sábado, 28 de julio de 2012

Isla de Maravailla

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 28 de julio, 2012.

Lluvia de oro en el Estadio Olímpico de Londres.
Eso que vimos ayer al mediodía —cuando en Londres eran las 20:12 horas, como el año de las Olimpíadas—, junto con otros mil millones de personas en el mundo, bueno, pues la ceremonia fue diseñada por Danny Boyle, director artístico que armó sus Isles of Wonder o Islas de Maravilla, espectáculo basado en La tempestad de Shakespeare basado en uno de los textos (de Calibán el nativo de la Isla) que fue declamado por Kenneth Branagh: La isla llena de rumores, sonidos, así como dulces y placenteros cánticos que dan placer y no hieren... y lloraría al despertar y no poder soñar de nuevo.

Dicen que es el más grande de los espectáculos que ha habido sobre la tierra hecho con unos £81 millones de libras esterlinas —uno mil setecientos millones de pesos—, sólo para que nos acordemos de “quiénes somos, quiénes fuimos y quiénes seremos.”

Boyle propuso “sostenernos sobre las espaldas de esos gigantes que forman parte de nuestra historia, t son la sombra de nuestros predecesores” y, para que se escuchara la música que habían preparado tuvieron una potencia de un millón de watts en unas 500 bocinas por todo el Estadio. En TV “sonó” impresionante.

El Estadio Olímpico tuvo 80 mil espectadores, 15 mil voluntarios, mandaron hacer 23 mil vestuarios y doce horas de una música compuesta a propósito en 15 mil metros cuadrados de escenografía y con 13 mil objetos de utilería y todo esto para no quedarse atrás de la ceremonia de los chinos en Beijing 2008.
La presencia de la reina Isabel II no podía faltar, como tampoco los de su familia, así como el protocolo de bienvenida hasta llegar al encendido de la llama olímpica como el punto culminante apoyado por la música que ha sido compuesta nada menos que por… Producciones Frankenstein, como si faltara algo de ese humor inglés, ahora en memoria de Mary Shelley.

Estuvieron 16 mil atletas que venían de 206 países. ¿Serían todos esos países equivalentes a las 206 Islas de Maravilla? Ellos son, en realidad el verdadero espectáculo: atletas que buscan una medalla, ser más altos, fuertes y rápidos y que ya están listos para competir en todo aquello que el hombre ha podido inventar y hacerlo en esta ocasión sobre esta Isla de Maravilla, por un cetro sometida, en esta tierra majestuosa, este sitial de Marte, este segundo Edén, este casi paraíso y fortaleza construida por la propia Natura contra la mano infectada de la guerra; esta feliz estirpe de hombres, este pequeño mundo, esta joya engastada en plata por los océanos, que, como muralla, la protegen y la defienden —como un foso que rodeara el castillo—, contra la envidia de otras naciones menos venturosas; este lugar bendito, esta tierra, este reino de Inglaterra, como decía el viejo John de Gaunt hijo de Eduardo III un hombre que representa a estos ingleses del siglo XXI tan orgulloso de ofrecer ese territorio como escenografía para las competencias que tanto vamos a disfrutar.

miércoles, 25 de julio de 2012

Risas y carcajadas

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 26 de julio, 2012.


Hace diez años vimos Las obras completas de Shakespeare (abreviadas) con Rodrigo Murray, Diego Luna y Jesús Ochoa y ahora, la semana pasada, fuimos al estreno de esta misma obra renovada como la lluvia del verano dirigida por Antonio Castro y adaptada por Flavio González Mello para integrarla a estos tiempos que vivimos. Tiene un reparto con tres actores de primera: una vez más el experimentado Rodrigo Murray, acompañado de Arath de la Torre y Osvaldo Benavides y entre los tres hacen un trabajo de titanes para que nos podamos reír y carcajear desde que empieza la obra y nos amenazan con representar “todas” las obras del Bardo: treinta y tres en el primer acto “ya sea tragedia, comedia, historia, pastoral, pastoral-comedia, histórico-pastoral, trágico-historia, trágico-histórico-cómico-pastoral”, y cuatro en la segunda parte, para integrar así el universo completo clasificado tal como lo hizo el viejo Polonio para apantallar a Hamlet el príncipe de Dinamarca que, por cierto, es una obra que está reservada para la segunda parte después del debate “político” que hay con estos tres candidatos para ver quién es el mejor hace ese papelón.

