martes, 29 de mayo de 2012

El virtuosismo de Lang Lang

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 31 de mayo, 2012.

Lang Lang, levitando en su piano.
Mañana viernes 1º de junio a las 20:00 horas estará en el Palacio de Bellas Artes Lang Lang, un virtuoso del piano nacido en China en 1982, quien desde que era un bebé y tenía tres años empezó a tocar como podía las teclas del piano de su casa. Desde entonces, ha venido acumulando enseñanzas, técnicas, premios y una experiencia que, ahora, con apenas treinta años de edad pertenece al primer circuito internacional de pianistas y se considera uno de los mejores interpretes de este siglo XXI.

Le hemos seguido la pista en TV en Film& Arts y hemos visto cómo y de qué manera cuida lo que interpreta de una manera obsesiva. Por eso, una vez que ha librado lo básico de las obras a interpretar, puede volcar su pasión en esa música que viene desde el fondo de su alma hasta las teclas del piano, pasión que la expresa por la forma que maneja las tonalidades, los ritmos y las texturas, sobre todo, cuando se trata de interpretar a esos grandes maestros como al romántico Federico Chopin (1810-1849) o al virtuoso Franz Liszt (1811-1886), dos compositores y dos virtuosos del piano que son los que va a interpretar este viernes por la noche. 

Desde el siglo XVIII los compositores usaban el piano para componer sus obras, como imaginamos lo hacía Wolfgang Amadeus Mozart, que  luego, entre muchas otras obras compuso una buena colección de sonatas desde que era pequeño y nos da gusto poder seguirlas y disfrutarlas con esas sus pequeñas-grandes complicaciones, en donde parece que estaba jugando, pero de pronto expresa situaciones de fondo, ambiguas o contradictorias.

O las del sordo de Bonn, el maestro Ludwig van Beethoven que tecleaba su piano destartalado en su estudio, sin poder escuchar gran cosa, excepto, lo que imaginaba con claridad mientras pasaba al papel pautado las notas con esas obras que son un portento.

Chopin fue un artista que creemos desde el primer día que se sentó al piano no se volvió a levantar hasta morirse jovencito con una tuberculosis galopante, después de haber compuesto obras cargadas de melancolía —que es fantasía— por su Polonia y por esa vida que logró expresarla —y nos podemos ver en ese espejo—, con gran sensibilidad como escuchamos en cada una de sus obras o cada uno de sus Estudios como los que Lang Lang va a interpretar mañana como los doce del Opus 25 que, como su nombre lo indica, son exploraciones y búsquedas para encontrar los límites y las posibilidades del piano, y son obras que nacen, crecen, se reproducen y mueren a imagen y semejanza de nosotros y cuando entendemos eso, nos quedamos helados; además, va a interpretar el Romance y Liebestraum (El sueño de amor) No. 3 de Franz Liszt, obras para piano en donde podremos gozar de la vida descubriendo cómo las interpreta el joven Lang Lang para que plasme y nos describa las narraciones pianísticas con su estilo refinado en donde reconoce y cuida de la textura, de los ritmos y de las emociones que están en sus textos musicales que fluyen entre líneas, como lo quiso expresar el viejo Liszt y que cada vez que les ofrecía un concierto, su audiencia levitaba.

¿Quién no ha tenido sueños de amor como los que ahora nos narra Liszt al piano? Seguramente descubriremos eso que está detrás de sus melodías, para encontrar de lo que están hechos los sueños amorosos sin importar que se desvanezcan mientras avanza con paso firme, volátiles como es la música para saber que apenas existen, antes de transformarse y desaparecer como sucede con el amor, cuando nos damos cuenta que ahí está y existe —a primera vista—, pero que se ha transformado en algo diferente. Liszt deslumbraba por el vigor con el que interpretaba sus obras y por su carisma que lo convirtió en un líder natural. Sus contemporáneos aseguraban que era el pianista más avanzado de su época, como ahora dicen de Lang Lang lo es y que usted podrá comprobar.

sábado, 26 de mayo de 2012

¿No sólo de pan vive el hombre?

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 26 de mayo, 2012.

