jueves, 27 de marzo de 2008

Los tres peines del viento

El Financiero, lunes 31 de marzo, 2008.
Materializaciones de Eduardo Chillida

San Sebastián, España.— Si uno ha nacido a orillas del mar Cantábrico, como le pasó a Eduardo Chillida (1924-2002), y todos los días de su vida pudo observar el genio de este mar nórdico a vuelo de pájaro, desde su casa que está en un monte que desemboca al mar, construida a una altura suficiente para observar esos estados de ánimo —y la furia que a veces lo acompaña— entonces sabemos que así fue como pudo imaginar las tres esculturas de hierro enclavadas en tres rocas diferentes, en la punta de la playa Ondarreta, una de las tres que abrazan a San Sebastián, para expresar lo que el artista sabía que le hacía falta a este mar azul espumoso y violento —como lo acabamos de ver en las postrimerías del invierno— cuando subió la marea y las olas, incómodas y sorprendidas, se azotaban contra los muros y las rocas como tantas veces las habría visto el artista en estas épocas del año.

Las esculturas se llaman Peine del Viento XV y es, probablemente, una de sus obras más importantes de Chillida. Están instaladas desde 1976 en el extremo de la bahía de la Concha, al final de la playa de Ondarreta y, para su instalación, acondicionaron una plataforma con cinco salidas de aire y de agua que se alimentan con las olas que rompen rítmicamente contra las rocas para que puedan resoplar su furia.

Peine del Viento XV son tres esculturas de acero retorcido, geométricas, colocadas en tres rocas cercanas con diferente perspectiva. Debajo de la plataforma donde se acerca uno a verlas, construyeron esas salidas de aire y agua como si nos faltara la música que lleva en su seno el viento cuando se peina pasando por las esculturas en donde nos imaginamos que estas se han torcido con el tiempo por la fuerza del Cantábrico que siempre pasa entre las vigas curvadas de acero que salieron de los hornos —como los que hay en la profundidad— para rizar con sus curvas al viento pelado que retumba en el centro de su tierra con un soplido infernal, bajo los cimientos de la plataforma donde nos acercamos con los ojos y los oídos abiertos para escuchar su quejido —como si hiciera falta— cada vez que llega una ola y revienta en los muros de contención.

Esa misma tarde escuchamos un especie de suspiro furibundo, un soplido de ultratumba, un resoplido como el que hacen los toros antes de morir en la plaza, como si fuera un gesto único para sacar por esas aberturas la furia de estar frente a la muerte —o como el resoplido de las ballenas grises que juegan por las aguas del Pacífico a la altura de Vallarta— y, con estos gestos, darle vida al viento transparente y que nosotros nos enteremos de sus sentimientos cuando el artista ha intentado capturar sus secretos mientras pasan entre los tres peines y los cinco socavones hechos para que canten su dolor.

Una obra pública que habla de la cultura los donostiarras y de su deseo de trasmitir su arte a quien tenga la fortuna de pasear por esa parte de la playa Ondarreta o ir al Museo Chillida-Leku, ahí nomás, tras lomita de Donosita, donde han colocado otras de sus piezas de gran formato entre los verdes jardines de un terreno húmedo y fértil, cerca de los caseríos donde pastan las ovejas, donde crecen los caballos o donde se puede beber cidra y comer un chuletón de buey, que me aseguran es algo para chuparse los dedos.

Las Materializaciones es la primera exposición temporal de las tres programadas que hay en la sala del Caserío del museo. Se trata de exponer algunos de los materiales que empleó Eduardo Chillida que más le interesaba «el tiempo que es armonía, ritmo y medidas».

Y así, empezamos a recorrer sus obras hechas con el hierro con el que dice tuvo un flechazo pronto en su vida, porque trae consigo la oscuridad que su arte necesitaba, y porque implica el uso de la tierra, agua y fuego, para lanzarse a trabajar desde entonces con un herrero que vivía frente a su casa y hacer primero una Estela y luego sus árboles enormes.

La piedra, «la harria», que trabaja en su interior como si intentara abrir unos canales para que pueda respirar o tal vez donde él pueda asomarse a su interior, juega con poner una pieza dentro de otra y que parezcan como si fueran diferentes, pero en realidad son de la misma madre piedra, son hijos que no han podido salir del seno y que se han quedado ahí asomando el cogote, intentando salir y rodar por sus propios caminos.

O la madera que la trabaja enamorado de su textura con sus vetas y nudos como si fuesen su biografía. Por eso les da vida: los ensambla, las arrejunta para que se acompañen en sus soledades y para que se den un poco de sombra cuando haya sol; por eso las deja sin pulir como para que sea el tiempo el que se encargue de hacerlo. Pero él sabe que deja sus huellas en esa intervención: magulladuras de hacha y otras herramientas que aplica sin que haya remedio: cuando lo hace sabe que no hay una segunda oportunidad.

