viernes, 26 de julio de 2013

La doble llama de la vida

El Informador, Tertulia del sábado 27 de julio, 2013.
La visión de la India en el Museo de Antropología.
Las vacaciones están en su apogeo y todo mundo viaja para todos lados: es hora de cambiar de rutina y descansar. Si una de las opciones que consideran es la viajar a la ciudad de México, además de prepararse para la lluvia que cae todos los días, aunque no tan fuerte como la de Guadalajara, sería bueno que planearan visitar algunos museos.

Es un placer caminar por el Paseo de la Reforma a la altura del Museo Nacional de Antropología e Historia en donde podemos conocer algo de las culturas prehispánicas y, por estos días, hay una exposición temporal que podrán disfrutar: se trata de La visión de la India, una muestra de ese arte colorido, exótico y sensual que por eso lo conecté con el ensayo de Octavio Paz (1914-1998) La llama doble. Amor y erotismo (Seix Barral, Biblioteca Breve, 1993), un libro que dice tenía ganas de escribir desde hacía tiempo cuando estuvo en la India en 1965 como embajador de México y ahí se enamoró. El ensayo gira alrededor de la sexualidad, el erotismo y el amor, tres elementos en tres niveles diferentes —como la tierra, el agua y el aire— del Renacimiento.

Octavio Paz escribe sobre lo que vive y ha vivido, pues para él ‘la poesía y el pensamiento son vasos comunicantes y la fuente de ambos es mi vida: escribo sobre lo que he vivido y vivo… De pronto una mañana me lancé a escribir con una suerte de alegre desesperación… El título me gusta, pues la llama es la parte más sutil del fuego que se eleva y levanta en alto en forma piramidal. El fuego original y primordial, la sexualidad que levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida.’ 

Sin duda la visión de la India tiene que ver con todo esto que trata en La llama doble y, al ver esta exposición, podemos entender que es lo que trata de decirnos Octavio Paz cuando define la sexualidad como la parte animal (la raíz) y el erotismo (como el tallo) y el amor (como la flor), tres aspectos que hablan de la vida desde la óptica de la reproducción o de la contención erótica que, sin duda, justifican la existencia. Por eso, podemos reflexionar sobre los tres elementos al ver la manera como lo expresan en India y lo conectan con sus dioses en un especie de nudo gordiano.

Por ahí Paz, con esa capacidad que tiene para conectar los temas y las cosas llega al Ulises de Joyce que retomo en esta nota al ver de qué manera relaciona la manera de expresar el erotismo con eso que dice Molly, la esposa de Bloom, en las últimas páginas cuando ‘regresan a la casa de Ulises-Bloom…, donde los espera Penélope-Molly y decide que el joven poeta Dedalus será su amante. Molly no sólo es Penélope sino que es una Venus que sin la poesía no es ni mujer ni diosa’. Tal vez por eso termina Molly con un canto en donde uno puede ver una parte de esa Visión de la India: ‘Sí el mar carmesí a veces como el fuego y las gloriosas puestas de sol y las higueras en los jardines de la Alameda sí y todas las extrañas callejuelas y las casas rosadas sí…’


jueves, 25 de julio de 2013

Armonía y belleza del Partenón

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 25 de julio, 2013.
El Partenón, una obra perfecta y parteaguas de la arquitectura Occidental.
‘Se detuvo a mirar la tierra cubierta de verdor, la huerta, los árboles, el terreno elevado que permitía la vista del puerto plateado de El Pireo, la Acrópolis cubierta con nuevos templos y la misma Atenas que se alzaba blanca y rosada bajo las primeras luces del crepúsculo sobre sus colinas’, como escribió Taylor Cadwell (seudónimo de Janet Miriam Holland, 1900-1985) en Gloria y esplendor y esa descripción mucho se parece a la que tuvimos desde el roof garden del Hotel Grand Bretagne en la Plaza de la Constitución de Atenas hace años: a lo lejos la colina del Acrópolis y el iluminado Partenón como una joya que resplandecía y nosotros hipnotizados sin poder quitarle la vista a esa obra perfecta que habla del origen de todo lo que conocemos a la fecha y que es, para la arquitectura, lo que los Diálogos de Platón son para la cultura de Occidente, como si la simetría, la escala y la escenografía, correspondieran a la vez a la estructura de ese monumento como a los diálogos.