Bruce Myers, actor inglés como el gran inquisidor.
Cuando Él (Samy Sammir) aparece en el espacio vacío y luego sale el cardenal gran inquisidor (Bruce Myers, ver foto) vistiendo su hábito negro, viejo, alto, erguido, con una palidez ascética y los ojos hundidos, empieza un monólogo frente a quien es su prisionero que ha vuelto según las Nuevas Escrituras. El gran inquisidor es el capítulo V de Los hermanos Karamazov de Dostoievski (1821-1881), cuando Iván le lee en voz alta a Alioxa la historia que describe ese encuentro en Sevilla. 

El monólogo lo hace Bruce Myers, un gran actor, dirigido por Peter Brook, tal como lo vimos esta semana en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM de la ciudad de México, como parte de la Cátedra Ingmar Bergman.

Esto son fragmentos de lo que escuchamos en la voz de Myers, mientras Sammir lo ve a los ojos desde su banco y aplica ese lenguaje no verbal con maestría: «cuando Cristo decidió regresar lo hizo en Sevilla entre las cenizas de las hogueras en donde el cardenal gran inquisidor había quemado a cien herejes. Él avanza entre la multitud, callado, sin llamar la atención, pero el pueblo lo reconoce. No tardan los milagros: un ciego ve y después de contemplar el ataúd con una niña de siete años, compasivo pronuncia el talipa kumi, (levántate muchacha) y la muerta se incorpora, abre los ojos y sonríe sin soltar su ramo de rosas blancas que su madre le había puesto entre sus manos. Los demás lloraban y gritaban de alegría. De pronto, el gran inquisidor lo señala con el dedo flamígero y ordena a sus esbirros que lo hagan prisionero.

 »No quiero saber si eres Él o su apariencia; sea quien seas, mañana serás condenado a la hoguera como el peor de los herejes. El pueblo que te besaba los pies, se apresurará para echarle más leña al fuego.»
Luego, escuchamos por qué el inquisidor lo ha condenado: «han pasado quince siglos, ¿esto es lo que pensabas iba a suceder? Si hubieras convertido las piedras en panes, hubieras visto a la humanidad correr hacia ti, pero tú contestaste que ‘no sólo de pan vive el hombre’ y, ahora, sólo hay hambrientos sumidos en la perplejidad horrible caminando entre tinieblas. No caíste en la tentación, pero, ¿pensaste que te entenderían? Te pidieron que bajaras de la cruz para que creyeran en ti y no lo hiciste. No quisiste someter a los hombres por tus milagros. En cambio, nosotros les permitimos pecar y con nuestro permiso, todo pecado será perdonado.

»Al final el inquisidor calla. El silencio le turba. El preso se levanta de su banco y se acerca. Le da un beso en sus labios exangües. El cardenal se estremece, se dirige a la puerta, la abre y le dice: ‘¡Vete y no vuelvas nunca… nunca!’ Y así lo deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.»

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los náufragos del Temporal

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 24 de mayo, 2012.

Irene, uno de los ciclones que pasó por Las Bermudas.
Con ese humor que caracteriza a Flavio González Mello, dramaturgo y director de teatro, ahora se le ocurrió representar a tres personas en una, tal como lo hace en Temporal, su obra reciente basada en La tempestad de Shakespeare en donde Próspero, el mago de la obra en escena, es a la vez el Bardo despidiéndose del teatro en 1613 después de haber sido el gran mago de la escena y de la poseía y, el tercero en discordia sería Alejandro Calva (excelente) en el papel de Próspero quien, de repente, es también ese director de escena todopoderoso y así, como diosito, González Mello cierra el círculo de esta trinidad antes que entremos a esa isla en donde esperamos librar el temporal, como los que cada año hay cerca de Las Bermudas y esos ciclones que barren con lo que haya a su alrededor, donde hacía doce años había llegado desde Milán el viejo Próspero con todo y su hija, la pequeña Miranda, exilados de su ducado. En el momento en que empieza la obra, los dos habían sobrevivido esos años en esa isla habitada por Calibán, el único salvaje y nativo de la isla, hijo de la bruja Sycorax, así como Ariel (como el detergente para la ropa), el espíritu que estuvo castigado por la misma bruja hasta que Próspero lo libera para convertirlo en su operador con el que va a realizar los cambios que se requieran para recuperar su ducado y que su hija se case con Ferdinando, el príncipe de Nápoles de tal manera que las nuevas generaciones enfrenten mejor el futuro.

