sábado, 27 de diciembre de 2008

La obertura de un poema

El Financiero, 29 de diciembre, 2008.
Descripción de un brillo azul cobalto de Jorge Esquinca

Nada mejor para cerrar el año que ponerse a leer ahora que hay tiempo, algo de poesía. Sobre todo la que nos dice algo y que sirve de espejo y no como esa otra encriptada de tal manera que no la entendemos. Por eso, buscando en la FIL encontré, por pura intuición, la obra más reciente del poeta Jorge Esquinca: Descripción de un brillo azul cobalto que he disfrutado tanto. Aprovecho estos días que la cartelera está casi vacía —como la ciudad—, pues bien sabemos que, por lo menos una vez al año, vale la pena compartir eso que uno considera está en la frontera con la música y que, estamos seguros que si el poeta la hubiese trabajado un poco más, se habría transformado en un poema sinfónico.

Todo está por decir es el primer acorde con el que abre fuego esta obra y es el poeta quien nos presenta una serie de imágenes cargadas de símbolos —como las palabras justas que utiliza—, para luego espaciarlas para que tomen su ritmo que tanto nos ayuda a sostener su lectura —asombrados— antes de lanzarnos por los aires con nuestros propios recuerdos —como en un espejo— para tratar de atrapar con la mano, las flechas que cruzan por el espacio, los sueños o las pesadillas que, no cabe duda, están hechos de lo mismo con el que estamos formados.

Todo está por decir acompañado de la imagen de María entre las ramas de un árbol, dejando su cuidado en otras manos, antes que el narrador nos confiese que su padre creía de veras en el cielo y les pedía que le leyeran Las Rosas de Nerval.

Cuando creemos que estamos en un jardín como esos, donde una rosa es una rosa, es una rosa, resulta que nos presenta la verdadera melodía de este concierto: la muerte del padre, la muerte que creemos sucedió una madrugada en donde parece que hacía dieciocho grados bajo cero, muerte por suspensión, como escuchamos el segundo acorde que se va a repetir como un eco en forma de pesadilla, de eso que no quisiéramos recordar, pero que, una vez que se ha escrito, se reproduce —como el vuelo de la garza—, justo cuando se le antoja al poeta detenerse en la rama por un momento, sin que pueda reprimirlo.

La garza atraviesa el umbral del árbol y se posa. La garza, que una vez fue modelo en una urna cretense pues con su pico enorme, resulta ser una entrometida: la garza de la indiscreción, como el ave que usa el poeta para meter su pico donde quiera como si fuera una abusiva curiosidad, como la que se necesita tener en las ciencias divinas que penetran en el origen de las cosas.

La garza atraviesa el umbral y se posa —igual que nosotros—, por instinto, por casualidad y por un instante aquí, en esta otra rama y se va cuando tiene que irse simplemente para posar más allá, por puro instinto.

Y así como sabemos —si es que alguien nos pregunta—, cómo está el clima y si tratamos de contestarlo nos resulta complicado explicar por qué, así nos pasa con el amor si es que intentamos explicarlo —como decía San Agustín en sus Confesiones y tal como lo cita Süskind en su breve tratado Sobre el amor y la muerte. Así también nos dice María en este poema que no sabe cómo suceden estas cosas, pero los árboles se hacen de este tamañito.

Sí, tal parece que nos quedamos el tiempo justo en el árbol y luego, la ausencia y la desdicha —dice el poeta—, como si fuese esa melodía interpretada por las cuerdas —el chelo, sobre todo—, con esa voz tan humana que uno empieza a recordar los propios viajes, como el poeta recuerda el que hizo con su padre en un Vauxhall azul cobalto donde recorría las llanuras del bajío.

El espejo de pronto, como el agua del río para Narciso, donde nos vemos con otros colores, sobre una troca, hace tanto tiempo, cuando transportábamos algunas vacas por el bajío, entre la sequedad de la primavera y la tierra colorada, no sin dejar de tomar la barbacoa recién hecha en Zapotlanejo, tan buena como pocas en nuestra vida.

Libres y con la camisa al aire y el viento de lado, bajo el cielo azul coronado por los zopilotes en espiral perfecta antes de clavarse en sus inmundicias —en los cadáveres putrefactos—, en donde llevan a cabo su aquelarre.

El poeta sigue con sus recuerdos, los apunta, los traza y los avienta en cada una de sus páginas en blanco para que sea allí donde dejen su huella. Navega hacia el origen dice que dijo su padre un día en su cama de hospital antes de preguntarse: ¿cuándo recibí la herida?

Sabemos que si hay algo que duele y creemos que se trata de la ausencia. Aquí la orquesta hace una breve pausa y vuelve la melodía que la asociamos con la garza que nos abandona con un simple salto y, por eso, acude a María para pedirle que se recueste con él a su lado. Sí, de pronto, la tinta negra del miedo cae en la hoja y nos inmoviliza, el miedo que interrumpe todo, el miedo que nos hace pedirle a María: ven recuéstate / desnúdanos de mi / muérenos contigo, como dice el poeta.

El arte de viajar

El Informador, 25 de diciembre, 2008.

Nos han reportado que hay una baja del 15% en el turismo proveniente de los Estados Unidos pero, al mismo tiempo, nos dicen que habrá un incremento del nacional que puede compensar al anterior. Todo esto como resultado de la crisis y del aumento en el tipo de cambio: para los estadounidenses es un gasto que desean evitar y para los nacionales, el precio del dólar y del euro, hacen que las salidas internacionales sean cuesta arriba.

