jueves, 28 de mayo de 2009

Haydn, padre de las sinfonías y los cuartetos

Día Siete, domingo 31 de mayo, 2009.

Dicen que Franz Joseph Haydn (1732-1809) es el «padre de la sinfonía y de los cuartetos de cuerda» y tienen razón, pues nadie como él estructuró y compuso tantas sinfonías ni tantos cuartetos, nadie como él jugó con todas ellas innovando varias cosas como, por ejemplo, darles a los cuartetos un aire tal, que creemos se trata de una conversación íntima en medio de sus melodías o de esas impresiones que resulta ser los sentimientos expresados musicalmente tal como los que nos imaginamos como parte de ese diálogo. A veces creemos que uno de los instrumentos hace un aparte —y nos dicen algún secreto—, luego, se presenta un nuevo argumento —y a veces nos toma el pelo porque resulta ser uno falso— pero que se ramifica de tal manera que nos da la impresión de estar tras bambalinas, en medio de algo que es íntimo y estrictamente personal, como son los chismes de lavadero.

Nos identificarnos con esas emociones y con la relación que hay entre la voz principal y las de sus acompañantes, cuando se transforman frente a nuestros propios ojos —es decir, a nuestros oídos—, de tal manera que no podemos saber quién se queja y explaya sus deseos, si es el violín principal o el cello subordinado o si la viola es la que resulta la metiche o el árbitro de la discusión y nosotros, asombrados, seguimos a los instrumentos de un lado para el otro, disfrutando, entre otras cosas, todo eso que inventó Haydn y que le llaman “el contrapunto clásico.”

Haydn es el maestro de la modulación y casi siempre despliega unos silencios que resultan ser dramáticos y, en otros casos, suelta unas frases asimétricas que son un deleite y todo esto lo hizo con un gran sentido del humor.

La primera chamba que tuvo Haydn fue ser el sirviente del compositor italiano Nicola Porpora —que no tenemos la menor idea quién era— pero, a los 27 años de edad, en 1759 se fue a trabajar con los Esterházy, una familia de nobles en medio del Imperio Austro-Húngaro, para dirigir e interpretar música de cámara con los miembros de su orquesta o con los músicos de esa familia, como era el príncipe Nicolás que tocaba el violón de bordón.

Haydn estaba muy satisfecho con su trabajo, feliz de trabajar con ellos pues, como director pudo experimentar y observar qué cosas producen qué efectos y cómo otras lo atenúan, para poder así, mejorar e probar cosas nuevas.

Trabajó como nunca en la década de los 60,’s y componía todas las semanas dos óperas y dos conciertos, más la música que le pedían para cualquier ocasión o para los invitados especiales, como cuando compuso el Cuarteto opus 50, número 1 para el rey de Prusia que tocaba el cello y lo hizo de tal manera que el cuarteto se basa casi en nada, es decir, empieza con una sola nota en el cello, seguida de otras seis al violín y, con eso, Haydn no arriesgó, ni puso a prueba el virtuosismo de su Majestad, pues iniciaba con un solo de una nota y los violines lo adornaban para que el rey de Prusia luciera como una estrella.

Haydn se casó en 1770 con Maria Anna Keller. Aunque no le funcionó su matrimonio, tuvo una larga relación con una de las cantantes de los Esterházy —con la que dicen que tuvo varios hijos.

A partir de 1781 Haydn se hizo amigo del joven Mozart —joven toda su vida, pues murió a los 35 años de edad—, y los dos músicos se fertilizaran mutuamente: el viejo Haydn, o papá Hady, como le llamaba Mozart, admiró al joven de Salzburgo y disfrutaba de la maestría con la que componía su música. Por su parte, el joven Mozart, trató de componer música de cámara que estuviese a la altura de Haydn. Por eso, le dedicó seis cuartetos de cuerda que son una obra de arte indiscutible.

Están primero los seis cuartetos que Haydn le dedica a Mozart —compuestos entre junio y noviembre de 1781— y que son los seis Cuartetos opus 33 y que Hoboken catalogó como los Cuartetos 37 al 42. Un año después, Mozart empezaría a componer su serie de cuartetos —donde encontró más dificultades de las esperadas, como dice en la dedicatoria— y, para 1785, había terminado seis verdaderas obras maestras conocidos como los Cuartetos 14 al 19 o Los Cuartetos Haydn.

Para 1789, empezada la Revolución Francesa que conmocionó a toda Europa, murió el patriarca de los Esterházy y el sucesor no tenía interés por la música, así que, Haydn fue despedido y aprovechó la ocasión para demostrar que sí se podía vivir como compositor y director independiente de la nobleza, como sería más o menos a partir del siglo XIX.

Por eso aceptó la oferta que le hizo Johann Peter Salomon para viajar a Londres y dirigir ahí sus sinfonías con una gran orquesta, cobrando la entrada al concierto y compartiendo los ingresos. Su estancia en Inglaterra fue todo un éxito y el viejo Haydn se hizo famoso en las salas de concierto europeas, con lo que obtuvo, para sorpresa de los demás compositores, ingresos sustantivos.

Cuando se despidió de Mozart en 1790 para irse a Londres, Haydn no se imaginó que ese genio con el que tanto disfrutaba de su capacidad musical moriría al año siguiente a la edad de 35 años, mientras él se instalaba en Londres en una nueva etapa de su vida a los 59 años.

Durante sus años en Inglaterra compuso algunas de sus obras más sobresalientes: las Sinfonías de Londres (entre ellas, la 104) y las Sinfonías Militares o el Cuarteto Reiter y el Rondo gitano para trío con piano.