Próspero provoca la tempestad y el naufragio de esa navegación que regresaba de Túnez, cargada con sus dos enemigos, entre otros pasajeros. Para eso maldice al cielo como lo hace el Rey Lear en esa otra obra, ahora para producir la tempestad, gritando con toda su alma: “¡Rujan, vientos, bufen! ¡Rompan sus mejillas! ¡Soplen de rabia cataratas y huracanes, inunden a borbotones los campanarios y ahoguen a los gallos y sus veletas! ¡Relámpagos sulfúreos, raudos como el pensamiento, precursores de esos rayos que hienden el roble, carbonicen mi cabeza blanca!”

Naufragan pero llegan a salvo a la Isla tanto el rey de Nápoles, como su hijo Ferdinando; Gonzalo su asesor —el buen Gonzalo que veremos llorar desolado—, y Sebastiana (Dobrina Cristeva), la hermana del rey (en esta versión); Antonio, el traidor hermano de Próspero quien organizó el “compló” para quedarse con el ducado y, a partir de ese momento, el mago los tiene comiendo maíz en la palma de su mano y hace con ellos lo que se le antoja. Por ahí aparecen Stefano el mayordomo borracho y Trínculo, el bufón.

Por desgracia la puesta en escena del Teatro Julio Castillo el público se parte en dos seguro por tratar de tener un escenario como si fuera una isla, enloqueciendo a los actores que no saben a dónde dirigirse pues la mitad de los espectadores están en el Sur y se van a perder de la contundencia de algunos parlamentos cuando los escuchan los del Norte, como sucede en momentos estelares.

Tampoco pudieron escaparse de las dos maldiciones de moda: una, la de mostrar —a fuerzas— el lado oscuro de las cosas (the dark side of the Moon), como si les diera pena presentar esas escenas claras, limpias, inocentes y amorosas. Por eso, provoca Próspero a Calibán para que viole a Miranda y cuando el nativo se encuentra con Stefano y éste se cree el rey de la isla, le ordena al salvaje para que viole a Trínculo el bufón. Las escenas de los tres borrachos parecen eternas y pesan tanto en la obra que peligra de hundirse en las profundidades de un mar agitado inútilmente. 

Otra cosa que está de moda es intercalar algunas escenas vulgares y que el rey, Sebastiana y uno de los borrachos se pongan a orinar en el escenario como si con eso le agregaran algo de “verismo”, que le hiciera falta a la obra original.

Pero Temporal tiene momentos geniales: la salida de Calibán de las profundidades de la isla con su escafandra o los gestos de complicidad de Ariel mientras sube o baja por los aires, aunque a veces debería abandonar el tono burlón para disfrutar de algunos momentos de ternura, como cuando intenta consolar a Ferdinando en su duelo, compartiendo la experiencia de la pérdida del padre, recordándole que ahora se ha convertido en joya, como debió de cantarle, no en tono burlón, sino en serio, para que entendiéramos que «sus huesos son corales y sus ojos, perlas y todo lo que él decae, ha sufrido una transformación en algo que ahora es rico y extraño.»

Como nos hubiera gustado que Próspero nos viera a los ojos —y no que anduviera por ahí, colocando libros en el suelo—, cuando decide abjurar a su magia violenta para escucharlo claramente decir: «y cuando haya requerido la música del cielo —como lo hago ahora— para que actúe sobre mis sentidos, según mis fines, el melódico hechizo romperé mi vara para sepultarla en la tierra» para ser quien es, en una transformación voluntaria ejemplar.


sábado, 19 de mayo de 2012

Cada quien habla del liderazgo según le fue

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 18 de mayo, 2012.


Escuché lo que decía Felipe Calderón Hinojosa en la reunión que tuvo con los representantes universitarios del Youth 20 Mexico Delegates Summit. Ahí fue donde comentó que «el liderazgo no era como ese que va adelante cargando la bandera, sino el que tiene la capacidad de enfrentar (address, como lo dijo en inglés) los problemas difíciles y complejos».