Pero de todas maneras las vacaciones en esta época son un hecho notable y las playas se van llenando a partir de hoy, hasta el 4 de enero del 2009. Es tiempo de cambiar los hábitos y las costumbres y dedicarse a otras cosas que no tienen que ver con la rutina del trabajo. Ojala nos cambie el humor y volvamos a tener el optimismo que deviene del relajamiento para poder disfrutar de la vida sólo por ser parte de ella.

Alain de Botton es uno de mis autores favoritos y hace años escribió El arte de viajar (Taurus, 2002) donde trata del viaje que hizo el duque de Esseintes, un excéntrico que vivía solo y su alma en una quinta en París que nunca había abandonado. Desde hacía algún tiempo planeaba e imaginaba viajar a Londres, en donde podría contrastar lo que se imaginaba con lo que realmente había y sucedía en esa ciudad.

Por fin llegó el día de la salida y con enormes trabajos se puso a arreglar sus maletas, incluyendo un porta libros donde llevaba su diario para apuntar cada uno de sus descubrimientos y de sus aventuras.

Frente a la estación de ferrocarriles en París estaba abierta una cantina —al estilo de los Pubs ingleses. Pensando que podría adelantar sus experiencias, decidió entrar para tomarse una cerveza oscura antes de iniciar su viaje. Mientras lo hacía, empezó a sentirse muy incómodo con el ir y venir de los pasajeros que pululaban alrededor de la estación y medio atarantado por todo ese ruido, decidió que su viaje llegaría hasta allí y con sus baúles, maletas, cobijas para taparse durante el viaje, paraguas y bastones, decidió que jamás volvería a abandonar su hogar… pues, ¿para qué moverse cuando uno puede viajar tan bien sin tener que levantarse de la silla?

Del pub francés se regresó a su quinta, empapeló las paredes de su casa con varios mapas de la ciudad de Londres, incluyendo el famoso puente y la Torre de esa ciudad donde sabía que les habían cortado la cabeza a tanta gente, incluyendo la de Ana Bolena.

Este año , hemos podido dejar atrás el pub de la estación como la que platicaba Alain de Botton para llegar, sin volver a voltear —por aquello de la estatua de sal—, hasta llegar a una playa a orillas del Pacífico, para admirar la inmensidad azul, voltear al cielo y verlo como su espejo —o al revés—, respirar hondo y estar contentos simplemente por estar aquí.

Volver a una vida sustentable

El Informador, 23 de diciembre, 2008.

Uno de los efectos de una crisis es volver a pensar si las bases sobre las cuales hemos vivido y trabajado son las correctas o si hay que cambiar hábitos y costumbres para adaptarnos a las nuevas circunstancias. En la historia, en algunas obras de teatro y en algunas obras de ficción encontramos buenos ejemplos sobre estos cambios y transformaciones.

Una persona o una empresa tiene que cambiar radicalmente —según Darwin—, para sobrevivir y tiene que valorar los diferentes estilos de gobierno y de vida, de tal manera que se haga a un lado lo superfluo o lo frívolo y se pueda volver a tener un estilo de vida sustentable.

Resulta sorpresivo que cuando se aleja uno de la vida de la corte y del palacio y se adaptan al nuevo estilo de vida, encuentran que es mucho más grato este estilo austero, que la vanidosa pompa que se mantenía en la corte: nos hallamos más libres de peligros en medio del bosque, que en medio de la envidiosa corte —como decía una víctima de la crisis.

Poco a poco, esta víctima se da cuenta que la garra helada y la ruda cólera del viento en el invierno lo hace encogerse de frío, sí, pero ahora sonríe porque sabe que esto no es adulación, sino que es un verdadero consejero que le hace ver claramente la realidad. Sí, no cabe duda que en todos estos casos, resulta dulce el fruto de la adversidad, nos hace pisar fondo y cambiamos la escala de valores.

Así es como entendí lo que acaba de escribir Jeffrey D. Sachs, maestro de la Universidad de Columbia en Nueva York, cuando sugiere que los norteamericanos —y el mundo, en general— van a tener que replantear su estilo de vida y vivir de una manera más apacible y acorde con la naturaleza.

Por eso van a tener que decidir si se compran un coche nuevo —GM o Chrysler que consume mucha gasolina— y si va a seguir viviendo en los suburbios, lejos del trabajo o mejor se acercan y evitan los fatigosos y caros trayectos.

Van a tener que decidir dónde invertir su dinero y, para eso, esperan conocer las señales y la dirección del nuevo gobierno de Obama que, seguramente, tendrá que aumentar los impuestos y, al mismo tiempo, reducir el gasto de guerra, pues el déficit presupuestario ha llegado a tener una dimensión estrambótica y poco sustentable: para el 2009 será de un billón de dólares y si a esto le agregan el peso de la recesión, los rescates bancarios y los estímulos fiscales a corto plazo, es posible que rebasen esta proyección.

