miércoles, 25 de noviembre de 2009

Celebrar la letra escrita y la metafísica del amor

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 27 de noviembre, 2009.

(El inglés Ken Follet presentando su libro Un mundo sin fin en la FIL, 2008. Con bombo y platillo mañana sábado 28 se inaugura la gran fiesta del libro en México: la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara que se ha podido mantener contra los vientos y las mareas de las varias crisis desde 1987. Como contraste, esta misma semana, Juan Luis Bonilla inaugura una modesta pero bella librería en Coyoacán en donde rescata los principios básicos de esas librerías que se respetan: la escala humana, buena luz, silencio y los libros bien colocados y seleccionados.

Hoy en día la FIL ha logrado ser la feria más importante en Latinoamérica. Los mil seiscientos editores que asisten representando cuarenta países, así como los quince mil agentes literarios, libreros, bibliotecarios, distribuidores, autores y promotores de la lectura que participan y los quinientos autores que, a partir de mañana, nos pavoneamos y gesticulamos por los cuatro puntos cardinales del World Trade Center de Guadalajara, hacen que sea visitada por más de medio millón de personas, no necesariamente compradores de libros, pero que sí se enteran de la existencia de los libros, de las casas editoriales y de los autores.

Cada feria tiene a un invitado especial y este año le tocó a la ciudad de Los Ángeles, California —casi hermana de Guadalajara. Gracias a esta invitación, habrá toda clase de eventos relacionados con la vida intelectual de esa ciudad de los chicanos, a mostrarnos sus ideas literarias y otras artes o facetas, incluyendo las artes plásticas y lo mejor del jazz.

Año con año —dice Raúl Padilla, director de la FIL— nos convencemos de que este intercambio es indispensable para lograr un mejor entendimiento en este complejo mundo que ahora compartimos y, sobre todo, por ser un espacio que han elegido los autores y sus lectores.

Y año con año vamos a la feria, unas veces como autores —como lo fuimos en 1994 y en el 2002 o como ahora, que una vez más vamos a presentar seis títulos de Las Historias de Shakespeare en nueva versión novelada y en el español que usamos en México, publicados por Santillana para la red de preparatorias. Como en otras ocasiones, también vamos a participar en los Ecos de la FIL, visitando varias preparatorias en el Estado para hablar con los jóvenes sobre las obras de Shakespeare.

El placer de la lectura, es otro de los programas de la FIL en donde los que participen narran sus experiencias, como esos clubes de lectura que tanto enriquecen lo leído, como lo hicimos con las obras completas de Shakespeare durante dos años seguidos en ese especie de club con Rodrigo Johnson, Antonio Castro, Mónica Raya y Armando Hatzacorsian, donde descubrimos varias facetas de los personajes y sus tramas de una manera insospechada.

En México, Juan Luis Bonilla inaugura su nueva y encantadora librería en Miguel Ángel de Quevedo 477 en medio del corredor de librerías como las hay en Coyoacán, donde este joven de oficio librero ha estado al pie del cañón desde hace años en contacto con los estudiantes de las universidades y ahora, ha instalado una más de sus librerías, en verdad, una de las más bonitas de la ciudad de México: pequeña, bien iluminada, amable, calientita y silenciosa, donde encontramos un acervo bien seleccionado y sentimos hay ese respeto por los libros manejada por gente que sabe de su oficio.

Por eso, entre la FIL y esta modesta, pero elegante librería, celebramos el triunfo de la letra escrita como la que habita en el ámbito de la metafísica del amor, del amor de los poetas y de los placeres que nos ofrecen cuando releemos lo que escriben, por ejemplo, lo que dice Enobarbo sobre Cleopatra: así como hay mujeres que sacian los apetitos que despiertan, ella da más hambre cuando más satisface, tal como nos sucede con los libros que, entre más nos satisfacen, más abren el apetito.

Hopenhagen

El Informador, jueves 26 de noviembre, 2009.

(Inundaciones en Veracruz, Ver. en noviembre del 2009) Las normas para el consumo de energía en los edificios, los esquemas de etiquetado energético para los dispositivos eléctricos como lo han hecho en Dinamarca, la serie de campañas en donde se promueve el ahorro de energía en las casas y los acuerdos a los que han llegado para el ahorro en los sectores industriales, así como la aplicación de los impuestos especiales por el consumo de energía, son algunas de las medidas que han tomado en ese país con lo que ha llegado a ser uno de los mejores ejemplos en el mundo y en la Unión Europea, demostrando que sí se puede defender el medio ambiente y evitar que siga el caos relacionado con el calentamiento global.

Los impuestos relacionado con el consumo de energía han contribuido para que se refleje de manera correcta el precio del consumo, el costo de la producción y el uso de energía. Por todo esto, los daneses están trabajando desde el 2005 para disminuir el consumo a pesar de tener uno de los climas más fríos y largos en este planeta.

El 7 de diciembre serán los anfitriones de la reunión internacional sobre el calentamiento global en esa ciudad que ahora le llaman HOPENHAGEN o la ciudad de la esperanza, pues hasta hoy, las expectativas son bajas, pues tanto los Estados Unidos como China parece que no llegarán con propuestas concretas, sino generalidades.

Y nosotros nos preguntamos si es por que siguen creyendo que los desastres en la Naturaleza se deben a los problemas entre los dioses Oberon y Titania, representantes de las fuerzas de la naturaleza que, cuando se pelean, es Titania la que nos cuenta cómo se organiza el caos en la Naturaleza pues el viento, en venganza, nos llamaría en vano con sus flautas, mientras absorben las contagiosas nieblas del mar que luego hacen que se precipiten sobre la tierra, convirtiendo al humilde río en uno orgulloso que, luego se desborda en sus riberas y, en consecuencia, es en vano que el buey haya jalado el yugo y que el labriego haya perdido sus sudores, pues el verde grano se echa a perder antes de que adquiriera la barba de la juventud. El redil ha quedado abandonado en el campo anegado y los cuervos se sacian en el ganado infecto de morriña, tal como lo leemos en el Sueño de una noche de verano.

