jueves, 29 de abril de 2010

Un esfuerzo inútil, pero válido

El Informador, Tertuila, sábado 1 de mayo, 2010.














(Humberto Solórzano y Muriel Ricard en el Mambo de Oz). Una y otra vez compruebo que los tapatíos cuando viajan a la ciudad de México, lo único que desean es regresar lo más pronto posible a su casa para levantarse el sábado y mantener a raya la rutina.

En cambio, cuando los chilangos van a Guadalajara, lo que desean es prolongar su estancia: desayunar los chilaquiles del Hotel Isabel, volver a ver el Hombre en llamas en el Hospicio Cabañas, almorzar las tortas ahogadas que apaciguan los demonios y si se puede comer la carne en su jugo de la calle Garibaldi o irse por la laguna de Chapala para tomar la birria de Jocotepec.

Por eso, el esfuerzo que se haga para convencerlos y que se queden el fin de semana en “Tenochtitlán de la tunas”, es inútil pero creo que es válido: no hay pretexto que los pueda convencer, menos si se trata de algo cultural —música, teatro o artes plásticas—, menos todavía, si el argumento tiene que ver con una obra de teatro que se presenta en un espacio alternativo como lo acostumbra hacerlo Rodrigo Johnson que, hace años, puso Cartas a Mamá, un programa radiofónico de Harold Pinter adaptado por David Olguín, en su departamento de la Roma, con un estrado, el permiso de sus vecinos y, dos días a la semana, asistían 30 personas para ver esa obra en la sala de su departamento, tal como lo hacía Nacho Arriola en su casa de las Colonias allá en Guadalajara.

Ahora reestrena Mambo de Oz, una obra escrita por el venezolano Luis Selkovich que Rodrigo la ha montado en las bodegas del teatro El Milagro (Milán 24, sábados y domingos a las 13:00 horas), un escenario alternativo que le permite darle un tono especial al extraño desarrollo de esta historia en donde el público se enfrenta a lo inesperado:

Alberto (Humberto Solórzano) había sido un galán de telenovela que ahora lucha para mantener a Beto (Diego Sosa) su hijo adolescente que nació con una extraña lesión cerebral y que está al cuidado de Magda (Muriel Ricard), una vecina que lo hace con gusto mientras el padre sale a trabajar.

La vida es una rutina: Alberto entretiene a su hijo actuando —mentiras piadosas— como le hubiese gustado hacerlo. Siempre le trae un regalo para que se entretenga. Magda, que está enamorada del papá, decide educar sexualmente al adolescente como atajo para despertar el interés y agradecimiento del padre.

Nadie se puede imaginar lo que sucede con el despertar sexual del hijo discapacitado ni como sale de su somnolencia disfuncional para que fluya la pasión desenfrenada, obsesiva y posesiva y, el público, quede atrapado en el espacio alternativo en donde lo inaudito es parte de lo cotidiano.

miércoles, 28 de abril de 2010

Mambo de Oz: lo inaudito en lo cotidiano

El Universal, La Guía del Ocio, sábado 1 de mayo, 2010.

( Muriel (Magda) Ricard). Rodrigo Johnson ha vuelto a hacer de las suyas y ocupa de nuevo otro espacio alternativo para montar su obra, tal como lo hizo hace años en su departamento con Cartas a Mamá, una obra basada en el guión radiofónico de Voces de familia de Harold Pinter, adaptado por David Olguín, que ganó el Premio Héctor Azar a la mejor obra de teatro de grupo. Ahora es Mambo de Oz la obra que vuelve a poner en escena, no como la puso hace un año en el alternativo salón de juegos infantiles, sino en el sótano del Teatro El Milagro donde la escenografía —ese extraño campo de batalla— le permite a los actores desplegar sus habilidades y ofrecernos el tono deseado para que nos sacuda el alma.

Cuando todo en la vida parece una rutina, de pronto, sucede el efecto mariposa y tenemos la gran sorpresa, que creemos es algo excepcional, pero que resulta ser parte de nuestra vida cotidiana: lo inaudito en lo cotidiano.

