jueves, 27 de diciembre de 2012

Una aventura (amorosa) para recordar


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 29 de diciembre, 2012.
Cary Grant y Deborah Kerr en la escena final de An affair to remember  (1957).  

El inconsciente juega su juego y funciona como quiere, queramos o no queramos. Por eso, hay ocasiones en las que tratamos de recordar cosas que, en principio, no sabemos su origen porque parece que no tiene nada que ver con nada. Lo que sucede es que el inconsciente lo registra y lo almacena a su manera en una memoria muy especial. Han pasado los días de Navidad y nos preparamos para el año nuevo y, sin saber por qué, amanezco tratando de acordarme cómo se llama la película en donde dos enamorados quedan de verse en el mirador del Empire State en NY seis meses después de haberse conocido y abrazado. Pero los guionistas deciden que justo el día de la cita, ella tenga un accidente por andar enamorada, mirando a las nubes y sin darse cuenta que venía un coche.

El destino, la distracción o el azar aparecen de pronto y hacen imposible el encuentro y, nosotros, títeres de la fortuna, nos vemos en ese espejo y se nos frunce el estómago como señal de esa otra inteligencia que está relacionada con lo inesperado.

La versión que más nos gusta es la de 1957 con Cary Grant y Deborah Kerr, An affair to remember (Tú y yo en español, no me pregunten por qué), en donde el tema musical exalta los sentimientos, sobre todo ahora que la volvemos a escuchar en YouTube con Nat King Cole y su voz pausada que recuerdo como sello de una cierta nostalgia de la juventud, sobre todo cuando empieza diciendo que «la aventura amorosa es algo maravilloso que gozamos al recordarla; un amor que nació del primer abrazo, con el que le dimos la vuelta a la hoja del tiempo y espacio; una aventura amorosa que es como una llama que arde por toda la eternidad».

Mientras la escuchamos, recordamos algunas escenas en donde el deseo y la frustración de no haberse encontrado se desahoga años después cuando se reencuentran en el departamento de ella, para intentar saber qué fue lo que pasó. Si digo que el inconsciente es maravilloso es porque justo en esa escena, cuando ella está recostada en su sillón con las piernas cubiertas por una tilma roja de lana pura, no le dice nada del accidente que tuvo y, justo antes que él decidiera mejor irse aunque decepcionado y sin entender por qué nunca llegó a la cita, ella le desea una ¡Feliz Navidad y año nuevo! y, cuando escucho eso, me doy cuenta por qué el inconsciente y esa extraña manera de asociar las cosas y entiendo por qué hoy amanecí pensando en esa historia que vi hace poco más de medio siglo, cuando entrábamos y salíamos por los laberintos de las aventuras amorosas –como en la versión del Love affair de 1939—, para saber que los amores se pueden dejar de ver, pero la llama se mantiene encendida.

Por estos días invernales, viendo estos atardeceres, recostados con una tilma sobre la piernas, estamos como Deborah Kerr recordando su historia de amor y a través de ella las rescatamos, para poder salir de esos laberintos que nos prepara el destino, día con día, sobre la brecha por donde avanzamos con la vista en alto, por el carril del presente, sólo para darnos cuenta que fue a través de esa aventura (amorosa) que nosotros también queríamos desearles, antes de que se vayan, ¡un feliz año nuevo!



miércoles, 26 de diciembre de 2012

Zoológico fantástico y los alebrijes de colores


INFOSEL, Crónica cultural del jueves 27 de diciembre, 2012. 
Alebrije monumental como los expuestos en la Plaza de Tlalpan.
Borges sugería que si un día llevábamos ‘bruscamente’ a los niños al zoológico, no tendríamos por qué extrañarnos si veinte años después nos damos cuenta que esa visita pudo haber sido la razón para que le diera una cierta clase de neurosis. No hay niño que no haya descubierto, con la boca abierta, a los animales del zoológico, cuantimás si descubren a los animales fantásticos, llamados alebrijes, más cercanos a su fantasía, como los que hay ahora en varios espacios públicos, como es la plaza de armas de Tlalpan.

«Schopenhauer —como señala Borges en la Introducción del Manual de Zoología Fantástica (FCE, Breviario 125, México 1971)— decía que el niño mira sin horror a los tigres porque no ignora que él es los tigres —como bien ha escrito el poeta Eduardo Lizalde esos poemas sobre estos animales en donde uno de ellos siempre está agazapado en su casa esperando silencioso que llegue para atacarlo— y los tigres son él o, mejor dicho, que los tigres y él tienen una misma esencia: la voluntad.»

Sabíamos de los Centauros, los animales que son mitad hombre, mitad caballo, como también recordamos al Minotauro de Creta, que estuvo encerrado en su laberinto —hasta que llegó Teseo para matarlo—, todo porque su padre lo consideraba un monstruo, parido por su mujer Pasifae seducida por Poseidón transformado en ese negro animal —como su alma—, con quien tuvo relaciones para que, meses después, dieras a luz a ese que era como Minostatás y su familia, como Hugo Hirart bautizó su obra de teatro.