La próxima reunión será clave para evitar las sequías, las inundaciones y los deshielos, tres síntomas del cambio climático que ahora son más perceptibles y que ya no son sólo una amenaza, sino una realidad palpable como lo hemos visto en Veracruz y Tabasco y en el norte de Inglaterra con miles de damnificados.

Por eso, es vital que el pacto de Hopenhagen sea más efectivo y más específico que el de Kyoto sobretodo en los compromisos que adquieran los países que más están contaminando la atmósfera.

Ojala se cumpla esa esperanza y se empiece a resolver el problema para dejarles un mundo mejor a nuestros nietos.

Los piratas del XXI

El Informador, martes 24 de noviembre, 2009.

(Los piratas de Somalia en acción) A cualquier hora de la noche se acercan en una lancha y, sin decir “agua va”, amenazan con explotar el barco y matar al Capitán o a su tripulación si no hacen lo que ordenan. De esta manera, se los llevan para atracar en la costa hasta que se lleve a cabo el pago. Una y otra vez, desde la costa de Somalia, los piratas del siglo XXI han violado las leyes marítimas con pocos reveses. Para estas fechas han logrado sumar cientos de millones de euros por los rescates pagados de los barcos o las empresas navieras.

No he podido entender por qué no se defendían, ni por qué no se armaban hasta los dientes con un buen equipo de expertos que pudieran vencer, en ese ámbito, a los lancheros somalíes que han trastocado el comercio y la vida marítima en esos mares.

Finalmente, parece que los españoles han tomado ciertas medidas y han contratado a unos expertos entrenados para el contraataque a los piratas después del reciente secuestro del atunero Alakrana mismo que acaban de liberar después de 47 días de secuestro. A su llegada al puerto gallego de Vigo, Ricardo Blach, el dueño del barco, cuenta el tipo de humillación que sufrieron en esto que consideró como una “experiencia terrible.”

Tirados boca abajo en un espacio de cinco por cuatro metros de lado los piratas les apuntaban con sus armas hasta que los liberaron y, una vez hecho, parece que iban a seguir con la pesadilla pues, les advirtieron que en la zona había otros corsarios —piratas con el permiso de sus gobiernos—, listos para entrar en acción.

Ahora en el mismo barco están instalando armas de guerra para ser usadas por expertos: ametralladoras de 7.62 mm., y fusiles de asalto de 5.5 mm., y ya han sido autorizados para también usar armas pesadas como son las ametralladoras Browning de 12.7 mm. Por fin le han declarado la guerra a la piratería somalí que, hasta ahora, llevaba decenas de secuestros multimillonarios.

Algunos de los piratas son originalmente pescadores que, en sus orígenes se habían autonombrado como la Guardia Costera Voluntaria de Somalia, para denunciar a los que, con razón, eran los verdaderos bandidos del mar: los pescadores clandestinos que saquean sus costas y otros barcos que son los causantes de la contaminación en sus costas por el vertido de sustancias radiactivas que realizan en su litoral.

Y si a este entrenamiento le suman dos factores más, entendemos por qué han se ha impulsado la piratería: uno, el estado de Somalia está acéfalo en su gobierno central y, dos, se encuentran en el llamado Cuerno de África que los protege y por eso se desarrolló la piratería desde los 90’s.

Las flotas extranjeras comenzaron a pescar de manera ilegal en aguas somalíes y algunos barcos vertían sustancias tóxicas y nucleares, sí, pero la Guardia Costera original se transformó en los piratas del XXI, actuando contra cualquier navegación y abandonando lo que prometían hacer originalmente.

jueves, 19 de noviembre de 2009

De la muestra de cine y las castañas

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 20 de noviembre, 2009.

(La boda de Catherine Deneuve con el fotógrafo inglés David Bailey en 1963). Durante el mes de noviembre se lleva a cabo la 51 Muestra Internacional de Cine con 21 títulos de varios cineastas reconocidos como Pedro Almodóvar, Ang Lee o los hermanos Coen, entre otros, películas que se proyectan en la Cineteca Nacional y, a partir de la semana pasada, en 20 salas de la ciudad de México —algunas de Cinemex, Cinemark, Cinépolis, UNAM y otras—, además de pasarse en otras 21 ciudades de la República en una distribución que nada tiene que ver con sus orígenes allá en la prehistoria del 1958 —nostálgicos y encantadores—, donde íbamos los happy few de esa época al Fuerte de San Diego en Acapulco y luego al cine Diana en la ciudad de México, para comprar a la salida unas castañas asadas y desvelarnos dos semanas seguidas en una gran borrachera con el cine de vanguardia.

Este año empezó con Los abrazos rotos de Almodóvar, una película decepcionante, tal vez producto de haber creado fama y luego haberse echado a dormir y que esperamos sea un bache y no la decadencia y caída del cineasta: su guión es malo —¡habiendo tan buenos escritores!—, pero tal parece que cuando están en las alturas, se marean y pierden, entre otras cosas, la capacidad de autocrítica. Los abrazos rotos está llena de lugares comunes, es aburrida y la trama está basada en la vida de los guionistas, cineastas y en la -tan conocida- prostitución de las actrices. El reparto es de segunda, si no fuera por la desnuda generosidad y la belleza de Penélope Cruz.

Pero Almodóvar brilla por un momento y ese instante sucede durante los últimos tres minutos durante el fragmento de Chicas y maletas, una obra dentro de la obra, donde brinca el ingenio, la gracia, el absurdo y el exitoso intento de escandalizar a la burguesía con ese humor embarrado de cinismo que lo caracteriza.