Pero Haydn regresó a Viena —como los animalitos buscan su lugar de origen para morir— y por eso, decidió volver a Viena en donde se construyó una gran casa y se dedicó a componer obras sacras: el oratorio de La Creación y el de Las Estaciones, así como unas seis Misas y sus nueve últimos cuartetos de cuerda.

A partir de 1802, a los 70 años de edad, se enfermó al grado que no podía componer, aunque en su mente, decían, las ideas le fluían con facilidad. A pesar de estar bien cuidado y no faltarle de nada, a pesar de tener muchos amigos y ser un músico muy apreciado, Haydn estuvo triste esos últimos años, pues no podía jugar más, ni probar nuevos efectos con su música.

En 1806 se hizo imprimir unas tarjetas en donde se disculpaba de no poder asistir a dónde lo invitaban pues: «Todas mis fuerzas se me han ido, estoy viejo y cansado», como era el texto de una canción que compuso en El viejo en 1796.

Haydn murió el 31 de mayo de 1809 —hace exactamente 200 años— a los 77 años de edad, en la ciudad de Viena, mientras escuchaba los cañonazos que soltaba la artillería de Napoleón Bonaparte entrando a Viena.

Edipo, la tragedia de enredos

El Universal, Kiosko, viernes 29 de mayo, 2009.

Flavio González Mello finalmente termino de escribir su Edip en Colofón, su más reciente obra de teatro después de haber bebido —como quien dice—, el agua de varias fuentes para recorrer un laberinto, como el de Minos en Creta, dándole de vueltas a este personaje tan cercano en nuestros días gracias a que Freud bautizó así a uno de los complejos universales de mayor trascendencia y que el autor aprovechó para hacer esta parodia o, como él la llama, su “tragedia de enredos”.

El texto es genial, largo y más o menos enredado para los que no conocemos el árbol genealógico de esta familia tebana, de la raza de Cadmo, una de esas familia poderosas, marcadas por la tragedia —como son los Kennedy o los Salinas de Gortari—, en donde Layo, su padre natural, hijo de Lábdaco, reinaba en Tebas casado con Epicasta —como le dice Homero— y que es la Yocasta que conocemos, como le dicen los trágicos, hija de Meneceo y nieta de Oclaso.

Homero (siglo VII a.C.) cuenta cuando se encontró en las profundidades del Hades a “la madre de Edipo, la bella Epicasta, que cometió, sin saberlo ella misma, una gran impiedad, pues se casó con Edipo, su hijo. Él la tomó de esposa tras haber dado muerte a su padre (Layo) y los dioses lo hicieron saber a las gentes. Cuando regía en Tebas a los cadmios, penó en dolores por los infaustos designios divinos: ella se al Hades de sólidos cierres pues, rendida de angustia, se ahorcó suspendida de la más alta viga con una cuerda. Al morir le dejó nuevos duelos, como suelen traer a los hombres las furias maternas.” (Canto XI, 271-280)

La obra la dirige Mario Espinosa y cuenta con un buen reparto como ese que se mueve sin parar en el escenario del Teatro de las Artes de la “babilonia chifladora” como le dicen al Centro Nacional para las Artes en Churubusco.

Las fuentes principales son las tragedias de Sófocles (495-406 a.C.), Edipo Rey, Edipo en Colón y Antígona, cuando este poeta trágico competía en las fiestas de Dionisio en la Atenas de Pericles. También bebió de la fuente de Esquilo (525-456 a.C.), poeta y autor de Los siete sobre Tebas, anterior a las tragedias de Sófocles, pero posterior en el tiempo al reinado de Edipo, en donde sus hijos, Eteocles y Polinice se matan frente a frente.

Seguro que Flavio se clavó en los estudios de Freud sobre el complejo de Edipo “ese conflicto emocional que se da en la infancia de todo ser humano —de ambos sexos— cuando, por un lado, se siente una atracción sexual inconsciente por la madre (en el caso de los hombres) o por el padre (en el caso de las mujeres) y, por el otro lado, pero al mismo tiempo, se percibe un sentimiento de odio (inconsciente) hacia el padre (por parte de los hombres) o hacia la madre (por parte de las mujeres), durante los primeros seis años de la vida del niño en esta etapa llamada fálica.”

Edip en Colofón: Edip por ser palindroma Pide y, Colofón, el manicomio de esta obra donde se refugia Edipo, larga de tres horas con una segunda parte donde disfrutamos de la obra dentro de la obra como Píramo y Tisbe o La muerte de Gonzaga, en otras obras de Shakespeare. En ésta con su coro griego al estilo de Mighty Aphrodite (1995) de Woody Allen, para terminar la parodia de enredos o la medio enredada tragedia con los veinticuatro actores en escena como Antígona, la hija y lazarillo de Edipo; Pólibo y Peribea, los padres adoptivos de Corinto; Layo, el padre natural, Yocasta, su madre, amante y madre de cuatro hijos y medios hermanos: Eteocles, Polineces, Antígona e Ismena; Polifemo, el cíclope de un solo ojo; Creonte, sucesor de Edipo en Tebas y otros quince locos más.

Los infinitos confines del Universo

El Informador, jueves 28 de mayo, 2009.


Tal vez, entre tantas cosas, los arrestos de los alcaldes en Michoacán, la falta de agua en México y el mundo, que es una tragedia y otros asuntos sangrientos y violentos, hemos perdido la capacidad de asombro y, por eso, el viaje tan exitoso del trasbordador Atlantis para reparar y mantener al Hubble “que no es sólo un satélite, sino que representa la búsqueda de la humanidad por el conocimiento del universo”, al que le pusieron la nueva cámara Wide Field Camera 3, que nos ofrecerá una mirada más espectacular de las épocas tempranas del Universo, no le hemos prestado la atención que se merece.

