martes, 30 de septiembre de 2008

Los efectos de la crisis

El informador, martes 30 de septiembre, 2008.

La reacción en cadena que se ha iniciado con la quiebra de la banca de inversión en los Estado Unidos, ha provocado varias frecuencias mundiales que no dejan de ser preocupantes, pues sucede como con el clima que, su desarrollo es impredecible, pues están regida por el caos: cuando una pequeña diferencia en las condiciones iniciales, pueden provocar un huracán.

Esta es la sensación que se tiene ahora y lo que hasta hace poco era impensable, ha sido desbordado, como nadie pensaba que sucediera un acto como el del 9/11, cuando atacados por los sicarios de bin Laden, lograron desplomar las torres gemelas —que sólo de pensar en ellas, sentimos musarañas—, para cambiar la historia de esa potencia mundial. Ahora, con la declaración de la quiebra de la banca de inversión, se sacude la estructura financiera mundial.

En México, el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reconoció por primera vez que la crisis financiera en los Estados Unidos es peor que la depresión de 1929, una crisis que conocemos más como una anécdota de la historia del siglo XX, que como otra cosa, pero que sabemos de sus efectos: el hambre, el desempleo y la falta de inversión.

«La economía es más sólida desde el punto de vista macroeconómico —declaró Carstens—, y eso nos ha permitido enfrentar la crisis» y, confirmó que ésta crisis es más la grande que se había visto desde 1929.

Agustín Cartens también señaló que los efectos primarios se podrán resentir en lo siguiente: una reducción de las exportaciones, una disminución de las remesas de los trabajadores en los EUA y una baja en el turismo.

La deuda externa de México es del 5% del PIB y, hasta ahora, es menor que las reservas internacionales que se tienen, por lo tanto, nos podemos defender un rato, pues en los próximos 18 meses hay vencimientos por 3 mil 500 millones de dólares y esos recursos los tenemos en caja.

Menos mal que hemos tomado estas precauciones y, sin caer en el pesimismo de la oráculos de la crisis, no cabe la menor duda de que tendremos que apechugar los efectos lo mejor que se pueda y, de alguna manera, seguir lo que señala el viejo dicho nos sugiere: «cuando veas al vecino las barbas recortar, hay que poner las propias a remojar».

Las autoridades deberían estar más pendientes de la propia ambición en el ámbito financiero nacional que está fuera de límites por lo menos las tarjetas de crédito y como en los noventas, cuando se aplicó el FOBAPROA —que pagamos todos— pues percibimos la manera alarmante como han descuidado los bancos su oferta de tarjetas a clientes que no tienen capacidad de pago, creando la plataforma para otro posible rescate como el que sucedió hace años.

El reto para México será librar los efectos secundarios y ver si así, logra sus metas de crecimiento para tener una mejor distribución de los ingresos y de las oportunidades.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Arráncame la vida de Ángeles Mastreta

El Financiero, lunes 29 de septiembre. 2008.
Toda mujer se merece, por lo menos, dos años de viudez

Seguramente cuando empezaron a trabajar con el guión para hacer una película basada en la novela de Ángeles Mastreta, tuvieron que cortar una que otra de las escenas, comentarios o pensamientos secundarios que se alejaban de la trama principal, dejando encuerada la columna vertebral sobre la cual gira la vida y los amores del cacique y general Andrés Ascencio —basado en la vida de aquel famoso Maximino Ávila Camacho (1891-1945) y quien fuera su esposa, en esta novela y film, como Catalina Guzmán.

Aquél era medio hermano de Manuel Ávila Camacho, quien llegó a ser el presidente, pero Maximiliano consiguió ser gobernador de Puebla y, luego, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas durante el gobierno de su hermano.

La historia de ese cacique que extorsionaba a quien podía, y se hacía, por sus pistolas, por lo menos de una mujer en cada pueblo, elevando los índices de población de manera indiscriminada.

Las tijeras dejaron intactos algunos de esas frases que son una verdadera delicia literaria, como son los pensamientos de la protagonista, Catalina Guzmán de Ascencio y como eran sus reflexiones sobre el amor, por ejemplo, cuando a la quinceañera se la lleva el general para que «conozca el mar», sin saber bien a lo que iba, pero intuyendo que se trataba de encuerarse y dejarse llevar por este hombre que, según ella, le gustaba mucho, entre otras cosas porque tenía dos bocas —como escribió Mastreta— una cuando sonría y otra cuando estaba serio, como dice al principio de la novela antes de contarnos sus experiencias que se escuchan en off en la película: ese año pasaron muchas cosas en este país —dice por ahí— entre otras, Andrés y yo nos casamos. Lo conocí en un café de los portales. En qué otra parte iba a ser si en Puebla todo pasaba en los portales: desde los noviazgos hasta los asesinatos ... Cuando se iba yo lo acompañaba a la puerta y me dejaba besar un segundo, como si alguien nos espiara ... No conocía el mar ... yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor, eso era otra cosa. Me dejé tocar sin meter las manos, sin abrir la boca, tiesa como una muñeca de cartón...