No cabe duda que hablaba de ese «su» liderazgo, como el que él ejerce y que habla como aquellos que comentan de la feria «según les fue.» No se trata de polemizar, sino más bien de ampliar lo que dijo para que tengamos un mejor panorama de lo que se considera es el liderazgo de tal manera que podamos entender que ser “líder” es diferente a ser “ejecutivo”, aunque los dos son hombres de acción.

El líder tiene ciertas características, habilidades y conocimientos y si lo queremos resumir en dos palabras, podemos decir que los líderes son los que nos guían e influyen de tal manera que los demás siguen con gusto las acciones que propone, muchas veces, inspirados por su visión.

Para que esto suceda los líderes deben tener en su haber por lo menos cuatro características que sumadas nos dan el nivel de liderazgo que puede tener. Estas son: carisma, prestigio, inteligencia política e inteligencia emocional y el orden de los factores no afecta el resultado.

Los líderes tienen ciertas habilidades y conocimientos para que puedan ejercer su liderazgo de manera efectiva. Normalmente los adquieren en la universidad (sin que importar que sea la Universidad de la calle) y éstas son: el trabajo en equipo; saber negociar; poder influir, inspirar y motivar tanto a sus pares como a la tropa, sobre todo, si tiene una visión, un sueño a satisfacer y que la usan de bandera, pues es el motor que lo llevará visiblemente al frente; debe tener lo que se refería el Presidente y poder señalar y enfrentar los problemas complejos. Parafraseando a Hamlet, puede uno decir que hay que saber «enfrentar el mar de calamidades y enfrentándolo resolverlo». Un líder, si tiene una visión, imagina el futuro e imaginándolo, hacen los cambios necesarios para enfrentarlo.

Pero como el liderazgo lo ejercen los seres humanos y estos cambian y se transforman con el tiempo, por eso, su liderazgo pasa por diferentes etapas que van desde el liderazgo egocéntrico ejercido en beneficio propio, antes de pasar al triunfador que empieza a apreciar a los demás hasta que madura y llega a ser un líder al servicio de la sociedad que sólo busca que mejore. Por último, está el liderazgo que se renueva y que está consciente que hay una inteligencia en el universo capaz de guiarnos y prepararnos para un futuro mejor.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Lo efímero en el arte y la luna llena

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 17 de mayo, 2012.

El efímero Preludio en blanco de Maribel Portela en la Casa del Virrey
«Porque las selvas son fuente de vida, esponjas de los cerros, creadoras de nubes, cobijo y refugio para todos los reinos, equilibrio del clima y de la vida en la tierra... Sólo por eso hay que defenderlas», es lo que propone Eduardo Herrera Fernández y con esa idea estamos celebramos el rescate primero y la restauración después de un monumento histórico con ocho mil metros cuadrados de jardines en Tlalpan, mejor conocida como la Casa del Virrey de Mendoza en la calle de Juárez número 15 esquina con Galeana en el centro de Tlalpan. Esto empezó hace años cuando un grupo de habitantes de Tlalpan (el grupo Tequio) logró detener que convirtieran esa “fuente de vida” en un desarrollo habitacional y, con el apoyo de Carlos Payán y el gobierno de la ciudad de México, lograron recuperar la propiedad para reconstruirla y hacer de ella un espacio público y lúdico para el disfrute de las artes.

La Casa del Virrey de Mendoza recién restaurada se inauguró el día de la Santa Cruz con una exposición colectiva de pintura y escultura llamada «Obra en construcción», una muestra colectiva de algunos de los artistas que viven en Tlalpan y con eso compartir y apoyar el éxito de esta proeza.

Carlos Payán fue clave para que se llevara a cabo todo esto, pues además de ser poeta —no importa que hace años haya perdido su manuscrito con sus obras completas (con todo y sus fábulas)—, y que fue el fundador del UnomásUno y La Jornada, es un político íntegro y comprometido con sus ideas, un intelectual con el don de la amistad y el poder de convocatoria que ayudó para que se lograra conservar el acervo cultural para beneficio de la sociedad y aquello que estaba en ruinas lo han convertido, como le rey Midas, en un centro cultural que ahora podrá dedicarse a rehacer y cuidar el jardín y las plantas endémicas (por antiguas) como las que hay en su haber. Lo conocemos desde hace años y sabemos «que es un hombre que se ha instalado cómodamente en la nostalgia», como dice la escritora Laura Restrepo.