Esta obra fue escrita por el venezolano Luis Selkovich, adaptada y dirigida por Rodrigo Johnson que nos enfrenta a lo inesperado. En esta historia vemos a Alberto (Humberto Solórzano), que había sido un galán de telenovela que tuvo sus quince minutos de éxito, que ahora lucha para mantener a su hijo Beto (Diego Sosa), un adolescente nacido con una especie de lesión cerebral que lo ha convertido en un joven discapacitado, dependiente y al cuidado de su vecina Magda (Muriel Ricard), enamorada de aquel que había sido galán de la TV. Ella le hace el favor de cuidar al joven mientras su padre sale a trabajar gracias a las chambas que le consigue su agente (también Muriel Ricard) y que, de repente, es el payaso de una fiesta infantil que lo hace con tal de seguir a flote.

Su vida es una rutina: entretiene a su hijo y juega con él; de repente, representa alguno de los papeles que a él le hubiera gustado hacer —mentira piadosa— y siempre le trae un regalito, el que sea, baratito o de la fiesta, con tal de que se entretenga.

La vida sigue y de pronto, somos testigos de uno de esos pequeños grandes cambios en la vida del hijo, así como la estrategia seductora y los deseos de Magda para lograr seducir al padre, ofreciéndose primero al hijo, como si fuera un atajo en donde logra despertar el deseo sexual del hijo discapacitado que se convertirse en un detonador que hace explotar la estrategia amorosa, rompiendo con eso la rutina.

—¿Qué tal —se preguntaba Magda— si le enseño lo que es la vida sexual a Beto y logro el agradecimiento eterno de su padre?

Pero la vida nos da sorpresas y, una vez que el hijo disfruta de la exaltación del sexo, éste se despierta de una especie de somnolencia disfuncional gracias a la experiencia abrumadora con Magda, de tal manera que se lleva a cabo el flujo de la pasión desenfrenada, obsesiva y posesiva que casi siempre viene junto con los celos y el complejo de Edípo soterrado en todos nosotros y que, en Tebas, terminó en tragedia.

Por eso, salen a flor de piel los deseos del adolescente como en las leyendas y los mitos griegos —como Cronos y sus hijos—, para trastornar la realidad y lograr que sus recónditos propósitos se lleven a cabo de tal manera que el público viva, una vez más, una catarsis, atrapado en ese espacio alternativo que escogió Rodrigo para representar lo inaudito, como si fuera parte de la vida rutinaria.

Se estrena este sábado 1º de mayo y estará en cartelera los sábados y domingos a las 13:00 horas en el sótano del Teatro El Milagro en la calle de Milán 24, Col. Juárez.

miércoles, 21 de abril de 2010

Armida, la estrella sangrienta de Damasco

El Universal, La Guía del Ocio, el viernes 22 de abril y, una versión modificada, el sábado 23 en El Informador, Tertulia.


(Renée Fleming, la Armida en la producción del MET). Por alguna razón, la vida de algunas reinas del antiguo Oriente han sido modelos para los poetas, dramaturgos y compositores como Virgilio consideró a Dido, la reina de Cartago para escribir sobre su vida y sus amores con Eneas, el troyano que se había escapado de morir en el palacio de Príamo. Pedro Calderón de la Barca escribió Semíramis, la hija del aire, una obra de teatro sobre reina de la Babilonia chifladora, una poderosa mujer que asume el poder total y construye los famosos jardines colgantes. Luego está Armida, la deslumbrante reina de Damasco y sus amores con uno de los cruzados que le sirvió de modelo a Torcuato Tasso para que escribiera su poema épico Jerusalén liberada, que ha sido la fuente para los libretos que mandaron hacer varios músicos para poder componer sus óperas basadas en esa historia.

Tres historias de tres tragedias desde tres puntos de vista diferentes construidas a partir de la vida de estas reinas que, estando en plenitud de su majestad y gobierno, sufren los embates del amor, la pasión y el abandono para sufrir de una caída mortal.