En el debate escuchamos a Murray diciendo que “hará un Hamlet con falditas, pero con muchos pantalones”, que recuerda los otros debates nacionales. Por ahí aparece un Macbetl, señor de Cacaxtla que ambiciona ser el gran Tlatoani, gracias a las brujas y chamanes que destapan su ambición en esta versión legendaria escrita quién sabe cuando.

Desde el principio los actores se ganan al público y mantienen una buena relación con diferentes formas de expresarse, incluyendo un reality show para escenificar a Rey Lear con una de sus hijas mayores y la moderadora de la TV que trata de apaciguar la furia del Rey, antes de pasar a la casa de los Capuleto donde hay una fiesta y baile rumbero para que Romeo se ligue a su Julieta marcando un buen ritmo y abreviando todo lo demás.

Obras completas de Shakespeare (abreviadas), está en el flamante Teatro López Tarso del Centro Cultural San Ángel con una producción renovada y esa brutal imitación burlesca con unos actores que despliegan tanta energía como lo podemos imaginar.

Es una obra construida con humor y por eso las histórico-trágicas se convierten en una lucha libre sobre el ring en donde la corona de los York enmascarados se enfrentan a los de la cabellera de Lancaster: en esta esquina tenemos a Ricardo II (York) que se enfrenta el joven Enrique Bolingbroke quien lo domina para convertirse en Enrique IV y heredar su cabellera a su hijo mayor, al héroe de Agincourt como fue Enrique V que, a su vez, le pasa la estafeta a su hijo en pañales quien sería coronado como Enrique VI para ser derrotado por el villano de villanos de los York, ese deforme como fue Ricardo III que en el suelo ofrecer con tal de salvarse ‘su reino por un caballo’, hasta que es derrotado por el conde de Richmond (Enrique VII) quien fuera el padre del rey Enrique VIII con quien termina esta lucha sin igual.

También están las romanas: Coriolano, el generalote en desgracia cuando su madre lo empuja para ser Cónsul en la reciente República; siglos después, la conspiración de Julio César y su reclamación a Bruto (su hijo putativo): Et tu Brutus?, antes de caer apuñalado al pie de la estatua de Pompeyo el Grande, antes de ver cómo a orillas del Nilo Marco Antonio se debate entre el poder y la lujuria con su Cleopatra, antes de terminar con esta serie en plena decadencia del Imperio Romano cuando el general retirado Tito Andrónico, ahora manco prepara una cena como el chef-Murray, acompañado de su “pinche” hija Lavinia-Osvaldo quien después de haber sido violada le han cortado la lengua y las dos manos y con todo y esto, así, entre cantos del padre con su hija, degüellan al violador, lo machacan, lo hornean y hacen un delicioso pastel de carne que se comerá su madre, la reina Tamora, enemiga de Tito y esposa del emperador Saturnino. 

Parodia de parodias, fiesta del buen humor y del ingenio en donde uno sale renovado.

sábado, 21 de julio de 2012

La escuela de la vida

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 21 de julio, 2012.

Roble y cuervos de Stephen Taylor, 2011.
Alain de Botton tiene en Londres La Escuela de la Vida (The School of Life) porque sabe que todos “en un momento dado, necesitamos un consejo, consuelo o dirección” y para eso ha creado ese espacio y una colección de libros que lo acompañan. Roman Krznaric es uno de sus asociados autor de Cómo encontrar un trabajo satisfactorio —que, para estas fechas en España, Grecia y Portugal podría haber sido útil simplemente titularlo “cómo encontrar un trabajo y punto”—, bueno, pues este autor dice que “no hay mayor tortura que la de trabajar en algo inútil y sin sentido”, a lo que le podemos agregar que hay algo peor si trabaja uno para “un jefe inepto.”

