jueves, 28 de agosto de 2008

La diosa Venus y otros desnudos

El Financiero, lunes 1 de septiembre, 2008.
Algunas joyas en el Museo de San Carlos

Lo mejor del Museo de San Carlos es su exposición permanente, pues cuenta con una muy buena colección de obras de arte de primera, obras de maestros de las artes plásticas como es la colección con la que inició la Academia en el siglo XIX, antes que se trasladarse en 1968 al edificio actual que está en Puente de Alvarado, con todo y esas obras que adquirieron originalmente para formar el primer museo de arte en el continente americano.

Dentro de esta rica colección podemos encontrar ejemplos de la pintura gótica española de los siglos XIII y XIV, obras que pertenecen al Renacimiento o al Manierismo italiano, de las que destacan varios cuadros de Tintoretto, junto con otras obras de arte holandés del siglo XIII y una que otra joya del famoso pintor español Francisco de Zurbarán, entre otros, además de tener muestras de la pintura francesa del siglo XIX y otras de la española costumbrista, con pinturas de un Joaquín Sorolla, entre otros.

Fernanda Matos Moctezuma es la directora del Museo de San Carlos y, en verdad, hace actos de magia pura para mantener vivo este espacio. Lo más reciente que consiguió traer a México es la colección de pintura que pertenecen al Museo de Arte de Ponce de la Fundación Luis A. Ferré Ponce (1904-2003) de Puerto Rico, con mucha obra religiosa, empezando con un anónimo que es una verdadera joya del siglo XVI: La Anunciación (1530), un díptico en donde está al lado izquierdo el arcángel San Gabriel, delante de una ventana con un paisaje sencillo y, del otro lado, la virgen María, sorprendida con esa epifanía el día en que «la consideración, como un ángel se apareció» y, esta mujer, jamás pudo volver a ser la misma que era antes.

El título de la exposición es un poco ambiciosa y Matos la tituló como: Obras maestras de la pintura europea del Museo de Arte de Ponce, en donde, efectivamente tiene uno que otro «gran maestro» y que, gracias a esas joyas, vale la pena ir a verla, sobre todo por sus desnudos como el de la diosa Venus o los retratos de los españoles o un gran cuadro épico y, por supuesto, este de La Anunciación.

Apenas el sol con purpúreo semblante recibía el último adiós de la aurora en lágrimas, Adonis de rosadas mejillas corría a los placeres de la caza; amaba la caza, pero se mofaba de los deleites del amor; Venus, enferma de deseo, va derecho a su encuentro y como un audaz pretendiente le hace la corte, escribió Shakespeare en su primer poema lírico, Venus y Adonis y por eso, inspirados en este poema, vamos en busca de la versión de Venus del pintor holandés van Haarlem (1562-1638) en ese retrato de una mujer semidesnuda, con un rostro que no nos imaginábamos tuviera «nuestra» diosa del amor, pero que tiene una sonrisa pícara, juguetona y que desea coquetearnos mostrándonos sus abundantes pechos, llenos y duros como los tiene una diosa joven o una mujer virgen o, en este caso, la diosa del amor que está dispuesta a ofrecernos todo «enferma de deseo» y que nos ofrece con su mano izquierda su pezón del pecho derecho, mientras con la mano derecha esconde la famosa manzana de la discordia, esa que comprometió a Venus o Afrodita, la diosa griega, cuando ganó por el voto —comprado— de Paris, el hijo de Príamo, rey de Troya, en contra de las otras diosas, Hera y Atenea, ofreciéndole a este joven pastor troyano que tendría a la mujer más bella del mundo, a Helena de Esparta, con lo que se desató la invasión de los griegas para quemar las altas torres de Ilión.

Junto a esta Venus semidesnuda y de pechos abundantes, hay otro desnudo titulado Mujer embarazada (1909) de Lovis Corinthy (1858-1925), y que representa a una mujer totalmente desnuda y, como Venus, apretando con la mano izquierda su pezón, igual que aquella, pero ésta es mayor de edad y digamos que está «un poquito» embarazada. Este es un retrato como si fuese la realidad después del sueño, uno al lado del otro.

Después de disfrutar estos dos desnudos, hay dos retratos, espléndidos: uno anónimo del siglo XVII, el siglo de Oro, con el retrato de un noble español (anónimo el modelo) con un fondo oscuro, gárgola isabelina blanca de encajes, gran porte y presencia con la mano izquierda enjarrada y, la derecha, descansando sobre una mesa. Es un hombre de barba bien recortada y pelo cortito —muy a la moda de este siglo— , adusto, pero seguro de él mismo, como si hubiese escapado de las garras de la Santa Inquisición que dominaba el panorama político de ese siglo.

Un gran cuadro épico con Don Álvaro de Bazán —quien fuera el Capitán General de las Galeras de España— dando gracias por la toma de la Goleta. Caballero de la guerra y hombre culto, estuvo en la victoria naval en contra de los franceses en las costas de Galicia en 1544 y también en Lepanto. Fue Marqués y hombre de confianza de Felipe II retratado de rodillas rezando a la virgen y, abajo, las goletas con los infieles musulmanes de grandes turbantes. Estas son cuatro de las joyas que hay en San Carlos.

Un primer acuerdo

El Informador, jueves 28 de agosto, 2008.