Con la renovación del telescopio —en el espacio desde 1990— podremos ver galaxias en colisión o el nacimiento de algunas estrellas o más lejanos agujeros negros, nebulosas y pulsares. Tal vez ya no somos capaces de detenernos un momento para imaginar lo que debe estar detrás de este viaje espacial: el trasbordador Atlantis salió de Florida, para alcanzar unos 530 kilómetros y llegar justo a su blanco —microscópico, comparado con el universo— y alcanzar a ese pequeño objeto que gira en órbita para iniciar las caminatas espaciales, con toda clase de herramientas y flotando —sin que se les frunza el estómago—, cambiar las baterías e instalar esa nueva cámara para mirar con mayor profundidad los infinitos confines del Universo.

Viaje de una precisión impresionante para encontrar al telescopio orbitando, mientras que la astronauta Megan McArthur desplegaba el brazo de 15 metros del Atlantis para atrapar al Hubble y, una hora después, empezar a realizar las tareas de reparación y renovación como lo habían previsto.

Si a veces nos cuesta trabajo cambiar el foco fundido y preferimos cambiarnos de cuarto para poder seguir leyendo sin tener que cambiar la lámpara, en esta ocasión vimos cómo Michael Good usó el láser en el espacio para determinar con exactitud la distancia y la velocidad de aproximación para no colapsarse con el Hubble para poder darle su manita de gato a ese observatorio que parecía “un hombre viejo —de 19 años de edad— que ha estado paseando por el espacio.”

Durante más de cinco días se mantuvo fijo el Hubble en la parte superior del Atlantis para que los especialistas le colocaran los nuevos instrumentos y baterías, que pesan 208 kilos en la Tierra, pero que, en el espacio, flotan como si fueran unas burbujas ingrávidas.

El comandante Scott Altman informó que "fue un viaje increíble y, ahora, el Hubble puede continuar sólo, explorando el cosmos". No será hasta en el 2014 cuando la NASA planea subir otro telescopio más potente y, en el 2020, mandará una nave sin tripulantes para traer de regreso a la tierra al tan estimado Hubble.

Hemos perdido la capacidad de sorprendernos y darnos cuenta de que el mismo hombre que tiene tantas deficiencias, tiene también la capacidad de desarrollar un proyecto de tal magnitud, que nos podemos asomar al infinito universo para disfrutarlo con la boca abierta.

martes, 26 de mayo de 2009

La mala educación: nudo gordiano

El Informador, martes 26 de mayo, 2009.

El lunes pasado, el ITAM confirió tres doctorados Honoris causa a Javier Beristain Iturbide, Pedro Aspe Armella y Francisco Gil Díaz respectivamente, otorgados por la trayectoria de estos tres maestros y egresados de esa institución. Fue una ceremonia solemne y Javier Beristain (rector del ITAM de 1972 a 1991), aprovechó para compartir su visión y hacer una propuesta que considero es muy importante, además de esperanzadora, que confirma la idea de que si tenemos una visión o un sueño y podemos declararla nos permitirá seguir vivos y librar cualquier clase crisis, por grave que sea. Por todo esto, he editado y resumido su visión y proyecto que la acompaña que me gustaría compartir con ustedes:

La visión es esta —dijo Javier Beristain—: que todos los niños y jóvenes de México tengan la oportunidad de recibir una educación de calidad. La propuesta es que el ITAM haga realidad esta visión que deviene de una observación compartida por muchos: la mala educación que están recibiendo los mexicanos es un nudo gordiano en donde se enredan la mayoría de los problemas nacionales, como son, la fragilidad de las instituciones, la inmovilidad social y la desigualdad, la improductividad de los factores de producción, el deterioro del ambiente, la indiferencia frente a la impunidad y la corrupción, la debilidad de la sociedad civil y la intolerancia de lo distinto y que son, entre otras, algunas de las consecuencias de que la gran mayoría de los mexicanos no logran una educación de calidad en valores, en aptitudes, en actitudes y en conocimientos.

Cuando dijo esto, los casi mil invitados —con la presencia de dos itamitas como les dicen a esta tribu— y en el presidium Alonso Lujambio y Agustín Carstens, Secretarios de Educación Pública y de Hacienda, Beristain desarrolló su propuesta y dijo: mejorar la calidad de la educación no es responsabilidad de un gobierno ni materia de un programa sexenal, requiere de una auténtica Política de Estado que trascienda los arbitrarios tiempos políticos y los proyectos cortoplacistas de los partidos.

Mejorar la educación es siembra y no cosecha. Mejorar la educación compartir una visión de México donde todos sus niños y jóvenes tengan las mismas oportunidades, sin distinción de etnia, de género, de lugar de nacimiento ni, por supuesto, de situación socioeconómica.

Lanzo una flecha al aire con destino cósmico: que las autoridades académicas del ITAM analicen qué y cómo hacer para contribuir a hacer realidad esta visión con la creación de un Centro de Innovaciones en Políticas Educativas.

La innovación partiría del estudio de los cuatro grandes procesos del sistema educativo: la atención de la demanda, los contenidos, el sistema de distribución de estos contenidos y la organización del sistema y de la investigación surgirán las propuestas de políticas innovadoras y, una tercera función sería la divulgación de los resultados y de las propuestas para influir en la formulación de la Política de Estado en la materia.


Una visión y un proyecto que esperemos se convierta en realidad.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La ceremonia y el ritual del baño

El Universal, Kiosko, viernes 22 de mayo, 2009.

Una de las escenas más impactantes de la película The Reader, es decir, de Una pasión secreta, es cuando Hanna Schmitz (Kate Winslet, 1975-), baña con vigor al joven Michael Berg (David Kross, 1990-), quien la había conocido cuando tenía quince años para descubrir con ella la sexualidad y pagarle, a esta divina mujer, con la lectura de varias obras literarias.