A propósito de esa tortura, Irina, la hermana menor de Las tres hermanas de Chéjov, lloraba un día diciendo: “nada de lo que he querido con afán, nada de lo que he soñado, nada de eso tiene que ver con el trabajo que tengo ahora. Es un trabajo sin poesía, sin esfuerzo mental… no sé por qué no me he muerto…”

En cambio, el viejo Confucio y sabio chino decía que aquel que “encuentra trabajo en lo que más le gusta, nunca tendrá que trabajar un día en su vida”, cambiando la tortura por lo placentero y quitándole el lastre a ese “trabajo”, cuando es inútil y sin sentido.

Alain de Botton escribió Cómo Proust puede cambiar tu vida (1997), El arte de viajar (2002) y La arquitectura de la felicidad (2006) y lo hace con un lenguaje coloquial al estilo de Jorge Ibargüengoitia en donde parece que están platicando y escriben con ingenio, uno con ese humor inglés que entra y sale de la ironía y le pisa los callos al humor negro y el otro, a la mexicana, pero los dos lo hacen con conocimiento de causa incluido el mundo de lo paradójico y absurdo.

También es de Botton las Miserias y esplendores del trabajo (Lumen, 2009), en donde describe diferentes tipos de chambas que nunca se nos habían ocurrido imaginar en donde él se clava para conocer y describir sus detalles, tomar nota y describir sus miserias a tal profundidad y delicadeza que movemos la cabeza de un lado para el otro, considerando a esos que trabajan alejados del placer y cerca de la tortura diaria.

Cuando leemos lo que hace Stephen Taylor, reconocemos que pertenece al “esplendor” del trabajo anunciado. Es un artista que, sin mayores pretensiones pinta un roble y luego el agua de un arroyo que pasa por su casa —“cate de mi corazón”—, confirmando que es uno de esos hombres que no ha tenido que ‘trabajar ni un día en su vida’, aunque pinte diez horas diarias al aire libre.

Botton recorre con un experto en “torres eléctricas” las que van desde Canterbury hasta Londres y cuando llega hace como nosotros: prendemos la lámpara sin sorprendernos cómo es que sucede.

miércoles, 18 de julio de 2012

Ensayo de orquesta

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 19 de julio, 2012.

Valentina Lisitsa, pianista.
Los músicos tocan ‘sin ton ni son’ fragmentos de las obras que interpretarán el fin de semana un programa compuesto por el Segundo concierto para piano en Sol mayor de Camille Saint-Saëns y la Música incidental para Egmont, opus 84 de Ludwig van Beethoven. José Areán es quien dirige la Orquesta Sinfónica de Minería este fin de semana y por lo pronto lo vemos caminar de un lado para el otro en el proscenio de la Sala Nezahualcóyotl, hasta que se hace a un lado y observa a los músicos de la orquesta en sus diferentes secciones mientras colocan el piano negro y brillante con la cola cerrada.

El oboe intenta una y otra vez, una melodía como solista en medio del caos. Los músicos visten ropa informal, ángeles de la música que siempre vemos de etiqueta y que, de pronto, bajan y pisan tierra como nosotros. Se hace el silencio y afinan sus instrumentos en tono de ‘la’ primero los vientos y luego las cuerdas. Poco antes había entrado la rubia, alta y elegante mujer que va directo al piano. Es Valentina Lisitsa (1973-), la solista ucraniana que viste pantalones blancos y trae consigo una sonrisa amplia con la que saluda al director antes de sentarse y calentar los dedos con una o dos breves escalas.

Andante sostenuto. El director levanta la batuta y empieza el primer acorde del Segundo concierto de Saint-Saëns. El piano ofrece su melodía antes que la orquesta le responda —como si le diera una bienvenida majestuosa— dándole permiso para que les cuente su historia.