Nueva York, te amo son 12 cortometrajes realizados por directores reconocidos y otros debutantes, continuación de las Ciudades del Amor el proyecto de Emmanuel Bennihy y segundo intento desde el exitoso París, te amo del 2006 y sorpresivamente vemos a una Julie Christie vieja —bueno, como lo estamos nosotros— pero tan bella que parace qu recién está saliendo del agua y no nos importa si la vemos en Nueva York que por lo pronto fue el escenario, sí, es en ese espacio violado el 9/11 donde se despliega el talento, el amor, el humor agudo tan neoyorkino, así como la nostalgia —una vez más la maldita nostalgia: ¿seré yo o el cine de estas fechas?— para ofrecernos 12 viñetas con mucho sentido del humor, chisporroteantes, para disfrutar de la belleza de una oriental en Chinatown, pasear de la mano por Central Park, y ver en los enlaces entre una y otra narración, ese paisaje espléndido de esta ciudad eterna en un encantador viaje virtual.

La mosca en la sopa fue Parque Vía del mexicano Eduardo Rivero, que no sabemos qué pretendía, ni entendemos cómo la aceptaron como parte de este festival que se supopne es "internacional": sin actores, repetitiva, circular, aburrida, acartonada y sin chiste alguno.

Pero la Reseña, como le llamaban cuando empezó hace medio siglo en el Fuerte de San Diego en Acapulco, donde asistían las artistas y los directores con los que llegábamos después de haber estado en la playa, felices a ver el cine de vanguardia bajo un cielo estrellado y una Luna creciente. Ahí vimos la obra maestra de Luis Buñuel (1900-1983): Bella de día (1967) con Catherine Deneuve (1943-) como Madame Severine Serizy, o Belle de Jour en el burdel de Madame Anais (Geneviève Page) a donde iba a trabajar uno que otro día entre semana por el placer de acostarse con quien fuera, inclusive con un chino misterioso y su cajita con un bicho que nunca supimos qué era, tal como Buñuel deseaba que sucediera, mientras Messieur Pierre Serizy (Jean Sorel) la esperaba en su mansión y nosotros nos retorcíamos de celos sólo de imaginar que eso fuera posible.

La Revolución entre líneas

El Informador, jueves 19 de noviembre, 2009.

(Muerte de Marat). Los dioses tienen sed es una novela de Anatole France que, además de ser criticada, fue consideran una trampa por haber sido una novela histórica —como explica Milán Kundera en Un encuentro, en el artículo que trata sobre “Las listas negras o el divertimento en homenaje a Anatole France”—, donde nos dice que, para un lector francés, la Revolución francesa —como para los nacionales la nuestra—, es un acontecimientito sagrado que se ha convertido en un debate eterno, un debate que divide a las personas y las contrapone si consideran que las novelas describen algunos capítulos dudosos de la Revolución y, por eso, quedan trituradas en el acto por los defensores a ultranza de la Revolución que según ellos debe ser intocable.

Yuri Herrera escribió el sábado pasado en Babelia que las narrativas sirven para darle sentido a la historia y, en México, por ejemplo, la conquista (se considera) una historia trágica, la independencia es una épica y el advenimiento de la democracia, unas veces es una comedia y otras una epopeya. Mirar nuestro devenir en términos poéticos es una manera de entender cómo nos ha pasado el tiempo y de cargar de propósitos el futuro.

Tal vez eso le sucedió a Anatole France, como en México a aquellos novelistas que se han atrevido a tratar bien a don Porfirio reconociendo su gran obra civil que todavía perdura como es la estación ferroviaria del tres veces H. Puerto de Veracruz; el Ángel de la Independencia en el Paseo de la Reforma, para celebrar el primer centenario en 1910; el Palacio de las Comunicaciones (ahora MUNAL) o la línea de ferrocarril que cruzaba el sur hasta el norte, de la que el noruego Schjetnan pensó colgarse con un ramal directo desde el Lago de Chapala, pero aquellos que se atrevan a escribir sobre esto, le pasará la trituradora nacionalista que prohíbe alabar a los que, históricamente, no se ubican en los movimientos democráticos —como tampoco se les permite hablar del valor de Hernán Cortés en la conquista— y así, la novela que trata estos asuntos, se pierde en las brumas del olvido y su autor es denigrado como lo fue Anatole France.

Al novelista lo domina más la pasión por conocer que la política o la Historia pues, como dice Kundera, ¿qué novedad puede descubrir un novelista que no haya sido descritos en miles de libros, unos más doctos que otros, pero todos mejor documentados que la propia novela?

Lo que escribió Anatole France sobre la época del Terror revolucionario, lo rechazan porque narra cómo en plena euforia contrarrevolucionaria, un personaje que era un dragón de la Revolución que, en plena euforia de terror, había denunciado a mucha gente frente al tribunal, ahora era el mismo que brillaba entre los vencedores, como esos políticos camaleones que conocemos y que libran las batallas sexenales para ponerse del color de la bandera del partido que los ampara, como esas farsas que podemos leer entre líneas en las novelas de la Revolución.

martes, 17 de noviembre de 2009

¿Los idus de noviembre?

El Informador, martes 17 de noviembre, 2009.
Friends, Romans, countrymen, lend me your ears. I come to bury Caesar, not to praise him... Preparando en estos días el taller sobre Liderazgo político —basado en Julio César de Shakespeare—, me encontré varios paralelismos: unos relacionados con la muerte de Luis Donaldo Colosio en 1994 y otros, con el comportamiento del pueblo que baila como el perro al ritmo del dinero y que toman partido con el que mejor les convenga, tal como sucedía en la antigua Roma y que ahora lo retrata Guillermo Sheridan cuando describe la conducta sindical y sus marchas al Zócalo como lo hace este intelectual con un gran sentido del humor tal vez porque lo ha vivido en carne propia desde su cubículo en la UNAM.