Y de esta experiencia pasa a la siguiente, donde trata de ponerse flojita para sentir y, por eso, dice, se la pasaba todo el día con la cara de boba, aflojando la quijada o las nalgas que, para lo que pretendía, era más o menos lo mismo, hasta que volvía a ser un objeto, como un vestido un pret-a-porter en la cama con su marido. Con el tiempo, la poblana, que vive en esa ciudad donde caminan y viven como si tuvieran la ciudad escriturada a su nombre desde hace siglos, nos cuenta, desparpajadamente, como los buenos cuenteros, con gracia y originalidad, para sorprendernos a la vuelta de página, con sus historias entre inocentes y maliciosas, cómo se va transformando con el tiempo.

El título lo tomó Mastreta de Las quejas del arrabal de Agustín Lara: ¡Arráncame la vida / con el último beso de amor! / ¡Arráncame la vida, / y si acaso te hiere el dolor, / ha de ser de no verme / porque, al fin, tus ojos / me los llevo yo.

Daniel Giménez Cacho es don Andrés Ascencio y la joven y bella Ana Claudia Talancón es la joven Catalina, quien pasa por toda clase de experiencias con este hombre que usa, a veces, una rudeza en manera innecesaria, mientras está en medio del poder, buscando la presidencia para ser derrotado por su medio hermano, quien toma posesión de la banda tricolor y él se va de Secretario a la ciudad de México.

Es en Bellas Artes cuando Catalina conoce a un director de orquesta que le da lo que ella tanto buscaba y nunca había encontrado: ternura y amor, no sólo sexo.

Los sucesos en la película están bien narrados, pero le faltan la tensión dramática que deberían de haber en este medio donde se debe dar una metamorfosis de una obra literaria a un film. Por eso nos quedamos con la narración de los hechos, deliciosa, pero sin tensión alguna. Los personajes carecen de una verdadera transformación como el que se da con el tiempo y como sabemos que sucede. Una cosa es una Catalina de quince años y otra, la madre de dos o tres hijos, la esposa del gobernador o del Secretario, la madre de varios cosijos; una cosa es la inocente paloma y otra, la mujer que sabe lo que es el placer y lo que es la política, la fidelidad y la infidelidad. Pero en la película esta transformación no se da, simplemente siguen, lo mejor posible, la narración de la historia, hasta que vemos cómo llega a cumplirse lo que proponen algunas mujeres, cuando dicen que toda mujer que se respete, necesita, por lo menos, dos años de viudez.

La vida la golpea, tiene a un amante, juega con él a las escondidas y el cacique permite todo esto hasta que se mete en el ámbito político. Entonces, de un plumazo, como sucedía en los años cuarentas, lo deja frío en una calle de la ciudad de Puebla y después ella, llega a merecer sus años de viudez, golpeada, pero libre y feliz de la vida.

Frente al narcoterrorismo

El Informador, jueves 25 de septiembre, 2008

No cabe la menor duda que en estos días existe una actitud frente al terrorismo, provocado por los narcos, que tiene que ver con la unión con la que le podremos hacer frente. Por eso, la diputada Tamayo dijo la semana pasada que se debe denunciar todo movimiento sospechoso, todo indicio de operación de los delincuentes para atenuar las consecuencias lacerantes de la delincuencia en los ciudadanos y es nuestra obligación, hacer todo esto dentro del marco del Estado de Derecho. Es nuestra obligación que la seguridad pública sea un asunto de Estado, pues el silencio es el principal aliado de los enemigos de la sociedad.

Hay que impulsar las reformas necesarias para fortalecer la denuncia ciudadana, no sólo ante los sucesos como los del grito en Morelia, sino, para frenar las actividades del secuestro y el narcotráfico en México. Hay que aprender de los colombianos que vivieron una etapa tal vez más difícil con el narcoterrorismo de la que ahora estamos viviendo ahora.

Si no han eliminado sus efectos por completo, si ha bajado notablemente el nivel de secuestros y de actos terroristas en contra la población civil gracias a una lucha, mano a mano, entre sociedad y el gobierno, durante muchos años, en contra de los que forman los cárteles que, cercados, trataron de impedir su caída extremando la violencia.

Es de notar que, frente a esta guerra frontal en contra del narco con lo mejor de nuestros recursos, como la guerra que ha emprendido el Ejecutivo Federal, haya algunos políticos que le den la espalda a este asunto y que, en una regresión, propongan negociar con los narcos. Es increíble que haya políticos que se le ocurra esta estrategia, cuando eso fue el origen de esta situación en la que nos encontramos. En lugar de unirse como el resto de la sociedad a esta campaña nacional y espontánea donde se propone la unión de todos para erradicar el daño y el mal que hicieron, hacen y harán los narcos a la sociedad, proponen mejor volver a negociar.