El oboe, por su parte, responde con ternura al piano —parece que son una pareja— y ella empieza a contarnos una trama a la que la orquesta le responde como si fuera un eco, como si repitiera la pregunta para confirmar lo que había dicho. El piano insiste y sube de tono la narración que se repite, por si no la habíamos escuchado antes, hasta que la orquesta que parecía que dudaba por momentos,  repite la anécdota ahora que el piano insiste hasta que cambia de tono. Ahora, es una historia cargada de cierta pesadumbre.

La orquesta la acompaña y ella vuelve a narrar su historia como si fuera una cascada, como si las ideas se resbalaran como se resbala la lluvia. Valentina insiste una y otra vez con el tema: sabemos que quiere hablar del amor. Antes de volver a tomar altura, gesticula hasta que vuela con esa intensidad como si estuviera enojada, como si lo que nos contara fuese la historia de un conflicto: ¿qué fue lo que hubo? No lo sé, pero lo siento y la orquesta la alcanza, le da por su lado y los dos siguen la historia acompañados de la mano.

Allegretto scherzando. Por como empieza el segundo movimiento parece que todo se ha arreglado y ahora toca jugar: el panorama se ha despejado. ¿Podré compararlo con un día de verano? No lo sé, pero ella propone un juego y ellos la siguen por dónde vaya: por el campo, con un sol que todo lo ilumina y hace un calor, que dan ganas de quitarse la camisa. La alegría rebasa las expectativas. Todo se ha olvidado. Ahora es la luz que ilumina —¿será la esperanza?— y ellos juegan, se tropiezan o bailan en lo que parece una fiesta gozosa. Es época de tirar cohetes.

Ha pasado el tiempo y la orquesta le recuerda a Valentina uno de sus temas y ella hace un esfuerzo por reconstruir el pasado. Las escalas suben y bajan y las manos de la pianista muestran esa alegría pues van de un lado para el otro y, con elegancia, desatiende el teclado.

Presto. Empieza con vigor. Es el último capítulo de la historia y lo hace como si trajera prisa y no quisieran detenerse a pensar; vemos correr el agua del río que brinca y se convierte en espuma antes de seguir su cauce en rodeos hasta llegar a su destino. Están de buen humor. Se han entendido y Valentina no duda ni un instante en recordar viejos pasajes de su historia aunque sea en cascada como borbotones —deseos, ideas desbocados— y la orquesta, contagiada, enfatiza cada momento. Valentina les lleva la delantera y en este flujo y reflujo musical se prepara el gran final: son las flautas, las cuerdas y el piano los que anticipan —los recuerdos del porvenir— y la historia concluye despidiéndose esos dos viejos compañeros de viaje.


sábado, 14 de julio de 2012

Crónica de un drama (más o menos) anunciado

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 14 de julio, 2012.

Qué curioso que se refieren a los ‘actores políticos’ cuando mencionan a los profesionistas que han decidido hacer su carrera en ese ámbito. Digo que es curioso porque podemos confirmar que en verdad ‘todo el mundo es un teatro y todos los hombres y las mujeres simples actores que tienen sus entradas y salidas; en su tiempo, un hombre representa muchos papeles, cuyos actos don las siete edades…’, como proponía el Bardo en el siglo XVII y que sigue vigente en esta temporada en la que hemos estado expuestos a uno de esos actos y, por supuesto, al cierre de lo que podría haber sido el principio del fin en ‘El juego de la democracia’, obra a la que han asistido más de setenta millones de ciudadanos para escoger a ese gallo que debe ocupar Los Pinos o que debe actuar en San Lázaro o en el Senado del Paseo de la Reforma o en los palacios de los gobiernos estatales como en Guadalajara y otros municipios.

