para impactar el arte moderno del XX.

¿Quién no conoce El beso como el que le da una mujer a su amante que está sentada sobre las piernas de su amado, apoyándose en uno de sus pies para elevarse y darle un beso en la boca lista para lo que se pudiera ofrecer? ¿Quién no ha visto al inacabado Pensador sentado, apoyando su cabeza —como Hércules sosteniendo al mundo—, sobre la mano derecha, apesumbrado por su destino o por sus fantasías, dejando que el peso de sus pensamientos cayeran sobre el codo que descansa en la rodilla alterna, torciendo el cuerpo para mostrar así la tensión que vivía? Estos dos desnudos fueron hechos por las manos y la genialidad de Auguste Rodin (1840-1917), un artista considerado un monstruo de la creatividad, un Balzac de la escultura, que trabajó en su taller de París con varios proyectos al mismo tiempo, algunos monumentales como Las puertas del infierno y otros más sencillos que empezaba por hacer sus esbozos a escala, en arcilla maleable, hasta que encontraba la expresión perfecta, para entonces pasarlos al tamaño que deseaba reproducirlo antes de fundirlo en el eterno bronce o esculpirlo en el blanco mármol.

Rodin era un hombre fornido que hizo y rehizo sus obras hasta que logró plasmar el movimiento mismo, congelando el instante como él lo deseaba y lo había fijado en el barro para luego eternizarlo en el bronce, expresando el deseo o la necesidad o la esperanza o, simplemente, el cuerpo que parecía estar en movimiento, fijo en el espacio. Mientras los esculpía, aprovechaba y disfrutaba, en todos los sentidos, a las modelos que colocaba desnudas de una u otra forma, observándolos desde el momento en que dejaban caer la bata de seda que las cubría, hasta que las colocaba con sus cuerpos desnudos cuando mostraban la tensión o la intimidad o la musculatura, producto de la placidez o de la angustia. El gigante escultor del siglo XIX esculpía lo que después sería el parangón para los artistas de principios del siglo XX.

Derrochó parte de su energía con la frágil aprendiz, con la hermana del poeta, con la bella escultora Camille Claudel (1864-1943), veinticuatro años más joven que su viejo maestro, a quien se entregó voluptuosamente bajo su capa negra, desnuda, a escondidas, para ser acariciada por las manos del escultor, sin importarle los restos de yeso, barro o polvo de mármol, mientras decidían si ella se convertía o no su compañera para el resto de su vida.

El primer encuentro fue en 1883. Al año siguiente trabajaba en el taller donde sirve de modelo y posa para él. Luego se pone a trabajar como escultora y colabora en varias figuras de Las puertas del infierno. Finalmente se convierte en su amante, modelo y musa por varios años. Dicen que Rodin se inspiró en ella para hace Danaïde o Fugit Amor. Pero Camille quiso controlar la vida del artista y ahí empezó el fin de su carrera y de su vida. Con ese deseo obsesivo creó un ambiente de enfrentamiento que, a pesar de la pasión vigente, sólo logró que la relación reventara: no quiere ser más la amante, sino la esposa y única mujer del escultor. En esa lucha pierde el equilibrio y la razón para ser encerrada por su hermano el poeta en el manicomio de Montdevergues donde murió treinta años después. Es hora que no nos recuperamos de esa tragedia de la que hace años Hugo Hiriart escribió una espléndida obra de teatro: Camille.

El escultor se rodeó pues, como ya vimos de una Camille, la frágil y bella escultora y también de Rainer María Rilke, el poeta del silencio que, en el otoño de 1902, huyendo de su esposa y de su hija recién nacida, para llegar a París a escribir sobre Rodin: «estaba solo frente a su gloria. Era la fama la que había llegado —empieza diciendo—, fama que no es otra cosa que la suma de todos los malentendidos con los que se rodea a un nombre».

El escultor lo contrata como secretario en 1905 y se queda hasta 1908 y por eso nos podemos imaginar el brutal contraste que había entre el poeta del silencio y el escultor que, como volcán en plena erupción, voluptuoso y lascivo, se enamoraba de todo lo que se movía con faldas, mientras su secretario con dificultades escribía: «si, sólo por una vez hubiera calma. Si lo azaroso y lo aproximativo se callara, y la risa de los vecinos; si el estrépito que hacen mis sentidos no me estorbara tanto al despertar…»

Eva desnuda y cabizbaja, había sido expulsada del paraíso y ella se tapa su rostro y oculta su pecado original con el brazo izquierdo negando con su palma abierta al fisgón y entrometido de la Biblia que no tenía el menor de los escrúpulos frente a la madre de todos, justo después de haber cometido el pecado original.

El erotismo dominó la vida de Rodin y con el cuerpo humano al desnudo se inspiraba para trabajar en los detalles y sacar de la tierra al Ídolo eterno, a esa mujer que nos mira extrañada como si estuviésemos interrumpiendo su intimidad: desnuda, descansando sobre sus piernas dobladas, echada hacia atrás para sostener el peso y la embestida del amante que está sobre ella, con las manos a la espalda y él colocando su frente amorosa sobre la suavidad del pecho de su amante, justo entre los dos senos hirsutos de su eterno ídolo.