En la Roma de César los líderes del pueblo eran los tribunos de la plebe que habían logrado tener una importante representación política y podían anular las decisiones de los magistrados, permitir que algunos plebeyos no hicieran el servicio militar y que no fueran arrestados por sus deudas. Podían también demandar —a través de los alguaciles— a cualquier ciudadano romano, incluyendo a los cónsules y altos magistrados, impunes mientras ejercían sus cargos, como ahora los diputados y senadores de nuestra República.

El 15 de febrero los romanos celebraban las Lupercalias, una fiesta en grande en donde los hijos de los patricios corrían desnudos por las calles de Roma, golpeando suavemente en las palmas de las manos o el vientre a las mujeres casadas —las matronas— que salían a verlos pasar para conocer qué tan bien equipados estaban y ver si eran tocadas pues con eso, los dioses favorecían su futura fertilidad.

Julio César le pidió a Marco Antonio que durante la carrera le diera una palmadita a Calpurnia, su esposa, antes que terminaran en el Zócalo, donde había convocado a todo el pueblo para disfrutar del espectáculo.

Los tribunos del momento, Flavio y Marulo, eran enemigos de César, quien desde hacía poco había sido nombrado Dictador y ya pretendía tener el poder total, coronándose, si podía como rey. Estaba a sólo un mes de que lo asesinaran en el idus de marzo.

Los tribunos pararon en seco a los artesanos que iban al Zócalo reclamándoles que festejaran a César, el enemigo de su causa, pues qué, ¿ya no se acordaban que había matado a Pompeyo, al mismo general que tantas veces esperaban encaramados en los muros ver pasar por la calle con sus carotas todo para ver desfilar a Pompeyo y, ahora, eran los mismos que se ponen su mejores ropas y le avientan flores a su paso a éste, que vuelve triunfante sobre la sangre de Pompeyo?

Los artesanos, temerosos de sus líderes, se fueron corriendo por todas partes, mientras los tribunos destruían a su paso los carteles y bustos de César que habían colocado hasta el Capitolio como si ya fuera el rey de Roma. Después serían ahorcados en la plaza pública.

—¡Ten cuidado de los idus de marzo! —le gritó a César un adivino y Casio, el conspirador, le dijo que no se preocupara, pues lo decía uno de esos adivinos con cara de soñadores a los que no había que hacerles caso para nada.

domingo, 15 de noviembre de 2009

La eternidad prometida

Día Siete, número 482. Domingo 15 de noviembre, 2009.

(Uno de los tantos retratos falsos de William Shakespeare). No quieras que admita que hay impedimentos en el amor; el amor no es amor cuando percibe un cambio y cambia o cuando tiende a separarse del que se separa, así empieza el Soneto 116 que habla del amor como una marca inamovible que observa las tormentas y nunca se estremece tal como se publicó en 1609, hace exactamente cuatrocientos años cuando salió a la venta en Londres publicado por Thomas Thorpe (T.T.) como SHAKE-SPEARES SONNETS o los SONETOS DEL SACUDE-ESPADAS, para que ese año se empezaran a vender por el librero William Aspley en esa librería que tenía a un costado de la Catedral de San Pablo.

El editor hace una dedicatoria que es un misterio en donde dice: Al único dueño de los siguientes sonetos, al Sr. W.H., toda felicidad y la eternidad prometida por nuestro inmortal poeta quien, con sinceros deseos, aventura esta publicación. T.T. ¿Quién es el Sr. W.H., a quien el editor dice que es el único dueño de estos sonetos? Nadie lo sabe, solo conjeturas como esa que me atreví a hacer imaginando que se trataba del William Herbert (W.H.), el tercer conde de Pembroke (1580-1630).

Se antoja jugar a que sea ese noble quien responda a la dedicatoria y también el receptor de los primeros diecisiete sonetos escritos para convencerlo —cuando era un joven de diecisiete años— para que se case y tenga un heredero, donde el poeta desarrolla diecisiete ideas diferentes para convencerlo.

William Herbert era el hijo mayor de Mary Sidney, condesa de Pembroke y hermana de Sir Philip Sidney, un héroe, poeta y paradigma de los caballeros del siglo XVI a quien John Aubrey los acusa de haber sido deliciosamente incestuosos en sus Vidas breves: en este lugar tan curioso como es Wilton y el campo que lo rodea, bien podría haber sido el lugar de la Arcadia o del Paraíso, donde Sir Philip se refugió algún tiempo con su hermana Mary, a la que le tenía mucho cariño, tanto, que acostumbraban acostarse juntos.

Pero volviendo a los Sonetos, cuando estos salen a circular Shakespeare estaba en el apogeo de su vida como dramaturgo y era el más popular de todos, además que su compañía de teatro había sido adoptada desde 1604 por el rey Jacobo I.

Cuando empezó a circular sus sonetos, el autor estaba escribiendo unas obras con un nuevo y deslumbrante estilo que cambió la manera de escribir teatro representando así a la vanguardia de esa época y siglo de oro inglés.

El libro tiene los ciento cincuenta y cuatro sonetos, numerados. Varios de ellos medio dulzones y acaramelados como lo criticaron cuando circulaban manuscritos entre sus amigos. Pero también hay otros misterios, como por ejemplo, que nadie se haya atrevido a hacer un solo comentario —ni a favor ni en contra—, cuando salió este libro. Silencio absoluto y nadie se explica por qué no se ha encontrado ni una sola nota al respecto: ¿estarían fuera de moda y ya no les gustaba al público? O a lo mejor, se desconcertaron porque los primeros 126 sonetos tratan sobre el amor y la amistad, no con una mujer —como los sonetos de Petrarca—, sino, con un joven noble. Sólo los últimos 27 sonetos tratan sobre una relación apasionada con una morena aceitunada —la famosa dark lady, una morena veneciana—, con unos sonetos lujuriosos.