Se necesita coraje para ver la realidad tal como es y no como creemos que pueda ser. Se necesita valor para no engañarse con la ilusión de que el mundo es mejor de lo que es o que, por ejemplo, nuestras instituciones son las que necesitamos. Mucho menos, creer en la ilusión de que el futuro es una proyección de lo que se ha logrado hasta ahora o de que sea otro —más poderoso e inteligente que nosotros— quien se encargue de los problemas sociales que tenemos, mucho menos, creer ilusamente, que lo que sucede al otro lado del planeta no nos afecta de manera alguna, o la ilusión de que podamos saber el futuro o que éste sea predecible. Por eso decimos que necesita tener mucho coraje el que acepte y vea la realidad tal como es. La negación de la realidad, por parte de los líderes, puede convertirse en tragedia. Sabemos lo fácil que es ver las cosas con el cristal de la ilusión y lo difícil que es verla, definirla y expresarla como es.

El 11/09 acabó con la ilusión de invulnerabilidad de los norteamericanos que creían que «esto, nunca podría suceder aquí». Nosotros pensábamos que lo que sucedía en Colombia jamás podría pasar en México. ¡Quién lo diría! La colombización es peor de lo imaginado. Por eso, el buen liderazgo empieza con la aceptación de la realidad para poder verla como es.

La semana pasada hubo un acuerdo por la seguridad, la justicia y la legalidad entre algunos que tuvieron el coraje para hacer a un lado las ilusiones y enfrentar la cruda realidad reconociendo públicamente que la sociedad se encuentra profundamente agraviada y dolida por «la impunidad, la corrupción, la falta de coordinación entre las autoridades y el ambiente de inseguridad y violencia».

«No ver la realidad —decía Frederick Franck—, es la causa de un sufrimiento aterrador. Los humanos nos hacemos daño unos a los otros y también a los animales de la Naturaleza. Pero si aprendemos a ver lo que nos rodea —decía—, es posible que empecemos a respetarla».

Ahora, tuvieron el valor de reconocer la complejidad que implica terminar con el crimen organizado «compuesto por un entramado de intereses y complicidades que trasciende las fronteras». Superar eso no es una tarea fácil ni se hará rápido pero, por lo pronto, vieron causas y efectos y apuntaron lo que se puede hacer en el tiempo reconociendo que la corrupción —cáncer— se ha dejado sin poder eliminarlo desde hace décadas y se ha infiltrado por todos los órganos de seguridad, hasta ser parte de la complicidad que se teje entre las autoridades y los criminales, dañando al tejido social, bajo el cobijo de sus familias y, a veces, de sus comunidades.

Difícil tarea enfrentar la realidad, siendo un desafío más complicado que el que tuvo Hércules. Pero, por lo pronto hay un primer esbozo para realizar un acuerdo global. Hay que ver cómo funciona en el tiempo.

martes, 26 de agosto de 2008

Dos pasos p’atrás

El Informador, martes 26 de agosto, 2008.

En un análisis preciso del presidente Chávez de Venezuela, nos explican de qué manera este hombre continúa promocionando su liderazgo con los recursos del petróleo de esa nación, intentando integrar a varios países de la región con pretensiones geopolíticas y antinorteamericanas, basada en las ideas antiimperialistas de Fidel Castro —quien es su modelo a seguir— empezando a interferir con los intereses de algunas naciones, como es Uruguay, que está solicitando un mayor respeto en su relación con los Estados Unidos de Norteamérica.

Chávez impulsa con dinero —como con el que baila el perro— sus pretensiones políticas, estructurando lo que se podría llamar el «eje Castro-Chávez», con los países cuyas finanzas están comprometidas o requieren de un fuerte apoyo energético para su desarrollo. Demuestra su preocupación —interesada— por los problemas de la estabilidad política de esos gobernantes, sobre los que fundamenta su estrategia de integración, como lo ha hecho en Bolivia y, de otra manera en Brasil.

Ahora nacionalizado el cemento y a Cemex le ha tocado pagar el pato. El hecho, anacrónico y regresivo en términos de las economías del siglo XXI, es el principio de una declaración de guerra y su deseo de aislamiento con México, y con el resto de países que saben que la vocación del gobierno debe limitarse al gobierno de la educación, salud, justicia y vivienda y no a ser un industrial del cemento o del vidrio o del acero, sino ser quien vigile que la economía se desarrolle a favor del progreso y de la sociedad y no dedicarse —como la fracasada URSS del siglo pasado— a controlar las industrias, tan alejadas a la vocación de un gobierno que se dice democrático.

El problema se complica cuando sabemos que ha roto los acuerdos «antinarcóticos» con el gobierno norteamericano vulnerando la delicada estrategia de la seguridad nacional que han adoptado en los EUA, abriendo la posibilidad de que Venezuela se convierta en la vía segura de tránsito para los comerciantes de droga, a través de la selva —vigiladas por la FARC—, como se constató después de la toma y destrucción de una base en Ecuador, cuando quedó al descubierto el encubrimiento de ese país —y de Chávez en particular— de unas transacciones millonarias, asumidas por el gobierno de este neo-dictador.