«Soy el silencio en medio de dos notas», le dijo Rilke un día a Lou Andreas-Salomé, quien parece que fue su amante. El silencio de la escultura.

La eterna primavera, surge de la tierra para ser besada por el hombre que la espera, como esperaban a Helena, aquella del rostro que impulsó las mil naves e hizo arder las altivas torres de Ilión —como exclamaba el doctor Fausto—, que desaparecía cada año de Esparta, raptada por Paris o el invierno, para regresar puntual en la primavera, divina, adornada con el color de las flores del campo y ser bienvenida con un beso vigoroso y apasionado como el que le daba el hombre que la esperaba año con año.

Las obras de arte son un misterio. Las de Rodin no son la excepción. Pero ese misterio lo podemos descubrir si vemos algunas de sus obras como las que están en la ciudad de México en el Museo Soumaya en donde tienen una colección de obras de este escultor, para que nosotros le demos la lectura que queramos, como se acostumbra hacer con las obras de arte que, en verdad, dependen también de nuestra imaginación pues el artista sólo las sugiere y las esboza, para que nosotros terminemos haciendo la tarea y disfrutemos de esta imaginación que todo lo puebla y que está hecha de la misma sustancia que los hombres. (Día Siete, domingo 25 de noviembre, 2007).

Campanadas de la Catedral

Tal parece que algunos seguidores o mercenarios, miembros del movimiento lopezobradorcista del PRD, se molestaron por las campanadas de la Catedral mientras que su jefe o Rosario Ibarra rezumbaban en la plataforma del Zócalo, el epicentro de sus movimientos telúricos, ahora proponiendo salir a defender la industria del petróleo mexicano, que tal parece es indefendible pues pertenece al mundo anacrónico del nacionalismo y no a la modernidad de la globalización, pero con «su visión de la realidad».

Para otros resulta más bien una posición retrograda, una regresión a sus orígenes en el tropical y maltratado Tabasco, su tierra natal —donde recientemente fue abucheado— donde sólo repite aquello que aprendió en la toma las instalaciones de PEMEX, hace varios sexenios, demostrando con eso su fuerza frente a un Roberto Madrazo que sin saberlo ya era, desde entonces, el «betrüger» de Tabasco.

La molestia por las campanas de la Catedral irritó a algunos de sus seguidores o mercenarios —aunque el Pilatos-PRD pretende lavarse las manos— para irrumpir con violencia y desparpajo el recinto sagrado, como si fuese una instalación más del anquilosado PEMEX, interrumpiendo los ritos y el espacio de la Catedral Metropolitana.

El tema es delicado y no le va a beneficiar a AMLO en esa ya tan desfigurada imagen como político, pues lo que sí está claro es que puede convocar a las masas que luego se comportan como tales, para exhortarlos a lo que se le ocurra, sin mayores cuestionamientos, como debería ser la estrategia correcta de un político de la oposición y no la de un mecenas que intenta salvar a su pueblo.

En este país hay la libertad de culto y respeto por las instituciones religiosas, donde algunos de sus miembros están acusados de pederastia que tarde o temprano la Justicia se hará cargo, pero, irrumpir en la Catedral es un acto de vandalismo —como los de la APPO cuya amenaza está latente en Oaxaca— que muestra el rostro del «México bárbaro», donde las masas obedecen a sus líderes, igual como lo hacían en los años treinta las juventudes hitlerianas despues de sus reuniones en masa, como las que hacían en la plaza de Berlín para luego salir y quemar los negocios de los judíos.

AMLO insiste en que esa es la manera de actuar y esa es su agenda política y así pues, prefiere seguir provocando sin darse cuenta que está en la arena movediza —como lo he percibido hace tiempo—, donde sabemos que entre más se mueve, más de hunde y con esta irrupción violenta a ese «recinto sagrado», no hay duda que su prestigio se ha hundido y podemos decir, para señalar sus orígenes tabasqueños, está con el agua al cuello, dando patadas de ahogado, utilizando estrategias cada vez están más alejadas a lo que se establece la magnífica, aunque modificable Constitución Política, que nos señala el por qué, el dónde, el cuándo y el cómo de una vida civilizada, para quedarse al margen de la sociedad con menos seguidores, aunque él no lo crea, aterrando a una parte de la sociedad civil. (El Informador, jueves 22 de noviembre, 2007).