En 1623, siete años después de haber fallecido William Shakespeare, se publicaron sus Obras Completas gracias al trabajo que hicieron dos de sus compañeros de teatro, John Heminge y Henry Condell, dos colegas actores que reunieron las obras de su compañero y las publicaron. Gracias a ese esfuerzo tenemos acceso a este tesoro que es la dramaturgia y al catálogo completo de los conflictos de naturaleza humana: ¡Alma del siglo! ... Eres un monumento sin tumba que vivirás mientras exista tu libro y haya inteligencia para leerlo... Pues él (Shakespeare) no es de este siglo, sino de todos los tiempos, como escribió Ben Jonson, su contemporáneo.

Pero estando en vida, se publicaron sus sonetos numerados y agrupados en donde también sobre las diferentes emociones y estados de ánimo de un hombre enamorado y lo hace de tal manera que, cada uno de ellos, brilla como verdadera joya.

El primer grupo de 17 sonetos, como ya lo mencionamos trata de convencer a un joven noble para que se case y tenga descendencia. El segundo grupo, numerados del 18 al 59, confiesa su relación homoerótica con un joven noble a quien por ahí le dice, con admiración Lord of my love o Señor de mis amores y, en otro, nos confiesa que ha visto al sol (sun) más de una hermosa mañana acariciar las cumbres de la montaña con su poderosa luz, besando con su dorado rostro el verdor de las praderas, y en esta poética ambigüedad no sabemos si se trata de la dorada cabellera de su joven amigo o de su hijo Hamnet (son), quien había fallecido en 1596 a la edad de once años.

También habla de la muerte (60 al 99) y pide que cuando muera no lloren por él más de lo que dura el fúnebre clamor de las campanas que anuncian al mundo que ha huido de este vil mundo, para irse a habitar entre los viles gusanos.

Del 100 al 126 nos confiesa que anduvo de parranda, errante como cualquier viajero, pero que ha regresado y, entre todo esto, habla de los celos y la tristeza que se siente cuando el ser amado está ausente o de la soledad y el hartazgo de sentirse rodeado de las miserias cotidianas: viendo a la fuerza mutilada por el poder corrompido... al arte amordazado por las autoridades... y al bien cautivo, sirviendo al mal, el gran Capitán.

También le suplica a su amante que se acuerde de él cuando era joven, si, le pide que contemple aquellas épocas del año cuando las amarillas hojas, pocas o ninguna, cuelgan de las ramas que tiemblan contra el frío, desnudos coros en ruinas, donde una vez los dulces pájaros cantaron.

Y los últimos veintisiete sonetos (127-154), nos cuenta cómo fue su relación —apasionada y, por momentos, lujuriosa— con una morena de ojos negros, negros como los cuervos —supongo que era la italiana Emilia Lanier, neé Bassano—, con unos ojos que no se parecen al Sol, (My mistress’ eyes are nothing like the Sun) —como luego lo cantó Sting—, y nos confiesa que no le importa que la critiquen, pues ella es su vieja y tal como es, quiere mucho a su gordita.

Al final de estas aventuras, sufre al enterarse que su amigo —¿sería el mismo noble?, no lo sabemos—, le baja a la morena. Después de darle de vueltas a ese suceso, acepta compartirla con él en un especie de triángulo amoroso desesperado, confesando tener dos amores. Todo esto y más es lo que celebramos con este modesto homenaje al poeta de esta eternidad prometida en sus versos.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Dos conciertos dos

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 13 de noviembre, 2009.

(Fotografía: Alondra de la Parra).
NOTA DE ÚLTIMA HORA. México D.F., 12 de noviembre, 2009.- Por razones de fuerza mayor, Alondra de la Parra canceló su visita a México. Con esta noticia tuve que corregir la nota y más que dos estrellas -como lo había titulado-, ahora sólo son Dos conciertos dos como en las corridas de toros.

La Filarmónica de la UNAM interpretará, el sábado por la noche y el domingo al mediodía, el Concierto para clarinete de Mozart con el solista Alberto Álvarez, en un concierto que, hasta hoy —como dice Bernhard Paumgartner—, no ha surgido ninguna otra obra que se ajuste a la esencia de ese cálido instrumento que, desde el inicio, y luego del diálogo con la orquesta, pasa con celestial ternura a la alegre animación del rondó final que se adhiere a una especie de melancólica sabiduría en donde se glorifica a la belleza con su melodía, expresando así la alegría de vivir y una especie de conciencia de lo efímero de nuestra vida.

Cada vez que puedo, sugiero que escuchemos a Mozart, sí, una y otra vez, siempre, toda la vida y, como parte de esta propuesta, hay en particular dos verdaderas joyas: el Concierto para clarinete en La mayor (K. 622) compuesto, a principios de 1791, el mismo año que muere Mozart, para su amigo Antón Stadler, virtuoso de ese instrumento que tenía una gran capacidad expresiva y, dos, la otra joya de esta corona, el Ave verum corpus, una cantata de unos cinco minutos donde expresa, musicalmente hablando, el momento en que expira Cristo clavado en la cruz.

El Concierto de clarinete lo compuso el mismo año que estrenó La Flauta mágica (K. 620) y que no pudo terminar su Réquiem (K. 626), un año de contrastes entre el éxito de La flauta, las deudas y la enfermedad. Tal vez por eso expresa con el clarinete, sin mucha algarabía, cómo puede uno caminar entre la felicidad del momento como a veces se nos da en esta vida y el gran final, cuando sabemos que lo demás, es silencio.