Este panorama desolador ha sido producto de una mala administración y de la vanidad de la corte busheana. Ahora, deberán revertir sus valores, buscar un presupuesto balanceado, pagar más impuestos y ponerle fin a los gastos de guerra.
Por eso, nos imaginamos que habrá un cambio tal que se podrá lograr una vida más sustentable y racional.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Navidad de todos los colores

El Financiero, lunes 22 de diciembre, 2008.
La cartelera de la TV que abunda en temas navideños

En estos días sólo vemos en la TV series, programas y películas —nuevas o viejas— relacionadas con la Navidad o que giran alrededor de esta celebración. Hallmark decidió pasar una película sobre este tema del 1º al 25 de diciembre, como fue el Visitante de Navidad donde el hijo muerto en la guerra en Irak regresa, en el cuerpo de otra persona, para consolar a la familia completa; o esa familia que decide no celebrar, ni participar de los ritos de oficina, así como negarse a los regalos automáticos, a poner el árbol de navidad y mucho menos los adornos exteriores con los renos, el carro y las carcajadas del buen «papá Noel» o Santa Claus, ni cargarles más la mano a los niños haciéndolos el cuento —que hemos creído siempre— de que el responsable de los regalos es Santa y no los padres, inventando una historia tal, que es más complicada que el mismo nacimiento del niño Dios.

La frecuencia modulada va en aumento: los centros comerciales se retacan de compradores compulsivos que no resisten pasar estas fiestas en paz —como el moto que acompaña a esta festividad—, sino todo lo contrario.

Detrás de esa hiperactividad y del aparente «yo te regalo, si tú me regalas», se construye una espiral ascendente que llega hasta el colmo cuando se convierte en una paradoja, pues lo que se regala no le viene bien a nadie, ni se necesita ni mucho menos, pero en fin, sigue los patrones del comercio de la temporada en donde se calienta el consumo y, de ahí, la producción, las importaciones o las exportaciones y todo.

Parte de la resistencia del hombre para celebrar en la intimidad el recuerdo del nacimiento en Belén de hace veinte siglos, viene acompañado de ese saber que la vida es un préstamo a corto plazo, con todo y sus avatares, sorpresas y giros —como el que dan los ríos antes de llegar a la mar—, sus vuelos de buena altura o a vista de pájaro; ese subir y bajar instintivamente, pasando por el agua de las emociones turbulentas —que se mueven según la marea—, para de ahí, pasar al balcón, donde se puede ver el bosque, justo donde nace la poesía, esta herramienta tan poderosa para engañar y ver el fondo de la realidad; pero si sigue uno subiendo a lo más alto podrá, desde ahí, jugar a ser uno de los dioses del Olimpo, un Júpiter que puede descender —de vez en cuando—, sobre todo, si abajo nos hemos hecho bolas y ya no sabemos cómo deshacer esos nudos gordianos.

Casi todo lo que han producido para la TV en estas épocas tiene elementos mágicos: el deseo cumplido a última hora; la comprobación de que existe un espíritu navideño que arregla los entuertos o el asomarse por la ventana hasta que vea uno descender a los renos que jalan al gordo de barbas blancas y traje rojo, que nos hace un guiño, sí, ese que viene desde el Polo Norte —¿por qué se les ocurrió que viva en ese lugar imposible donde tiene su fábrica con todo y sus obreros, esos delicados gnomos o los enanos trabajadores que resisten, no sabemos cómo, los avatares de ese insoportable clima—; o las cartas a Santa Claus para entregársela ahora que está ahí sentado sin que falte la foto Polaroid, con los niños sentados en sus piernas o aquel prehistórico Santa del Sears Roebuck de Insurgentes, cuando en nuestra infancia nos llevaban para oírlo cómo se carcajeaba hasta que se le acababa la cuerda.

Los mayores celebran bebiendo y cenando pavo como en la fiesta de navidad en Fanny y Alexander (1982) de Bergman, donde sale a colación la envidia de la tía, los celos de la cuñada, el tío de la nariz colorada que hace bromas, el solterón y bueno para la parranda al lado de la decadencia o de la realidad que a veces nos abruma o los sueños que no se han cumplido y todo cerca del árbol que protege los regalos de los niños que se asoman por las escaleras para intuir que algo anda mal en estas historias, pero que mejor no preguntan, no vaya a ser que se acabe la fiesta.

Y cuando ya se han ido todos, solos en su cama, fluyen las anécdotas de la noche y las sorpresas, pues nadie sabía que tal cosa y la soledad, la bendita soledad que comparten los dos, la soledad de la pareja, una vez que han vuelto a acomodar los regalos para los niños que muy temprano se van a despertar con el gusto de haber recibido lo que pidieron o algo parecido, con ganas de salir a jugar con el vecino de la privada para cachar usando el nuevo guante de béisbol. Por un momento, entre las brumas del amanecer, la navidad oculta la crisis, el desempleo, el miedo de quedarse en medio de la calle sin saber qué pueda pasar mañana.

Pero mientras hay vida y dejemos que las cosas sigan su rumbo, nos tapamos bien y vemos a Bing Crosby con su White Christmas para creer, por un momento, que todo está bien, que todavía todo puede seguir bien, celebrando así, renovación de la esperanza como esta que necesitamos hacer cada año, para quedarnos tirados en la lona, aunque sabemos que la vida es azarosa y que está llena de sorpresas como el giro y vuelta de los ríos que van a la mar y que antes se retuercen negándose a entregarse francos y de cuerpo entero a dónde pertenecen.

El fraude del siglo

El Informador, jueves 18 de diciembre, 2008.

No logro entender cómo es posible que se lleve a cabo un fraude por $50 mil millones de dólares sin que nadie se haya dado cuenta y, cuando digo, nadie, me refiero a los auditores que andan como cuervos en el pastizal, que recorren los pasillos de las empresas —internos o externos—, con su traje oscuro y cara de palo, secos como la piedra pómez, listos para preguntar, analizar, anotar y recomendar a los ejecutivos y consejeros de los menores detalles.