En 1099 Armida era la reina de Damasco, la capital de la República Árabe Siria amenazada por los cruzados. Armida fue la modelo que utilizó Tasso en su poema que más adelante le sirvió a Philippe Quinault (1650) para escribir el libreto con el que Jean-Baptiste Lully (1651) compondría la primera ópera basada en la vida de esa reina.

Gioachino Rossini (1792-1868) le pidió a Giovanni Schmidt que hiciera un nuevo libreto para poder componer su Armida, ópera que estrenaría en Nápoles en 1817 interpretada por la prima donna Isabella Calibran, la misma que, para esas fechas, era la amante del rey de Nápoles y luego, de 1822 hasta 1837 la primera esposa de Rossini.

El próximo sábado 1º de mayo a las 12:00 horas podremos disfrutar la producción del MET con la Armida de Rossini, ahora con la soprano Renée Fleming como la reina de Damasco y Lawrence Browlee como Rinaldo —el cruzado—, dirigidos por Ricardo Frizza, que será transmitida en vivo y en directo en la pantalla de HD del Auditorio Nacional en la ciudad de México y del Teatro Diana en Guadalajara.

Renée Fleming tendrá que esforzarse para poder expresar los sentimientos de una reina que ha sido rechazada por su amante utilizando la paleta y la coloratura de Rossini, tal como acostumbra componer sus obras y como sucede en el aria D’amore al dolce impero o cuando canta Ah! Non possio resistire o, en el acto final, en el dueto con Rinaldo, cuando éste se despide.

Durante la primera cruzada, la reina de Damasco se enamora en secreto de Rinaldo, uno de los cruzados que llega dispuesto y armado hasta los dientes para defender Jerusalén de los musulmanes.

Armida era una reina deslumbrante que tenía poderes mágicos —como las mujeres que nos deslumbran—, pero, por desgracia, fue rechazada por el cruzado, un especie de cristiano fundamentalista y, como sabemos, no hay nada en este mundo que pueda provocar más la furia de una mujer que sentirse rechazada por el hombre que le gusta. Por eso, el amor que le tenía al cristiano se convierte en odio, cosa que escuchamos cuando canta en Un astro di sangue.

Mientras Isabella Calibran estuvo casada con el casanova Rossini, éste tuvo como amante a Olimpia Péllissier, con la que se casó en 1846, un año después de que había fallecido Isabella, por una caída de un caballo en París.

Las Furias —conocidas por Rossini—, enloquecieron a Rinaldo que fue liberado por sus compañeros de las apariciones fantasmales para luchar en Jerusalén. Armida se desmorona con todo y el palacio mágico, donde queda sepultada bajo sus escombros, apagándose así, la estrella sangrienta de Damasco.

jueves, 15 de abril de 2010

¡Tú, miserable futbolista!

El Informador, Tertulia, sábado 17 abril, 2010.


(Elizabethan Football (woodcut print) English School, 16th century). No sabía que desde 1314 se jugaba fútbol en Londres y que, desde entonces, era tan popular, tanto que Eduardo II promulgó un decreto para prohibir que se jugara, pues “el ruido en la ciudad producto del ajetreo público durante los partidos de fútbol es causa de muchos males (que Dios prohíbe, por eso): a nombre del Rey, declaramos y prohibimos, bajo pena de cárcel, que se juegue fútbol en el futuro.” El decreto no funcionó ni cuando los siguientes reyes medievales intentaron aplicarlo por su cuenta y riesgo.

Encontré otros textos además del decreto. Olivier Cromwell fue un poderoso puritano que derrocó a Carlos I, antes de destruir los teatros e intentar acabar con el fútbol. Por fortuna, pierde el poder y se inicia la Restauración en 1660, volvieron a jugar un fútbol y fue todavía más popular.