Es la peor propuesta que hemos escuchado en los últimos días —además de la necedad cargada de demagogia, cuando propone «defender la historia», entre otras impertinencias—, como si la negociación resolviera el problema. Tal parece que este político no ha leído la historia del siglo XX de nuestro país, pues fueron las negociaciones, las que promovieron durante setenta años de dominio que, encubiertos bajo el poder, negociaran para obtener utilidades jugosas avisando, permitiendo o de plano, dejar pasar los cargamentos de drogas —como las FARC— para inundar al país o servir de vehículo para su exportación a los Estados Unidos.

Sigue en las arenas movedizas este personaje que, entre más se mueve, más de hunde, ahora burlándose de las acciones del Ejecutivo y, como Fausto, pretende negociar con Satanás en lugar de apoyar la unidad en esta larga guerra en la que algún día se podrá, como en Colombia, reducir el terrorismo.

martes, 23 de septiembre de 2008

Medio siglo del ITESO

El Informador, martes 23 de septiembr, 2008.

Hace exactamente cincuenta años, en septiembre de 1958, empezaron las clases en el ITESO a pesar de que sus modestas instalaciones en el primer piso de la calle Independencia habían sido destruidas por los Tecos radicales y fascistas.

Un día de septiembre empezamos a tomar juntos los estudiantes de todas las ingenierías, las materias del primer año. Uno año después, los de ingeniería química nos mudamos a una casita en la calle de Santa Mónica, esquina con Garibaldi. Éramos tres alumnos de la primera generación: Emilio Ascencio, José Luis Arriola Woog y un servidor, que empezábamos con nuestras clases a las siete de la mañana. En octubre, llegaba vestido de smoking pues apenas había salido de la fiesta del Country.

Ahora que me invitó José Orozco González Aréchiga, Coordinador de Ingeniería Química y responsable de la celebración del 50 Aniversario, fue como la hora del recuerdo. Me invitaron no sólo por ser de la primera generación sino, además, por ser el primero en haberme graduado del ITESO el 18 de julio de 1963, tal como consta en un acta manuscrita a la vista —y que la veo con ternura—, pues implica una total confianza, como la que había en esa época, cuando no estábamos oficialmente reconocidos. Ni falta que hacía, pues con una copia de esa hoja rayada donde Luis Enrique Williams, Guillermo Pérez Vargas y Rogelio Castiello, confirman me pasé el examen profesional, a puño y letra y que después de haber cursado y aprobado en la Escuela de Ciencias Químicas del ITESO los estudios señalados para la carrera de Ingeniería Química... una vez aprobada mi tesis —no sé ni cómo— y el examen, recibía el grado de ingeniero químico. Con ese manuscrito, un mes después, entré a la Universidad de Freiburg i.Br., en Alemania, para estudiar un año de la maestría en matemáticas aplicadas.

En realidad debería de haber estudiado literatura, que era lo que más me gustaba desde entonces, pero ya saben cómo es que a veces los caminos de la vida dan vueltas y vueltas, hasta que podemos hacer lo que siempre hemos querido, por recóndito que se encuentre.

Un parpadeo y habían pasado 50 años desde aquellos días de mi vida universitaria tan feliz, como fueron los años que viví en la Perla Tapatía de 1951 a 1963.

Ahora que estuve en Guadalajara, entendí como nunca, el carácter y la personalidad de los tapatíos: hombres y mujeres —ellas, guapas como siempre— que viven con austeridad, pero que saben disfrutar de las cosas sencillas de la vida, para transformar, poco a poco —en este caso, medio siglo—, el entorno y, lo que era una escuela parroquial, se convirtió en una gran Universidad con un campus excepcionalmente bello, con esas jacarandas imponentes sombreando las instalaciones, donde se respiran esos valores y principios de los que ahí trabajan y estudian, como son la fidelidad y el amor por lo que hacen, tal como pude comprobarlo con mis propios ojos.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El grito del mitómano

El Informador, jueves 19 de septiembre, 2008.

La enfermedad parece que es crónica y sigue avanzando. El mitómano del pueblo se la pasa construyendo su propia realidad y, para eso, levanta unos andamios o estructuras carentes de cimentación con una entelequia blandengue que se mueven cada vez que actúa, hasta que un día se caigan al suelo irremediablemente.

La mitomanía nace cuando no podemos aceptar la realidad como es y ésta pude empezar desde la infancia cuando inventamos, por ejemplo que «mi papá es fuerte y poderoso...» y así empieza, desde pronta edad, a definir a una familia con verdades a medias y que nada tiene que ver con la realidad del padre que \es fuerte» porque llega borracho y siempre golpea a su madre o algo así y que se parece al nuevo mundo que hemos creado, igual que lo hacían los griegos creando sus leyendas y fábulas con las que fundamentaban todo lo que no entendían: la brutalidad del mar se debía al dios Neptuno furioso; el amor y el deseo por la otra mujer, es por Afrodita, como el caso de Paris, el troyano.