Cuando la OFUNAM termine de dirigir este concierto, interpretarán el Homenaje a Federico García Lorca, el poeta del Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña..., un homenaje compuesto por Silvestre Revueltas.

Esta es, pues, uno de los conciertos que brillarán este fin de semana en donde también tendremos la oportunidad de escuchar a la orquesta de cámara Britten Sinfonia que viene a tocar en la misma Sala Nezahuacóyotl, el domingo 15 pero a las 18:00 horas, el Concierto para clave no. 5 de Juan Sebastián Bach para brincar a la modernidad con una obra compuesta por dos de las integrantes de esa orquesta, Joanna Rowland y su tocaya, Joanna MacGregor su Forlorn hope fancy, Mr. Dowland’s midnight y Can she excuse y, para interpretar también el Concierto en re de Stravinsky, la Milonga del Ángel, entre otras obras de Piazzolla que traerá a colación ese recuerdo brumoso del viejo Buenos Aires y los sentimientos que hay detrás de sus lamentos, abriendo así el abanico del tiempo para recorrer, en una sentada, varios siglos de la historia de la música.

La Britten Sinfonia es una orquesta que ha ganado varios premios y ha logrado tener un prestigio bien ganado por tener a una pianista como es Joanna MacGregor, quien estuvo el año pasado en el Festival Internacional de Música de Morelia.

Ahora, seremos nosotros los que podremos juzgar su calidad cuando escuchemos el concierto de Bach que nos permitirá saborear la división que hace de la melodía entre los diferentes instrumentos, como los eslabones de una cadena o los planos que conforman el volumen musical.

Este es un fin de semana donde podremos salir para admirar a dos orquestas de nuestro firmamento musical como es la OFUNAM y, la tarde del domingo la Britten Sinfonía, dos orquestas y dos conciertos de primera magnitud que sería deseable oírlas en primera persona.

Los retos después de la Revolución

El Informador, jueves 12 de noviembre, 2009.

(Fotografía: Francisco Villa y su gente).
La semana que entra celebramos casi un siglo de haber iniciado la Revolución (1910-2009), reservando las fiestas del Centenario y las del bicentenario de la Independencia (1810) para el año que entra. Por ser de la generación posrevolucionaria (1941-), a la Revolución la vemos de otra manera y seguro no como la veía mi padre que le tocó de los diez a los diecinueve años de edad. Por eso nos preguntamos si eso que se esperaba se ha logrado y qué es lo que podemos decir se ha concluido para darle carpetazo y coger impulso para enfrentar los retos del XXI.

Sin duda, después de casi un siglo, las cosas han cambiado: el crecimiento de la población en las grandes ciudades como en el D.F., que, en 1910 era de 800 mil habitantes, ahora somos 18 millones y la población agrícola estaba distribuida de la siguiente manera: en 1910 había 470 mil terratenientes y el resto, es decir, 15.2 millones eran trabajadores del campo con muchas carencias.

A principios del XX había 9 mil haciendas y 48 mil propiedades menores. Durante la reforma agraria, uno de los productos de la Revolución, se distribuyeron 67 millones de hectáreas de tierra de todas clases (más del 50% de la tierra arable) y se hizo entre 2.6 millones de campesinos, creando 20 mil nuevos ejidos y 40 mil nuevas pequeñas propiedades. Yo creo que a esto ya se le puede dar carpetazo.

La democratización fue un hecho, pues con el reparto de la tierra se destruyó el poder de los viejos terratenientes y liberó a los campesinos para que la población rural tuviera movilidad —vertical y horizontal—, eliminando las castas y, haciendo posible por primera vez en la historia de México, que el ciudadano común y corriente pudiera educarse y mejorar sus condiciones de vida.

Por primera vez hubo estabilidad después de casi un siglo de guerra: la Independencia (1810-1823); la invasión norteamericana (1846-1848); la guerra de Reforma (1858-1861) y la invasión francesa (1864-1867) y luego, un paréntesis de orden y progreso con Porfirio Díaz (1876-1910), hasta que estalló la Revolución (1910-1919) que buscaba el sufragio efectivo y la no reelección.

Algunos proponen que debería de seguir repartiéndose la tierra, pero todo lo que hay para repartir sería la muy pequeña propiedad donde cabríamos en el suelo como nuestra tumba, pues no hay de dónde más sacar tierra cultivable para los 120 millones de habitantes de nuestros días. La Revolución vino acompañada de la Industrial y la gente del campo se movió a las fábricas para lograr una igualdad de oportunidades, base del progreso.

Por su dispersión, los ejidos no pueden recibir la atención que requieren, así que, la creación de comunidades es básica para que puedan recibir los servicios básicos que, con la capitalización de nuevas tecnologías —siembra, cuidado y riego—, exigirían a las nuevas generaciones de campesinos que se especialicen en computación y sistemas de control automatizados para enfrentar los retos y disfrutar de una mejor calidad de vida.

martes, 10 de noviembre de 2009

La gran celebración

El Informador, martes 10 de noviembre, 2009.

Qué difícil es imaginarse la vida en Alemania y en particular en Berlín después de la segunda Guerra Mundial: derrotados, destruidas las principales ciudades, la que era la Capital queda aislada del mundo occidental, enclavada al noreste de lo que ahora sería Alemania Oriental que queda bajo la férula del comunismo, como parte de la rebanada del pastel con la que se quedó la URSS como premio por ser pare del los aliados que derrocaron a Hitler.

En 1945 a su vez Berlín fue dividida en dos —como el bien y el mal (según se vea)—, la oriental bajo el control de la Unión Soviética y la occidental en tres sectores transparentes: el francés, el inglés y, el tercero, el norteamericano.