Ahora serán las cortes internacionales las que decidan si la indemnización por los $650 millones de dólares es o no la correcta, pero, con este acto autoritario, más bien parece que da dos pasos «p’atrás», sin que haya uno «p’delante», pues es un acto realizado por un rico petrolero que se perfila como el dictador de una democracia que ha caído en las manos de un ambicioso exmilitar, que pretende ser el «Salvador» de esos países con economías gastadas, como Nicaragua con su presidente Daniel Ortega —violador que le gana por mucho, según Vargas Llosa, a nuestro «gober-precisoso»— o en Bolivia con un Evo Morales enredado hasta las cachas con la población criolla y comprometido con los productores de coca.

jueves, 21 de agosto de 2008

12 hombres en pugna

El Financiero, lunes 25 de agosto, 2008.
Éxito en la cartelera con 12 actores profesionales

En 1957 se hizo la famosa película, basada en la obra de teatro 12 Angry Men, dirigida por Sidney Lumet quien obtuvo cuatro nominaciones a los premios Oscar de la Academia. Originalmente fue producida en Broadway por Roundabout Theatre Co. misma que ahora han revivido en México los productores Pedro y Jorge Ortiz Pinedo, para teatro y en su versión en español, en una puesta en escena dirigida por José Solé, donde han escogido a lo más selecto de la actuación masculina que hay en México con un reparto formado por actores conocidos tanto por su actividad en el teatro, como en la TV, con lo que garantizan que se haya convertido en un éxito de cartelera.

Encabezando este reparto —mejor imposible— está como miembro del Jurado No. 8 —en el lugar del viejo Henry Fonda en la película original— Ignacio López Tarso, acompañado por otros once actores conocidos por el público —a través de la TV— que están abarrotando la sala del Teatro Helénico desde el viernes hasta el domingo de cada semana en sus dos funciones.
La obra trata sobre la deliberación que hacen los 12 hombres que forman ese Jurado —en los juicios orales norteamericanos—, sobre el resultado de un juicio por homicidio de un joven que, aparentemente, mató a su padre. En esa reunión deberán dictaminar si el acusado es culpable y, por lo tanto, condenado a muerte o si es inocente.

Los 12 hombres, son una muestra del corte seccional de esa sociedad americana formada por miembros de la clase media y media baja. Los 12 actores en pugna son, en orden alfabético: Aarón Hernán, David Ostrosky, el maestro Ignacio López Tarso en una actuación principal, José Elías Moreno, Juan Ferrara, Marco Uriel, Miguel Pizarro, Miguel Rodarte, Patricio Castillo, Roberto Blandón, Rodrigo Murray y Salvador Pineda.

Las pruebas señalan al joven como culpable y el veredicto debe ser unánime, por aquello de que se trata de una pena de muerte. Cuando entran a la sala de deliberaciones, bromeando y creyendo que durará poco la reunión y, uno de ellos, tiene más prisa que el resto, pues quiere ir al Yanqui Stadium para ver el partido contra Baltimore.

Once de los 12 miembros del jurado opinan que el acusado es culpable excepto el Jurado No. 8 —Nacho López Tarso— que se niega y para eso empieza a justificar su posición, desenrollando la madeja demostrando por varios lados por qué cree que es inocente y cómo todo lo que vemos no necesariamente es de confiar.

Por esto, siguiendo, uno a uno los argumentos de los abogados en el juicio, antes de entrar a la sala de deliberaciones, este jurado los analiza desde otra óptica y una perspectiva diferente hasta que logra que poco a poco, el resto del Jurado vaya cambiando de opinión y se den cuenta de algunos factores distorsionan la verdad aunque no lo hayan tomado en cuenta durante el juicio.

Durante esta pugna, se observan las características de la población que representan con sus traumas, problemas o con ciertos aspectos discriminatorios o cómo es que opinan frívolamente, así como las diferentes conductas que reflejan la educación y su origen, como las que encontramos en una sociedad cualquiera y que, a la hora del debate, salen a flor de tierra por para que podamos ver, además de las características de cada uno de estos segmentos de la sociedad, los propios problemas de ellos reflejados en ese juicio y cómo es que influyen a la hora de dictaminar la culpabilidad del acusado.

Una obra que nos mantiene interesados por ver cómo se presenta cada argumento y con qué argucia puede ese Jurado No. 8 demostrar que lo que les dijeron puede que no sea cierto, demostrándolo no sólo de manera teórica, sino, cuando es necesario, de manera práctica como fue el caso de la inclinación de la navaja de resorte que utilizó el asesino o el tiempo que le tomó a uno de los testigos levantarse de su cama y «ver» con sus propios ojos al asesino o la testigo que juraba haber visto la escena del crimen a través de las ventanillas del último vagón del tren que cruzaba en ese momento entre su edificio y el departamento donde, aseguraba, vio al asesino en el momento de llevar a cabo el homicidio.

Un juego de ingenio, sencillo y sin mayores complicaciones que nos hace pensar en la importancia que tiene que doce hombres puedan ser los jurados que decidan, en estos juicios orales, la culpabilidad o no de un asesino como el que creó Reginaldo Rose hace más de medio siglo.

Es de destacar las reacciones del público agradecido con las estrellas de la actuación, como con Nacho López Tarso o Rodrigo Murray y con las dos o tres bromas o gestos de coqueteo que hace el Jurado No. 12 con el público que son automáticamente bien recibidas con risas y gestos de admiración. Una obra de éxito por su reparto y por la manera sencilla de entretener al público, que trata de adivinar cómo justifica su visión el Jurado No. 8.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Carro de fuego

El Informador, jueves 21 de agosto, 2008.

De las Olimpíadas en Beijing hemos recibido algunas lecciones. La primera, tiene que ver con el respeto que tienen los deportistas al resultado de sus competencias, pues una vez que han llegado al campo de los hechos y, según la especialidad son medidos de tres maneras: el que tenga un mejor tiempo (pista y campo o natación); el que tenga más puntos en un tiempo dado (voleibol, tiro del arco) y, uno más delicado, cuando es el puntaje de los jueces (clavados, gimnasia o lucha), a pesar de la fórmula y su sentido común matemático, eliminando las calificaciones muy bajas o altas para que sea el promedio el que de el resultado.