El mitómano confunde, aparentemente, sin darse cuenta, a los barcos que transportan petróleo, con las plataformas flotantes, industrias modernas que flotan en el mar y que procesan y refinan parte del petróleo. Pero para el mitómano es un barco y ¡claro!, mucho más caro de lo que cuestan los barcos chinos, sin entender nada de la tecnología avanzada, crea un mito, parte de su estrategia que, más que ésta es sólo una consigna demás, como la que hemos escuchado últimamente que propone «defender la historia».

¡Caray!, se entiende que la historia hay que sopesarla y conocerla, para no repetir los errores. Pero según nuestro mitómano local, hay que defenderla y que no sufra transformación alguna.

Entonces, en ese mundo construido por esa serie de andamios tembeleques, el mitómano se sube a su estrado, prestado por uno de sus discípulos en el DF, para desde ahí, gritar, un poco más temprano, como acostumbraba hacerlo en sus años de gobierno en la capital para aprovechar y gritar, además, sus consignas —igual que lo harán los demás, agregándoles las propias— aprovechando la celebración de nuestra «verdadera» independencia, y asociándola con la suya, la «legal», como le llama, pues necesita adjetivarla para que tenga sentido y validez, no para él, que está convencido de su veracidad, sino para sus seguidores.

La confusión y la ignorancia del público que lo sigue, provoca que caigan en sus fintas y confundan tanto las independencias, como las plataformas flotantes con los barcos y así, se ponga a comparar precios y, sobre todo, a declarar abiertamente que hay un fraude detrás de esas operaciones de este enemigo disfrazado de Iniciativa Privada, que es el principal provocador de nuestras tragedias.

El mitómano decide que hay que defender la historia y, por lo tanto, nada que innovar, nada que cambiar por las circunstancias, nada, sino defenderla para que se repita hasta el infinito.

martes, 16 de septiembre de 2008

El precio a pagar

El Informador, martes 16 de septiembre, 2008.

Uno busca la independencia cuando se tiene la edad para hacerlo para dejar de depender de los padres. Pero el hacerlo, tiene su precio, pues hay que administrarnos por nuestra cuenta y riesgo, regular nuestra vida y ojala, aprovechar la libertad para un mejor nivel de vida.

Pero no todo sale a la primera. Por eso, después del grito en Dolores en 1810, el cura Hidalgo tocó las campanas a arrebato para empezar un largo camino y lograr lo que se proponía diez años después, pagando con su propia vida y las de otros miles que lo siguieron, que tenían la esperanza de que la guerra implicara ventajas sustantivas, como fue, efectivamente, el acabar con la esclavitud y que sólo por eso valió la pena.

Una heroína me ha sorprendido: doña Josefa Ortiz de Domínguez, la esposa del Corregidor de Querétaro que perdió todo lo que tenía, para morir tiempo después de haber sido torturada de una manera espantosa.

Cuando se interioriza ese acto, el grito es como el que pudimos dar cuando decidimos ganar algunos grados de libertad al irnos a vivir a la ciudad de México. Tuvo su precio, pero era más importante esa idea de libertad, que seguir en Guadalajara dependiendo de la familia.

El precio no nos importó pagarlo. La libertad que, por momentos, parecía libertinaje, fue parte del aprendizaje y, ahora, tiempo después, celebramos gritando «¡viva México!, hijos de mañana…», nada más de saber que tenemos vida propia, libre del polvo y de la paja que creíamos tener para, desde entonces, depender de nosotros mismos.

Hubo una primera Constitución en 1817, creada antes de concluyera la guerra de la Independencia que, entre otras cosas, estableció la abolición de la esclavitud: Porque debe alejarse de la América la esclavitud y todo lo que a ella huela, mando que los intendentes de provincia y demás magistrados velen sobre que se pongan en libertad cuantos esclavos hayan quedado —como lo estableció José María Morelos desde el 5 de octubre de 1813— previniendo a las repúblicas y jueces, que no esclavicen a los hijos de los pueblos con servicios personales que sólo deben a la Nación soberana y no al individuo como a tal … sin distinción de castas, que desde ahora quedan abolidas. En EUA no fue sino hasta el año de 1863 cuando Lincoln proponía la Emancipación que luego pagó con una guerra civil.

En 1822 fuimos imperio y Agustín de Iturbide se coronaba emperador. Dos años después fue declarado traidor a la Patria y fue fusilado en Padilla, Tamaulipas.

Fue en ese siglo XIX que pagamos con creces el precio de la libertad: perdimos la mitad del territorio —siguiendo los pasos de López; nos invadieron los gringos y los franceses; hubo una guerra civil entre liberales y conservadores después de un golpe de Estado. En fin, fue un siglo que terminó con la dictadura, sí, pero finalmente fuimos libres y soberanos en donde nos gobernamos a nosotros mismos.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Manon Lescaut o el amor que se prostituye

Manon Lescaut, el primer éxito de Puccini
El Financiero, lunes 15 de septiembre, 2008.