La grieta

El Informador, jueves 27 de marzo, 2008.

El Tate Modern de Londres que está a la orilla del Támesis, era una vieja central eléctrica diseñada por Sir Giles Gilbert Scout (el mismo que diseñó las cabinas rojas de teléfono) que tiene unas dimensiones que nos apabullan, algo así como doscientos metros de largo por cincuenta de ancho y treinta de alto. La vista de ese espacio desde el entrepiso nos da la sensación de ser un espacio fuera de escala.

Por eso los curadores del Tate puede hacer locura y media. En estos días y, hasta el mes de abril, le aceptaron a la artista colombiana Doris Salcedo (1958-) para que hiciera una grieta en los cimientos de esta planta enorme que culebrea por el piso de la estación de un extremo al otro.

Desde el primer piso se ve a las mil maravillas. Primero pensábamos que estaba pintada, tal vez por no aceptar los efectos que produce pero, cuando vimos que unos niños que jugando la saltaban cuando la cruzaban. Por eso supimos que le habían permitido hacer físicamente la grieta con sus propias manos como si fuera el resultado de un asentamiento violento o uno de esos temblores como los que nos sacuden de vez en cuando por estas otras latitudes.

Los efectos estaban a la vista: primero la sensación de miedo, como si nos incomodara seguir ahí, pues sabemos que una grieta es difícil de corregir y, lo más probable, es que sea necesario tirar la casa o el edificio, porque apuntalarlo puede ser tan costoso como derrumbarlo y volverlo a hacer.

Sí, ahí se quedó esta sensación tan difícil de aceptar y que va junto con el dolor de la pérdida, de algo que está fuera de nuestro alcance. El los gloriosos ochentas de mi vida editorial le publiqué una novela a Fernando Césarman con el título de La grieta en la pared, que desde el principio producía esa angustia que puede haber dentro de una familia cuando saben que hay una grieta y que hay que hacer algo, entre otras cosas, salirse de ahí, con todo lo que implica, renunciar a ese techo que parecía cómodo o abandonar a la familia. Sí, la grieta en el piso o en la pared es símbolo de pérdida irremediable. Da miedo que todo se derrumbe a la menor provocación, da coraje saber que no se fundaron tan bien los cimientos como para resistiera los embates de la vida. Da más furia saber que fue la obra de un hombre.

La vivencia de la grieta del Tate la asocio con la que ahora se ha hecho en el edificio del PRD y que parece algo irremediable acompañada de los mismos sentimientos: la grieta los ha partido en dos. Una mitad cree que se puede ejercer el poder con una política incorporada al sistema democrático basado en la Constitución y sus instituciones y la otra, populista y demagógica, es manipulada por un sólo hombre y todo esto produce la sensación de una muerte anunciada.

martes, 25 de marzo de 2008

La razón y las vísceras

El Informador, martes 25 de marzo, 2008.

¿Cuál es el papel que juegan las emociones en los políticos que toman decisiones sobre el destino de las naciones? Esto lo ha tratado de contestar Drew Westen en su libro The Political Brain, este que leyó Howard Dean, presidente del Comité Nacional Democrático en EUA, para sugerir que, en efecto, «los demócratas van a ganar la presidencia en el 2008, siempre y cuando nuestro candidato lea y actúe de acuerdo a lo que propone Westen en su libro». No estaría mal que lo leyeran en México los que ahora están en el escenario, pues ese «siempre y cuando» condicional, implica el temor de que los estrategas del «Grand Old Party» (GOP), el Partido Republicano, logren maniobrar a los demócratas y logren que los ciudadanos voten en contra de sus «verdaderos» intereses. ¡Ah!, la política de nuestros días, las promesas y las realidades, la lucha intestina, visceral y el estudio del sistema neuronal en boga.

Lo interesante de esta declaración vienen a cuento en la lucha intestina que se está dando dentro del PRD para elegir a su representante y el camino a seguir que, tal como lo estamos viviendo, se plantea más como algo visceral, que racional, pues es el movimiento de las masas la estrategia en contra del debate y la razón.

Las corrientes neuronales que pueden disparar cualquier cantidad de emociones y su impacto en el contexto político, tiene diferente efecto al resto de la población. Westen trabaja con las neuronas y ha usado la tecnología del escaneo cerebral, entre otras cosas, para conocer cuál es el comportamiento de los radicales de cualquier partido político, para concluir que tienen «lo que se llama un pensamiento circular, incapaces de confrontar las evidencias de los errores cometidos, pues creen que pierden el monopolio de la verdad» y, por eso, despliegan una ingenuidad tratando de convencernos que sus errores son resultado de una «sabiduría visionaria».