En todo caso, el que gana lo celebra y recibe su medalla y, el que no, no —como decía el alcalde de Lagos—, aunque sea por el toque o una centésima de segundo o medio punto, el perdedor acepta el resultado y se regresa a su casa prepararse para Londres 2012 o se dedica a la jardinería.

La mosca en la sopa fue Ara Abrahamian, el luchador —¿sueco?— quien aventó su medalla de bronce al suelo como protesta por la decisión de los jueces. El COI lo expulsó de Beijing por violar el juego limpio durante la ceremonia de premiación, después de haber ganado en la división de los 84 kilos en la lucha grecorromana y éste se fue furioso por que lo declararon perdedor en las semifinales frente al italiano Andrea Minguzzi con todo y su berrinche.

Poco le faltó —como sucede en nuestras latitudes— que se declarara como «ganador legítimo», organizara en la Plaza Roja de Beijing su protesta, llevara a cabo nueva convención olímpica democrática y, por supuesto, se auto confirmara, en ese podium alternativo, «campeón legítimo» de la lucha grecorromana en Beijing.

Una y otra vez hemos visto cómo muchos de ellos no clasifican y, sin embargo, no hemos visto, excepto a este sueco, que hagan algo parecido a lo que hemos vivido en México —en el campo de los deportes olímpico de la especialidad política—, menos, que mantengan su berrinche todo un sexenio, hasta que se suceda —el mismo año que en Londres— la siguiente elección-olímpica, donde ojala, podamos ver como aquellos deportistas del Carro de Fuego —¿se acuerdan?—, esos atletas, que como la rusa Isinbayeva, hacen deporte por puro gusto y, por eso, vuelan por las alturas dando su alma jugando para lograr un mejor récord.

«México tiene que trabajar a fondo en la educación deportiva en las escuelas» —dijo José Ramón Fernández— y sigue sin haber una decisión para lograr esto a fondo. Parece que nadie sabe cómo organizar el deporte y todo es una simulación y una pérdida de dinero, lleno de mentiras, sin mecanismos que reconozcan y adopten a los niños desde los 8 años que tengan facultades para apoyarlos desde entonces, bien alimentados, con técnicos, psicólogos, entrenadores y demás, sin que hagamos como que hacemos, pero no hacemos nada.

martes, 19 de agosto de 2008

La rivalidad

El Informador, martes 19 de agosto, 2008.

Es increíble cómo Marcelo Ebrard maneja las cosas que tienen que ver con la seguridad, dentro de su cuadro neo-esquizofrénico y su pequeño trono en el Distrito Federal, impulsado por un patético protagonismo que se niega a trabajar con el equipo del Presidente ahora para enfrentar un problema que requiere de la unión entre los diversos actores políticos y geográficos.

Pero su necedad para vivir en un mundo separado de la realidad, en su mundo imaginario, en su territorio llamado «Pejelandia», amachado en desconocer la autoridad federal, en lugar de aceptar la realidad y hacer un frente común por una causa desesperadamente urgente y complicada, sigue pensando en su estrategia para el 2012, sin saber que está cavando su tumba cada vez más profunda, pues la gente ve cómo pelotea —con gesto irónico— sus responsabilidades concernientes a la seguridad en la Ciudad de México que debe conocer a fondo —para bien o para mal—, desde los años 90’s cuando trabajaba para Manuel Camacho Solís.

En la obra de Troilo y Crésida, Shakespeare plantea con claridad los problemas que se dan cuando no se respeta la estructura de la autoridad y, por eso, desesperado cuenta cómo el campamento de los griegos era un desbarajuste. El paralelismo es válido: Ulises era un buen orador entre los griegos se negaban a respetar a Agamenón, en principio, la máxima autoridad, por el protagonismo de Aquiles, entre los griegos. La corrupción se había permeado en el campamento y Ulises trataba de que cambiaran las cosas y se respetara el mando del aqueo para tomar Troya, saquearla y destruirla y lograr el objetivo que duró diez años alcanzarlo. Sin embargo, el sentido común y la sabiduría política, ese cristal a través del cual podemos ver la corrupción y la decadencia que domina en el escenario, con su discurso se permite pronosticar la derrota del ejército griego si predomina el caos en el campamento argivo. De ahí que señala la importancia de que haya respeto a la estructura del universo —que era el reflejo de las estructuras de gobierno—, tal como lo entendían en la época isabelina: los cielos mismos, los planetas y este centro, observan el grado, lugar y preferencia; frecuencia, curso, ajuste, época, forma, costumbre y oficio ordenados en línea; por eso el mismo sol, el planeta glorioso, va entronando en la esfera con su noble eminencia entre los otros y, su mirada salutífera, corrige el mal aspecto de planetas dañinos, enviando mensajeros sin obstáculo, tal cómo da sus órdenes un rey para los buenos y los malos. (Troilo y Crésida 1.3. 84-93).

Para la ciudadanía, el impulso incontenible de Ebrard movido por su protagonismo y su necedad —aunque sea la cuerda alrededor del cuello—, sigue negando al poder federal oficial y promoviendo sus propias ideas de manera independiente, para promover la rivalidad y, en lugar de buscar la mejor solución dentro de la estructura de poder, divide a las fuerzas públicas que tanto se necesitan unirse.

jueves, 14 de agosto de 2008

La otra reina y la lujuria de Enrique VIII

Las dos jóvenes Bolena atrapadas en la corte
El Financiero, lunes 18 de agosto, 2008.