Entonces, nos volvemos a preguntar, cómo es posible que ninguno de estos profesionales haya observado algo irregular en la contabilidad de una empresa que viene acumulando pérdidas de magnitud astronómica, incapaces de contener la ambición y el cinismo de Bernard L. Madoff, quien se encargó de esconder, partir y compartir, esta cantidad de dólares, a costa de los inversionistas que buscaban mejores rendimientos, sin ver a fondo cómo están compuestos, hasta ahora que les avisan que no tiene con qué pagar.

No se trata tanto de la codicia de los inversionistas, sino del brutal cinismo de un personaje de la bolsa, del exdirector del Nasdaq, en donde nadie adivinó que habitaba un desencarnado vampiro que engañó a miles de clientes con sus Madoff’s Investment Securities, atraídos por la manzana de una taza fija y que ahora lloran por las calles de la amargura, sin que alguien los rescate de sus pérdidas.

Las víctimas, son varias, entre otras clientes de Santander en España con $3,100 millones de dólares con ese fondo perdido de Optimal Strategic US Equity; BBVA, con otros cientos de millones; BNP Paribas, quien declaró perdidas de $465 millones de dólares; ricos y famosos, como Morton Zuckerman del New York Daily News, con una exposición significativa (no se sabe cuánto, pero debe estar doliendo y mucho), entre otros que han resultado afectados por esta estafa millonaria.

Madoff de 70 años fue arrestado en las primeras horas del jueves 11 pasado, por agentes del FBI en su departamento en Manhattan. Se declaró culpable y responsable de los fraudes, pagó una fianza de $10 millones de dólares y quedó en libertad condicional.

Nadie puede hacer algo para resarcir esas pérdidas. Recientemente, en el mes de octubre, la firma de Madoff ocupaba la vigésima tercera posición dentro del ranking del Nasdaq y manejaba un promedio de 50 millones de acciones al día. Tomaba pedidos en línea de intermediarios que manejan fondos de la General Electric o del Citigroup.

A principios de diciembre, una serie de sucesos concatenados, destaparon la olla podrida que precedieron a su caída y al desfalco de los inversionistas que habían depositado su dinero —y confianza— en sus fondos.

Lo que es increíble es que nadie haya podido detectar el fraude más grande de la historia de Wall Street y la puntilla para algunos inversionistas que regresarán a los viejos y no tan deslumbrantes fondos como han sido, son y serán los que respaldan las industrias y de los que hay varios en México.

martes, 16 de diciembre de 2008

Los límites del crecimiento

El Informador, martes 16 de diciembre, 2008.

Conocí a varios miembros del Club de Roma hace mil años cuando estuve en Viena a principios de los setenta, en una reunión de la ONU sobre periodismo científico, pues en esas fechas era el director editorial de la revista Ciencia y Desarrollo del CONACYT. Este Club mandaba hacer estudios macro, que tenían que ver con la bola de cristal, para asomarnos y ver nuestro futuro proyectado de alguna manera para luego confirmar su veracidad y vernos, como buenos Narcisos, reflejados en esas aguas del río Leteo, sin beber una gota, pues si lo hacemos son «las aguas del olvido», y lo que queremos es todo lo contrario: ubicarnos en las fronteras de este mundo.

En 1971, por encargo de este Club de Roma, un grupo de investigadores del MIT (Massachussets Institut of Technology) evaluó la capacidad del planeta comparando los niveles de consumo y el crecimiento demográfico, pues sabemos que esta capacidad es limitada y, ahora, que estamos cerca de los limites en varios aspectos: la curva de consumo de energía, fertilizantes, químicos, pesca y cereales, por ejemplo, tienen una curva exponencial y se trepan cartesianamente a gran velocidad. En cambio, la curva del crecimiento de la población parece ir a un ritmo más pausado.

Nada más para que tengamos una idea: el consumo de fertilizantes acumulado durante el siglo XX es de 10 miles de millones de toneladas; la pesca igual y, los cereales, de 500 mil millones de toneladas y cuando colocan estas tendencias de otra manera, para el año que entra, vemos cómo las curvas del consumo de petróleo,los alimentos y los recursos naturales han llegado a su máximo y lo único que sigue aumentando, en este contraste geométrico de tendencias, es la población que grafican en dos escenarios: una, sin colapso alguno y la otra si lo hay.

La pregunta es así de sencilla: ¿cuánto podremos aguantar con este ritmo de consumo? La respuesta a nivel mundial es aterradora, tal como se debe de ver y todo parace que si no empezamos a hacer algo, como debimos haberlo hecho desde 1971 cuando el Club de Roma presentó estos resultados y tendencias, lo más que podemos aguantar, está en los limites de los cincuenta años. Por eso, es aterrador el panorama, ¿no creen?

Ya lo he confesado muchas veces: me acuso de ser optimista por naturaleza y, en este caso, supongo, lo único que deseo es que el hombre es capaz de hacer algo a tiempo para corregir estas tendencias y que resulte en un especie de suicido universal.