martes, 20 de noviembre de 2007

Los demócratas y los ilegales

La semana pasada se llevó a cabo el primer debate entre los candidatos por el partido Demócrata en los Estados Unidos y los contendientes por la Presidencia que entrarán en campaña el año que entra. Los temas, entre los ataques que hubo entre ellos, sobre todo en contra de la puntera, una yegua de corte irlandés que ha corrido por las pistas del Capitolio como acompañante y que ahora regresa para entrar en la Gran Carrera y dar la batalla frontal, es la única yegua que se atreve a correr con paso firme como precandidata venciendo a los otros que se han apuntado hasta ahora, como el Frisón de Barack Obama o el Camarga de John Edwards o Bill Richardson, el millonario gobernador Nevada, que ha recorrido varias pistas con obstáculos como Secretario de Energía, por lo que está al tanto del petróleo, y ahora con el tema tan espinoso de Pakistán con eso de la democracia y Benazir Butho; Christopher Dodd, un caballo viejo y mañoso cuya estampa nos gustó durante ese paseo cuando vimos que su paso era claro y contundente como en sus respuestas y en sus ataques, como si ya estuviese cerca de las pistas de Washington.

La mala noticia tiene que ver con el tema de los inmigrantes ilegales, a pesar de que buscan el voto hispano. Los Demócratas, más liberales que los Republicanos, podrían ofrecer una respuesta a lo que imaginábamos resolvería este tema. Pero nada, aquel que ha cruzado la frontera sin documentos es un individuo que no respeta las leyes y, por lo tanto, debe ser rechazado y sus empleadores condenados, punto.

En el debate no presentaron ninguna solución, sino todo lo contrario e irónicamente decían que México debería “darles trabajo y no mapas para facilitarles cruzar la frontera” y sólo se discutió qué funcionaba mejor, si el muro o los guardias fronterizos, como había resultado en Arkansas, donde ha bajado un 45% y han repatriado a miles.

El punto, pues, es la ilegalidad en el cruce de la frontera sin documentos, sin autorización y, si nos ponemos en sus zapatos, tienen la razón, como también la tienen en que, históricamente no hemos sido capaces de crecer lo suficiente para ofrecer los trabajos que se requieren, bien remunerados, con lo que puedan mejorar la calidad de vida.

No escuchamos propuesta, ni alternativa, como lo han hecho los miembros de la Unión Europea con los españoles, los braceros de Alemania, que recibieron inversiones que los ayudaron a ponerse en el primer mundo, además de que ahora el flujo de trabajadores entre sus miembros es libre.

Por estos rumbos la mentalidad es más bien fundamentalista blanco-anglo-sajón-y-protestante (WASP), que, paranoicos después del 11/09, sólo les interesa el cumplimiento de la ley, la represión, el castigo y la vigilancia puntual y no las posibles para tener al vecino cómodo con inversiones que nos den un empujón o con contratos de trabajo temporal como válvula de escape. (El Informador, martes 20 de noviembre, 2007).

jueves, 15 de noviembre de 2007

La nostalgia del primer amor en vacaciones

December boys o Un verano para toda la vida

Con esta película nos instalamos, una vez más, en la nostalgia de la primera vez que hicimos el amor, del verano que pasamos con los amigos a la orilla del mar o en el Lago de Chapala, de los días que nosotros jugábamos con las camisas al aire y ellas con la flor de la primavera entreverada en el pelo, desnudo el cuello y la espalda, tostadas por el sol, mostrando lo que había que mostrar y ese deseo que pululaba por los aires, como lo hacen las feromonas, fumando a escondidas y dejándonos llevar por el ir y venir de los sentimientos como el flujo y reflujo del agua que finalmente revienta en la playa sobre los granos de arena, mientras se apacigua la curiosidad, que dicen mata al gato, y saber «cómo será mi piel junto a su piel, cardo o ceniza» o cómo será eso de hacer el amor, al tiempo que la realidad nos pone contra la pared y muestra sus limites, como los que se marcan con el gis de la enfermedad, la calentura o la muerte y, de todas maneras, seguir madurando, pasar los tragos amargos y aprender que las cosas son mejores cuando las imaginamos que como son en realidad.

Todavía está en cartelera este film que no pretende más que contar bien contada una historia de la infancia lo mejor que pueden: December boys se llama en el original o Un verano para toda la vida en su traducción y está dirigida por el australiano Rod Hardy (1949-) quien decidió filmarla en ese país. Los dos títulos juntos explican la trama principal: las monjas de un orfanatorio escogen a cuatro de sus huérfanos que cumplen años en el mes diciembre —Maps (Daniel Radcliffe, el adolescente nacido en 1989 que hizo Harry Potter); Misty (Lee Cornie, 1992); Christian Byers (1993), que hace el papel de Sparks y James Fraser (1993) como Spit— y, como regalo, los mandan a pasar sus vacaciones con una familia que vive en una cabaña en la caleta que está a orillas del mar.