Un día, sin venir a cuento y sin que sepamos que era pertinente, la vemos bañar y restregar con zacate al desnudo Adonis. Sin que él lo supiera, mucho menos nosotros, esta escena era la ceremonia y el ritual de despedida. Por eso, vemos que lo hace con cariño y enjundia, antes de abandonarlo y lanzarlo a la calle con sus compañeras de escuela, para irse sin dejar rastro alguno.

Michael sufre, como Ulises en la Odisea —una de sus lecturas— y la escena del baño es tan fuerte que me vinieron encima otras escenas, como asociaciones —casi todas contundentes—, del ritual, por ejemplo, en La fuente de la doncella de Bergman (1918-2007) filmada en 1960 y basada en el libro de Ulla Isaksson (1916-2000), donde Töre (Max von Sydow), un caballero medieval, descubre a los cabreros que violaron y asesinaron a su hija —la doncella— y que esa noche han llegado a su castillo pidiendo posada y por eso son sus huéspedes. Töre se prepara con una ceremonia del baño, todo un ritual para quedar impoluto antes del amanecer, para armarse como caballero y salir para enfrentar a sus huéspedes, luchar con ellos y vengarse haciéndolos pedazos con su enorme espada de acero.

Gracias al delicioso vagar de la fantasía, también recordamos los antiguos ritos de la cultura griega y encontramos justo en la Odisea —como lo hace el amante lector— cómo el baño era una ceremonia cuando el astuto Ulises llega la isla de Esqueria, donde reinaba Alcínoo y su hija Nausícaa lo encuentra desnudo a orillas del río, para ordenar a sus esclavas —que huían despavoridas— que lo bañaran en el río. Al día siguiente la diosa Atenea —como Hanna Schmitz— se encarga de bañarlo y darle, como decían, el divino esplendor de su cabeza y hombros para que pareciera a la vista de todos, más grande y robusto, y fuese mejor estimado por el pueblo feacio.

Hanna baña a Micahel como se bañan a los amantes y estoy seguro que Bernhard Schlik, el autor de la novela El lector, había leído a Homero y por eso asocia la vida de Michael, llena de dolor y ausencia, con la del astuto Ulises. En esta versión confirmamos el deseo de Hanna, como la Atena de Ulises para que, con ese baño, Michael se viera más grande y robusto después de haber aprendido y disfrutado del sexo y le hubiera pagado con sus lecturas —como la Sherezade en Las mil y una noches, ella, para salvar la vida y, Michael, para saborear, como pocos, la vida sexual con una mujer agradecida.

Lo que está detrás de estos ritos son los propios rituales y la ceremonia del baño semanal en la edad de la inocencia, cuando desnudos —con la prima o el primo, según el género— nos bañaban en el rancho mientras jugábamos felices en ese paraíso perdido y nos restregaban la cabeza y los hombros con el zacate, hasta que quedáramos enrojecidos, jugando como nos trajeron al mundo encantados de satisfacer la curiosidad y la intimidad.

Telémaco, el hijo de Ulises, fue a Pilos a buscar a su padre y Homero cuenta que, en esa ocasión... lo bañó la gentil Policasta, la menor de las hijas de Néstor Neléyada y, luego que le tuvo bañado y ungido con aceite, le ciñó una túnica, un manto precioso de tal manera que, saliendo del baño, se parecía más en figura a los dioses eternos, para luego ocupar su lugar junto a Néstor, el pastor del pueblo.

El genoma: nuestra historia y destino

El Informador, jueves 21 de mayo, 2009.

Tal vez la noticia más espectacular en lo que va del año ha sido la relacionada al descubrimiento del genoma de nuestra raza, hecha por investigadores mexicanos, con lo que podremos empezar a escribir nuestra autobiografía. Esto empezó hace casi una década cuando tuve la suerte de estar en Londres el 26 de junio del año 2000 el día en que Tony Blair anunció que, por primera vez en la historia del hombre, se había completado el mapa de los genomas. Desde entonces, trato de entender qué significa este descubrimiento como si fuera otro nuevo mundo —hacia el interior de uno mismo—, pues ya se conoce el instructivo con el que está hecha nuestra estructura y por eso, vamos a conocer nuestra historia y nuestro destino, pues el genoma humano no es más que un manual de instrucciones con el que se ha armado al cuerpo humano —en esto que es el mecano o lego biológico.

Ese día recorté las páginas del London Times donde venía el retrato del genoma humano empaquetado en 23 pares de cromosomas —23 pares de pequeños cuerpos, en forma de bastones, donde se almacena toda la información genética del ser humano—, de los cuales, 22 están numerados por tamaño y, el par restante, tiene lo que determina el sexo.

Ahora conocemos de qué manera los mexicanos estamos armados y cuáles son los matices que nos corresponden y que van desde los antecedentes indígenas de pura cepa, hasta las mezclas tan bien ilustradas en la Colonia como Las castas, incluyendo a los salta p’atrás, que ya no me acuerdo cómo es que estaban compuestos, pero que suenan a esos hijos bastardos, producto de una extraña aventura.

La buena noticia consiste en que ahora será posible desarrollar una nueva medicina genética para atacar, entre otras, las enfermedades hereditarias y eso, para las nuevas generaciones, es la gran noticia, pues se podrán modificar los genes que en su origen inducen o intensifican ciertas enfermedades como puede ser el alcoholismo o el cáncer. Por fin, los padres no tendrán culpa de haber procreado hijos con defectos marcados por sus antepasados.