Weston sabe lo difícil que es para los radicales de ese país y, en nuestro caso, de los perredistas, priístas o panistas, que acepten sus errores, por ejemplo: la guerra de Irak (o el resultado de las elecciones del 2006) y por eso, los demócratas de hueso colorado se niegan aceptar sus errores pues no se puede saber si las sanciones de la ONU hubiesen sido suficientes para que Hussein abandonara Kuwait, pero, como «el qué hubiera pasado», no forma parte del análisis político y sólo sirve para la ficción, resulta que especulamos lo que pudo haber pasado en nuestra fantasía, pues no podemos saber si Irak se pudo o no convertir en una potencia atómica.

Por supuesto que los republicanos niegan también sus errores, pero Westen sabe cuáles son las regiones del cerebro que unos y otros se encienden o apagan cuando se enfrentan a estos argumentos disonantes, así como, la velocidad con la que anulan y neutralizan sus errores, demostrando que:«la razón es esclava de las emociones» y más en estas tierras del México bravo.

viernes, 21 de marzo de 2008

Henry Moore en el Kew Gardens

El Financiero, lunes 24 de marzo, 2008.
Las figuras reclinadas, inspiradas en el Chac Mool

Londres, Inglaterra.— Es el final del invierno y por poco nos toca el solsticio de la primavera en la ciudad de Londres. Tal vez por eso el clima en esta ciudad es una locura: hace frío, sale el sol por un ratito y luego vuelve a llover antes de que lleguemos, con un tráfico infernal, a los jardines de Kew donde los ingleses expresan con toda claridad su amor por las plantas, las flores y por la naturaleza, así como su respeto por los espacios. El jardín está cerca de Richmond, en las afueras de Londres y es, en este verde espacio, donde han sembrado varias de las esculturas de gran formato de Henry Moore (1898-1986), unos bronces enormes con algunas figuras que no sabemos cómo es que llegaron aquí, regadas al azar, como parece que las han colocado a lo ancho y largo de estos jardines, entre los círculos que preparan para la próxima exposición de rosas en plena primavera, rosas que traen de todos lados de la isla para mostrarlas al público que finalmente las disfruta en sus variantes formas, colores, pliegues y en sus particulares olores, porque ellos saben muy bien que «a rose is a rose, is a rose, is a rose…»

Pero ahora toca caminar entre las obras de uno de los escultores más renombrados del siglo XX, un hombre que conoció y estudió la posición del Chac Mool (como le llamó Auguste Le Plongeon en 1875 para nombrar a esta figura y que nada tiene que ver con Chaac, el dios maya de la lluvia) que representa a un hombre recostado, apoyándose sobre sus codos, con las rodillas dobladas y la cabeza girada noventa grados hacia un lado, mientras sostiene una plato en el vientre y que no se sabe si era usado como piedra de sacrificio o sólo era para llamar la atención del verdadero dios de la lluvia para que se llenara su plato de agua fresca del cielo.

Henry Moore las estudió, las dibujó y luego aplicó la idea, la postura y sus proporciones sublimadas para crear una nueva colección que algo recuerdan a esas otras figuras que ahora se parecen a los seres humanos del siglo XX con la misma idea y estructura, digamos que las del Chac Mool y que también las asociamos con las esculturas etruscas que hace tiempo hemos visto colocadas sobre sus tumbas en otra región de esta vieja y deliciosa Europa cuando en tiempos prehistóricos sus habitantes las mandaban hacer para que luego las colocaran sobre sus tumbas, a la vista de los que pasean por esos rumbos, recargados, como acostumbraban hacerlo en las cenas que ofrecían, con un codo en el suelo y el otro sosteniendo la copa, figuras donde también se reclinan atentos, deseando mantener la conversación que tenían con su esposa o con sus amigos cuando estaban vivos y coleando, como quisieran mantenerlas en el más allá.

Pero Henry Moore es más dramático y hace de esta posición todo un ensayo escultórico con una enfrente de la otra o junto a la compañera, hechas con esos volúmenes curvos y sensuales que se estiran o se encogen, que se enredan entre sí, según las vemos mientras caminamos por entre los jardines de Kew por todos lados, desde lejos, con sus lejanos brillos oscuros y sus sombras bronceadas o desde cerca, ahí mismo, con todo y su peso específico, rodeadas de un verde pasto que te quiero verde.

Los jardines de Kew ocupan 120 hectáreas y como les decía, están entre Richmond-upon-Thames y Kew, al sudoeste de Londres y forman parte de un jardín exótico construido por el capellán de Tewkesbury que luego lo agrandó y remozó la princesa Augusta, viuda de Frederick, príncipe de Gales en el siglo XVIII.