Ana Bolena nació en 1500 en Blickling Hall en Norfolk, en una de la propiedades de su familia. Era la hermana mayor seguida por su hermano George y la pequeña María. Su padre era Tomás Bolena, vizconde de Rochford y primer conde de Wiltshire (este papel lo hace Mark Rylance, actor de la Royal Shakespeare Company que hizo el papel de Enrique V cuando Richard Olivier la dirigió en la inauguración de El Globo en 1997); la madre de Ana es Isabel Howard, hija del segundo duque de Norfolk (con Christin Scott Thomas en la pantalla).

La otra reina o The Other Boleyn Girl está dirigida por Justin Chadwick (1968-) y es una película recién hecha y recién puesta en cartelera, basada en la novela histórica de Philippa Gregory (1954-), con el guión de Peter Morgan (1963-), donde nos cuentan los romances —por decirlo de una manera elegante— del lujurioso Enrique VIII (Eric Bana), demasiado bien parecido a como nos imaginábamos a este personaje obsesionado por tener un hijo hombre como sucesor, sin que le interese más, sexualmente hablando, la reina, Catalina de Aragón con la que ya había tenido una hija, María I de Inglaterra o María I (1516-1558), reina de Inglaterra e Irlanda por cinco años, desde 1553 hasta su muerte, mejor conocida como Bloody Mary, por haber intentado acabar con todos los protestantes que se encontraba en su camino.

Las dos Bolena, María (con la sensual Scarlett Johansson), que recién estaba casada con uno de los Percy de Northumberland y Ana la mayor (con la morena Natalie Portman), son empujada por su padre y el tío Howard para ir a la corte para ser escogidas por el rey, la primera sospresivamente para hacerla su amante y tener una relación que trasciende por la ternura y naturalidad con la que hacen el amor, aunque no puede librar la batalla con Ana su hermana, por la ambición y la envidia que le tiene.

Durante el embarazo de María, el rey se deja envolver por las redes de una Ana recién llegada de la corte de Francia que hábilmente pospone entregarse sexualmente, hasta que el rey formalice su relación, desatando con su habilidad política y cortesana, la separación del reino con el Papa de Roma, creando la Iglesia Anglicana y, de pasada, acabando con el buen sabor de cama, por el que tanto suspiraba el rey.

La historia de la relación entre estas dos Bolena suceden en el siglo XVI y forman la columna vertebral de esta película en donde sufrimos de los avatares de la historia y de la lujuria de un rey que no logró controlar sus instintos—como tampoco lo pudo hacer en Washington el presidente Bill Clinton— y desbocado, llega a tener un récord de seis esposas en busca de un heredero, como fue Eduardo, el hijo con Jane Seymour, un joven que vivió sólo 16 años y quien, a la muerte de su padre, fue coronado rey, rodeado de regentes, para reinar como Eduardo VI, hasta 1553 cuando lo sucede María I.

Ana Bolena fue la dama de compañía de la hermana de Enrique VIII —casada con Luis XII de Francia— y luego, de la reina Claudia, la esposa de Francisco I. Cuando regresa a Inglaterra, cautiva al monarca, repudia a Catalina de Aragón, y logra asumir el poder y convertirse en «la otra reina», como le decían.

Ana era una dama joven y fresca, que corría e iba a cantar y bailar de manera excelente —decía William Forrest que tenía unos ojos hermosos y una gracia que la hacían única: tenía la facilidad de tocar instrumentos, bailaba muy bien y declamaba, por lo que era una mujer atractiva, a pesar de tener una deformidad: un sexto dedo en una de las manos, pero hasta eso le sacó jugo: usaba vestidos con las mangas largas para disimular su defecto físico que manejaba con tal gracia y naturalidad de tal manera que, el defecto, pasaba desapercibido.

En 1533, sin invitados, ni aviso alguno, Enrique VIII se casó con Ana y una bruja le vaticinó que tendría «al más grande monarca inglés». El arzobispo de Canterbury vaticinó que «toda la dicha, toda la felicidad que el cielo guarda para los padres ... van a encontrar en cada día de esta pequeña princesa... la verdad la educará en su regazo; los santos y celestiales pensamientos alimentarán a su alma; los suyos la bendecirán y sus enemigos temblarán como las espigas trilladas inclinan su cabeza taciturna». Se trataba de Isabel I.

Ana perdió el favor del rey y Cromwell logró deshacerse de ella. El 2 de mayo de 1536 fue conducida a la Torre de Londres culpable de adulterio, incesto, herejía y traición entre otras cosas, el rey no volvió la volvió a escuchar y a su hija Isabel, la nombró «hija bastarda».

Reina altiva y con dignidad, fue ejecutada con el cabello levantado, sin que pudiera recargar la cabeza, decapitada por la espada de un verdugo francés traído especialmente de Calais, quien le dio muerte el 19 de mayo de 1536. Fue sepultada en San-Pedro-ad-Vincula en la Torre de Londres.

El film de Chadwick es fiel a estas historias con un magnífico vestuario y un reparto de primera.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Los cohetes chinos

El Informador, jueves 14 de agosto, 2008.