Los puritanos estaban en contra de todo lo placentero y divertido. Uno de ellos fue Phillip Stubbes (1555-1610), autor de La anatomía de los abusos, puritano de pura cepa que escribió protestando contra el fútbol y los futbolistas. Decía “que ese no era un ‘juego amistoso’ sino que, en realidad, era una manera de practicar sangrientos asesinatos... Cuando va el contrincante corriendo, lo tiran al suelo y le sangran las narices... Otras veces, les rompen el cuello o los brazos y cuando les dan en los ojos, parecen que les salen. Son pocos los que se escapan de salir maltratados y sufren las consecuencias, pues, en cada partido hay heridos, magullados, agrietados y, si tratan de escapar (con la pelota), son perseguidos y los chocan entre dos dejándolo con el corazón apachurrado, si es que no lo golpean con los codos debajo de las costillas y con las rodillas, cerca de las caderas o le dan puñetazos como si fuesen armas mortales.

“Me opongo a ese juego —decía Stubbes— porque ahí es donde nace la envidia, la malicia, el rencor, la cólera, el odio, los disgustos y esas enemistades que muchas veces terminan en peleas, contenciones, pica-pleitos y homicidios, partidos donde hay una gran efusión de sangre como ya lo hemos visto por experiencia propia. ¿Será este juego asesino un buen ejercicio para los días de descanso (Sabbath)?”

Otro texto del siglo XVI es de Shakespeare: cuando el rey Lear ha sido ofendido por su hija mayor y el ambiente está caldeado, el fiel amigo del rey como era Kent, le llama la atención al mayordomo de la hija prepotente diciéndole: ¡Tú, miserable futbolista! — You base football player! (Rey Lear, 1.4. 84-5).

Con esto creo que nos podemos dar cuenta lo que pensaban de los futbolistas en la época isabelina que nada tiene que ver con lo que ahora pensamos de ellos. ¿Será?

Cuando una mujer sabe mirar a los ojos

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 16 de abril, 2010.

(Ashley Dupre, ex prostituta de 24 años de edad quien fue la principal causante del fin de la carrera de Eliot Spitzer, Gobernador de Nueva York, cuando en marzo del 2008 fue acusado de mantener, administrar y disfrutar de una red de prostitución creada por él en su Estado). De algo sirven las buenas series de TV como esas que nos pone frente al espejo para vernos reflejados o las que cuestionan los valores de una sociedad y nos ponemos el saco cuando nos queda o cuando aparece gente íntegra, como si fuera real, esa que no duda de sus valores y que sabe ver a los ojos sin miedo de descubrir la realidad de lo se oculta o piensa; series en las que podemos ver a su héroe, en este caso heroína, de estas épocas en donde parece que han desaparecido los valores y que sólo estamos rodeados por la ambición desmedida y la corrupción que oxida al más pintado de los aceros.

Cuando vemos a una mujer que tiene el valor y la capacidad de entender la cruda realidad cuando ve a los ojos y sabe o intuye de esa manera quién la quiere engañar o quién intenta tomarle el pelo o quién la va a traicionar, se convierte en una experiencia gratificante que tienen sus raíces en los valores éticos con los que se construye el edificio de la sociedad.

The Good Wife es una serie producida por Ridley y Tony Scott que se trasmite los lunes por Universal Channel. Por desgracia repiten capítulos al azar y, sólo de vez en cuando, avanza la historia el día menos pensado. Los guionistas son Michelle y Robert King y, el personaje principal, es Alicia Florrick (Julianna Margulies,1966-), “la buena esposa”, madre de dos hijos que ha sido engañada por su esposo, el ex Fiscal de Justicia o prosecutor condenado por corrupción y de una conducta poco ética, pues engaña a su mujer con una prostituta que paga con dinero del Estado.

Alicia trabaja como abogada en Stern, Lockhart & Gardner y la trama gira alrededor de su vida privada, de los casos que atiende como abogada, de la lucha por el poder y el empleo en el despacho de abogados y de la desilusión amorosa que sufre esta mujer que ha sido engañada, así como, el juicio de su marido que se ventila en los juzgados presenciales al estilo americano.