La Casa del Virrey de Mendoza es parte del Catálogo de Monumentos en 1956 y fue incorporado como Histórico del Centro de Tlalpan en 1986, pero con todo esto de pronto peligraba su existencia. Ahora, la casa remozada, tiene un patio central y varias habitaciones donde han colocado las obras de los artistas como la de los hermanos Castro Leñero: Alberto, Francisco y José, tres hermanos, tres pintores y tres estilos diferentes, cada uno con su sello y grandeza. Cuando le preguntamos a Alberto por qué todos en esa familia pintaban, nos contestó con su voz pausada: «porque la abuelita nos ponía a pintar desde que éramos chiquillos» y uno se queda pensando, cuántas abuelitas ponen a pintar a sus nietos sin que estos se conviertan en artistas.

Ilse Gradwohl expone sus abstractos (en construcción) y resulta ser una obra tan fina que se escurre por la pared. La obra de Maho Maeda nos dejó con la boca abierta, pues es el resultado de una vieja tradición por el deseo y el placer de observar y observar la naturaleza hasta que un día pueden plasmarla aunque sea efímera como lo somos todos. ¡Ah!, pero cada año, como Helena de Troya, regresa la primavera.

Impactantes las esculturas con unas flores extrañas de cerámica puestas en el jardín, plantas de otro planeta hechas por Maribel Portela quien también armó un objeto de arte, una escultura o un performance (ver foto) al que le llamó Preludio en blanco y que parecía un enrome pájaro o una falda también enorme que temblaba con pasión antes de que se hicieran jirones las tiras de papel blanco de china que, por momentos, empezó a levantarse por el viento, trepándose por el aire de ésa que podría haber sido la falda del fantasma de la Virreina cuando vivía en Tlalpan. Arte efímero que se destruyó —poco a poco— desde el momento que le cayó la primera gota de lluvia a las siete treinta de la tarde, al mismo tiempo que el viento había despejado las nubes para dejar salir a la Luna llena, brillante y sonriente, después de haberse escondido para hacer sus travesuras. Cinco meses de trabajo que terminaron en el suelo en sólo cinco minutos. El arte de lo efímero.

También hay obras de Irma Palacios, Ernesto Álvarez, Luis Argudín, Erick Bachtold, Rubén Maya, Kiyoto Ota, Yolanda Mora, Sergio Ricaño y Teresa Zimbrón que participan en esta obra con las ventas para darle ese aliento que necesita la Casa del Virrey de Mendoza para rehabilitar su jardín. El sábado 26 al medio día habrá una gran venta y tal vez una subasta que bien valdría la pena participar y, si vienen a la casa del Virrey de Mendoza ese día, después podrán comer en Dolce Amore, un encantador restaurant que ya hemos adoptado y que está a una cuadra de la Casa del Virrey por la calle de Morelos, ahora esquina con Congreso.

Un rescate hecho por un grupo de mujeres que buscan recuperar y mantener el acervo cultural de Tlalpan y que lo han logrado dedicándole tiempo y energía en una labor loable y ejemplar pues, a fin de cuentas, rescatar un monumento y hacer de esas ruinas un espacio cultural público es digno de mención y de celebrarse.

jueves, 10 de mayo de 2012

El lenguaje de los políticos

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 12 de mayo, 2012.

«No existe un límite preciso entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y lo falso —aseguraba Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura en 2005—, la verdad en el drama es difícil de capturar y su búsqueda compulsiva se convierte en uno de los objetivos. A veces, uno se tropieza con ella en la oscuridad pero, pronto, se da uno cuenta que en el teatro hay muchas verdades. Estas se retan entre sí, se reflejan a sí mismas, se ignoran, se ciegan. A veces uno cree que tiene la verdad entre las manos y, de repente, desaparece», como pez en el agua.

Esto es algo que acabamos de comprobar en otra obra llamada «El primer debate» que pasaron por algunos canales de TV el pasado domingo, en donde la diferencia que hay entre lo real y lo verdadero, así como entre lo imaginario y lo falso que estuvo a flor de piel.

Se acusaban de mentirosos fuera del guión y del propósito de esa obra y por eso resultó más bien una protocolaria confrontación entre los tres chiflados y un bufón como esos que había en el medioevo cuando eran los únicos que podían decirle a su Majestad lo que les viniera a la cabeza.