Ahora el palacio está a la vista con su fachada de ladrillos rojos y esa fue la mansión que adquirió Jorge III en 1781, como guardería para los infantes reales. Tal vez por eso los londinenses llevan a sus hijos a pasear entre estos enormes espacios y jardines, donde hay también un lugar preciso para que se diviertan saltando y brincando los niños a la vista de sus padres, como chivos en recreo, felices de buscarse y esconderse detrás de las esculturas enigmáticas de Henry Moore o de los cedros del Líbano que han sembrado por ahí, antes de llagar a la Casa de la Palmera que diseñó y construyó Decimus Burton, junto con el fundidor Richard Turner entre 1841 y 1849, para convertirse en la primera gran estructura de hierro fundido que se edificó en Inglaterra. Entrar a esa Casa es entrar de lleno al trópico, con todo y su clima, para recorrer todo tipo de palmeras como las que ocupan ese gigantesco invernadero y por eso, cuando cruzamos la puerta de cristal, mágicamente nos instalamos en los terrenos conocidos del trópico.

Los jardines de Kew sirven para entrenar a los jardineros profesionales y es ahí, en ese espacio abierto, donde sentimos que se ensancha el alma y crece a más no poder, entre las esculturas de Moore inspiradas en el Chac Mool, que vemos integradas a este espacio mientras caminamos y vemos jugar felices a los infantes de las nuevas generaciones.

jueves, 20 de marzo de 2008

Un mini-tsunami y el caos

El Informador, jueves 20 de marzo, 2008.

San Sebastián, España.— La preocupación por el calentamiento global, tanto en Europa como en el mundo, es una realidad y no es para menos si un día somos testigos como de lo que acaba de pasar en San Sebastián en esta apacible ciudad veraniega a la orilla del mar Cantábrico y que hace días sufrió un especie de mini-tsunami como nunca antes tenían memoria que hubiese pasado: una gran marejada con tal altura y fuerza que socavó parte de su playa y el agua alcanzó a inundar varias de las calles del centro.

Para colmo de sorpresas, la temperatura esperada para el invierno enloqueció y tuvieron un clima más tirando al verano y ahora, a entrada de la primavera, se vuelve a ajustar a la baja, como debería de haber sido en pleno invierno, total que sienten que el clima está de cabeza y las olas que se han formado en este fenómeno climático dicen que fueron de más de doce metros de altura, crecidas por el viento que rugía desesperado, hasta que adquirió tal fuerza que el agua llegó a azotar sus playas y hacer socavones entre los cimientos y estructuras como nunca antes se había hecho. Da miedo.
Sí, da miedo saber que se nos ha salido de control lo que algunos científicos —medios locos— nos vienen diciendo desde hace años y que ahora no hay manera que el hombre lo corrija a tiempo.

En Londres se burlaban de que sea Tony Blair, su ex Primer Ministro el que se vaya a dedicar, al lado de Al Gore, a promover que varios de los principales países causantes de este fenómeno, tomen las medidas a corto plazo para reducir las emisiones de bióxido de carbono en la atmósfera y con eso, eliminar los daños que se han hecho para que suceda este calentamiento global que resulta desastroso.

No es broma y los efectos están cada vez más a la vista en algunas ciudades que están a la orilla del mar, como es el caso de San Sebastián donde, sin decir esta boca es mía, el mar se encabritó de tal manera que dio una muestra de su fuerza destructiva nunca antes vista ante el asombro de sus habitantes.

Con los expertos de la ONU, Tony Blair sabe lo que se necesita invertir para reducir este problema a la brevedad posible y seguramente tendrá que conseguir el presupuesto para que la industria tenga acceso a las inversiones que requiere. Preocupan varias regiones, entre ellas China, con ese su crecimiento tan desbocado y, aunque usted no lo crea, el señor Bush Jr. en los Estados Unidos, que se ha negado a aceptar que esto del calentamiento sea una realidad y que sus efectos pueden ser irreversibles.

Los partidos verdes y las organizaciones civiles afilan navajas —sin esperanza alguna de llegar al poder— pero sí de señalar dónde hay amenazas para que se resuelva la causa a tiempo y podamos enfrentar esta realidad si es que queremos sobrevivir.

martes, 18 de marzo de 2008

Días de juicio

El Informador, martes 18 de marzo, 2008.

Londres, Inglaterra.— Por estas fechas, hace cinco años, se inició la invasión de Irak y por eso podemos, como viles observadores, hacer un juicio para sopesar el resultado obtenido en la invasión realizada después de un acto terrorista mayor como el que sucedió el 9 de septiembre del 2001 en las torres gemelas de Nueva York.