«Hay época de tirar cohetes y de recoger vara», como dice el dicho popular que habla de esos tiempos en los que no sabemos por qué, nos toca celebrar y, al hacerlo, tiramos los cohetes al aire, como esos que chiflan cuando salen disparados y esperamos con curiosidad que exploten para que nos muestren su forma y sus colores cuando explotan, dejándonos siempre con la boca abierta, como si fuéramos dioses que jugamos a crear con unos «pequeño-bangs», unos nuevos y diminutos universos, que no duran más que unos cuantos instantes en plena expansión.

Una semana después de la ceremonia de inauguración de la 29 Olimpíada en Beijing, es hora que no podemos recuperarnos de haber disfrutado el talento, la sensibilidad y la tecnología como la que usaron los chinos para festejar el inicio de este encuentro mundial entre los deportistas de más de cuarenta especialidades, por el placer de hacerlo y por eso, permitir que más de mil millones de personas los viéramos más los 5 millones que esperan tener como visitas durante este mes de agosto, para que dejen divisas extranjeras por un mínimo de $5 mil millones de dólares.

Pero el espectáculo fue inolvidable y nos quitó un poco del peso que andábamos cargando por esos días y medio nos levantó el ánimo cuando vimos esos fuegos artificiales que cubrieron a Beijing con tantos colores después de escuchar a los 2,008 tambores que marcaron su ritmo jugando con las luces o escuchar la canción lema de estas olimpíadas: «un mundo, un sueño», que es en sí mismo un sueño, mientras los deportistas paseaban sus banderas y la gente aplaudía y el hombre mostraba ese rostro —aunque sea un sueño— con el que deberíamos de caminar siempre: saber vamos en el mismo barco y que estamos hechos de la misma materia que los sueños.

Un espectáculo que me gustaría muchas veces más —en cuanto salga el DVD— para disfrutar una y otra vez la creación y el arte que mostraron los chinos —con su amable sonrisa—, como decían los reporteros que abundan en comentarios y, a veces, no nos dejan ver las competencias.

El 08/08/08 vimos pasar —con curiosidad— a cada una de las razas de los que somos habitantes de este azul planeta solitario y ahí, durante el espectáculo, donde todos aportábamos con nuestros sueños, nos imaginamos que sí es posible vivir en paz y que esos otros deseos de muerte, como el deseo de separarse —como en Georgia— es el que implica destrucción, como si importaran algo las fronteras o las pequeñas diferencias entre los vecinos, sin poder convivir y tolerar al otro y ser inclusivos y no exclusivos.

Pero ese día no dejamos que nos estorbara la muerte y nos concentramos en el espectáculo, deseando que nos dejaran soñar por un momento que sí somos un sólo mundo y un solo sueño, sin caer en aquello que nos impide disfrutar de la vida aunque sea por un momento.

martes, 12 de agosto de 2008

La desesperanza

El Informador, martes 12 de agosto, 2008.

Es imposible evadir el tema de los secuestros recientes y del sadismo implícito, así como es imposible dejar de sentir la impotencia y la desesperanza que se produce en la sociedad cuando entramos a estas etapas con tal desánimo y coraje, donde creemos caminar con una pesadez desesperante, como si fuera «la negra noche del alma» y haya desaparecido la poca luz que nos permita tener la esperanza de que un día se podrán resolver estos problemas que enfrentamos ahora.

El estado de ánimo es el mismo que en la versión de Batman, el caballero de la noche, donde la corrupción se ha infiltrado hasta los huesos mismos del cuerpo de la policía —como un cáncer que se propaga hasta la destrucción—, en donde es imposible acabar con una red de hombres amorales y sin valores, mercenarios que castigan, sin que les tiemble la mano —como al Guasón del mal por el mal mismo o como Yago en Otelo, el moro de Venecia— y que ahora vemos cómo deambulan por las pesadas y aterradoras noches de esta otra ciudad, hermanada con la Gótica.

El sadismo es el impulso y la extrema voluntad de dañar a los otros o, como dice Lersch, es «la voluntad de poder que descubre en su crueldad la última posibilidad de acción, cuando no puede demostrar su superioridad por otros caminos». Se trata, pues de hacer sufrir a las víctimas con esa maldad que sólo estos neuróticos inhibidos la ejercen por unos cuantos pesos, extorsionando a quien se le ponga por enfrente, para hacer daño con sadismo como fue en su momento el «mocha-orejas».

El desasosiego ha llegado a un nivel como hacía tiempo que no se sentía, como si fuese una nueva oleada que se repite en el tiempo. Desde hace años, los secuestradores actuaban por razones políticas, buscando financiar «su revolución». Así fue en los sesenta y setentas —antes, en y después de las olimpíadas en México—, hasta que llegó un especie de tsunami en el 94 y secuestraron a Alfredo Harp Helú de Banamex, en medio de otros asesinatos como el de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia y la secuela de políticos que estaban enterados de los gallos que recibían dinero del narcotráfico o lavaban dinero o se enriquecían con el tráfico de influencias. Para 1995, además de la crisis de diciembre, volvíamos a perder toda esperanza.

No es novedad que vuelva la marea alta por la guerra que ataca de frente a los productores, vendedores y distribuidores de drogas que desean el caos para poder moverse, protegidos por este tipo de distracciones y movilizaciones provocadas por la crisis en la sociedad.