El drama continúa y vemos en escena la resistencia que ofrecen algunos actores para aceptar la derrota. Los que conocíamos la novela de García Márquez sabíamos que habría una escena como la ‘crónica anunciada’, en una versión a la que se han agregado otros actores, incluyendo, al actor principal todavía de Los Pinos para darle más de sabor al caldo.

El guión lo conocían bien los actores pero, rebeldes como lo imaginábamos que podría ser, se han puesto a improvisar aunque su disfraz no alcanza a esconder las verdaderas intenciones. En cualquier momento muestran su ira y, de esa manera, dejan que sus intenciones ocultas salgan a la luz del día. En otros momentos, como buen actor, habla de la república del amor como el colega de Venezuela cuando se trata de una falsa ilusión por parte del Mesías que asegura, desde hace años, que todos están en su contra y que los demás actores en escena —él es la excepción—, no son sino títeres que se mueven con los hilos que manejan los poderosos ‘desde arriba.’

Lo racional deja de escucharse y los argumentos son rebasados por el fanatismo que delimita la libertad y anula la posibilidad de conversar como nos enseñó Montaigne y poder escuchar lo que uno y otro diga y piense con toda libertad. El israelita Amos Oz explicaba “que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. Es esa tendencia para mejorar al vecino, para enmendar a la esposa, para que el niño sea ingeniero o para enderezar al hermano, eso es lo que pretende el fanatismo, en vez de dejarlos ser como ellos quieran.” El mesianismo, por su parte, intenta transformar la libertad democrática en un fanatismo a favor del caudillo, sin que nadie pueda oponerse nunca jamás.

miércoles, 11 de julio de 2012

La historia a través de las artes gráficas

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 12 de julio, 2012.

La exposición está dividida en dos: obras que son parte del expresionismo alemán y otras que muestran el simbolismo de Edvard Munch (1863-1944), ambas hechas a principio del siglo XX. En realidad lo que fuimos descubriendo, gracias a la curaduría del Museo de Arte Moderno de Nueva York, fue la historia de la primera parte del siglo pasado desde un poco antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y justo después de ella, en donde pudimos ver el rostro de la sociedad germana después de su derrota.

La historia de ese amanecer vuelve a estar en manos de los artistas ahí representados con su obra gráfica (pocas veces expuesta en México) que va del retrato o el autorretrato, pasando por una obra como es el beso —una expresión nostálgica, como si se lo dieran antes de separarse—, y el ambiente que había en esos años en Alemania y Austria hasta que declaran esa guerra que los llevó al desastre.

Como buenos artistas, anuncian el porvenir expresando sus sentimientos y emociones, una corriente de la que seguramente se alimentó José Clemente Orozco (1883-1949) a quien no pudimos olvidar durante el recorrido que hicimos de la exposición en donde encontrábamos tantos paralelismos que no cabía la menor duda de que había conocido bien ese movimiento.

La creatividad que se anticipa a los hechos es del dominio de los artistas, como nos asegura Nancy J. Adler en Arts & Leadership (1996) y justo es lo confirmamos mientras veíamos la obra gráfica de estos artistas que lograron imaginarlo —la decadencia, corrupción y guerra— tal como lo expresaron sacando del fondo de su alma esos sentimientos para que estuvieran a flor del grabado dejando que las emociones fluyeran para plasmarlas de manera poderosa y brutal como un reflejo de lo que creían era la realidad objetiva.

Nolde y Kirchner comprometidos con la situación social y política de su tiempo formaron el grupo conocido como “El Puente”; otro más, llamado “El Jinete Azul” formado en 1911 con Franc Marc, el ruso Kandinsky, al suizo Klee y otros. Por supuesto que el noruego Munch destaca entre todos estos artistas y lo vemos en esta exposición en donde vamos leyendo los sucesos de esa época: una sociedad que, al cambio de siglo, quiere dejar de ser lo que era y formar parte de la revolución industrial y para eso, necesitan liberar el deseo sexual y la pasión, como lo estaba estudiando Sigmund Freud (1856-1992) en esos momentos.