Nunca habían salido del orfanatorio y, de pronto, cruzan los desiertos en un fotingo, asomados para ver y descubrir el paisaje —al tiempo que uno se asoma a su propia vida, por la otra ventana de un ferrocarril que va subiendo por las Cumbres de la Tentación, pujando y escuchando el ritmo de la locomotora, hasta llegar por la noche y por primera vez al puerto de Manzanillo para pasar también otras vacaciones en un campamento sobre la playa de Salagua, donde esa noche, sin luna, escuchábamos el suave y rítmico descansar de las olas que acariciaban la arena— y ellos llegaban a la caleta, también de noche, sin saber cómo era el mar, aterrados de lo desconocido, pensando que no iban a dormir hasta que les gana el ritmo de las olas y no querer hacer otra cosa que abrir los ojos al amanecer para salir como becerros del corral a recorrer y reconocer el territorio hasta quedarse pasmados frente a la aparición —como epifanía— y antes de desmayarse, de una virgen saliendo del mar, que fue lo que uno de ellos pensaba como esa que tenían enmarcada las madres del orfanatorio y que colgaba en la pared de la dirección, hasta que se dieron cuenta que no era más que una Venus llamada Lucy (Teresa Palmer con 21 años australianos de edad) que sale semidesnuda y camina hacia ellos, descalza, con el azul del mar y del cielo como escenografía, mientras los cuatro mocosos, suertudos, se dan por enterados de esa parte que querían conocer durante sus vacaciones de verano.

La película nos lleva de la mano por el recuerdo de esos tres niños y un adolescente, con esas pequeñas aventuras que viven, con sus luchas cuerpo a cuerpo jugando y desahogando energía, marcando sus territorios sin saber cómo expresar la excitación de su encuentro con la diosa del amor y Maps, el mayor de los cuatro, que llega a conocer lo que es el amor, como Dafnis y Cloe de Longo y ahora Maps y Lucy, para seguir deslumbrados por los caminos del tiempo perdido, como se deslumbró Proust, buscándolo hasta encontrarlo y que bien sabemos puede ser un parteaguas, el paso de la inocencia al sexo —con todo y temblor de piernas— y cuando se hace el amor por primera vez y se disfruta algo que nos han dicho puede estar prohibido. Por ahí el morbo de los pequeños al tiempo de sus ansias por hacer lo imposible para quedar bien con quien podría adoptarlos.

Pero no todo es como lo imaginamos y el recuerdo se encarga de ir limando las asperezas, simplificando la geometría y evitando los ángulos obtusos, como fue su experiencia al observar de cerca la muerte, que no deja de ser para ellos una idea abstracta y vaga, pues los jóvenes no creen que les corresponde pero que, de pronto, toma cuerpo y se muestra con todo y sus ojeras de mujer; por el otro lado, la experiencia del amor y todo en esas mismas vacaciones.

El pasado lleno de contrastes y las vacaciones de verano hacen la trama principal de esta película y, como colofón, los volvemos a ver para saber quien está vivo todavía desde aquel verano que se recuerda por toda la vida. (El Financiero, lunes 19 de noviembre, 2007).

UNAM y las pruebas de fuego

Este miércoles se dio a conocer que el Dr. José Narro Robles sería el reemplazo del Dr. Juan Ramón de la Fuente como rector en la UNAM. Como las viejas malas costumbres, tanto el sindicato, como los líderes estudiantiles, han de estar preparando algunas pruebas de fuego, como las que tienen que pasar los recién llegados o como las que teníamos que librar, hace años, cuando ingresábamos a la universidad y que eran unas pruebas sádicas, crueles y despiadadas donde los viejos estudiantes marcaban su territorio y probaban el aguante de los alumnos recientes con actos más bien enfermizos.

La Junta de Gobierno decidió que fuera José Narro Robles el nuevo rector, quien fuera director de la Facultad de Medicina y colaborador cercano del rector de la Fuente. Ahora tendrá varios retos a vencer: la tarea que realizó el doctor de la Fuente durante los ocho años que estuvo a cargo de la Universidad y que se ha considerado excepcional, así como el hecho de haber mantenido el orden y la paz de los estudiantes y trabajadores de la UNAM.

También se va a enfrentar a varias cuestiones como las que han señalado Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid, que no le ven remedio alguno al gigantismo de esa institución ni que mejore su nivel académico, una de las tres razones de ser, entre la investigación y la difusión cultural.

Sheridan insiste que «la inteligente UNAM no ha podido responder(se) la pregunta esencial de Gabriel Zaid, quizás porque ni siquiera se la ha hecho: ¿alguien ha demostrado que una comunidad universitaria de 400 mil personas es mejor que cuarenta comunidades de 10 mil?»

Las pruebas de fuego son el equivalente a las perradas de los años sesenta que buscaban degradar a los de nueva incorporación rapándolos, emborracharlos, llenándolos de chapopote y pegándoles plumas para que desfilaran en público, demostrando así quien era el amo de ese territorio. Mala costumbre que, por fortuna, se ha eliminado.

Pero sin duda, las nuevas autoridades pasarán por el equivalente a estas pruebas y por eso, el STUNAM y los líderes estudiantiles han de estar preparando las pruebas de fuego con las que calan y miden la capacidad del nuevo rector, su habilidad para negociar, la solidez de sus criterios para saber hasta dónde están sus límites. Desconocemos cuáles serán estas pruebas y si estarán formuladas como conatos de huelga o el pedimento y aceptación de nuevos «logros» sindicales.