La negra nube anuncia la tempestad y el panorama se oscurece, los ánimos se exasperan y vemos cómo la esperanza se va tras lomita, sin que nos proteja más con su brisa refrescante y llena de vida —no de muerte— entre la impunidad y las dificultades para atrapar a esos sádicos desalmados.

jueves, 7 de agosto de 2008

En la gran soledad, film de Philip Göning


El Financiero, lunes 11 de agosto, 2008.
Los cartujos de la Grande Chartreuse en Francia

Ver el documental de tres horas como el que hizo el alemán Philip Göning (1959-), después de haberles pedido permiso a los cartujos de la Grande Chartreuse en 1984 y esperar dieciséis años para que le contestaran que ya estaban listos para que los pudiera filmar en esa Cartuja maravillosa al sureste de Francia, en un pequeño valle cerca de Saint-Pierre-de-Chartreuse en la región del Isére, frontera con los Altos Alpes y haberlo hecho como «hombre orquestra», a cargo del guión, la dirección y la cámara, para finalmente sacarla a las salas como Die grösse Stille o En el gran silencio, es una experiencia fuera de lo común que incita al diálogo aunque, a estas alturas del verano, ya no esté más que un par de salas por ahí.

Sí, efectivamente, lo único que se antoja después de verla es digerirla y comentarla con ustedes, darle la vuelta a alguna de estas ideas, expresar nuestros sentimientos y las dudas que los acompañan, escribir —que es como hablar— sobre el amor y el odio, de la frustración y de los engaños, de la fragilidad del vida, de los accidentes azarosos, de todo eso que conforma la vida de los seres humanos en esta tierra, porque después de ver cómo estos hombres han decidido castrar su comunicación oral voluntariamente, para vivir en lo que se puede llamar un estilo de vida «extremo» —como los deportistas que arriesgan la vida— pues deciden vivir en un constante somnus interrumptum, entre los constantes despertares a deshora —aunque duermen igual que nosotros: ocho horas, sí, pero ellos lo hacen de las 20:00 a las 24:00 y de las 02:00 a las 06:00 horas, separados del mundo, sin poder hablar, encerrados en sus celdas la mayor parte de su vida —no un fin de semana ni mucho menos—, no, ¡toda su vida!, en silencio aislados del mundanal ruido, en medio de cantos matutinos y oraciones —que repiten como se repite el fluir de los arroyos que se forman en la primavera—, buscando en su soledad interior, en lo que le llaman «la soledad de su corazón» a Dios mismo. No hablan con nadie excepto los domingos y días festivos.

La utilidad y el gozo divino que traen consigo la soledad y el silencio del desierto de quien lo ama, solo lo conocen los que lo han experimentado. Aquí se vive un ocio activo, se reposa en una sosegada actividad, aquí concede Dios a sus atletas, por el esfuerzo del combate, la ansiada recompensa: la paz que el mundo ignora y el gozo del Espíritu Santo, tal como escribió San Bruno, el fundador de esta orden en el siglo X.

Ahora los vemos, algunos en su juventud y otros en su vejez, deambulando por la cartuja y de repente, cuando salen a caminar —¡bendito sea el Señor!—, como becerros salidos del corral, van por las orillas de la Cartuja, entre unos bosques maravillosos —llenos de vida—, que nos o les, me imagino, saben a gloria, como le supo a Philip cuando por fin, después de dieciséis años de espera, pudo llegar para filmarlos, temblándole a veces la mano con lo que hacía, asomándose, sin atreverse mucho a hacerlo por la ventanita de alguna celda, grabando, una tras otra, las escenas de las cuatro estaciones que relumbran como vimos relumbrar a los amarillos lirios de la primavera o los verdes —tan diferentes uno del otro— de las hojas tiernas y trémulas por el viento o las flores que sacuden su polen cuando nosotros sentimos que ahí afuera, a unos cuantos pasos de la Cartuja, hay más vida y que dentro, en su plena soledad.

El complemento y la consecuencia necesaria en la vida de los cartujos es la soledad y el silencio que se respira en la parece que no es uno del cementerio, triste e infecundo, sino el de un santuario con resonancias, como son las toses de los cartujos a la media noche o el sonido de las campanas que marcan el paso, sutil, lento, como si se moviera en círculos concéntricos que van desde la oración en la celda a las 23:30 antes de ir a los Maitines a las 0:15 para hacerlo por un par de horas antes de regresar a dormir un poco y estar en la Prima Ángelus de las 7:00, para oír la misa conventual y cantar rezando, con un canto más burdo que el Gregoriano, pasar a la Tercia y luego al Ángelus de la Sexta y esperar la Nona para las vísperas de la Santísima Virgen a las 16:00 leyendo, siempre leyendo —para no enloquecer—, hasta antes de acostarse para que vuelva a dar la vuelta su vida, hasta el domingo o el día festivo que es diferente.

El cartujo calla con los hombres para estar atento a la «palabra por esencia», al Verbo de Dios, que llena su vida. El silencio crea un clima más favorable para la contemplación, que es, a fin de cuentas, lo que desea hacer quien se ordena en esta vida, oculta de la vida misma. En la soledad nos dedicamos a la lectura, para alimentar la fe. Pero sus lecturas no las comparten con nadie.

Lo que era para los antiguos monjes del Oriente la soledad del desierto, es para los cartujos la soledad de su monasterio y su celda: «hemos sido llamados especialmente a la vida solitaria», desde la Edad Media de los Templarios, la llamada «era del oscurantismo». Tres horas de silencio que conmueven, sin ruido, cuando conocemos ese estilo de vida.

Los ilegales en la UE

El Informador, jueves 7 de agosto, 2008.

El tema migratorio, como nos hemos podido dar cuenta, es una seria preocupación para los países anfitriones que normalmente son los más desarrollados, pues tienen una economía fuertes y vigorosa, como en el Continente Americano son los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá y, en la Unión Europea, casi todos sus miembros, como España, Francia, Italia o Alemania.