Por eso, cualquier noticia que relacionada al uso de energía alternativa o el uso, cada vez más racional, de los recursos naturales de la tierra o que ataca de frente la contaminación y los excesos del consumo de los recursos no renovables es alentadora y dan ganas de extender un poco más la caída espeluznante de las gráficas que nos llevan más allá de los límites tolerables y de la sobrevivencia. Feliz año nuevo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Vicky Cristina Barcelona

El Financiero, lunes 15 de diciembre, 2008.
Una comedia enredada, irónica y divertida

Woody Allen ha sido, es y seguirá siendo un director que nos ofrece sus obras desde su perspectiva, es decir, desde el punto de vista de un neoyorkino, como ese que corre por sus venas. Ahora se llevó a su reparto a la Barcelona de Miró o de Gaudí con todo y la Sagrada Familia, el parque Gual y La Pedrera —y aquí mismo volvemos a tararaear la canción tema de Barcelona, con Giulia Tellarini (Barcelona, te estás equivocando...), que resulta perfecta para esta obra y una de las cosas que más nos gustan de la película, con esa vocecita de niña traviesa que sugiere que Barcelona tiene que cambiar si no quiere morir.

Con esa melodía entramos al mundo de las dualidades: de la apacible vida de los artistas, que contrasta con la vida superficial de los norteamericanos en escena como resulta ser el novio de una de las dos turistas guapas que, en sí mismas, son opuestas y por eso se complementan, que han decidido pasar el verano en Barcelona para ventilar su neurosis.

Woody Allen nos ofrece una de esas historias que se ha inventado y que ahora navega por el mar de la ironía, sobre las aguas del erotismo, como aquel estereotipo que es Carmen de Bizet y que ahora toma forma en un complicado y abierto ménage á troi o á quatre, sólo para épater le bourgois de la Norteamérica puritana.

Vuelve a usar la narración en off para que entendamos el tejido de su nudo gordiano y podamos saber qué pretende Cristina (Scarlett Johansson, 1984-), la gringa desbocada, dispuesta a probar las delicias de una aventura catalana, o Vicky (Rebbeca Hall, 1982-), su opuesto y complemento, de un realismo puritano que perturba a la posible felicidad de poder jugar un rato y que no deja que se trasmine el deseo a su alma puritana. Las dos son como la Luna y el Sol mientras disfrutamos del paisaje gaudiesco, paseando por el parque Gual o por la fachada de La Pedrera y el mito del arte.

No le ha ido nada mal a la obra pues se estrenó el 15 de agosto de este año y, después de un mes de estar en cartelera en EUA, había recaudado $20 millones de dólares de los cuales más de $2 entraron a las arcas por los distribuidores en España, en donde tuvieron el primer mes más de un millón de espectadores antes de irse a Francia en donde estuvo como la número uno, durante dos semanas consecutivas.

Escrita y dirigida por Woody Allen usó las locaciones de Barcelona en Cataluña y Oviedo en Asturias. ¡Ah!, la bella Oviedo, con su cristo de marfil medieval que es toda una obra de arte y con sus edificios de cantera, sus cafés en la calle donde se puede beber y tomar unos pinchos, mientras están cuajando su abierto deseo de hacer el amor, por hacerlo —con uno de estos brincos nostálgicos de ciertas actitudes lúdicas—, para lograr retozar un rato con Cristina a pesar de su reticencia inicial y dejar la huella con una de esas sensaciones que jamás vuelve a tener en su vida.

La empezaron a filmar en junio del 2007 y la terminaron en agosto. Allen fue muy cuidadoso al escoger su reparto y por eso logró uno de los mejores: Javier Bardem, como el artista y galán, con un Oscar recién ganado; la guapa y chaparrita Penélope Cruz, como una desquiciada artista española, celosa, en el papel de María Elena, la esposa del artista, liberal y abierta a todos lo sexos. Tal parece que ya está nominada para el Oscar por su papel secundario. Para tener dos patas bien puestas con el público norteamericano, está su estrella —en las últimas obras de este director—, la rubia Scarlett Johansson con todo y la trompita bien parada, dispuesta a todo, como eran las gringas que venían a Guadalajara en el verano de nuestra prehistoria, acompañada por la alta y estoica Rebbeca Hall, que hace de maravilla su papel, siendo primeriza con este director.

Woody Allen planeó hacer «una película seria, pero romántica, con algunos momentos divertidos, donde no haya sangre por ningún lado» y uno respira hondo, pues no cabe duda que, como buenos seguidores de la obra de Allen, sabemos que sus expectativas se cumplen.

Como siempre, Allen es un agudo observador del ser humano, de sus fragilidades, de sus fortalezas, de sus ambigüedades y por eso consigue equilibrar, con elegancia —como dicen los del Chicago Sun-Times—, el melodrama y la comedia, generando un placer de estar viendo algo diferente, que nos gusta —añado—, por mantener una tensión amorosa, clara y sin ambages como la que propone el pintor codependiente de su mujer tan española, esta especie de Carmen, insisto, con un amor-odio con su marido que de repente enloquece de celos y que abre las llaves de la atracción, sin importar el género.

Es una película sexy y es un egoísta que no nos deja disfrutar más de la belleza de Cristina y de Penélope, sólo nos asomamos para imaginar su cuerpo desde el mezanine donde la vemos en action-painting en la planta baja, desnuda pero cubierta con un mono que deja flotando por los aires sus carnes. Hay una nueva moral como insignia con la que las nuevas generaciones recorren sus campos de batalla.

La sensación de naufragio

El Informador, jueves 11 de diciembre, 2008.

Toda crisis nos orilla a reflexionar sobre nuestros hábitos y costumbres y sobre la manera en que veníamos haciendo las cosas hasta ese momento. Pero, una crisis, como la que estamos empezando a vivir, nos da la sensación de estar en medio de un naufragio, donde creemos que vamos a perder todo. A partir de esa vivencia, se puede llevar a cabo el cambio y la transformación de las empresas, de las instituciones y de las personas.