Pendiente estaría la posibilidad de «desmantelar el oneroso y descomunal sindicato ‘independiente y democrático’, empeñado en engordar, en subastarse políticamente y en tener cada vez mayor injerencia en los asuntos académicos, como un poder paralelo; fortalecer, con criterios académicos, los sistemas de autoridad, de vigilancia y de evaluación; elevar la calidad académica y quien pueda pagar, que pague y el que no, y lo merezca, que sea becado», como lo propuso Sheridan desde hace tiempo y que nadie le ha hecho caso a esos pendientes de la agenda imaginaria. (El Informador, jueves 15 de noviembre, 2007).

martes, 13 de noviembre de 2007

El termómetro de las elecciones

Una manera de medir la influencia del partido en el poder es con los resultados de las elecciones en los Estados de la República durante el sexenio. Por eso es importante lo que ha sucedido en Michoacán, pues es un Estado, desde hace casi un siglo, que parece ser el territorio de Tata Lázaro quien, en su momento representaba al PRI donde militaba su hijo Cuauhtémoc, fundador del ahora Partido por la Revolución Democrática quien luego apoyó para la gubernatura a su hijo Lázaro, nieto de don Tata, quien termina con un razonable y civilizado sexenio, para pasarle la estafeta a quien haya resultado triunfador —como parece que ya lo sabemos— en estas elecciones en donde compitieron Salvador López Orduña por el PAN y el Partido Nueva Alianza; Jesús Reyna García por el PRI y, por la alianza entre el PRD, PT, Convergencia y el Partido Alternativa Social Demócrata, Leonel Godoy Rangel; el Partido Verde, ¡sí señor!, decidió irse a la cargada y ahora fueron con el PRD y, aunque tratan de confundir, no lo logran pues sabemos con quien andan, y por eso podemos decir quiénes son: ahora anduvieron con el mejor postor (como ha sido en su momento el PAN y luego el PRI) con tal de mantener su registro y siga cobrando las cuotas millonarias que se reparten en familia.

Las presidencias municipales copadas por los narcos menudistas, han promovido al PRI en ese corredor donde gustosos se embarcan en lo que llaman una lucha electoral y que más bien es territorial, al tiempo que Felipe Calderón, michoacano de nacimiento, ha invertido buen capital político para luchar en contra del narco y de la violencia que se ha generado en ese territorio federal.

Si bien los priístas y perredistas se han dividido las fuerzas de una manera más o menos homogénea, el PAN que se había impuesto en las dieciséis ciudades más grandes, Zamora, por ejemplo (¡hay Marthita o no te olvidaré!), Sahuayo, Morelia (cuyo alcalde fue el candidato del PAN y de FCH), La Piedad, Jacona, Hidalgo y Uruapan que juntas suman el 52% del electorado, de unos tres millones de votantes. Por los resultados, tal parece que el PAN resultó ser el derrotado, perdiendo la alcaldía de Morelia y, sin poder ganar la gubernatura.

Tal parece que hubo un voto diferenciado para quien resultó el ganador —en el conteo rápido— para el puesto de Gobernador y que ha sido para el perredista Leonel Godoy, quien suma el 38% de los votos, versus el 34% del PAN y el 25% del PRI.

El triunfante Godoy declaró su apoyo al presidente Calderón marcando, desde ese momento su territorio pues, como bien dice: «si el 96% de los recursos presupuestales vienen del gobierno federal, es absurdo negar esa relación que debe ser más bien de colaboración».

El termómetro del partido en el poder federal no ha logró que la temperatura subiera lo necesario para acabar con la inercia cardenista. Algo aprenderán. (El Informador, martes 13 de noviembre, 2007).

jueves, 8 de noviembre de 2007

Dime qué colores te rodean y te diré cómo te ves

«Homenaje al cuadrado» de Josef Albers (1888-1976)

«Josef Albers, es un profesional seguro de sí mismo. Cuando se refería a él, siempre decía que era un principiante; fue un artista aferrado a sus opiniones que enseñaba a sus alumnos para que descubrieran por sí mismos lo que está detrás de las cosas; era maestro estricto en sus demandas, pero con un corazón blando como la mantequilla de Westfalia que tanto le gustaba embarrar en el pan de centeno», escribió Brenda Danilowitz, curadora de la Josef & Anni Albers Foundation en Bethany, Connecticut, en un libro total que deberíamos tener en nuestra biblioteca: Josef Albers: to open eyes. The Bauhaus, Black Mountain Collage and Yale, publicado hace poco por Phaidon y que he disfrutado como pocos libros, hojeándolo y leyendo la biografía de Albers para conocer los experimentos que hizo tan de vanguardia, hasta llegar a entender su vida y un poco más de su obra. Cuando pienso en él, pienso también en Andrés mi hermano, un gran arquitecto que transitó por la Bauhaus en los años cincuentas y asocio estas dos vidas dedicadas a experimentar para llevar sus oficios a la máxima expresión posible, sin importarles ninguna otra cosa.