«El lenguaje político no se aventura con la verdad ni con el arte pues, para la mayoría de ellos —tal como pudimos comprobar—, no están interesados en la verdad (y mucho menos en el arte), sino más bien para mantener el poder (o ahora para alcanzarlo). Ellos saben que, para mantenerse en el poder, es necesario que la gente ignore la verdad, aunque sea la de su propia vida.» Entonces, lo que escuchamos, no fueron más que «las ilustraciones—como dijo Pinter en su discurso para recibir el Nobel—, de un enorme tapiz tejido con puras mentiras».

Julian Sands vino a la ciudad de México gracias a que Daniel Pastor lo trajo de Los Ángeles para presentar A Celebration of Harold Pinter y, ahí mismo, en el Teatro Helénico nos dio una lección de lo que es «hablar con el alma», es decir, hablar sinceramente sin ocultar lo que uno siente; hablar con el corazón para que las cosas funcionen mejor, evitando el estrés de la hipocresía, pues, cuando uno habla con el alma, nadie tiene que esconder nada a nadie.

Tal vez por eso cerraba algunos de sus versos diciendo que «todo ‘corrige’ el espacio que hay entre la muerte, tú y yo» y que, finalmente, tuvo sentido cuando supimos que eso fue lo que le dijo antes de morir a su esposa, dame Antonia Fraser.

En cambio, el lenguaje que usaron los políticos en ese protocolo comprueba lo que decía Pinter además de darnos cuenta de la decadencia y caída del liderazgo político en México (y tal vez en el mundo). 

miércoles, 9 de mayo de 2012

Pinter: el pasado o lo que quieres recordar

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 10 de mayo, 2012.

Dame Antonia Fraser y Damian, viuda e hijastro de Harold Pinter, 2008.    
«El pasado es lo que recuerdas o lo que imaginas o lo que pretendes recordar», decía este hombre que, cuando era actor, se llamaba David Baron y cuando se decidió ser poeta, dramaturgo y un incansable activista político, lo hizo como Harlod Pinter (1930-2008) y que no le importaba nada, mucho menos que lo corrieran de la embajada norteamericana en Turquía cuando, en lugar de alabar a su amigo Arthur Miller, prefirió dar en voz alta la lista de los prisioneros políticos que habían recibido descargas eléctricas en los genitales… hasta que el embajador lo corrió y detrás de él salió su amigo.

¿Cuántas veces creemos que lo que parece incoherente o que es un disparate resulta ser un mensaje que nos puede llegar hasta el fondo del alma? Eso es el teatro del absurdo como el que empezó a escribir Pinter en 50’s, medio siglo antes de ganar el Nobel de Literatura (2005) ya cuando sus obras eran más que conocidas y se consideraban más realistas que otra cosa.

La semana pasada Daniel Pastor trajo de Los Ángeles a la ciudad de México A Celebration of Harold Pinter, una lectura de poemas hecha por el actor Julian Sands para recordar el pasado del dramaturgo a través de esa lectura, dirigida por John Malkovich tal como lo vimos en el Teatro Helénico.

Cuando Sands sale a la escena empieza a recordar a su tutor desde el día que lo conoció y nos empieza a declamar algunos de sus poemas tomados de Various Voices: Prose, Poetry, Politics 1948-2005. De esa manera fue tejiendo el retrato de ese autor que decía por ahí que «todo ‘corrige’ el espacio que hay entre la muerte, tú y yo», un verso que, al final, adquiere sentido cuando se lo dice a su esposa, dame Antonia Fraser, antes de morir.

Pinter parece que tenía humor y éste era de varios colores, incluyendo el negro, cuando lleno de ironía nos deja impávidos tal como lo logra en Traición (Betrayal) o en los Amantes (Lovers), dos obras que están en cartelera en la ciudad de México.

Sands nos da una lección de lo que significa «hablar con el alma» y no como lo hacemos en la vida real en donde ocultamos lo que sentimos «diciendo lo que hay que decir y no lo que sentimos», como decía Edgar al final del Rey Lear. Cuando hablamos con el corazón, aunque usted no lo crea, las cosas funcionan mejor: hay más confianza y nadie tiene que esconderse de nadie.