En los talleres de liderazgo basados en alguna de las obras de Shakespeare —como he importado la versión de Richard Olivier desde Inglaterra — y, en particular, con el tema del liderazgo responsable del cambio y la transformación se basa en La tempestad, una obra que empieza con una tormenta tal, que sólo oímos cómo gritan: ¡ya nos llevó...! o ¡todo está perdido!, como lo hacen los pasajeros de ese barco que está en medio de una crisis a punto de naufragar.

Son los mismos gritos que podemos imaginar se dan en la oficina del director general de una de estas empresas en crisis —como La Comercial Mexicana— a punto de naufragar. Esa situación fue provocada por Próspero, auxiliado por Ariel, el espíritu de cambio, desde la isla en donde se había exilado hacía años, cuando su hermano Antonio lo derrocó de su ducado en Milán.

La sensación de naufragio, paradójicamente, es la que nos permite revisar a fondo lo que hemos hecho y, por eso, nos damos cuenta de lo que teníamos y cuál era la escala de valores que, a lo mejor, lo habíamos dejado en decadencia, situados en un ámbito confortable. donde creemos que «aquí no nos va a pasar nada».

La tempestad y el naufragio son situaciones que nos obligan a realizar cambios profundos y, con esos cambios, podemos volver a saber qué es lo que realmente vale la pena y qué sólo eran costumbres mal habidas.

Ahora se habla de cambiar y volver a fundar las bases del capitalismo —como lo explicó Sarkozy—, basada en una ética del esfuerzo y del trabajo, hasta encontrar un nuevo equilibrio entre la libertad necesaria y las reglas, entre la responsabilidad colectiva y la individual. Se tiene que llegar a un nuevo equilibrio entre el mercado y el Estado, sobre todo ahora que ha intervenido para salvar al sistema bancario en crisis.

Esta asociación entre la vida empresarial y el teatro isabelino, este encuentro de dos culturas, nos permite participar en el desarrollo de México, estableciendo esos paralelismos para vernos actuar como nunca antes lo habíamos hecho, reflejados en un espejo, como es en esta obra, de tal manera que tomamos conciencia de lo que es el cambio y de lo que en verdad somos —la dualidad de los sentimientos—, pues ya sabemos que todo el mundo es un teatro y todos los hombres y las mujeres, simples actores que tienen sus entradas y salidas; en su tiempo, un hombre representa muchos papeles...

martes, 9 de diciembre de 2008

El miedo impedidor

El Informador, martes 9 de diciembre, 2008.

He tenido la suerte de conocer un extracto del discurso que hizo Nicolás Sarkozy en la ciudad de Toulon el 25 de septiembre, cuando se dirigió a los franceses porque consideró que la situación de su país lo exigía, pues sabía los posibles efectos de la desestabilización de la economía mundial que estaba produciendo una crisis de confianza sin precedentes. A lo mejor, algunos de ustedes ya lo conocen, pero como para mí ha sido una sorpresa, por eso me gustaría compartirlo.

Como el resto del mundo —dijo Sarkozy—, también los franceses temen por sus ahorros, su empleo y su poder adquisitivo, pues las grandes instituciones financieras están amenazadas y hay millones de pequeños ahorradores que han invertido su dinero en la bolsa y que ahora ven cómo su patrimonio se devalúa y los fondos de pensiones están en problemas, igual que los habitantes de esos hogares modestos, que viven momentos difíciles por el alza de los precios.

El panorama que pinta el Presidente de Francia es aterrador y, sin más, comenta que este tipo de situaciones produce miedo y que el miedo es una forma de sufrimiento que nos impide echar a andar nuevas ideas; el miedo nos impide implicarnos en nuevas soluciones —y yo agrego, que el miedo nos impide arriesgarnos. Cuando se tiene miedo se deja de soñar, cuando se tiene miedo, no piensa uno más en el futuro —sólo se piensa, digo, de qué manera vamos a sacar al buey de la barranca— y, hoy, el miedo es la principal amenaza para la economía —dijo Sarkozy—, y por eso propone que lo primero que hay que hacer es vencer a ese miedo a como de lugar y por eso, es la labor más urgente.. Para vencer el miedo, propone conocer la verdad, conocer la realidad-real por cruel que ésta sea.

Por eso describe cómo se imagina el futuro —nada halagador—, y explica que la crisis no ha terminado y que sus consecuencias serán duraderas, pues Francia es parte de la economía mundial y no puede estar protegida contra este tipo de sucesos que, ni más ni menos, ponen en desequilibrio al mundo.

Conocer la verdad es saber que la crisis tendrá consecuencias negativas en el crecimiento, que se podrá generar un mayor desempleo y que el poder adquisitivo se dañará durante los próximos meses.

Por varias décadas se han creado situaciones que sometían a la industria a una lógica que implicaba una mayor rentabilidad financiera a corto plazo, ocultando los riesgos que se tenían para lograr obtener estos resultados, cada vez más exorbitantes.

Por eso, hemos permitido que los bancos especulen en los mercados, en vez de hacer su trabajo a la antigüita: invirtiendo el ahorro en el desarrollo económico y analizando a fondo el riesgo de sus créditos. Por eso, —dice Sarkozy— se ha financiado al especulador y no al emprendedor y hoy pagamos por esto. Hay que volver a fundar un nuevo capitalismo porque este laissez-faire se ha acabado.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Hécuba, reina vencida y madre despojada

El Financiero, lunes 8 de diciembre, 2008.
Versión de Luisa Josefina Hernández en La Gruta del Helénico

Cuando aparece Hécuba, la reina de Troya, la esposa fiel de Príamo y madre de varios de sus hijos, sabemos que empieza la tragedia pues la vemos derrotada, vencida después de un sitio de diez años, quemadas las altivas torres de esa bella ciudad amurallada que era el orgullo de su época y despojada de todo lo que más quería como era a su esposo y sus hijos Héctor, Paris y Troilo.