Ha llegado la hora de la fantasía para que luche contra la esperanza y la melancolía, empiezan cantando los parroquianos de la taberna de una posada donde Renato de Grieux, un joven estudiante, jugaba con el amor: ¿El amor? No conozco esta tragedia o esta comedia. ¿Entre ustedes se esconde la que me espera?, y así como si retara al destino, encontró pronto a Manon Lescaut para enamorarse por el resto de su vida, en esta que es «la edad de la inocencia».

Renato la conoce y, como buen romántico, se enamora a primera vista mientras Manon hacía una escala en esa posada de Amiens, rumbo a un convento —por órdenes de su padre— y ser llevada por su hermano Lescaut: mi destino se llama «la voluntad de mi padre», le confiesa a Renato a quien le correspondió con tal que la salvara de ese encierro.

La ópera de Puccini se presentará los días 21, 23, 25 y 28 de septiembre en el Teatro de la Ciudad —Bellas Artes está en remodelación— y será interpretada por la Orquesta y coro del Teatro de Bellas Artes con la soprano chilena Verónica Villarroel como Manon y Alfredo Portilla como Renato.

Primero es la comedia, esa que empieza en la taberna de la posada en Amiens, donde es raptada para huir del viejo Geronte di Ravoir, un especie de Plutón empolvado, un poderoso y rico noble parisino que había tramado seducirla llevándosela de la posada, plan que aprovechó Renato para ser él quien la raptara. Pero el destino —y ahora sí, nada que ver con la voluntad de ningún padre— la lleva a prostituirse, una vez que está en París. Manon le hizo caso a su hermano —el alcahuete— para que se entregue al viejo Ravoir que la encierra en su jaula de oro como era su palacio, las joyas y los sirvientes que le ofrece su amante.

Huyó el tiempo de la alegría, canta después Manon mientras se maquilla feliz de haber entrado a vivir una vida frívola y cortesana, llena de afectaciones, de poses, pero sin pasar angustias ni hambre alguna, como le había sucedido con Renato, el amor de sus amores.

La nostalgia reaparece y ahora desea ver a su amante. Cree que se puede burlar del viejo noble y por eso cita a Renato para verse y hacer el amor en su recámara de ese palacio. Después de bailar un minueto perfecto y de escuchar algunos madrigales que le compone di Revoir —uno de ellos, espléndido— se da cuenta que todo lo que había vivido espontáneamente con el estudiante era un recuerdo cariñoso del amor, un sueño agradable de paz y amor.

Sin detenerse, le abre las puertas a Renato que primero se queja de haber sido abandonado y luego de que hubiese cambiado el amor «de a de veras» por una cita furtiva, a espaldas de quien la mantenía.

Aquí empieza la tragedia: el viejo y cornudo Plutón los sorprende entrelazados y sin poder contener su ira, manda traer a la guardia para que Manon sea acusada y condenada a prisión por engañarlo y, ahí, junto con otras prostitutas, ser enviada a Nueva Orleáns, condenada junto con sus compañeras: Rosetta, Madelon, que sale con una hija pequeña, Ninetta, Giorgietta y otras más de su calaña.

Renato le suplica al capitán que lo acepte como parte de su tripulación para estar junto a Manon. Finalmente, nos enteramos que en Nueva Orleáns, trata de huir con Manon y salen sin rumbo, después de un encuentro con los guardias, para vagar por un desierto, desolado, hambrientos y sedientos, hasta que, agotada Manon llega al fin de sus días sola, perdida, abandonada, en un tormento cruel, yo, una mujer desolada que ¡no quiere morir!

Conforme avanza la sombra nocturna, habla del ¡hielo de la muerte!, Dios, rompes la última esperanza... la llama se extingue... Manon... ya no te oigo... cerca de mí quiero tu rostro... mis culpas se las llevará el cielo..., como canta antes de morir.

Fue el primer éxito —tardío— de Puccini, con algunos momentos de una gran expresividad, en donde ella trabaja mucho tratando de comunicarnos primero su inocencia, y después su trágico fin. El joven amante la acompaña algunas veces en unos duetos de primera y la historia se desarrolla, lo sabemos desde el momento que acepta prostituirse, para que la vida se encargue de cobrarse sus deudas, sobre todo, cuando Manon abandona lo natural y espontáneo, por lo falso, pero bien pagado.

Compuesta en 1893, es una de las primeras óperas que compuso Puccini, este compositor que siempre nos hace llorar como en Tosca —con la Callas en ese papel— o Madama Butterfly, con la esperanza de esta delicada mariposa de que su amante regrese. Siempre, excepto en Manon, que tiene otra estructura. El libreto fue trabajado por varios escritores: Parga, Oliva, Illica, Giacosa y Ricordi, basado en la novela del Abate Prévost.