Harold Pinter fue un dolor de cabeza (por decirlo amablemente), para los políticos pues, al mismo tiempo que entretenía al público con sus obras de teatro, los desafiaba poniendo el dedo en la llaga. Le llegaron a decir the angry old man.

«No existe un límite preciso entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y lo falso —como grabó su discurso para recibir el Nobel en el 2005 al que no pudo asistir por el cáncer que lo agobiaba—, la verdad en el drama es difícil de capturar y su búsqueda compulsiva se convierte en uno de los objetivos. A veces, uno se tropieza con la ella en la oscuridad pero pronto se da uno cuenta que en la dramaturgia hay muchas verdades. Estas se retan entre sí, se reflejan en sí mismas, se ignoran, se ciegan. A veces uno cree que tiene la verdad en las manos y, de repente, desaparece.»

En su discurso del Nobel, Pinter habló de «la verdad, el arte y la política» y, en esa ocasión, declamó algunos versos de Neruda tomados de la «Tercera residencia», cuando «vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles…  y una mañana estaba todo ardiendo  y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre…» Dice que citó a Neruda porque no había encontrado un poema tan claro contra de los bombardeos a civiles.

Julian Sands recordó su historia leyendo esos poemas en un buen inglés con los que pudimos imaginar el carisma, la fuerza y el humor de este actor, poeta, dramaturgo y activista político que nos recordó al viejo Bertrand Russell (1872-1970), el filósofo y matemático activista que sabía que «la buena vida está inspirada por el amor y guiada por el conocimiento.»

miércoles, 2 de mayo de 2012

Bailen, bailen o estarán perdidos

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 3 de mayo, 2012.
Sueños, una de las coreografías de Pina Bausch.
¡Bailen, bailen, de otra manera estamos perdidos!, les decía Pina Bausch (1940-2009) a los bailarines de su compañía entregados de cuerpo y alma a su oficio para ser dirigidos por esta artista que marcó una diferencia notable en sus propuestas coreográficas. El cuerpo en movimiento tendría que expresar todo lo que trae dentro de sí o todo lo que se le ocurra que pueda ser transmitido al público que, asombrado ve cómo esos hombres y mujeres se convierten en ángeles o en demonios y cómo se comportan entre los elementos —tierra, el agua, el aire o el fuego—, para contarnos una historia una vez que han desarrollado sus habilidades, domesticando y entrenando al cuerpo para dar giros y vueltas sobre ellos mismos o alrededor del escenario con tal que percibamos el drama que expresan y las dualidades de las que estamos rodeados como la vida y la muerte, el amor y la ausencia o la soledad y la compañía en coro cuando hacen más o menos lo mismo en un juego de espejos, por unos cuantos minutos en el escenario, después de haber pasado años, meses y días dedicados a los ejercicios para poder hacerlo y salir a bailar, pues de otra manera estarían perdidos.

La semana pasada se celebró en la ciudad de México el día de la danza y la cartelera estaba completa: por un lado, la bailarina, coreógrafa y maestra genial Pina Bausch está en la cartelera cinematográfica en un homenaje que le hacen sus bailarines detrás del lente de Win Wenders (1945-) con una producción en tercera dimensión; luego, la rejuvenecida Compañía Nacional de Danza, bailando en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM y todo un día de bailarines en la ciudad de México; en TV Film & Arts, la versión cinematográfica de la vida de la Dame Margot Fonteyn (1919-1991), que gira más alrededor del drama matrimonial con Tito Arias de Panamá que de su excelente oficio, en donde recordaba la música de Prokofiev para el ballet de Romeo y Julieta con Nureyev (1938-1993) —el mejor bailarín del siglo XX y, posiblemente, el mejor que jamás haya existido—, en particular la escena de la muerte de Romeo cuando, desconsolado, trata de revivir a Julieta cargándola, desvanecida, sin lograrlo.