La ciencia genética va mucho más allá de la medicina, tal como explica Matt Ridley en Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos (Taurus, Madrid España, 2000), pues el genoma contiene los mensajes secretos del pasado remoto y del reciente, desde que éramos criaturas unicelulares, hasta estos días cuando vivimos en medio del Malestar en la cultura, tal como lo escribió Freud en 1929.

El genoma es un retrato fiel de nuestra estructura, de nuestras características y deficiencias, por eso se podrá leer claramente nuestro destino aunque nos muevan el tapete de lo que considerábamos era el libre albedrío, aunque este concepto pertenece más al ámbito del espíritu que al de la materia y del cuerpo.

Feliz descubrimiento que, además de poder prevenir enfermedades como el Alzheimer, podremos conocer los secretos de nuestra historia corporal desde la prehistoria hasta nuestros días.

Concordia y discordia

El Informador, martes 19 de mayo, 2009.

En un esfuerzo para lograr que en México haya, un día de estos, un acuerdo para beneficio de la sociedad en general, independientemente del partido en el poder, después de un viaje como el que hizo Manuel Arango por España, llegó con la idea de promover la Primera Encuesta Nacional sobre la participación ciudadana en la política y el papel que juegan los partidos políticos, así como, el Primer Debate sobre la Discordia y la Concordia entre los Mexicanos, como se llevó a cabo la semana pasada en el Club de Industriales de la ciudad de México.

Los tres directores de los tres partidos políticos fueron llegando un poco antes de iniciar el debate y lo hicieron como gallitos en el palenque, uno tras otro, primero Jesús Ortega, al rato doña Beatriz Paredes y, finalmente, Germán Martínez.

Todavía no pasaba nada y ya se sentía la tensión, que se veían pero como si no existieran, como si no se valiera darse la mano. Luego entendimos, tal como salió en la encuesta, que la sociedad cree que si hay acuerdos y negociaciones entre ellos, es señal de debilidad, por eso, pues, nada de nada.

Héctor Aguilar Camín fue el moderador del debate, donde cada uno de ellos expondría su posición en cuanto a un tema y una problemática y lo harían frente al público, sin aportar soluciones, pues en un debate sólo se exponen los diferentes argumentos y puntos de vista, así como sus posiciones antagónicas, alrededor varios problemas.

El primero de ellos, tenía que ver con la resistencia o más bien apatía de la sociedad para participar más en la política; luego, por qué creían que no había mayores diferencias entre los partidos y, finalmente, en qué podría se podrían poner de acuerdo, para beneficio de la sociedad.

Su presencia coincide con la idea de sus partidos: Germán, sin corbata —tal como sugiere el gobierno federal hacerlo por higiene (y uno feliz por no tener que usar corbata en ese Club en donde es una anacrónica obligación usarla)—; Ortega con corbata —hay que llevar la contra—, de color amarillo, como el del sol de su partido y, doña Beatriz, como siempre, al estilo Frida Kahlo, con trenza coronada y huipil oaxaqueño de buena calidad.

Fue ella la que dijo que la gente no participa políticamente porque los gobiernos deberían tener una mayor consistencia entre lo que se prometen en campañas y la realidad, así como que hay que considerar las diferencias sociales que tenemos y que crean una gran tensión.

Ortega dijo que la sociedad no participaba porque rechazaba el comportamiento de algunos políticos como era el actual gobernador de Jalisco que hablaba en público totalmente ebrio, insultando a los presentes y agradeciendo lo regalos que le mandaban.

Y Martínez señaló que los errores se sancionaban en la urna. Pero nadie explicó por qué los partidos no sancionaban a sus miembros en el poder o fuera de él, cuando éticamente se sabe que están podridos, nadie.

viernes, 15 de mayo de 2009

Las óperas platónicas

El Universal, Kiosko, viernes 15 de mayo, 2009.

Platón tenía razón cuando explicó lo del mito de la caverna y dijo que la especie humana sólo es capaz de conocer las sombras de la realidad porque ésta, se encuentra en otro mundo, ese que él llama «el mundo de las ideas.»

El sábado pasado comprobamos esta teoría con toda claridad: la realidad que veíamos no eran sino las sombras —perfectas— que se movían, hablaban y en este caso, cantaban, mientras estábamos sentados en la cueva del Auditorio Nacional para verlas proyectadas en la gran pantalla de alta definición como la que tienen ahí para estos efectos y para que pudiéramos disfrutar de ese otro mundo de las ideas que, en este caso, estaba en Nueva York trasbambalinas y en el escenario del Metropolitan Opera House mientras presentaban La Cenicienta que Rossini compuso en 1817, con el libreto de Jacopo Ferreti. Ese día nos sentimos platónicos y felices de verla proyectada, tal como lo describió el filósofo en su República.

En esta ocasión la sombra que se movía y que cantaba divinamente era la bella mezzo soprano, Elina Garanca, que actuó como el personaje principal, acompañada por un elenco de primera. Pronto se va a anunciar la temporada de verano y hay que estar pendientes, pues la experiencia es única, además de ser platónica.

Esta misma manera de ver la ópera —aunque a otra escala— la vivimos esta misma semana cuando nos asomarnos a ver en nuestra pantalla, sentados en una cueva más modesta pero cueva a fin de cuentas para ver en You Tube otras sombras de la realidad como fue, no me pregunten por qué, el aria de la seducción o Mon coeur se ouvre a ta voix de Sansón y Dalila compuesta por Saint-Saëns en 1877, con un magnífico libreto de Ferdinand Lemaire.