Sobre el origen de los Alebrijes hay dos versiones: una, que vienen de San Antonio Arrazola, Oaxaca, hechos de madera de copal, tallados a mano y pintados con pigmentos naturales; la otra, es que fue Pedro Linares López quien los inventó desde la ciudad de México desde el año de 1936, hechos con papel maché y pintados con colores vibrantes, representando a unos seres fantásticos. Creemos que algunos podrían ser parientes de la anfisbena, la «serpiente con dos cabezas, la una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza y sus ojos brillan como candelas.»

Otros son monumentales como los podemos ver en la plaza de Tlalpan, unos alebrijes que pretenden ser aterradores, guardianes de la plaza pues, con su presencia, nos defienden de quien quiera atacar o todo lo contrario si son ellos los pueden atacarnos a quien se les acerque, como si fueran paridos de nuestras pesadillas.

Los hay de todo tipo: animales que no tienen principio ni fin o que nacen con las fauces abiertas, como un volcán antes de vomitar y, si lo vemos directo a los ojos, a lo mejor salimos chamuscados; otros, despliegan sus alas como murciélagos a punto de volar alrededor del kiosco con todo y sus colores brillantes.

Otros han estado sembrados por el Paseo de la Reforma y si los vieron en medio del endemoniado tráfico, estoy seguro que les daban ganas de desplegar sus alas —tigres… voladores—, para llegar pronto a casa. Unos más se parecen al «animal hipotético» de Lorze —del que habla Borges en su Manual—, aquel que está «más solitario que esa estatua que huele rosas y que finalmente es un hombre, un animal que no tiene en la piel sino un punto sensible y movible en la extremidad de una antena».

Pero los niños entienden mejor de estas cosas que nosotros, pues, ellos son los amos de la fantasía. Por eso, caminando por la plaza vi cómo se acercaba una niña a uno de ellos con tal confianza, como si fuera uno de su familia.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Panorama del 2013


EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 22 de diciembre, 2012.
Perspectiva a vuelo de pájaro de Nueva York del artista Stephen Wiltshire
Como cada año, la revista The Economist publica un panorama junto con los pronósticos y augurios para el año que entra. Es una lectura que nos permite tener, a vuelo de pájaro, un panorama parecido al de la geografía terrestre con sus barrancas y esos insomnios como «galgos morados», como decía Gorostiza, y a lo lejos el volcán humeando como ese que vemos al amanecer cuando nos asomamos por el Oriente.

Daniel Franklin es el editor de este panorama, es decir, The World in 2013 y aunque resulta poco optimista —depende del Continente—, aprovecha para ofrecernos salidas y una que otra esperanza de que se componga con varias colaboraciones que proponen cómo enfrentar ese mar de calamidades: ahí está el artículo de Porter y Rivkin y un plan en ocho puntos para restaurar la competitividad en los Estados Unidos o el artículo de Nassim Taleb para apuntalar las finanzas mundiales o el de Dominic Barton que propone una manera de resolver la tragedia del desempleo y Devi Shetty que imagina cómo ofrecer una buena asistencia médica en la India o las ideas de Melina Gates que señala algunos formas para disminuir el promedio de muertes fetales y, no podía faltar por ahí un ensayo optimista de Mario Monti, el Primer Ministro de Italia, donde propone una manera de resolver la crisis del euro. Con estos temas, aunque sintamos el vacío de la caída sin paracaídas y el agua al cuello, podemos seguir respirando.

Tal parece que lo que decía Hamlet tiene sentido: resolver el mar de dificultades enfrentándolo y de esta manera se resuelve, en lugar dormir o morir evadiéndolo los problemas. Cuando vemos la vida a través de las artes, podemos ver la realidad desde nuevas y mejores perspectivas de tal manera que podamos enfrentar los problemas.

En este mismo número, vemos cómo el emporio de Unión de Bancos de Suiza (UBS) se pregunta: «¿Cómo puede la visión de un artista inspirar a un consejero financiero como ellos?» Y establece un paralelismo entre el proceso creativo de Stephen Wiltshire, un artista neoyorkino que pinta panoramas de esa ciudad desde diferentes perspectivas, mismas que reproduce de memoria después de haberlas observado a vista de pájaro desde un helicóptero. De esa misma manera —dicen los de la UBS—, ellos podrían aconsejar a sus clientes para poder ofrecerles una perspectiva realista y mejores beneficios. Arte y el liderazgo en plena acción.

Por lo pronto John Micklet autor de «El mundo de Barack y Xi», propone que estos dos líderes deberían de reunirse como lo hicieron Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia en 1520 en una reunión conocida como el Campo de la Tela de Oro como se llevó a cabo en mayo de ese año en los prados del territorio francés, cerca de Calais —dominio inglés—, para llegar a un acuerdo y ponerle fin a las hostilidades entre los dos reinos y concertar una alianza que detuviera al imperio español de Carlos V de Habsburgo.

Vale la pena recorrer esta publicación y observar a los líderes, las guerras y las confrontaciones en Medio Oriente con una Siria destruida y un Egipto en ciernes, como si viajáramos en el mismo helicóptero de Wiltshire para trazar con su lectura una nueva perspectiva del mundo a imagen y semejanza.