Para 1961, Walter Ulbricht, el líder de Alemania Oriental mandó construir un muro que aseguraría la división de la ciudad e impediría las fugas hacia occidente. Con esta frontera y sus puestos de control se logró aterrorizar a quien intentara cruzar la barrera impidiendo mortalmente el paso. Imagínese que un día Guadalajara queda dividida en dos con una muro construido por toda la avenida 8 de Julio y Federalismo, dividendo a la ciudad en dos y sin poder pasar de un lado para el otro, ni poder salir del sector occidental más que por avión.

Tardaron más de una década para que las dos alemanias volvieran a establecer relaciones diplomáticas. No fue sino en 1987 cuando Ronald Reagan visitó Berlín y trató de presionar a Mikhail Gorbachov para que derrumbara el muro, pues ya se sabía que dos años antes el ruso había convencido al Comité Central del Partido Comunista que iniciara la Prestroika con las reformas basadas en la reestructuración de la economía de la Unión Soviética en donde se preservaría un sistema socialista pero con un inicial espíritu empresarial y de innovación. Este proceso fue el parteaguas de la democratización de la vida política y trajo como consecuencia el fin de la era Gorbachov, así como, el colapso y la desintegración de la URSS hasta convertirse en lo que es ahora.

En 1989 Hungría abrió su frontera con Austria y miles de orientales se escaparon por esa puerta. Para el 9 de noviembre de ese año, hace veinte años, Helmut Kohl el Primer Ministro de Alemania Federal, Gorbachov de la URSS y George Buch Sr., presidente de los EUA, fueron testigos del fin de la esquizofrenia y la separación de las dos alemanias y, ese día, miles de alemanes orientales llegaron a los puestos fronterizos y exigieran pasar. Los guardias, que ya tenían órdenes de no intervenir, vieron caer varias secciones del muro derribadas a pulso por la gente que, a esas horas, empezaron a cantar, como lo hacen siempre los alemanes, celebrando con bailes, besos y abrazos el fin de esa locura.

Con razón, durante estos días, celebramos ese momento histórico en donde los alemanes orientales experimentarían la libertad de acción y de pensamiento como la que hemos gozado en México por varias generaciones.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Las historias de Los que se quedan

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 6 de noviembre, 2009.
Los que se quedan es la más reciente película de Juan Carlos Rulfo estructurada como documental, tal como dirigió El abuelo Cheno y otras historias (1994) o En el hoyo (2006). Ahora la dirección la comparte con Carlos Hagerman para lograr una obra con varias virtudes: una buena fotografía, un buen sonido y una excelente edición hecha por Valentina Leduc que nos permite caminar en espiral para seguirle la pista a la vida de varias familias del centro y sureste de México que nos cuentan cómo es su vida cuando sus maridos o sus hijos se han ido a trabajar o a morir al otro lado.

Conmovedoras escenas nos estrujan el alma cuando expresan su miedo —o su coraje— por ese abandono que resienten como nosotros resentimos el machismo que prevalece en el campo en donde las mujeres se ven forzadas a hacer lo que diga el marido que ordenan sin considerarlas como si fueran un objeto de su propiedad, imposibilitadas para ser libres y autosuficientes.

La visión del machismo enraizado es sólo una de las tantas lecturas y visiones que podemos tener entresacadas de las historias de estas mujeres que se quedan por años solas y sus almas, cargando un mar de dificultades.

Estructurada con una narración espiral vamos caminando en el tiempo y avanzamos con las historias que nos va contando cada una de las familias, por ejemplo, la mujer embarazada que trata de convencer a su marido —obsesivo— que no se vaya al otro lado una vez que haya parido hasta que lo vemos partir; o ese otro que ha regresado y que invierte todo lo que tiene para sembrar pepino y luego lo vemos como mula cargando su cosecha, encantado de la vida; o a los dos viejitos, él con sus manos ajadas sobando un par de ajos, mientras su mujer echa al comal unas deliciosas tortillas y luego nos dice que cuando se sienta a tejer lo hace para poder pensar en sus hijos, hasta que un día los vemos llegar.

Los personajes son tomados de la vida real y nos cuentan lo que significa quedarse de este lado, con ese miedo que a veces las paraliza, mientras que ellos parece que evaden la realidad con tal de no enfrentar el mar de calamidades, ni ver crecer a sus hijas, justificando la huída por ir a trabajar y a ganar dinero o la ilusión de ganarlo y dejar a sus mujeres con miedo, hostigadas por los otros que se quedan, cansadas de cargar solas el peso de lo cotidiano y si vienen dejan el costal del bastimento para los viejos —como escribió Rulfo papá— y le plantan otro hijo en el vientre de sus mujeres, y ya nadie vuelve a saber de ellos sino al año siguiente, y a veces nunca...

No se les ocurre mejorar con tecnología su capacidad agrícola y con desgano mantienen su huerta, viven rodeadas de basura y materiales de construcción abandonados en los patios como si no tuviesen manos para limpiarla y, sin iniciativa, ni ganas de poner las cosas en su lugar, ni de mejorar la calidad de vida viven hacinados.

Rulfo y Hagerman filmaron muchas horas y suponemos que lo hicieron, por lo menos, durante un año, pues vemos el embarazo y la siembra, el parto y la cosecha y con eso, Valentina armó las historias y le dio forma a la tragedia de la separación y la despedida forzosa o la buena nueva de la llegada afortunada de los hijos y la fiesta del pueblo que nos aterra —en otra lectura—, pues sabemos que el alcoholismo y el abuso sexual son dos espinas clavadas y dos problemas álgidos a resolver y, por eso, la fiesta la vemos mientras sufrimos porque no sabemos si al final de esa borrachera van y les arrancan a las flores del campo su belleza y frescura.