Nos dimos cuenta que esta ópera platónica la podemos ver una y otra vez desde nuestra «morada subterránea» para disfrutarla con todas las mezzo imaginables, entre ellas, la negra Shirley Verret que canta en el Covent Garden de Londres en 1981, junto con el gigantesco Justin Vickers como Sansón; o nos asomamos a ver las sombras de la rusa Olga Borodina o de la misma Elina Garanca, la consentida del momento, en ese otro mundo de las ideas —y las artes— llamada la Ópera de Berlín o a la gran Jessy Norman con su greñero impresionante que de haber sido Dalila, el buen Sansón hubiera salido corriendo para no caer en esas redes.

Dalila canta sólo para seducir a Sansón, para después poder destruirlo por ser del «pueblo elegido», dotado, además, con una fuerza física y moral capaz de destruir —con su brazo— al ejército enemigo de Egipto, los filisteos que junto con «los pueblos del mar» vivieron en lo que ahora es la Franja de Gaza.

El aria nos conmueve —y como «sansones», caemos en la trampa—, en donde Saint-Saëns expresó los sentimientos escondidos en el inconsciente: Dalila le declara su amor y lo exhorta para que responda a su caricias y, luego, se queja como lo haríamos nosotros cuando necesitamos que nos apapachen y que respondan a nuestras caricias reflejadas en la pantalla, como si fueran las sombras de nuestros deseos y las esperanzas expresadas en un canto que sube de tono, como esperamos que asciendan nuestros deseos.

Dalila le dice a Sansón que cada vez que escucha su voz, su corazón se abre, como se abren las flores cuando las besa la aurora y al final, le exige, que le responda a sus caricias. ¿Quién puede resistir esta seducción?

Pero una vez que Sansón le confiesa sus secretos, lo rapan y luego mueren bajo las ruinas del templo que él derrumba y nosotros, sentados en esta cueva, sólo escuchamos el aria de la seducción y, con unas emociones encontradas, disfrutamos los anhelos de esta mujer, que no es sino una sombra más de las que se imaginó Platón.

jueves, 14 de mayo de 2009

La importancia del mercado interno

El Informador, jueves 14 de mayo, 2009.

Tal parece que no va a quedar otra que desarrollar el mercado interno a todo lo que se pueda, pues, por lo pronto, las exportaciones han sufrido un tropezón y en este año disminuyeron 13 mil 653 millones de dólares durante el primer trimestre de 2009 respecto al mismo periodo del año pasado y, si les da por la paranoia y si siguen aumentando las víctimas por el H1N1 en EEUU, no vaya a ser que se convierta en argumento para impedir la entrada de productos nacionales.

La embajada de Estados Unidos en México ha cerrado sus oficinas —no sé por cuántos días—, y no se pueden tramitar las visas, así que, aquellos que iban a viajar en el verano a los EEUU o al extranjero, más vale que piensen en México, forzando así el turismo nacional, pues en las fronteras se van a poner sus moños —como en el fútbol sudamericano—, esperando que la curva pase de su primera joroba para apaciguarse al otro lado del tiempo.

El consumo de productos nacionales, que se ha venido sugiriendo en una de las tantas campaña del gobierno, debe ser una necesidad mayor y, de ser así, el círculo se empezaría a convertir en virtuoso, siempre y cuando los productores logren una justa relación entre el precio y la calidad para que aprovechen este impulso.

Desde hace tiempo, varios empresarios y, en particular, Carlos Slim, enfatizaba esta estrategia como una necesaria y urgente dentro del plan de las políticas económicas del Gobierno Federal.

En las condiciones actuales, sería una salvación tanto para el sector primario, como para el secundario para aliviar sobre todo al sector de servicios y al turismo que ya hemos visto los estragos producidos por la epidemia, que fue la puntilla para hundir a fondo a ese sector. Los estragos en los puertos comerciales es notable y los apoyos que pretende ofrecer el gobierno, simples paliativo para que no ahogarse en el vacío.

Hay que reactivar el mercado interno y que el gobierno cumpla lo que prometió para que se reactive la economía, pues tal parece que Calderón prefirió curar en salud a una amiga de la Libre de Derecho y protegerse con el escudo de su partido, que vigilar el inicio de los megaproyectos —puertos y carreteras— que anunció a través de la SCT, de la que ha enmudecido y no hemos vuelto a saber nada de nada.

Entramos en una recesión y no es broma. Sus efectos causarán más muertes —económicas— que todos los que fallecieron por el virus y lo que le hace falta es que Calderón le de seguimiento a sus promesas y les exija más a su gabinete, pues las promesas no se realizan por ósmosis, aunque las ofrezca ceremoniosa y públicamente.

No hay que olvidar que lo único que funciona en la comedia —o en la política y en los negocios— es el timing: el momento y la oportunidad con que se hacen las cosas.

martes, 12 de mayo de 2009

Nuevos hábitos

El Informador, martes 12 de mayo, 2009.

El producto secundario y la secuela de las medidas sanitarias tomado para evitar que el virus H1N1 se reproduzca, serán los disparadores para que el mexicano aprenda nuevos hábitos y tenga una mejor higiene. El temor de ser contagiado, nos hará ser más cuidadosos, sobre todo cuando estemos en contacto con gente desconocida. Como todo cambio impuesto, al principio lo tomamos en serio aunque no nos guste y, creemos, entre mil cosas, que el gobierno ha exagerado, pues sus efectos no son visibles y así es difícil creer que exista o que en verdad el virus sea tan maléfico.