Ese cuadro plástico es tan grave que no puedo menos que recordar aquel pasaje donde Lucrecia, la recién violada por el príncipe Tarquino, busca refugio para su dolor y se levanta a ver en detalle un cuadro de Troya que tenía en su casa y al ver a esta mujer, poder consolarse, pues seguramente Hécuba había sufrido más que ella y así, pasar por esa catarsis que tanto necesitaba.

Finalmente, le viene a la memoria un lugar donde cuelga un cuadro de diestro pincel, que representa la Troya de Príamo: frente a ella, el poder de Grecia, venido a destruir la ciudad por el rapto de Helena, amenaza con enojo a la altiva Ilión; el fantasioso pintor había representado a la ciudad tan arrogante que parecía como si el cielo se inclinara a besar sus torres... ve a muchos en los que se hallaban algunas penas, pero ninguno de ellos albergaba toda la desolación y todo el dolor, hasta que, antes de regresar a su habitación ve a Hécuba mirando con sus viejos ojos las heridas de Príamo que yace sangrante bajo el orgulloso pie de Pirro. En ella el pintor ha disecado la ruina del tiempo, el naufragio de la belleza y el dominio de la dura zozobra. Sus mejillas se visten de surcos y arrugas; de lo que era, ya no queda ningún parecido: su sangre azul, al negro a virado en cada vena privada de la primavera que esos resecos canales había nutrido; así mostraba la vida presa en un cuerpo muerto... Lucrecia, despliega su mirada y adapta su pesar a los dolores de la vieja reina...

Sí, Lucrecia despliega su mirada, para acomodar su pesar al de la reina, en esto que ahora le llamamos catarsis, lo mismo nos pasa al ver esta obra de teatro en donde Polidoro, el hijo menor de los reyes de Troya, había sido enviado lejos antes de que fuera destruida; lo habían mandando para que Polimnestor, un tracio que había sido huésped de los reyes, lo cuidara y por eso y lo habían mandado con todo y un modesto tesoro para que no le faltara nada. Pero este cuidador lo traicionó y decidió asesinarlo y arrojarlo al mar sin sepultura alguna, cosa que, para los griegos, podía ser el mayor de los castigos. Por eso Polidoro regresa ahora como fantasma, para pedirle a su madre que lo enterrara junto con su hermana Polixena, sacrificada por órdenes de Aquiles en el túmulo donde había sido éste cremado. Cuando Polidoro ve a su madre no puede contenerse y dice: ¡Madre mía!, qué te ha pasado que de reina te has convertido en esclava y de ser feliz has pasado a ser una infortunada! Algún dios te castiga hoy por tu ventura anterior.

Y de esta obra original escrita por Eurípides, Luisa Josefina Hernández hace una versión en donde rescata las situaciones dramáticas, la grandeza del conflicto y el carácter de los personajes, para adaptar la obra y que fluya de una mejor manera.

Estará en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico hasta el 12 de diciembre, en una puesta en escena dirigida por Emma Dib, quien aborda esta historia en medio de la devastación humana, de la humillación y de los juegos políticos, de tal manera que logra provocarnos, como pocas obras de teatro, una catarsis frente a lo que somos testigos.

Se trata del abuso del poder, se trata de las traiciones y, sobre todo, de qué manera los seres humanos pueden enfrentar estas situaciones. Después de que los troyanos fueron vencidos, Hécuba es, como dijimos, una madre despojada. La leyenda cuenta que una vez que los griegos entran a la ciudad amurallada, acaban con toda su descendencia de los Príamo y los dioses, al enterarse de la muerte del último hijo, convierten a la reina en una perra con ojos de fuego.

Es la madre frente a la destrucción de todo lo que ella protegía y amaba: nunca mi alma ha sentido tanto miedo ni tanto horror... He visto una manchada cierva, despedazada por un lobo con sus garras llenas de sangre, arrancándola violentamente de mis rodillas que movía trémula de compasión, y así empieza este lamento, uno de los más tremendos que hemos escuchado, de tal manera que al terminar la obra, nos agarrarnos de la mano de nuestra compañera y pensamos, como Lucrecia, que, en verdad, esto de la crisis no puede ser pero de como la pasó Hécuba en su tiempo.

También nos enteramos que Helena fue rescatada por Menelao una vez que le enseña sus pechos desnudos y el soldado griego cae de rodillas frente a su belleza, cuyo eco llega a nuestros días cuando el Dr. Fausto se preguntaba si ese rostro era el que había lanzado las miles de naves griegas rumbo a Troya para quemar las altivas torres de Ilium y, si era así, que le diera la inmortalidad con un beso, antes de ser arrastrado al Hades.

Oportunidades en la crisis

El Informador, jueves 4 de diciembre, 2008.

Compra barato y vende caro es el moto de los comerciantes y de los inversionistas y, tal parece, es la regla que aplica Carlos Slim, un hombre que tiene un flujo considerable de dinero «cash» y que, independientemente de las pérdidas multimillonarias que tuvo en la bolsa de NY, supo aprovechar la crisis y, ahora, con ese principio básico, compró acciones de las tiendas Saks y de Citibank, comprando barato e inyectando una importante cantidad de dólares en las dos empresas.