A Pina Bausch la recordamos cuando vino a México en los 80’s, parte del Festival del Centro Histórico para poner en Bellas Artes su obra «Claveles» donde esas flores cubrían el escenario y los bailarines se movían sobre ellos, demostrando que eran, con mucho humor, buenas bailarinas. Fascinados con ese buen humor habían roto todo lo que nos habíamos imaginado hasta ese día como ahora lo vuelven a hacer en esto que se llama Café Müller: una obra espeluznante que rompe paradigmas: los bailarines se mueven dentro del café con los ojos cerrados y otros les quitan las sillas para que no tropiecen: “Ella”, se encuentra con “El” de frente y se aman (amor a primera “no” vista); se tocan y se abrazan después de haberse encontrado en el momento menos esperado; se besan felices hasta que sale un señor descalzo y con un traje oscuro (negro como «tanatos») que les coloca los brazos a la pareja: le quita el del cuello y prepara los dos del hombre para que la pueda cargar horizontal y desfallecida antes de caerse para volver a levantarse y volver a abrazase y besarse, una y otra vez, como en la vida misma, cuando la envidia o los celos nos tiran al suelo y tenemos que levantarnos: es la lucha de Eros y Tanatos. (Lo pueden ver en YouTube).

Los bailarines de la Compañía de Danza que vimos, está formada por jóvenes que presentan en Sinergia la disyuntiva entre el ballet clásico y la danza moderna, pero la Muerte del Cisne, ese solo de Descombey, no podemos menos que felicitar a ese bailarín y al espíritu de esta fresca compañía que parece se desarrollan mejor en un ámbito libre de lo moderno, aunque tengan una educación clásica como en ese drama donde se ejemplifica la competencia entre los dos tipos de danza. Pero como bien dice Pina, mejor hay que «bailar y bailar pues, de otra manera, estamos perdidos.»

Marilyn Monroe y yo



La revista Vanity Fair publica este mes los desnudos perdidos de Marilyn Monroe con el material del fotógrafo Lawrence Schiller clasificado como Marilyn & Me. Tal vez por ese título y el tema no he podido dejar de pensar en otra cosa que en los poemas que una vez publiqué a una joven promesa allá en el mes de enero de 1983. Era el primer libro de poemas de Fernando Sampietro (1951-1983) “dedicado a todos (todas) los clochards del mundo, y también a los (las) que creen que saben más que yo”, unos poemas que aparecieron con el título Marilyn Monroe y yo, tal como las fotografías recientes de Schiller. 

En el primer poema nos cuenta lo siguiente:

¡En el futuro no existirá la propiedad privada!
Veo a Marilyn Monroe,
está a la venta, está en un poster,
lo compro sin pensarlo más de dos veces.

Una noche soñé que ella y yo estábamos
sentados sobre la arena de una playa tranquila
junto al mar tranquilo, iluminados por luz artificial,
con traje de baño azul brillante ella sonrió.

Cuando despierto no está Marilyn en la cama,
ni en la casa, miro por la ventana,
afuera está Marilyn Monroe, salgo corriendo a verla.


¡Qué divertido cuando tiramos los trajes de baño
al suelo y nos metemos a nadar desnudos!
Abrazar y besar a Marilyn desnuda en el
agua es algo inimaginable.


Mientras nos secamos con el calor del sol
acostados sobre la arena le digo dos poemas:
«Sensation» de Arthur Rimbaud
y «Like a Rolling Stone» de Bob Dylan,
ella sonrió otra vez.

Fue el penúltimo libro de poesía que publiqué antes de tener que cerrar la editorial en plena debacle económica de López Portillo que me llevó a la quiebra en 1985.

El joven poeta, un día del mismo año que salió su obra, se internó en el Desierto de los Leones para pegarse un tiro en la cabeza. Sus aventuras con Marilyn Monroe quedaron en este libro y ahora, lo imagino como Dante con su  Beatriz, recorriendo los cielos hasta quedar deslumbrado.

Por eso este otro poema que tanto se antoja para que se le cumpla en la otra vida:

Preguntarse qué pasaría si
un día nos quedáramos
Marilyn Monroe y yo
solos en el mundo,
es lo mismo que
preguntarse qué pasaría si un día nos quedáramos
Marilyn Monroe y yo
solos en el mundo.

Sea este un modesto homenaje a esa mujer, paradigma de la sexualidad durante la primera mitad del siglo XX, como también a ese joven poeta que fue el más feliz de su vida cuando presentamos el libro en Coyoacán y que pudo preguntarse, como lo acabamos de leer: ¿Qué pasaría si me quedara solo con Marilyn Monroe un día de estos? ¿Qué pasaría?