Parece que se han basado en casos de la vida real como aquel de Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York que en los idus de marzo del 2008 fue acusado de mantener, administrar y disfrutar de una red de prostitutas. Ese mismo día lo vimos en la TV al lado y de la mano de Silda su esposa —como Alicia Florrick—, las declaraciones públicas giraban alrededor de que estaba apenado por no haber cumplido con lo que se esperaba de él y que “por esa razón, estoy renunciando a la oficina del gobernador”... A Silda le temblaban las piernas de coraje y de vergüenza mientras que su marido reconocía lo que había hecho frente las cámaras. La grieta en la pared que nunca se puede arreglar.

El asunto es de faldas, como fue el de John Edwards —candidato presidencial en el 2008 por el Partido Demócrata— que presumía de ser la cabeza de una familia perfecta hasta que el National Enquirer descubrió que engañaba a su mujer —enferma de cáncer terminal— y que pagaba a su amante con los fondos de su campaña. El periodista está nominado al premio Pulitzer 2010.

The Good Wife resulta fascinante porque nos podemos asomar al crudo mundo de la justicia para verla al desnudo, con sus recovecos e impurezas, donde Alice va librando su vida por ser, entre otras cosas una mujer confiable, vertical como la columna de San Marcos en Venecia, que dice lo que tienen que decir y exige que le den lo mismo que ella da, sosteniendo de esa manera el edificio de su vida, mirando firme a los ojos de los demás para intuir eso que está detrás, sin temor alguno.

jueves, 8 de abril de 2010

Magritte y los rostros cubiertos

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 9 de abril, 2010.


(Los amantes, 1927.) Cuando René Magritte tenía catorce años, su madre se suicidó ahogándose en el río Sambre, un afluente del Mosa que corre entre Francia y Bélgica. Un día después, cuando sacaban su cuerpo río abajo, René vio cómo su madre salía del agua con el rostro tapado por su falda. Nunca se le pudo olvidar esta escena y, como podemos imaginarnos, el impacto fue brutal. Tal vez por eso, años después, los rostros tapados con trapos sería el leit motiv de varios de sus cuadros que, con el tiempo, lo hicieron famoso. Había repetido aquello que vio a la orilla del Sambre y el rostro de sus modelos los cubría con unos trapos, como lo podemos ver en Los amantes hecho en 1927.

Luego decidió que, mejor que taparlos, los dejaría huecos ya sea que nos dan la espalda, como ese hombre elegante con sombrero de hongo que está viendo el paisaje o que nos vean de frente, lo que vemos en lugar de su rostro es el cielo azul y unas nubes que casi siempre andan por ahí.

Intentó la pintura surrealistas y por eso pinta una pipa y debajo escribe: Esto NO es una pipa, es decir, esto es la imagen o el concepto de esa cosa que conocemos como pipa y que sirve para fumar tabaco.

Satisfizo su curiosidad —y la nuestra— con los objetos tridimensionales en la tela bidimensional y, sorprendido de las transformaciones, prueba el cubismo que venía desde 1907 encabezado Picasso, Braques y Juan Gris.

También se recreó con los paisajes y la naturaleza pero sin salir al aire libre y sin modelo alguno, reproduciendo sólo el paisaje que se imaginaba; intentó el futurismo —como en literatura lo había hecho Julio Verne unos años antes con su novela De la Tierra a la Luna y más adelante trabajó con el purismo, manteniendo los principios tanto de su doctrina como de sus costumbres.

Influenciado por La canción de amor (1926) de Giorgio de Chirico, se interesó en los misterios que están detrás de la vida y de lo irracional, como puede ser el efecto de yuxtaponer varios objetos en una obra plástica. Para 1927 se va a vivir a París —que bien vale una misa, como aseguraba en 1594 Enrique de Navarra, el rey protestante—, para dejarse envolver en la modernidad y seguir probando nuevas formas de expresión —tal como le pasó a Diego Rivera de 1907 a 1916, cuando estuvo en la ciudad Luz—, donde no pudo, ni quiso escaparse de su influencia y de la pasión por lo nuevo. Esos años en París fueron el parteaguas de la historia del arte moderno y la cuna de toda inspiración pictórica y literaria.