Además de esa compra, insistió en que se debe de reactivar la economía con obras de infraestructura, como lo anunció en Bueno Aires, mientras acompañaba al Presidente en su gira, insistiendo que, cuando hay una crisis, también la IP deber entrar al quite, sobre todo si cuenta, como él, con un flujo importante.

Tal vez por eso mencionó la inversión inmobiliaria —si, inmobiliaria, justo en el sector en crisis— de la Plaza Carso, donde generará 3,500 empleos permanentes y donde va a invertir 800 millones de dólares. Esto queda donde antes estaba la planta de la General Tire, en la colonia Irrigación.

Le dicen el rey Midas, como aquel legendario de Frigia —ahora, en el corazón de Turquía—, un monarca que salvó a Sileno y por haberlo integrado a las fiestas de Dionisi y que, en agradecimiento, le dijo que pidiera un deseo. A Midas se le ocurrió pedirle que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Por eso se parece a Carlos Slim que, desde que compró la imprenta Galas, luego la Cigarrera La Moderna y luego Sanborn’s en la prehistoria y comprar en los noventas a la empresa Telmex, durante la ola de privatización y después de la crisis que sufrimos —con una maldita inflación por las nubes, hasta que Pedro Aspe implantó el pacto—, Carlos Slim logró para convertir a esa empresa telefónica en oro puro y pudo hacer que pasara de una compañía que anunciaba que no habláramos más y que se tardaba años en instalar una nueva línea, a lo que es ahora —con todo y los móviles e Internet—, donde promueven el famoso ¡llámale!, para hablar todo el tiempo que queramos con total que la registradora siga sonando.

Así es como, por lo pronto, ha decidido enfrentar la crisis: comprando acciones de Saks para convertirse en uno de los mayores accionistas de esas tiendas de lujo como es Saks Fifth Avenue y su versión Off 5th como tiendas de descuento. Las compras de estas acciones, se hacen justo cuando esa empresa luchaba con la caída en sus ventas, a causa de la contracción económica.

Además de esto, invierte en una superficie comercial rentable de unos 45 mil metros cuadrados, donde estarán las tiendas de su Grupo: Sears, Sanborn’s, Mixup y Banco Inbursa, además del Museo Soumaya y un espacio para la colección de arte contemporáneo de Jumex, así como un nuevo teatro. Se dice que esta obra deberá estar terminada en 2010 y, por lo pronto, le ha inyectado todo este dinero a la economía.

martes, 2 de diciembre de 2008

Prometer no envilece

El Informador, martes 2 de diciembre, 2008.

Mientras el Partido Revolucionario Institucional (PRI) organiza foros, aceitando la vieja maquinaria y poder encontrar argumentos para enfrentar la crisis económica mundial que le sirvan en la campaña de 2009; mientras la nueva izquierda del Partido de la Revolución Democrática (PRD) con Jesús Ortega a la cabeza, trata de unir los fragmentos que quedan a su alrededor para definir el camino a seguir, y el Partido Acción Nacional (PAN) reestructura su plataforma y mete en cintura a esos miembros celosos e individualistas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) recorre el país, haciendo campaña, aprovechando cualquiera de los errores de los demás, total, con eso de que prometer no envilece, hace camino al andar.

No se pueden negar los resultados obtenidos por este político ambicioso que desea el poder y que sabe utilizar los argumentos en campaña, prometiendo la renovación de todo lo que está a nuestro alrededor y que huele a podrido.

No importa que luego, cuando haya logrado el poder, sus promesas se transformen en triste realidad —sin negar nunca lo prometido—, haciendo uso de la magia en la aplicación de la retórica y de las verdades a medias.

Andrés Manuel López Obrador es un hombre que está recorriendo el país, prometiendo, como cualquier político lo haría en campaña, lo que la gente desea tener algún día mágicamente, como es un proyecto diferente de país, y para eso los invita a luchar por la igualdad y la justicia. Así, poco a poco ha ido integrando a millones de ciudadanos en su movimiento en medio de una transformación camaleónica, pasando del original PRD a la Convención Nacional Democrática, para luego pasar a ser el gobierno legítimo y de ahí, navegar con la bandera del Frente Amplio Progresista (FAP), argumentando a su paso que aquello que él señala es la verdad, asegurando que sólo él puede hacer cambiar las cosas.

Tiene todo el tiempo del mundo para recorrer plazas y poblados y para convencer, poco a poco, de que él es el hombre indicado para provocar el cambio, o como él dice, para aplicar la auténtica democracia —como si la que tenemos sea falsa—, pero, como sabemos, así es esto de la retórica o de las verdades a medias y cuando él dice que tiene la autoridad moral, sobre todo en esta época decadente, donde tal parece que se actúa sin escala de valores, ni ideales o principios, en donde la corrupción es el pan de todos los días —y que son verdades, no tan a medias—, en prometer el gran cambio con una serie de argumentos que lanza al aire para que caigan al suelo, como las semillas al voleo, sólo para ver cuál de todas esas prenden en esa tierra seca de ideales.

Con esta verborrea, con esta retórica, como dicen los que conocen la oratoria de Cicerón, el maestro López Obrador va convenciendo a cierta gente, como representante de una nueva causa, y el resto de los políticos sólo se quedan viendo sin aparentemente hacer algo que contrarreste esta estrategia llena de presunciones.