El tema es atrevido y tenía como reto, componer algo que fuese mejor a la Manon de Massenet, que ya triunfaba en el escenario desde 1844. Lo logró y está catalogada como el primer verdadero éxito de Giacomo Puccini.

Los pasos de Chávez

El Informador, jueves 11 de septiembre, 2008.

Si hacemos la lista de cada uno de los actos que ha venido realizando Hugo Chávez, desde que tomo posesión de la presidencia de Venezuela, podemos elaborar un manual del estratega y cómo intentar apoderarse del poder por un tiempo indefinido, mientras parte y recomparte los ingresos millonarios por la venta del petróleo de su país.

La estrategia consiste en conchavarse, sobre todo, a los trabajadores estatales que cada vez son más —pasaron de ser un millón 300 mil en 1999, a dos millones en el 2007 y la nómina estatal en este último año creciendo con 40 mil burócratas de más y con eso deque si yo te doy, tú me das, está preparando el voto corporativo para mantener «democráticamente» el poder en las elecciones futuras.

Es, prácticamente, la misma estrategia que el PRI utilizó en México en los años posrevolucionarios y siguiendo ese ejemplo, lo mismo hace el PRD en la ciudad de México, tal como lo hizo en los ochentas el maestro Camacho Solís cuando fue su regente durante el salinismo.

El ejemplo de Chávez es Fidel Castro y por eso observamos esa parte demagógica del comandante: discursos interminables, como los que había en La Habana; las purgas políticas y la imposición para que se pongan la camiseta roja —como lo hizo doña Esther Zuno de Echeverría, cuando impuso el agua de jamaica en las recepciones oficiales, y que las señoras se vistieran de chinas poblanas y ellos de chamarra de cuero.

Chávez les pide un día del salario a «sus» trabajadores para la campaña del partido en el gobierno —¿conocido?— y sigue con las expropiaciones —como la de Cemex—, basado en la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios o la de designar a quien se le antoje como presidente y autoridad regional, creando el mismo aparato como el que había en la URSS: el Comité Central de Planificación, para que los venezolanos se encuentren al borde, si es que no están ya sumidos en el mundo donde el Estado rige la economía, dejando atrás eso que soñaron alguna vez los venezolanos, como era el de vivir en plena libertad, bajo un régimen democrático.

Día a día, Chávez avanza para ganarle tiempo al tiempo y llegar a consolidar su poder y una sociedad socialista —tropical— regida por la economía de Estado para que sea éste el que ordene, por sus pistolas, lo más alejado posible de las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, restringiendo, a través de la Ley de Seguridad y Soberanía Agroalimentaria, la producción y la comercialización de los insumos agrícolas. ¡Hágame usted el favor!

Sigue, a pasos forzados, la nacionalización de lo que quede disponible, como puede ser la banca —¡ay!— y, dicen que está listo para tomar los supermercados y uno recuerda a esas tiendas del ISSSTE que, junto con la carestía, provocan la maldita y temible inflación.

¡Dios los agarre confesados!

martes, 9 de septiembre de 2008

Latoanis o los que hablan

El Informador, martes 9 de septiembre, 2008.

Durante los setenta años de la dictadura de partido que sufrimos en México, el informe presidencial era un rito que lo relaciono con el que seguramente tenían los tlatoanis precortesianos, es decir, a los latoanis que en nahuatl quiere decir «los que hablan» y que eran los que gobernaban en los pueblos de Mesoamérica en cada uno de los altepetl o grandes ciudades, elegidos por los nobles, los pipiltin, para que gobernaran como parte de una familia —tal como era la «revolucionaria» del siglo pasado—, que asumían el poder por varias generaciones, hasta formar una dinastía, como en el antiguo Egipto o Babilionia. Los miembros de la familia gobernaba en las provincias, formando así, una poderosa red que dominaba a los pueblos.

Y tal cual, durante los setenta años de dominación de la familia revolucionaria, los miembros de la dinastía del PRI, decidían quiénes serían los gobernantes de los pueblos circundantes, como los que había en estas tierras y les decían huey tlatoani, que, no es por nada, pero así «mesmo» se pronunciaba.

Sin duda, el gasto presupuestal se aplica en miles de partidas, en decenas de Secretarías, en miles de proyectos y su enumeración la hacían los hueyes, como si todos y cada uno de ellos se realizaran mágicamente por ellos y, por eso, el hecho de que dieran el informe completo, era parte de un especie de rito mágico —agotador—, como lo hacía don Luis Echeverría y luego su compadre, el otro eminente miembro de la dinastía reinante, tlatoani y compañero de banca, que prometió «defender al peso como perro», sin poder contener las lágrimas —saladas como la culpa que cargaba, después de haber destrozado la economía de un país por su capricho, cerrazón y la frivolidad que lo acompañaba, como fue creer que el alto precio del petróleo en los 70’s, sería eterno.