Con su ilusionismo, Magritte aporta algunas obras al movimiento surrealista expresando con agudeza e ironía el debate que provocaba gracias a la múltiples lecturas que podía haber de una misma obra.

A partir de 1926, trabaja en el realismo mágico —como en la literatura de Joao Guimaraes Rosa y su Gran Sertón Veredas o en los 50’s con Juan Rulfo y su Pedro Páramo o en los 80’s con el chiapaneco Eraclio Zepeda y el colombiano García Márquez. Magritte investiga las relación que hay entre las palabras y su imagen y pinta La perfidia de las imágenes (1928) con la famosa pipa y el texto que ya hemos mencionado: Ceci n'est pas une pipe, escribió, cuestionando la realidad pictórica y la realidad real o con El espejo falso donde el ojo refleja nubes blancas y el cielo azul como si fuera una ventana.

Por todo esto vale la pena ver la exposición de René Magritte que está en el Palacio de Bellas Artes, donde podremos explorar la relación entre lo real y la ilusión y donde podremos entender la tragedia de su madre con los rostros cubiertos de sus modelos.

jueves, 1 de abril de 2010

Orozco y la soledad en llamas

El Informador. Tertulia, sábado 3 de abril, 2010.


(El hombre en llamas de José Clemente Orozco. Cúpula del Hospicio Cabañas, Guadalajara). Cada día de su vida demostró ser libre y eso está explícito en su pintura, en su autobiografía, en sus cartas, en su existencia —decía el crítico de arte Luis Cardoza y Aragón quien conoció a Orozco en vida. Por mi cuenta y riesgo, recuerdo haber visto, una y otra vez, el retrato de su madre que destilaba puro amor: era una viejita arrugada y apacible que, como veremos, no tiene nada que ver con el resto de su obra.

Implacable en su violencia y en las ráfagas de ternura que zigzaguean sus palabras. ¡Se antoja tímido frente a sus propios sentimientos! Escribe como dibuja, la línea crea el volumen, obseso por la precisión y la concisión. En sus profundas negaciones, profundas afirmaciones. En sus cartas, su rectitud es notable. Se propuso esclarecer una época y deseaba servirla, como lo hizo siempre con su genio creativo, su amor hirsuto, tierno y con una lucidez que no tenía piedad. Su verdadero espacio natural, natal, vital, frontal fueron los muros, las naves y las cúpulas —recordaba Cardoza y Aragón.

Genial, austero, siempre preocupado por el dinero, parecía que era un hombre incapaz de disfrutar la vida, o que la pasaba mal, estuviese donde estuviese o con quien estuviese, como lo recuerda Alma Reed cuando lo acompañó a Filadelfia en 1929, ese día cuando tuvo su primera exposición en Estados Unidos y que tanto su voz como sus movimientos, traslucían ese impulso de quien se imagina que sus pocas esperanzas se pueden convertir en una realidad.

El gobernador Topete le dio chamba en los treintas. Fue una buena chamba aunque mal pagada, como se estila en Guadalajara o como dicen en Tepa: no importa cuánto ganes, con tal de que no lo gastes...

Pintó de 1935 a 1939 tres obras geniales trepándose hasta la cúpula del Cabañas y con esa obra, asegurando su entrada a la historia del arte. Fueron años que vivió en esa graciosa y culta ciudad que tanto amaba.

La cúpula con el Hombre esclavizado por sus temores, caminando por los cielos en etérea libertad; el Hombre y su apego a la tierra; el Hombre consumido en las llamas de su energía creadora —como escribió Alma— o como luego imaginé en Las batallas del General cuando José María Reyes estaba viendo al Hombre en llamas y sintió la presencia de una mujer: “tal vez es mi imaginación —pensó—, pero mejor se hizo a un lado para dejarle un lugarcito y que se pudiera recostar a mi lado”... ¡Oh inteligencia, soledad en llamas! que, bajo el peso de la cúpula, pemites que los hombres leviten.

Por todo esto, digo que son muy afortunados en Guadalajara los que podrán ver la exposición de Orozco: pintura y verdad, tal como María Palomar lo comentó en la tertulia del domingo pasado.