El problema que tienen en la Unión Europea sobre los ilegales para generalizar una sola política tiene que ver con la diferencia de opinión que hay entre algunos de sus miembros. Ocho de ellos proponen que cada país lo resuelva a su manera, el resto pugna por una solución integral.

Son doce estados del Mediterráneo que reciben flujos de inmigrantes indocumentados por el mar que huyen de sus países en algún lugar de África, arriesgando la vida —un país como el nuestro, como exclamaba el ex-Embajador de México en Canadá, don Agustín Barrios Gómez—, igual que en México, como bien lo sabemos se arriesgan y se enfrentan, igual que en ese otro Continente, al combate en contra los ilegales como les sucede a los desesperados africanos. Ahora supimos que en Italia se han desatado las redadas por todos lados.

Lo vimos en Atenas y en España: trabajan como vendedores de los productos que rechazan las mafias de la moda con ropa sin marca, buena, pero sin marca o cualquier otro producto pirata. Los vimos cómo viven a salto de mata, con los productos envueltos en una cobija, misma que recogen hábilmente y se la echan a la espalda en cuanto reciben el pitazo de que anda por ahí la chota.

Ganan cualquier cosa, pero esa cualquier cosa es mejor que nada, como les pasaba en sus tierras desérticas donde además, están acosados por la brutalidad política tribal.

Francia propone que hay que mandar a los inspectores y cubrir un porcentaje de las compañías en los sectores económicos donde se sabe hay niveles altos de trabajadores ilegales, como es el comercio callejero o la industria de la construcción, el turismo o la agricultura.

Los alemanes propone embargar las propiedades inmuebles donde se albergan los ilegales y, los italianos, que haya sanciones penales y patrimoniales con los empleadores de los ilegales.

El hecho es que este tema se ha convertido en una tarea impostergable y España no sabe qué hacer con los que llegan —si logran llegar— a la Costa del Sol. Por eso, la consolidación de una política migratoria que pueda atender las necesidades laborales de los países miembros de la UE y disminuya la inmigración clandestina, se ha convertido en una prioridad para Nicolás Sarkozy, el actual presidente de la UE.

La Comisión Europea estima que hay alrededor de ocho millones de inmigrantes ilegales entre las veintisiete de la UE donde «la facilidad para conseguir trabajo sin permiso, es el principal factor que impulsa la llegada de más indocumentados y el culpable es quien explota y aprovecha la miseria de estos.»

martes, 5 de agosto de 2008

El PRI acusa a Reyes Heroles

El Informador, martes 5 de agosto, 2008.

Una coincidencias desafortunada, digo, la tuvo Beatriz Paredes al día siguiente que Jesús Reyes Heroles González Garza, director general de PEMEX, se atrevió a criticar la propuesta de reforma que hizo el PRI, que es su partido, diciendo que los que no se alinean, deberían de ser acusados de traidores y si s necesario expulsarlos del partido, es decir, no acepta democráticamente, que alguien critique a su partido, como lo hizo el director general de PEMEX, un talentoso economista, diplomático, exEmbajador de México en Estados Unidos, priísta de nacimiento, que tiene una buena experiencia política como para ese puesto y que es hijo de otro gran político, como fue don Jesús (1921-1985), quien ocupó ese mismo puesto entre 1964 y 1970, antes de ser presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI (1972-1975) y Secretario de Gobernación (1976-1979) y de Educación Pública hasta antes de morir.

Bueno, pues a ese distinguido funcionario se atrevió a criticar la propuesta del PRI diciendo que no resuelve nada de lo que se necesita y por eso, doña Beatriz, que suponía iba a destapar el caño y eliminar de su edificio decadente las duelas podridas que dificultan poder caminar hacia delante en el partido —los Montiel, los Deschamps, los Ruiz, los gober-preciosos y los rucos, más bien etcéteras, como los que dominan en ese partido, entre otros, como el extraditado de Quintana Roo—, ahora que la señora Paredes se ha dedicado más a pastorear a esas ovejas —negras— que deberían estar en uno de los profundos círculos del infierno en la Divina Comedia.

En abril de este año estuvieron la Secretaria de Energía, Georgina Kessel y el mismo Jesús Reyes Heroles en la cámara baja con la bancada del PRI y ahí presentaron el panorama que lo discutieron por seis horas seguidas, diagnosticando la situación de PEMEX en un documento que, por haber sido presentado por un par de funcionarios del actual gobierno del PAN, fue descalificado, entre otros, por Carlos Rojas, quien lo juzgó «catastrofista, basado en la vieja estrategia para poner en quiebra a la paraestatal y, luego, justificar su rescate». Kessel aceptó las críticas del encuentro y las calificó como «expresiones de la democracia» e insistió que había que hacer un esfuerzo para llegar a las «aguas profundas», pues el reto del declive de la producción no sólo es financiera, sino administrativa y tecnológica.

Beatriz Paredes dice que el proyecto del PRI coincide con los que exigen la rectoría del Estado sobre PEMEX y están en contra de las intenciones privatizadoras: «tenemos visiones compartidas con los que creemos en la rectoría y la propiedad del Estado sobre los hidrocarburos que con otras visiones» y niega que hubo acercamientos con el PAN antes de presentar su iniciativa. Por eso dice que no hubo nada oscuro en esa propuesta que «corresponde a los planteamientos históricos del PRI» y, por lo tanto, como dicen por ahí, «aquel que no esté conmigo...»