Así es señores, hagan sus apuestas y tomen sus fichas. ¡Hagan la suya! No más mentiras sobre el tapete, nada de eso ahora que podemos ser sinceros para juzgar si Bush en EUA, Blair en Inglaterra y Aznar en España se equivocaron causando uno de los dislates diplomáticos más grandes desde los años de la postguerra.

Hay hechos históricos que se pueden analizar con frialdad. Por ejemplo, el juicio que hagamos sobre la Santa Inquisición, a pesar de que se nos enchine la piel cuando recordamos sus atrocidades, muy bien podemos juzgarla ahora como uno de los errores políticos mayores de la Santa Iglesia; o la obsesión del enfermo de Hitler —enfermo mental por excelencia— exterminando a millones de judíos para sacrificarlos en lo que se le ha llamado el holocausto para dejarlos encuerados antes de soltar el gas mortífero.

Y así podemos mencionar otros casos históricos que muy bien podemos juzgar con frialdad y a distancia: los pros y los contras del asesinato realizado por Lee Harvey Oswald; la estrategia de Mahatma Gandhi; el sitio de Stalingrado o la prisión de Nelson Mandela. Pero lo que ahora viene al caso sucedió hace cinco años y creo que podemos hacer un balance sobre la invasión de Irak donde hay quien cree que las cosas mejoraron para las mujeres y para demostrarlo, sugerimos que acompañe usted a alguna de ellas si es que se anima a caminar con usted por la calle principal de Basra en shorts o con una minifalda dejando ver su piel soleada. Ya usted nos dirá cómo le fue si es que alcanza a contarlo.

Las cosas siguen un poco confusas: Obama está en contra de la invasión y Hillary a favor en esto que puede ser el juicio más importante de los políticos en campaña y este desacuerdo lo aprovecha su enemigo el republicano.

Pero si queremos hacer un juicio hagámoslo con Martín Samuel del London Times tratando de contestar este cuestionario: ¿Está más segura la región? No. ¿Está más seguro el mundo? No. ¿Está la región del Oriente más seguro? No. ¿Se ha pasado de una situación mala a una peor? Sí. ¿Se ha mejorado la imagen de Occidente en esos países? No. ¿Se encontraron armas biológicas? No. ¿Encontraron a Osama Bin Laden? No. ¿Lo harán pronto? No. ¿Hay filas en el reclutamiento del al-Queda? Sí. ¿Se logró, por lo menos, un precio del petróleo más bajo? No.

Bueno, todo parece que este primer juicio entre el debe y el haber de Irak es más que suficiente así que, haga sus apuestas, que esto no se acaba hasta que se acaba.

jueves, 13 de marzo de 2008

Elizabeth: la edad de oro

El Financiero, lunes 17 de marzo, 2008.
Isabel I entre la espada de Raleigh y la pared de Felipe II

Londres, Inglaterra.— Bien ganado el Oscar por un vestuario imperial, tal como lo imaginábamos que usaba la reina Isabel I (1533-1603) en el siglo XVI. Mejor, parece ser que sería imposible, como es también la ambientación y los espacios por donde circula la reina en Elizabeth: la edad de oro en donde casi cada cambio de escena es tomada desde las alturas, como si la estuviera observando nada menos que diosito mismo mientras ella pasea por los pasillos de sus palacios o las iglesias con ese estilo basado en el gótico tardío. Los guionistas William Nicholson (1948-) y Michael Hirst (1952-) son los mismos que escribieron el primer capítulo para la película que se llamó sólo Elizabeth, sin más, y que trata cuando era joven en verdad la reina. Ahora se tomaron la libertad de narrar la historia de amor con Sir Walter Raleigh entre otros pretendientes, cuando la reina ya tenía cerca de los cincuenta años de edad y los españoles la amenazaron con su Armada Invencible. Era el año de 1588.

Shekhar Kapur (1945-) es el mismo director de las dos películas y ahora sale al aire con este otro capítulo con la edad de oro como apellido y que vuelve a filmar con una espléndida reina como es Cate Blanchett que acepta volver a personalizar a esta poderosa reina que gobernó durante la segunda mitad del siglo XVI. Kapur decide que la trama principal sea la historia de amor de la reina con Sir Walter Raleigh (Clive Owen) y la de éste con Bess Throckmorton, una de las damas de compañía de la reina.

La tramas secundarias son la conspiración de María Estuardo y los jesuitas (o católicos fundamentalistas) que conspiran para acabar con la reina antes que Felipe II se lance a la guerra naval de la que salió victoriosa la reina por el resto del siglo para poder entrar al Renacimiento en su plenitud tanto de las letras como de las artes en Inglaterra.