La semana pasada se inauguraron dos exposiciones: «México inspira. Arte abstracto de Josef y Anni Albers» en el museo de San Ildefonso y el «Homenaje al Cuadrado» en la Casa Luis Barragán en donde han montado doce pequeños óleos que eran parte de esos ejercicios que propuso a sus estudiantes en la Universidad de Yale desde 1950, y con los que siguió trabajando hasta el día de su muerte en 1976, para que ahora podamos revisar su vigencia y disfrutemos de la experiencia en esa búsqueda en la relatividad de los colores como lo demostró de manera práctica con los diferentes cuadrados que hizo, uno dentro del otro, con distancias y proporciones específicas, para ejemplificar lo que es «ver los colores» y lo qué sucedía en cada caso para aprender a ver y descubrir lo que pasa cuando el centro es amarillo —color yema de huevo— y el siguiente cuadrado es claro y los otros dos externos tienen tonos más claros o oscuros o todo al revés. Los juegos y las combinaciones infinitas que se pueden hacer con la paleta de colores directos es como la música que se puede interpretar con las teclas de un piano.

Josef Albers nació en Alemania (1888-1976), fue maestro de la Bauhaus en los años 20’s donde pudo experimentar, como lo hizo durante su vida, con las formas, los colores y los volúmenes, siendo su lema el de «educar haciendo», como proponía John Dewey (1859-1952), padre de la filosofía progresista, para que fuese el ojo el que aprendiera a ver los juegos entre los colores que lo rodean y poder concluir, sin duda, que «no hay otra cosa más relativa en las artes que el color».

Mientras que Kandiski les preguntaba a su alumnos: ¿cuál es el color que más se parecía al canto de un canario o al mugido de una vaca o al silbido del viento o a un látigo o a una tormenta?, que, por cierto, me encantaría responder, Albers los puso a trabajar empíricamente para que fuesen ellos los que descubrieran lo que está detrás de cada cosa. Deseaba que sus alumnos buscaran y experimentaran «la interacción del color» y que sacaran sus conclusiones y ojalá se sorprendieran, por ejemplo, de tener dos colores que parecen ser diferentes cuando, en realidad son los mismos pero que por estar rodeados por diferentes tonos, producen una ilusión óptica.

La modesta exposición en la Casa Barragán sirve para ejemplificar estos experimentos e imaginar cómo es que invitaba a sus alumnos a aprender a ver y a encontrar los contrastes, las transparencias y la aplicación de los colores. Él no enseñaba pintura, enseñaba a ver y más tarde, se dio cuenta que enseñaba filosofía.

Albers trabajó como hormiga concentrado en la interacción del color y en la yuxtaposición de los objetos y en la búsqueda de esas armonía con la que podía retar a la inteligencia y a la sensibilidad, haciendo franjas o, dejando los cuadrados a un lado, por un momento, usaba las hojas que caen de los árboles en el otoño para jugar con ellas colocándolas sobre en diferentes fondos de colores.

Anni Albers, su esposa, fue una de las diseñadora de textiles más importantes del siglo XX y una mujer de primera magnitud que lo sobrevivió más de una década. Los dos viajaron a México muchas veces, cosa que disfrutaban mucho, pues les encantaba el clima, los colores, la brutalidad del paisaje, la tierra mojada, los indios, la tejedoras de Oaxaca, la geometría de las ruinas y los contrastes entre los colores, es el más relativo de los medios en el arte».

El arquitecto Luis Barragán lo conoció y admiró su obra. Por eso se exponen estos óleos en donde juega con los amarillos para descubrir lo que sucede en su relatividad. Dime qué colores te rodean y te diré cómo te ves, es el resultado de estos experimentos y de la interacción del color que trabajó siempre sin pretender hacer una obra maestra, como resulta que son. (El Financiero, lunes 12 de noviembre, 2007).

miércoles, 7 de noviembre de 2007

La acción de perfil bajo

Ahogado el niño, se tapa el pozo, como dicen que sucede y mientras se azotan por los cuatro vientos los huracanados dimes y diretes de Vicente Fox y Manlio Fabio Beltrones, donde el primero mantiene una insoportable actitud protagónica y retadora, y el segundo, se esconde tras el escudo priísta que todo lo defiende, mientras sus acusaciones entran por un lado y salen por el otro sin dejar más rastro que un resquemor inoportuno y el deseo de que un día aclaren su situación con datos demostrativos y precisos antes de que sigan causando más molestias, tenemos, por otro lado, a un Felipe Calderón Hinojosa que, sin hacer tanta alharaca ha estado donde tiene que estar, coordinando las acciones, lo mejor que puede, para rescatar a una población que ha sido víctima de los golpes de la naturaleza y, tal parece, por no haber invertido en lo que debieron hacer para mejorar la situación geográfica que los tiene, desde siempre, en desventaja y bajo el nivel del río Grijalva.