La obsesión y la impotencia frente a la muerte, como lo vemos en ese grabado de Munch y su Maddona, una mujer echada para atrás, con los ojos cerrados en donde queremos imaginarnos que está dormida, pero sabemos que está muerta y eso, nos angustiamos.

La decadencia —con escenas como las que vimos en Cabaret estuvieron presentes aunque esa película se trata antes de la segunda Guerra Mundial— la vemos de diferentes formas hasta que pasamos a la sala en donde encontramos los grabados hechos durante la Guerra vista desde la perspectiva Germana sin dejar de señalar el absurdo de los enfrentamientos y los millones de muertos en las barricadas.
La exposición que está bien puesta en el Palacio de Bellas Artes, sigue hasta después de esa Guerra y vemos entonces los rostros azorados, como si no entendieran nada de lo que pasó. Conmueve el grabado del abrazo o del beso en sus dos versiones: uno realista y el otro, en donde sólo vemos sus sombras fundidos los dos cuerpos en uno, con la cabellera de ella sobre el pecho de él y los dos a punto de separarse, tal vez, para el resto de sus vidas. Ver esos dos grabados, bien vale la pena ir a la exposición. 

Expresionismo alemán y simbolismo de Munch es parte de la colección del MOMA de Nueva York para contarnos la historia del principio del siglo XX, así como los amores, las pasiones, los cuerpos desencarnados por la violencia y la destrucción en una secuencia muy bien curada, que nos lleva desde los finales del XIX, hasta después de la Primera Guerra Mundial, es decir, la historia a través de las artes gráficas.


sábado, 7 de julio de 2012

Marcador final: 4-0

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 7 de julio, 2012.

La Squadra Azzurra tratando de meter un gol.
Unos gritaban y bailaban de alegría celebrando el triunfo. Otros, se recargaban en la pared o el hombro de quien estuviera cerca para llorar en medio de los gritos de triunfo, otros más, buscaban la quietud mientras sentían cómo corrían algunas lagrimas por la derrota. Mientras unos celebraban, otros callaban, tal como sucede en los juegos en donde se compite para ganar alguna cosa.

Vimos a uno que otro furibundo como si la causa de la derrota fuese su mala actuación o el poco esfuerzo individual, a pesar de que era un trabajo en equipo o por haberse entregado de cuerpo y el alma para nada, sin concretar la victoria o por haber quedado en un segundo o tercer lugar que, para unos, eso y nada es lo mismo —como en la política— pero, para otros, es una consolación y luego levantan la cabeza y se ponen a trabajar hacia el futuro y no como aquel ahorcado que sólo alcanzó a decirle a su verdugo: ‘me mataron, pero les saqué la lengua.’

Esto fue lo que vimos el domingo pasado en el partido entre Italia y Espeña —¡perdón, España!—, allá en Kiev, Ucrania en donde habita, según nos dicen los que saben de eso, la rubia Superior —como las recién adoptadas por los belgas—, y que, en un momento, las creímos haber visto entre la furia roja o entre los cabizbajos de la Squadra Azzurra en esa premonición o augurio de lo que veríamos cerca de la media noche en algún rincón de esta República no tan amorosa y más bien ‘verde-blanca-y-colorada.’

Ganadores y perdedores. Unos, brincando de felicidad, otros tirados en la amargura; unos aceptando la derrota, otros, sin dar su brazo a torcer a pesar de los hechos como esos a los que se refiere Katie Melua cuando canta esa canción en donde asegura que ‘hay nueve millones de bicicletas en Beijing y eso es un hecho, es algo que no podemos negar, como es un hecho (like its a fact —dice—), que te amo hasta que me muera.’ Sí, ahí están los números, los hechos contundentes del 4 a 0 del mediodía como un hecho irrebatible y que no podemos negar, como las millones de bicicletas que hay en Beijing. Pero luego canta que también hay eso otro que es más bien una suposición, como eso que ‘estamos a doce millones de años luz de la orilla del Universo; that’s a guess —canta— que nadie puede asegurar sea cierto’.