Isabel apoyó la piratería contra la marina mercante española que tenía el monopolio de comercialización por el Atlántico firmada y apoyada por el Papa en Roma. Esto llevó a Felipe II de España a considerar la posibilidad de «derrocar a esa bastarda» declarando una guerra abierta contra Inglaterra, en cuanto tuviera una razón de peso para ello. La conspiración católica contra Isabel le dio la excusa que buscaba: el rico comerciante londinense Anthony Babington, pretendía asesinar a la reina y coronar a María Estuardo, pero la conspiración fue descubierta en 1586 en la cual había participado la propia María, por lo que el Parlamento pidió la ejecución de ésta a pesar que Isabel se resistió todo lo que pudo, pero al final, incapaz de soportar la presión, ordenó su ejecución. En su testamento, cedió a Felipe II sus derechos al trono inglés.

En 1587, Drake atacó con éxito Cádiz, destruyendo varios barcos y retrasando hasta el año de 1588 el ataque de la famosa Armada Invencible que vio frustrada su invasión gracias a la resistencia inglesa, al bloqueo holandés y la mala suerte de tener un mal tiempo en el Mar del Norte.

La victoria sobre la Armada llenó de alivio a Isabel que, por lo pronto no debía de temer más otra invasión de los españoles. Felipe II se queda en trono diez años más y al morir deja a una España prácticamente en quiebra.

Los personajes principales en esta versión son: la reina Isabel, Sir Walter Raleigh, Elizabeth Throckmorton (Abbie Cornish), la dama de compañía, amante de Sir Walter que luego decide casarse con ella; Sir Francis Walsingham (Geoffrey Rush), Mary Estuardo (Samantha Morton), reina de Escocia, católica y principal rival de la reina Isabel y Felipe II (Jordi Mollà) rodeado de la Inquisición y construyendo su Armada Invencible seguro de ganar la guerra, pues para Dios, «él era la luz e Isabel, la oscuridad».

Sin duda, todo esto es en una época anterior a la de oro y por eso está llena de complejidades, complots y traiciones por todos lados con el apoyo de la Iglesia Católica desde Roma que pretendía acabar con esta “prostituta” que insistía en promover la Reforma con su iglesia Anglicana y confirmar su explícita separación como lo hizo su padre una generación antes.
Sir Walter Raleigh (1554-1618) fue un hombre extraordinario, un marino y político inglés que fue favorito de la reina Isabel I con quien se carteaba con poemas y sonetos deliciosos y que por supuesto luchó contra los rebeldes Irlandeses, concibió la colonización de América del Norte donde fundó (1584) la colonia de Virginia, y luego contribuir con una marina más ágil y estrategias de piratas en la derrota de la Armada Invencible. Fue nombrado gobernador de Jersey (1600-1603), y se responsabilizó de modernizar la defensa de las islas del Caribe.

Una versión de uno de sus sonetos tiene que ver la formación de la Armada: «la mortal Luna ha sufrido su eclipse y los lúgubres augurios se burlan de sus propios presagios; las certeras incertidumbres se han coronado con los eternos olivos y proclaman la paz eterna».

jueves, 6 de marzo de 2008

Vallarta o el paraíso reencontrado

El vuelo inaugural de Volaris y unas ventanas al óleo
El Financiero, lunes 10 de marzo, 2008.

Amanecer en Vallarta, como aquel día en la madrugada cuando me asomé al balcón para ver cómo se ponía la Luna en el horizonte, detrás de Punta Mita, y observar cómo se sonrojaba su rostro antes de ocultarse y dejarle la cancha a su compañero el brutal Febo con sus caballos de fuego, para que volviera a cubrir su ruta después que sus ninfas le habían bailado envueltas con sus velos rosados anunciando su salida, dándole tiempo a la reina de la noche para que se retire, y ver cómo los dos astros se evitaban pues, mientras uno se despedía, el otro salía de su letargo y yo registraba cómo volvía a ver al «Sol más de una gloriosa mañana acariciar las cumbres de las montañas con su potente luz, besando con su dorado rostro el verdor de las praderas y, con su celeste alquimia, dorar los pálidos arroyos», es como volver a encontrar el paraíso.

Parte de la agenda del espectador es lograr el descanso viajando a esos lugares donde nos podemos olvidar de la rutina, de las fatigas del tráfico, de las marchas y de los plantones y no hay un mejor lugar, como lo que vengo diciendo desde hace casi veinte años, que Vallarta —el puerto o Nuevo Vallarta— y que ahora nos queda más cerca porque Volaris acaba de inaugurar esta ruta desde Toluca a precios que rayan en lo increíble y, con eso, nos hemos acercado como nunca al mar, pues en los años noventas los vuelos estaban desorbitados que costaba más barato ir a Nueva York que a la Bahía de Banderas.