Por eso, el rito de la enumeración de las aplicaciones presupuestales y el aplauso —con premeditación, alevosía y ventaja—, le hacían creer al tlatoani que era casi todopoderoso, sin saber que sólo había subido al escenario su hora, como las sombras que pasan, como esos pobres actores que se pavonean y gesticulan en el escenario, para que después no se sepa nunca más de él y sea un cuento contado por un idiota «pleno de sonido y furia, que nada significan.» Y se creían invencibles, todopoderosos.

La lista de acciones eran infinita y con todo y eso, lo seguíamos durante horas, para saber si mencionaban y, en ese caso, la importancia que le daba a las obras de nuestro sector, para así, poder determinar nuestra proyección en el futuro político del país.

Todo esto se acabó. Ahora es un acto simple: se entrega el original del informe en la Cámara de Diputados para que las comisiones hagan su tarea y las dudas que tengan sean aclaradas por el responsable del Ejecutivo.

Por fin, un cambio de formato, más acorde a la aplicación de una nueva democracia.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La vida (escandalosa) de Eduardo II

El Financiero, lunes 8 de septiembre, 2008.

La obra de teatro Eduardo II basada en el original de Christopher Marlowe (1564-1593), la dirige Martín Acosta en una puesta de escena en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón en el Centro Cultural Universitario (de jueves a domingo, a las 18:00 horas, hasta el 30 de noviembre, 2008). Es una obra fuerte, brutal y al desnudo como no se había visto en los últimos años, una puesta en escena impresionante como no había por estos rumbos.

La adaptación es moderna pero no perder el sentido de la época —entre 1307 y 1327. Se trata de aquel controvertido rey bisexual que le sirvió de modelo para que Marlowe —el genial dramaturgo, homosexual, egresado del Corpus Christi College de Cambridge, espía isabelino y contemporáneo de Shakespeare—, escribiera esta obra violenta, para mostrarnos al desnudo, esas escenas en donde se muestra el mundo decadente de la corte o la pasión desenfrenada como la que desborda al rey con Piers Gaveston, su amante, escenas que Martín Acosta las convierte en su afán hiperrealista —a veces innecesario— en una muestra de sadismo de este rey o de los nobles.

Al mismo tiempo, algunas escenas muestran el buen humor —agrio— de Marlowe y en otras donde impacta el cinismo de esa vida bisexual o las actitudes misóginas de la corta medieval, así como el sadismo y la violencia de la época, tal como lo que podemos encontrar en otras obras de ese mismo dramaturgo: El judío de Malta, por ejemplo o La masacre en París, o en otras escenas escritas por Shakespeare —tal vez en su honor— como la violación de Lavinia, la hija de Tito Andrónico, escrita el mismo año que fue asesinado Marlowe en la taberna de Deptford, cerca de Londres —el 30 de mayo de 1593.

La historia de este rey estaba marcada por su debilidad de carácter, permitiendo las rebeliones de sus nobles, reforzados por el Parlamento, junto con las intrigas de su esposa, la reina Isabel de Francia —hija del rey Felipe IV, el Hermoso— mejor conocida como La Loba, quien no toleró las inclinaciones homosexuales de su marido, enloquecido por la pasión que sufría con su amante, el tal Gaveston, causante de los celos y del rechazo de la nobleza.

Dirigida la revuelta por la reina Isabel y su amante, Sir Roger Mortimer y ayudados por el Papa Juan XXII, organizaron desde Francia, donde habían huido la invasión a Inglaterra hasta derrocar a Eduardo II quien una vez abatido, lo obligan abdicar en favor de su hijo Eduardo III (1327), para después ser encarcelado en el castillo de Berkeley y luego asesinado, el 21 de septiembre de ese año, por órdenes de la reina y de Mortimer.

Según la leyenda, su muerte fue espantosa: empalado, penetrado por el recto con una espada al rojo vivo para evitar huellas externas de violencia, Acosta nos hace participar de esta innecesaria escena con esta ejecución.

En esta versión, Acosta decide que los nobles sean tan violentos como los jugadores de Rugby o los gladiadores o los miembros de esos club de machos que ocultan tras su bravocunería, sus propias inclinaciones homeróticas —como lo muestra el director en los baños de su club o el toqueteo que hay en la lucha cuerpo a cuerpo en el partido de rugby—llegando a cerrar en un círculo —vicioso— entre la abierta bisexualidad de Eduardo II y la de sus verdugos, los nobles. Pero el rey mostraba su preferencia abierta a Gaveston un don nadie —para celos de los nobles— y declaraba que «su corazón es yunque del dolor» y, por todo esto los socios de ese club donde se comparte el poder y la gloria, llegan a exclamar: «Diablos, ¿qué clase de pasión es esta?»

Logran reventar al Piers Gaveston y, en un exceso de realismo, Acosta hace su propia versión y nos muestra cómo antes de morir a este «homosexual» la tropa-completa se lo pasan por las armas. Marlowe sólo narra su muerte a través del conde de Arundel. Bueno, así el teatro moderno. Después de este suceso, el rey declara la guerra a los nobles y de ahí, el desenlace en la segunda parte en esta versión.