La otra historia de la migración

El Informador, jueves 5 de noviembre, 2009.

Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman nos cuentan en Los que se quedan, el más reciente de sus documentales, lo que sienten y viven las esposas o los hijos de los que se van al otro lado con cualquier pretexto para no enfrentar el mar de calamidades y resolverlo enfrentándolo.

La película tiene varias lecturas, entre ellas, el miedo y el coraje de haber sido abandonadas con argumentos que son socialmente aceptados, pero que, en el fondo resultan ser débiles, por ejemplo, dicen que se van para que sus hijas estudien y puedan ser diferentes, cuando sabemos que estudiar no cuesta y, en todo caso, la mano de obra —de la que los padres creen es obligación de sus hijos— es fácilmente sustituible, así que no, por ahí, no nos convencen sino más bien observamos un brutal machismo que doblega a las mujeres y las convierte en objetos desechables.

La falta de una buena educación y cultura pesa sobre los hombros de ese sector de la sociedad y nos hace pensar en lo que podríamos hacer, aparte de los programas pro-campo, que maquilla las estadísticas de la pobreza extrema sin promover una más vigorosa educación, para que las nuevas generaciones tenga una mejor calidad de vida, como ha sucedido en algunas regiones de España en donde vivían igual o peor de pobres que esta gente en México que ahora es abandonada, sino que hemos visto el cambio —como soñamos suceda en México—, con preparación, crédito y nuevas tecnologías para sembrar en invernaderos algunos productos que dejan una buena utilidad —como son los jitomates o las flores, como lo han hecho en algunos ejidos en Morelos y que ahora venden, supongo que a buen precio, flores para la exportación.

Ya no queremos que los que se queden sigan viviendo como esos personajes del Llano en llamas en donde el tiempo —como escribió Juan Rulfo— es largo... los días comienzan y se acaban y luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza.

No, ya no queremos que sigan así como estas lecturas que podemos hacer con esta película que a pesar de estar estructurada como documental nos estruja y conmueve hasta la médula y donde logramos tener otra visión de los que se quedan, de esos niños y niñas con sus madres abandonadas y todos paralizados por el miedo, incapaces de ser independientes y autosuficientes, aplastadas por un destino del que hasta ahora parece no pueden zafarse.

Basta saber que cuando vienen sólo dejan el costal del bastimento para los viejos y le plantan otro hijo a sus mujeres y luego, nadie vuelve a saber de ellos, sino al año siguiente, y a veces nunca. Rulfo y Hagerman, gracias a la excelente edición de Valentina Leduc, nos mueven el tapete y nos quedamos pensando cómo con una buena educación las nuevas generaciones podrían romper esa maldición y puedan llegar a ser independientes y libres económica y socialmente hablando.

Tiraderos clandestinos

El Informador, martes 2 de noviembre, 2009.


Se calcula que existen más de seis mil tiraderos clandestinos entre los lotes baldíos que hay entre las áreas de cultivo en la sierra de Guadalupe al norte de la ciudad de México. La mano del hombre provoca que las barrancas, las montañas, las plantas y los animales que habitan en el planeta cada vez sean más vulnerables de lo que nos imaginábamos en el siglo pasado, cuando la revolución industrial se había consolidado.

Pero al mismo tiempo, en este siglo XXI hay un movimiento internacional que propone un nuevo diseño para los productos que consumimos para que, una vez agotado su ciclo, se puedan reintegrar en un especie de ciclo virtuoso que inicia en la cuna y regresa a la misma cuna, es decir, que los productores diseñan sus productos de tal manera que la mayoría de sus partes se podrían desarmar —como lo diseñaron originalmente— y, de esta manera, se podrían volver a integrar en las nuevas cadenas de producción.

De esta manera evitamos que vayan a parar a los tiraderos o a las barrancas —como si fuera su tumba—, en donde cada día se acumulan millones de toneladas de muebles viejos, telas, recubrimientos, televisiones, computadoras, zapatos, teléfonos, plásticos, papel, madera, pañales y algo de comida.

Por ejemplo, las alfombras, los celulares o las computadoras deberían diseñarse para que se puedan reintegrar a la fábrica —en una sección especial de deconstrucción— que, sin agregarles más contaminantes, puedan entrar a la nueva cadena productiva.

Pero todavía la industria opera con esos viejos modelos que se desarrollaron cuando se tenía otra visión del mundo y, por eso, su manufactura es lineal, es decir, que va de la fabrica al comprador lo más pronto y económicamente posible, sin considerar alguna otra cosa.

Las consecuencias son devastadoras como las que ahora enfrentamos, pues estos productos han sido transformados a un costo tal que, en un tiempo dado van a dar a los tiraderos clandestinos o no, sin que se puedan reintegrar al nuevo al ciclo productivo tal cual.

Dicen que somos consumidores pero, en realidad, lo que consumimos es más bien poco: algo de comida y algunos litros de líquidos, el resto son como los Kleenex: los usamos sólo para tirarlos, pues más del 90% de lo que usamos van a dar a la basura.

Aquellos productos que tienen una obsolescencia programada —coches, computadoras o TV’s— está implícito el hecho de que adquiramos el más reciente modelo lo más pronto posible, pero que bien estaría que el modelo anterior se pudiera reintegrar a ese sistema circular virtuoso.

Creamos productos sin importar las condiciones en las que se usan y sin considerar sus efectos una vez que se desechan y así, por ejemplo, los fabricantes de detergentes no consideran ni el tipo de agua en donde se va a consumir, ni mucho menos los efectos cuando se desechan contaminando el agua de los ríos como si la naturaleza fuese un enemigo a vencer, en lugar de que sea un amigo a ganar.