Esa es la diferencia entre los hechos y las suposiciones, entre los números que hablan y lo que alguien se puede imaginar que pudo haber sucedido, es decir, un ‘supositorio’, como decía una amiga que, por los nervios se equivocaba y decía una ‘costra por otra.’

Pues sí, todo esto lo vimos el domingo pasado, antecediendo una cosa a la otra, no cabe la menor duda, fue un hecho que no podemos negar.

miércoles, 4 de julio de 2012

La música que hace posible la vida

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 5 de julio, 2012.

Carlos Miguel Prieto.
Para disfrutar de una experiencia musical en vivo y en directo o para ascender al universo de la invención —de mano de la musa de fuego—, tienen que coincidir varias piezas y que éstas se acomoden en su lugar, tal como son el contenido y el continente musical para entonces dejarse llevar por la melodía y los ritmos y poder navegar sobre las aguas de la música, dejando que nos arrastre su corriente.

El continente es la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural de la UNAM, sin duda, una de las mejores salas de conciertos del mundo: cómoda, elegante y con la mejor de las acústicas posibles y, en caso particular, cerca de casa, por lo que bien puedo asegurar que es doblemente buena, como lo breve y bueno cuando escribimos. Otra pieza en este caso, es la orquesta con sus músicos seleccionados para la temporada y, por lo tanto sin ataduras, simplemente disfrutando lo efímero de la temporada para que interpreten las obras con ganas y se dejan guiar por su director, en este caso Carlos Miguel Prieto, un amable, culto y bien educado director de orquesta que desde que entra a la sala muestra su elegancia con un paso firme y una sonrisa que nos contagia antes de pararse frente a su orquesta, derecho y alto como una espiga de trigo, para iniciar la obra del programa que ha preparado, cuidando los pequeños grandes momentos y si hay un cierre en ‘Do mayor’, hace que el público se entere claramente.

La programación es otra piezas de este rompecabezas. Este año se caracteriza por tener una variedad de obras, pocas de ellas del repertorio clásico y varias que podemos considerar excéntricas y novedosas. Son nueve los conciertos programados en la temporada que inicia este sábado y domingo (7 y 8 de julio) y concluye con un concierto de gala el 1º y 2 de septiembre con un programa extraordinario en donde van a interpretar la sinfonía coral Romeo y Julieta de Héctor Berlioz, una obra en donde el compositor decidió que Fray Lorenzo nos relate la trágica historia de ese amor imposible, mientras él traducía la poesía de Shakespeare en música.

Empezamos con la Sinfonía «Desde el nuevo mundo» de Dvorák, pasando por la Fantasía sobre temas de ‘Carmen’ de Bizet-De Sarasate con Peter Quint al violín y el Requiem de Fauré, antes del Primer Concierto para violonchelo de Shostakovich con Carlos Prieto como solista, después de haber escuchado la Quinta Sinfonía de Carlos Chávez; también escucharemos la obra que compuso Ravel para su amigo que perdió una mano en la Guerra, obra que interpretará Jorge Federico Osorio al piano. Por ahí, la desconocida de Dutilleux Tout un monde lointain y la nostalgia que se destila y que asociamos con la literaria de Proust que se dedicó a buscar en su memoria todo ese mundo tan lejano como es el de la infancia.

Podremos disfrutar los sábados por la noche o los domingos al mediodía de esta música para dejarnos llevar por ella y compartirla con un público que, sin duda, es otra de las piezas para armar este rompecabezas y que, en este caso, son amantes de la música que cada año vuelven a reunirse para compartir esta experiencia.

«¡Arte y nada más que arte! Ese es el gran significado que hace posible la vida, es el gran seductor y el mejor estimulante que hay», como decía Nietzsche y, a partir de esa idea, apreciar esta música que ocupa un lugar privilegiado en la jerarquía de nuestros valores.