Ahora lo que queda es atender la logística, las estrategias inmediatas y que no cause más víctimas, sino que las salve de la angustia a los sobrevivientes y los mantenga con vida para que luego puedan enfrentar su realidad e inicien un nuevo camino. Mientras, no nos queda más que la solidaridad del resto de los mexicanos, junto con la de los Estados vecinos para que puedan recibirlos y continúen una vida de exilados pues, la reconstrucción, implicará mucho trabajo de limpieza, reconstrucción, acarreo de lo desechable y ojalá aprovechen con buenas decisiones pensando en el futuro y sabiendo que estos fenómenos, como los que se están dando, pueden volver a dejar caer la espada de Damocles que pende sobre ese territorio bajo el nivel de los caudalosos ríos.

Ojalá, digo, porque justo es lo que se requiere en estos casos: con una buena política que convence y busca el beneficio de la población aunque la medicina sea amarga. Luego, pensar en la agricultura destruida y en el empleo y, para eso, la posible migración a otros estados, como sucedió a finales de los ochentas, después del temblor en la ciudad de México cuando varias hordas de chilangos se fueron hacia el norte, por el bajío y que llegaron hasta la perla de Occidente y algunos de sus habitantes, aterrados, proponían grafitiando en las camisetas: «hagan patria, maten a un chilango».

Por eso digo que es oportuno reconocer el esfuerzo que está haciendo Calderón, esfuerzo de bajo perfil pero que busca ser eficiente en estos días donde la tristeza ha llevado a quebrar los ánimos de dos que tres reporteros de la TV que, no pudieron controlar la angustia y los sentimientos del panorama tabasqueño. Un bajo perfil bajo que contrasta con los fuera de tiempo de Fox y de su Lady que, como Macbeth, está provocándolo para que demuestre ser machito y que ha acabado, entre otras cosas, con el sueño y con su prestigio. (El Informador, miércoles 7 de noviembre, 2007).

martes, 6 de noviembre de 2007

Una catástrofe anunciada

El temblor de 1985 fue un desastre (del griego «mala estrella») en la ciudad de México y puso de manifiesto la vulnerabilidad del equilibrio que se requiere para sobrevivir y para prosperar, provocando que saliera a flor de piel aquello que se hizo mal, entre otras cosas, los permisos de construcción que no consideraban sostener un temblor de 7 grados Richter o más (no «grados Richard», como decía Bebeto); la mayoría de los edificios que se cayeron o que quedaron inservibles habían sido construido para el gobierno, con lo que brilló el cobre de los constructores que mataron a la vaca y los que le agarraron la pata.

En la catástrofe de Villahermosa se rebasó cualquier medida que pudo haberse tomado, excepto que ya sabían desde hace tiempo que la ciudad está bajo el nivel del río Grijalva y del Carrizal, dos serpientes que forman una herradura ahogando ahora a su población como nunca antes se había visto en México y con la misma causa como lo que sucedió en Nueva Orleáns.

Nos podemos imaginar la cantidad de problemas que está enfrentado su población víctimas de esta catástrofe o lo que padecen los gobiernos estatal y federales para resolver, a corto plazo, las necesidades de por lo menos medio millón de damnificados que de pronto se quedaron sin nada y que han salvado la vida de milagro, no, de milagro no, en realidad la salvaron por la feroz actividad de miembros del ejército y la marina, así como el apoyo de una sociedad civil que ha podido sacar a su gente atrapada en las azoteas, como lo hemos visto en unas imágenes dramáticas para no ser arrastrados por Caronte, el barquero del Hades.

El desánimo que sufre la población por la magnitud del desastre podría convertirse en fuerza, gracias al instinto de sobrevivencia que anula la pena de las pérdidas materiales para ganar por el deseo de vida que, sumado al apoyo que reciban de inmediato, puedan librar de la pesadilla y tengan las fuerzas suficientes para volver a empezar de la nada, en una ciudad que seguramente va a cambiar su fisonomía, convertido el oriente en una laguna en donde hay que reubicar a parte de la población en otras zonas sobre el nivel de los dos ríos que no han podido contener su caudal desbordándolo.
Será una o dos décadas la que van a necesitar para volver a estar donde se encontraban ayer. Una década para definir los nuevos límites para la construcción de las casas o edificios habitacionales, mientras se resuelve el desempleo, el abastecimiento y la administración de las inversiones que requerirá esta población para ir reconstruyendo su vida y su infraestructura.