Cuando nos enteramos que uno de nuestros conocidos lo han internado en el hospital para atenderlo de eso que no se sabe si es una extraña neumonía o qué y tardan en reconocer que se trata del H1N1, entonces, ponemos nuestras barbas a remojar y, los que usaban corbata se la quitan —o la mandan a la tintorería— y, si llegamos, como lo hicimos en la ciudad de México el sábado pasado al Auditorio Nacional, lo hicimos con tapabocas antes de que nos midieran la temperatura y nos hicieran lavarnos las manos con esa gel desinfectante o que usáramos guantes para ver junto con más de tres mil gentes La Cenicienta de Rossini en una transmisión en alta definición, en vivo desde el Metropolitan Opera House con Elina Garanca una bella mezzosoprano (ver foto) en el papel principal —ojala contrataran ese servicio en Guadalajara, pues la experiencia es platónica en el sentido de ver la realidad a través de esas sombras proyectadas en la pared de la cueva o, como ahora, en una pantalla gigante.

Se trató de estar en medio de esta sociedad capitalina que, después de un encierro forzoso, estaba deseosa de asistir a este tipo de espectáculos, cuando la epidemia ya ha pasado a otra etapa —se ve en la curva de Gauss—, para salir del encierro y que dejáramos de viajar alrededor de nuestro cuarto, como lo hizo Xavier de Maestre en el XIX.

Para el domingo observamos que muchos se niegan a usar el tapabocas y uno piensa allá ellos, pues, tienen más posibilidades de contagiarse y así se arriesgan. Sin ser fundamentalistas, ahora nos lavamos las manos varias veces al día, usamos tapabocas en el cine —¡ah!, cómo extrañábamos ir al cine— para ver The Reader, El lector o Una pasión secreta como mal lo tradujeron; si estornudamos, nos tapamos la boca con un pañuelo o con la manga de la camisa, para no regar los microbios ni que se regodeen en su reproducción.

Nuevos hábitos que crearán nuevas costumbres: nos saludamos al estilo japonés, no de beso, ni nos estrechamos las manos, nada, un saludo de lejecitos, con el cuerpo y con las manos juntas, como si rezáramos, para darles la bienvenida y que esto no sea una ofensa, sino todo lo contrario: una muestra de respeto por la salud de los presentes. Ni modo, hay que entender que esto así es y así será de aquí p’ delante.

sábado, 9 de mayo de 2009

El arte de viajar

El Universal. Kiosco, sábado 9 de mayo, 2009.


El arte de viajar de Alain de Botton (1969-) es un libro que nos recuerda, en muchos sentidos, esos textos que escribía Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), con una erudición implícita, irónicos y profundos pero, con un sentido del humor que nos hace disfrutarlo más, como los juegos y los contrastes que hace, para darnos cuenta de lo que nos debe importar cuando viajamos, sabiendo que el placer de viajar muchas veces depende de las condiciones anímicas con las que lo hagamos, más que el destino mismo de nuestro viaje.

Salir de casa, romper la rutina, explorar otros mundos, conocer el planeta, descansar, encontrar y disfrutar de la belleza de la Naturaleza y saber cómo capturarla; lanzarnos al mundo de lo exótico o subirnos al balcón para ver el bosque —a vista de pájaro—, y los problemas a distancia o comparar lo real con lo imaginario, son algunas de las ideas detrás del arte para viajar.

Botton nos relata todas y cada uno de los lugares a visitar, basadas en uno o varios guías, con los que reflexionamos sobre el viaje. Por ejemplo, el Conde se Esseintes, un personaje de la novela A contrapelo de J. K. Huysmans, donde el decadente y misantrópico héroe, concebía por anticipado un viaje a Londres, pero que nunca pudo tomar el tren que lo llevaría a esa ciudad a donde quería ir para comparar la realidad con las fantasías de ese personaje.

O el viaje que el autor planea hacer después de seis meses de lluvia y de frío en Londres, cuando ve un folleto con unas palmeras inclinadas por el viento borrachas de sol y un mar azul cuyas olas se acuestan en la arena hasta que toma el avión y se va a Barbados, donde casi hecha a perder su viaje cuando se pone a discutir con su esposa una tontería que no tenía la menor importancia.

¿Qué es lo buscamos cuando viajamos?: evadir la realidad, salir del encierro, buscar la felicidad, realizar algún sueño, imaginar una aventura erótica o exótica o simplemente caminar por los lugares más bellos del mundo o a lo mejor sólo queremos dormir, dormir y dormir.

Alain de Botton nos hace comparar la realidad con la fantasía, por ejemplo: ¿qué es lo que realmente vemos cuando vamos a Nueva York? Vemos a la ciudad del mundo, o el centro cultural más activo o mejor nos emborracharnos con los mejores martinis —como los servían en el Bar del Plaza cerrado ahora como si hubiera fallecido un viejo amigo. O vamos para inspirarnos en el Museo de Arte Moderno donde hacemos escala en el patio para sentarnos a tomar un café, escribir y dibujar La Cabra de Picasso —a tiro de piedra—, mientras imaginamos la vida de esa joven neoyorkina que está al lado —atractiva— para dejarnos llevar por la fantasía —inspirados—, y terminar escribiendo lo que deseamos llegar a ser algún día, tal como lo hacemos cuando soñamos despiertos.

Esto contrasta cuando leemos lo que hizo Alejandro von Humbolt (1769-1859), a los 29 años de edad cuando se lanzó a Sudamérica para explorar todo el continente, entre otras cosas el Chimborazo en los Andes ecuatorianos, para subir los 6,272 metros que tiene hasta llegar a su casquete glaciar y hacer un mapa detallado de las plantas y arbustos que encontró según la altura, tomar nota de todo —si había o no moscas—, en ese viaje que duró cinco años, para luego instalarse en París y escribir durante los siguientes veinte años lo que vio y descubrió para publicar sus treinta volúmenes de su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, realizado de 1799 a 1804, que nos dejó sin habla.

O mejor, pensamos, como lo hizo Xavier de Maistre en 1790, en su Viaje alrededor de mi cuarto, sin tener que salir a ningún lado ni exótico, ni playero, ni cultural, como son las historias que nos relata Botton para nuestro deleite.

jueves, 7 de mayo de 2009

Las especulaciones

El Informador, jueves 7 de mayo, 2009.