Por eso pudimos pasar un fin de semana largo en Las Camelinas de Nuevo Vallarta, donde me puse a escribir mi primera novela, Confesiones de Maclovia en 1994, instalado en esa especie de paraíso terrenal, entre el paisaje y la fantasía donde podía suceder cualquier cosa a la hora que fuera, incluso cer una puesta de Luna en la madrugada o salir a la playa para ver las cotidianas puestas de Sol, como las que ahora volvimos a ver religiosamente con los dos pies en la arena, sobando la textura de la playa para ver desde ahí el horizonte que se tiende por la Bahía hasta mostrar su modesta joroba, antes de buscar, puntualmente, el rayo verde, ese que dicen -desde que era niño- que es de buena suerte verlo justo cuando el Sol se oculta.

El crecimiento de las inversiones ha sido explosivo en esa Bahía (desde Mismaloya hasta Bucerías). Por eso, tal vez, se justifica la nueva ruta, pues el turismo nacional y el extranjero llega cada año a pasar su temporada por las orillas del Pacífico donde todavía no se ha perdido el estilo «pueblito» del centro histórico de Puerto Vallarta, ni su encanto pues ha estado protegido por el manto arrugado de la Sierra Madre Occidental con todo y sus barrancas que, como dedos de una mano extensa, parten al eje volcánico y hacen tan trabajoso llegar a sus costas por carretera que hasta los 90’s reciben un primer impulso con la supercarretera que va a Tepic y, simultáneamente, se crea una zona hotelera y dos campos de golf (ahora hay casi una docena). Pero ahora, sin problema alguno, se vuela para llegar directo al aeropuerto de Vallarta, el segundo en México con más destinos. Lo vimos con nuestros propios oídos.

Y así, entre el sol y el frío océano Pacífico a estas alturas del año, vimos cómo golpea el viento sobre el mar que, agotado, intenta recostarse en la arena de sus playas o sigue rugiendo si se mantiene el viento que viene del poniente durante el día y del oriente al amanecer, para recorrer miesntras sucede todo esto por la orilla de la bahía jugando con la espuma y tratando de poner las cosas en su lugar, como si la vida fuese un juego de ajedrez, sólo para darnos cuenta que lo único importante es disfrutar de la alegría de vivir, la joie de vivre, como le dicen en francés.

Pero el Puerto está desconocido con sus galerías de arte y sus artistas, así como por sus hoteles y restaurantes. Justo al lado del Café des Artistes —donde sirven unos buenos martinis y tienen menú al estilo de la «nouvel cusine», no tan «nueva» pero que sigue siendo buena—, está la galería donde mi amiga Leticia Gómez Ibarra expuso sus Ventanas, en donde ella dice que están inspiradas en algunos poemas de Pablo Neruda, aunque lo que haya pintado, y que ahora expone, lo hizo desde su estudio de Guadalajara y parece que son los sueños que tiene sobre aquello que una vez vio o soñó en su vida o en Vallarta, en esa otra ventana que está en el fondo de su alma junto con la poesía que tanto le gusta, para plasmar en sus telas lo que ha vivido cuando se asoma al balcón de su vida —para ver el amanecer— con el azul marino que ocupa un primer lugar y el cielo grisáceo —con poca luz—, el segundo.

En Vallarta se expone el arte y ahora trabajan ahí varios artistas —Manuel Felguerez entre otros—, como lo ha hecho Matilde «Maty» Ochoa, con sus esculturas, desde que decidió vivir y trabajar con sus manos por esos rumbos.

Tal vez lo que pasa es que Vallarta inspira por el azul a la vista y con esos momentos felices, agradecidos con el paisaje, ahora por la cercanía y por los amigos que perduran y que es más de lo que uno se merece. La alegría de vivir es lo que uno siente cuando deja detrás las nubes que ocultan esas «gloriosas mañanas cuando el sol acaricia las cumbres de las montañas».

¡Qué país!

El Informador, jueves 6 de marzo, 2008.

Ahora resulta que es el 65% de los jóvenes demócratas votan por el cambio —39 millones de jóvenes— como el que propone Barack Obama y los que tienen 60 o más años —que suman 59 millones de ciudadanos o el 21% de la población—votan por Hillary Clinton. En parte, es por eso las encuestas no mostraban la realidad, pues no consideraban la opinión de esa población en donde la mayoría vota por primera vez en su vida.

Así, entre la espada de la juventud y la pared de la negritud y la vejez como están conformados algunos estados, Hillary enfrentó un «martes de pánico», pues Obama ganó temprano en Vermont, Nueva Inglaterra por doceava vez en forma consecutivas pero, Hillary Clinton, más tarde logró romper el hilo de esos triunfos, ganando en Ohio, Texas y Rhode Island, aunque quedan pendiente los resultados de asambleas en Texas, que se reportan por separado y que pueden tomar algunos días en saberse.