Se dice fácil eso de volver a empezar con lo que se pueda, sí, se dice fácil, pero qué difícil es imaginarse que uno pueda perder todo —poco o mucho, no importa—, todo, menos la vida. Sólo queda la solidaridad de nosotros para que, ojalá, sobrevivan su pesadilla. (El Informador, martes 6 de noviembre, 2007).

jueves, 1 de noviembre de 2007

Los 2,501 fantasmas de los migrantes

Forum Universal de las Culturas Monterrey 2007

Entre los restos de la más antigua fundidora de acero de México, a un lado del río Santa Lucia, puede uno salir a caminar y pasar por el rincón de la palabra o el teatro de los sentidos o la fragua del mundo y el gigante del horno 3. Un poco más lejos, pasa uno por el teatro de las artes y el cabaret o se encuentra uno con las producciones del teatro de la calle a un lado de los gambusinos que tienen los mejores platillos de todas las culturas y, por allá, hacia el poniente, por los jardines del Parque Fundidora, podemos ver las piezas que Alejandro Santiago (1964-) instaló: son 2,501 «monos de lodo», como les decían en su pueblo a quien fuera a confirmar la locura que hacía este artista del barro desde que llegó del otro lado a la Sierra Norte de Oaxaca, a su pueblo natal de Teococuilco y se dio cuenta que nadie fue a visitarlo porque todos se habían ido al otro lado a probar suerte. Por eso, Santiago decidió hacer un retrato en barro de cuerpo entero de cada uno de los ausentes, según las descripciones que le daban los que se quedaron: altos o chaparros, gordos o flacos, con esposa e hijos y así, en seis años, hizo 2,500 paisanos en barro. Su hija retrató al último de esta obra: era la versión de su padre, el artista oaxaqueño que, con esta pieza, completó los 2,501 prometidos para exponer su instalación en el Forum Universal de las Culturas Monterrey 2007, donde los colocaron por los jardines, antes de que lo hiciera el artista por las veredas o en los patios de las casas de ese pueblo fantasma donde también habían desaparecido las veredas de piedra como las que recorría cuando era niño.

La instalación es un premio para los regios pues, con esta obra, lograron, como buenos expertos en esta materia, fundir el arte y el sufrimiento que produce la ausencia con la reflexión política: aquella expresando el silencio, la esperanza, el vacío, la tristeza y el dolor del abandono, entre otras cosas, y ésta, con las manos cruzadas, desesperados e impotentes, tratando de negociar acuerdos que no se concretan.

Cuando uno camina por la orilla del claro río de Santa Lucía, se oye el golpeteo lejano de una máquina infernal que sacude el agua del río apacible para producir un oleaje inesperado que estorba en ese paisaje y así, nos acercamos a ese ejército de fantasmas migrantes de colores, distinguidos claramente en su sexo por sus genitales de barro, el 1 o el 0 binario de cada persona.

Algunas de ellas tienen sus rebozos sobre la cabeza y casi todos están con los brazos cruzados en el pecho, como si quisieran reconocer el débil latir de su corazón; unos con calzones de manta blanca, otros con mezclilla que bien resiste las friegas; otros más, de color barro o grises y todos esperando que suceda algo en lontananza, como si ellos, que son los que se han ido, esperaran que llegara Hermes con alguna novedad o con la remesa en dólares que no falla para el alimento de los mayores que ahora, sin esa mano obra, descuidan el campo y se hunden en su miseria.

Los rostros son de dolor o de sorpresa, como si ellos mismos nos estuvieran viendo a los que los observamos. Nos conmueve su soledad y, con un pequeño dolor de estómago, sin poder entender dónde está la ganancia y sí, la pérdida, nos quedamos en silencio viendo a estas esculturas que expresan la lucha entre la inanición y la muerte para jugársela y abandonar su pueblo desde la infancia.

Alejandro Santiago fue uno de ellos. Por eso su hija hizo la última pieza, pero, como los oaxaqueños traen esto del barro, del arte y el color o la fantasía en la sangre, pues lo han mamado entre la sierra, las pencas y el mezcal, Santiago regresó hecho un artista y dedicó estos seis años a esta obra conmovedora que se puede disfrutar de cerca, a un lado de la modernidad de un Monterrey encerrado, felizmente, entre las montañas: entre el cerro de la Silla, a tiro de piedra que vemos ahora gracias a la transparencia de su aire, paradójicamente convertido en la ganancia al cierre de la primera y gigantesca fundidora en México, dejando otra región más transparente del aire, mientras los fantasmas de la migración aúllan su soledad cristalina.

Es, tal vez, la instalación más preciada del Forum Universal que está pleno de otras maravillas, como son los títeres del «Teatroarte-Cuticchio», Patrimonio de la Humanidad; o el espectáculo emblemático —espectacular— de Jorge Arturo Vargas o el principio de la incertidumbre con obras de veinte y tantos artistas: el rompecabezas de Ale de la Fuente con 10 mil piezas imantadas, o la incertidumbre del alce —navideño, por cierto— azorado frente al cazador furtivo en la instalación de Álvaro Castillo o los 10 mil vasos con agua evaporada con restos de tinta de Pablo Rasgado dejando huellas silenciosas de la tinta escapando del agua.

Pero los fantasmas migrantes no se olvidan, ahí están con sus rostros adustos, horribles, torcidos, con la cabeza inclinada, sin moverse, escuchando el paso del viento que parece que saben eso de que «lo demás es silencio». (El Financiero, lunes 5 de noviembre, 2007).