Tal parece que todo va regresando a la normalidad y podemos volver a respirar más o menos, sabiendo que, con el tiempo, la herida economía se podrá recuperar, aunque el panorama no es halagador pues el impacto de la epidemia en México representa entre 0.3% y 0.5% del PIB, es decir, unos 30 mil millones de pesos y estas cifras no son para cantar victoria, sino para seguir con las estrategias de crisis, pues la epidemia vino a hundir más a algunos de los sectores que ya de por sí estaban con sus defensas bajas.

El turismo va a tardar más de lo esperado en recuperarse siendo un sector clave ya sea en el ingreso de divisas o en la creación de empleos y en las nuevas inversiones que se estaban dando como los sombreros Tardán: de Sonora a Yucatán y a buen ritmo. Ahora se han atascado en el lodo de la epidemia, como si empezara una de esas época bíblicas de las vacas flacas. Hay que esperar a que vuelva a tomar su ritmo y los turistas vuelvan a tener confianza y acepten que no hay mayor peligro si viajan a las playas de México.

Todo el mundo especula sobre las medidas tomadas y la angustia se ha convertido en agresión, mezclando la gimnasia con la magnesia y dudando si las medidas tomadas fueron las que se necesitaba tomar para detener el holocausto y la devastación de una epidemia.

Algunas de estas especulaciones han sido generadas por los más afectados y la verdad es que no lo podemos saber pues el ejercicio mental que hay que hacer es: ¿qué hubiera pasado si no se toman las medidas? Y como eso es sólo una especulación y no sucedió, es decir, no hubo devastación y como el virus es transparente y no es como los restos de una temblor que están a la vista, como en 85, entonces la especulación está en el aire y lanzan sus cañonazos unos criticando al gobierno y acusarlo de un autogol en términos económicos y otros opinan que lo han hecho sólo para jalar agua a su molino.
La verdad es que no podemos imaginar cómo podría haber sido de otra manera y cómo sería de no haberse tomado las medidas y que la gente no hubiera reaccionado como lo hizo, en ese encierro involuntario.

Uno se queda piensa que el gobierno puso en la balanza la salud pública versus la economía y como se la jugó con la primera, la decisión que no necesariamente la ganadora en términos de campaña política, sino que es la justa en términos de salud pública y si así lo percibe la sociedad, entonces se considera una buena medida que habla bien de este gobierno que tomó el riesgo entre otras disyuntivas que tenía y actuó más o menos a tiempo para que no resultara una tragedia mundial. En una democracia como la que tenemos, la posibilidad de la alternancia es, en todo caso, una realidad.

martes, 5 de mayo de 2009

Viaje alrededor de mi cuarto

El Informador, martes 5 de mayo, 2009.

En 1790 se le ocurrió a Xavier de Maistre experimentar, como buen turista, lo que podría ser un viaje alrededor de su cuarto y, poder, desde su propia recámara, describir sus experiencias como a su manera lo habían hecho Magallanes, Drake, Anson o Cook. Según Joseph, el hermano de Xavier, insistía que en el ánimo de su hermano no estaba su deseo de ensombrecer las heroicas hazañas de esos grandes viajeros del pasado, en donde el primero había descubierto la ruta de las especias por el extremo meridional de Sudamérica, Drake circunnavegó el globo terráqueo, Anson realizó sus cartas marinas para llegar a las Filipinas y Cook confirmó la existencia de un continente meridional.

Esta experiencia viene a cuento porque en estas épocas en que las que se debate la epidemia, la gente ha estado enclaustrada en sus habitaciones y empieza a cansarse, a desconfiar, a dudar y, al mismo tiempo, ha darse cuenta que se nos ha impuesto un cerco que impide que viajemos como lo habíamos hecho antes, para descubrir nuevas rutas, ciudades o continentes. China es uno de esos países que, con razón o sin ella, está negando la entrada de los mexicanos, no vaya a ser que ande por ahí papaloteando el virus el A-H1N1.

Por eso, mejor le seguimos la pista a Xavier de Maistre para ver cómo es que hizo ese viaje, según lo relata Alain de Botton en un libro pertinente para leer en estas épocas, pues es la reacción a ley en donde «a toda acción, corresponde una reacción igual y en sentido contrario», y las limitaciones —nunca antes sufridas— ahora nos impulsan a viajar. Por eso recomiendo la lectura de El arte de viajar pues como dice Maistre quien dudaría en ponerse en el camino conmigo para procurarse un placer que no ha de costarle ni trabajo ni dinero? En particular recomendaba este viaje a los pobres y a los temerosos de las tormentas, los asaltos y los acantilados.

Y empezamos a darle vuelta a las incongruencias, a ese no entender bien y a fondo las restricciones, excepto, cuando nos enteramos que a un amigo lo hospitalizaron, pero salió adelante. ¡Qué susto!, pero sigue la duda y pensamos que si somos 100 millones de mexicanos y sólo se han muerto 159 de H1N1, mucho más han fallecido de otras enfermedades, incluyendo las diferentes neumonías o las tres C’s de los viejitos, así que, a una semana de estar confinados, nos preguntamos, si todavía son razonables estas medidas.

Parece ser si ha bajado el contagio y la mortandad y sólo nos queda evaluar el sacrificio económico y las enormes pérdidas por el turismo, el más castigado de los sectores.

No sabemos si es por el cansancio que proponemos hacer un viaje como el de esta historia que bien comienza en donde la primera escala es el sofá, el mueble más grande de su habitación, para, desde ahi observar el mundo que nos rodea.