No ha caído la gota con la que se puede derramar el vaso de agua de los demócratas que contiene a estos dos finalistas. En cambio, el republicano John MacCain va de gane como el candidato republicano con un menor desgaste —físico, moral y económico— que los de la otra tan cerrada carrera demócrata donde todavía no se sabe si Hillary suelta la toalla o mantiene viva su candidatura hasta el 22 abril, cuando hará su votación primaria los demócratas de Pennsylvania.

Pero así es la vida. ¡Qué país!, como decimos cuando nos asomamos a ese hipódromo en donde vemos cómo los estados con influencia hispana se inclinan por Hillary —dos a uno— y, los estados con población afro-americana —para decirlo políticamente correcto—, se inclinan por su «caballo negro», como les dice a los que entran al arrancandero y dan la sorpresa en la carrera, sobre todo si la yegua favorita había salido a la pista con la sonrisa en la boca, segura que ningún otro caballo la rebasaría hasta llegar a la meta donde se encuentra su blanco establo en Washington de donde salió hace ocho años.

El voto sorpresa es de las nuevas generaciones que le creen a Obama su promesa de cambio y que dudamos pueda realizarlo, si es que logra derrocar al final, al vigoroso republicano MacCain que representa claramente al sector conservador de esa sociedad que siguen imponiendo su modelo en el mundo, a costa de lo que sea y costando lo que cueste.

El martes Hillary tuvo una modesta victoria después de estar luchado hasta el final, usando toda clase de estrategias y argucias en ese escenario del mundo, acusando a Obama, —en una guerra sucia—, de ser «musulmán y apellidarse, Hussein», por si suena a terrorismo, con tal de demostrar, no tanto su cansancio, sino sus frustraciones al no poder convencer a la mayoría de su partido que es ella la competidora de MacCain y que sólo con su experiencia podría mantener la hegemonía de su país.

martes, 4 de marzo de 2008

Y sin embargo se mueve

El Informador, martes 4 de marzo, 2008.

Hace años que no se licitaban las bandas del espectro que están disponibles y que sirven para seguir avanzando y para mejorar las telecomunicaciones y ser más competitivos en este mundo donde los hábitos de trabajo han cambiado tanto desde que contamos con unas comunicación eficiente. Por eso, el anuncio que hizo Luis Téllez, el Secretario de Comunicaciones la semana pasada, es bien recibido: están listas las convocatorias para la licitación de cuatro bandas del espectro que permitirán la incorporación de nuevas tecnologías inalámbricas y, por lo tanto, de la oferta de servicios de banda ancha.

Todo parecía calmo en este sector y con esto, parece que se despejan las nubes que lo cubrían. Aunque estas subastas implican ingresos para gobierno federal, en realidad, lo importante son los servicios que se podrán tener en un futuro con la banda de los 1.9 GHz., que será utilizada por la telefonía celular para ofrecer servicios de la tercera generación a una población en donde el 44% cuenta con telefonía móvil —increíble hace una década— misma que avasalló a la telefonía fija que cubre sólo al 19% de la población, igual que el porcentaje en los servicios de Internet, cuya mejoría en su cobertura, ancho de banda y precios, siguen siendo tareas pendientes para que podamos contar con la capacidad requerida para el manejo de datos y que un día de estos lleguemos a manejar los 100Mb y con eso, estar al día con los que competimos, comerciamos o simplemente compartimos información, como lo necesitan los científicos, los artistas o los profesionistas como ingenieros o médicos de este país.

Telecomunicaciones es un sector muy dinámico y si en 1990 sólo representaba el 1.1% del PIB, el año pasado llegó a ser del 6.2%, es decir, tuvo un crecimiento sustantivo y buena parte de los gastos van a este sector.

Luis Téllez anunció que, además de la frecuencia de 1.9 Ghz, se licitarán las bandas de 3.4 a 3.7 GHz, disponibles en todo el país en dos bloques de 25 Mhz con una cobertura regional y otros dos bloques de 50 Mhz con coberturas municipales, para ofrecer servicios de la cuarta generación, utilizando tecnologías de banda ancha inalámbrica como es el WiMax. También se va a licitar la banda de 1.7 a 2.1. Ghz, para el crecimiento de la telefonía celular y la de 71-76 a 81-86 Ghz, con un bloque de 10 mil Mhz para enlaces de corta distancia y una capacidad comparable al de la fibra óptica.

A partir de este anuncio, el sector de telecomunicaciones vuelve a tener oxígeno para poder integrar los servicios que se requieren para aplicar los avances de esta revolución tecnológica sin precedentes, especialmente la vinculada a Internet, con accesos de alta velocidad y tecnologías inalámbricas que son los dos pilares del desarrollo, tal como lo expresó el Secretario en la Expo-Comm del miércoles pasado. Tareas pendientes que abruman al sector y que requieren de una agenda especial.