Los textos se respetaron y la traducción que hizo el doctor Alfredo Michel es intachable. La obra dura cuatro horas en dos actos, siendo el primero extraordinario, cae un poco en el segundo, tal vez, por el cansancio o por la tensión brutal a la que estamos expuestos en medio del encueradero de los «nobles» mientras se bañan en las regaderas del club o cuando juegan y gritan como guerreros antes de la batalla o se mean en el escenario o se emborrachan y nos recuerdan esos toques decadentes del Cabaret de los 30’s para refregarnos, con lujo de detalles, las pasiones y el juego homoerótico, así como la franca pasión del rey por su Gaveston.

Una obra bien puesta y muy difícil de ponerla que desbordada en ocasiones por el afán de mostrar las pasiones homosexuales: «hubiera surgido una Furia fantasmal para matarme con mi propio cetro el día que me arrancaron a mi Gaveston», se quejaba Eduardo II, antes de morir empalado a la vista del público.

Líder de la esperanza

El Informador, jueves 4 de septiembre, 2008.

Hacía tiempo que no escuchábamos un discurso tan bien estructurado y, mucho menos, que conmoviera a los 75 mil demócratas que estaban en el estadio de los Broncos de Denver, más los millones que lo vimos en TV, como el que ofreció Barack Obama hace una semana.

Nancy J. Adler, académica de la universidad de McGill, decía que era de humanos tener esperanza y que la sociedad del siglo XXI exigía un liderazgo que considerara las posibilidades y que estuviese basado tanto en la esperanza como en las aspiraciones de la gente, y que tendría que ser innovando su visión y que dejara a un lado los patrones plenos de un pragmatismo constreñido. ¡Bruja!

Por eso, cuando vemos a Obama decide ir a un estadio para ofrecerles, genuinamente, los cambios que ellos claman para que «seamos un mejor país» y cuando observamos cómo movía los sentimientos de los que lo escuchaban, pensé que hacía uno de esos grandes discursos, como los que hacía Churchill o el de Martin Luther King del 63 o el que inventó Shakespeare para que lo dijese Marco Antonio en el entierro de Julio César, «amigos, romanos, ciudadanos, préstenme su atención que he venido a enterrar a César...»

Obama hizo la lista de los problemas que acosan a las clase media y baja y, luego, las soluciones que ofrece, de tal manera que «la responsabilidad individual y la social vuelvan a ser la esencia de la promesa estadounidense (para mejorar)» y con estos y otros argumentos, en donde estaba implícito el cambio que simplemente él representa como candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata, les garantizó que «podía restaurar la esperanza de una nación.»

Las cámaras mostraban un rostro y el siguiente, uno con lagrimas el otro compungidos sólo de imaginar que se diera el cambio y todos soñando que los había entendido, que ahora sí resolverían sus problemas.

Por su parte, Obama proponía premiar a los pequeños y medianos empresarios capaces de crear empleos y seguro que lo hará, para darles cumplirles las promesas, algo que flotaba en el aire, «revisando los programas estatales actualmente en marcha, para acabar con los que no son eficientes y sólo derrochan recursos.» Para los ecologistas hubo promesas: en diez años, para el 2018, se habrá terminado la dependencia del petróleo extranjero y habrá fuentes de energía limpias para proteger al medio ambiente.

Este sentimiento de cumplir con sus esperanzas, coincide, el discurso de Luther King —cuyo fragmento se publicó el martes—, cuando declara que tiene un sueño y Obama, con sólo recordarlo de pasada, sabía que lo había personificado, sí, que ahí estaba él en ese espacio abierto para «todo el mundo», sin miedo, sin cerrazones, y este afroamericano, como el sueño de King, se había tomado de la mano del hombre blanco, como es Joe Biden, para invitarlo como vicepresidente para ver si llegan a la Casa Blanca, si el 4 de noviembre votan a su favor.

martes, 2 de septiembre de 2008

Yo tengo un sueño

El Informador, martes 2 de septiembre, 2008.

Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo, confirmando que todos los hombres son creados iguales como verdades evidentes.
»Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de los esclavos, se podrán sentar juntos en la mesa de la hermandad.

Sueño que un día —incluso el estado de Mississippi—, un estado que está sofocado con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases que sujetan a las razas y provocan la represión de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres y las colinas y montañas serán llanos, que los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza.

Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir en la montaña de la desesperanza la piedra de la esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de la fraternidad.

Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado: Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad.

Y si Estados Unidos ha de ser grande, todo esto tendrá que ser una realidad... y cuando repique la libertad en cada aldea y en cada caserío, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!


Este es un fragmento del discurso que Martin Luther King dio en Washington DC, el 28 de agosto de1963, un año antes de ser Nobel de la Paz y dos antes que lo asesinara un sicario. Tal parece que Barack Obama cumple este sueño y podrá ser el primer Presidente de color en la historia de los EUA.