Cuando uno sube en procesión por la Acrópolis hasta dar vuelta, no nos queda mucho espacio —por lo menos, eso recuerdo— para ver la fachada del Partenón que de pronto está ahí como si viéramos a un gigante con sus ocho patas dóricas al frente que apuntan al cielo para guardar en su seno la escultura dorada de Atenea —la hija de Zeus y Metis, la diosa guerrera con casco, lanza y égida (o escudo) que ayudó a Ulises para que regresara a su pueblo después del robo y destrucción de Troya, esa otra ciudad con sus murallas tan altas como la Acrópolis.

Nos dicen que fue Iktinos, Kallikrates y el escultor Fidias los que diseñaron y construyeron el Partenón en la época de Pericles (495 - 429 a.C.), poco antes de que Grecia cayera en desgracia y los espartanos destruyeran, después de varios años de guerra, poco después que Pericles muriera de la peste tifoidea, que azoló a la Atenas amurallada.

Es un proyecto que, como comenta Alexandros Apostolakis, el curador de la exposición, tuvo que ver la astronomía, la filosofía, la física y las matemáticas y que ahora podemos disfrutar con la exposición Partenón, arquitectura y su arte en el Museo de Arquitectura del Palacio de Bellas Artes con algunas fotografías de gran formato en donde volvemos a regodearnos de esta obra que demuestra que ‘la perfección y la armonía no pueden alcanzarse con una sola disciplina’. Ahí mismo los neófitos encontramos un nuevo vocabulario: peristilo, pronaos, arquitrabe, opistodomo, metopas, estilóbato, naos y friso.

‘El viento marino era cálido y puro como la seda, y tan fresco como el lino lavado al sol… Atenas es un lugar feliz —dijo Zenón de Elea— así como lo será en el futuro. Gozo y belleza, pasión y delicia, color y transparencia, la resonancia absoluta de la mente y el espíritu… he tenido mis visiones’—decía este filósofo, bajo la pluma de Cadwell.


A un costado del Partenón está el Teatro de Dionisio y ahí recordamos a la Hécuba de Eurípides, esa reina de Troya que se despierta para observar mientras camina con su corbo báculo, todo lo que fueron capaces de destruir los griegos. Una obra en donde el autor tuvo el valor de escribirla después de que ellos mismos, en su afán de integrar a todas la islas a la Liga de Delos en donde se acabó la democracia y surge la tiranía después de destruir y matar a todos los hombres de la isla de Melos, esclavizando a sus mujeres y niños mientras que Eurípides puso esta obra en escena con la reina troyana. 

En fin, esto demuestra que a veces el mal y el caos se oculta detrás de la belleza y la armonía.

viernes, 19 de julio de 2013

La postración turística: Ibargüengoitia

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 20 de julio, 2013.
Jorge Ibargüengoitia (1928-1983) en su estudio en Coyoacán.
Los aeropuertos parecen un hormiguero y la gente va y viene entre las maletas y los chiquillos que corren por los pasillos con ganas de estar ya en la alberca o en la playa, a la orilla del mar, ahora que están de vacaciones. A otros más, los vemos con un gesto que los acusa estar en un viaje de negocios.
 
Pero el ambiente es festivo y da gusto ver vuelos llenos, ahora que la economía lo permite y nos imaginarnos que todo va bien sin considerar que lo que realmente estamos haciendo es evadir la rutina y que luego cada quien hable de la feria según le fue, aunque ya sabemos que lo mejor es cuando planeamos las vacaciones porque, sin duda, ‘la imaginación mata a la realidad’.

Hace años Jorge Ibargüengoitia (1928-1983) viajaba y escribía sus crónicas ya sea en el Excélsior o en Vuelta y eran tan buenas que esperábamos con ansias hacerlo cada semana o cada mes. En 1991, tiempo después de su muerte accidental en 83, Joaquín Mortiz publicó una selección hecha por Guillermo Scheridan titulado como La casa de usted y otros viajes en donde encontramos, entre mil circunstancias y avatares, dos citas que sirven como botones: la primera, cuando él y Joy Laville, su esposa, regresaron a París y cuenta lo siguiente: “dos momentos destacan de esta visita breve: quisimos ver el Sena cerca de la Concorde y estuvimos a punto de ser atropellados, entramos en un restaurante y pedimos sopa de cebolla, en la mesa de junto había una pareja que estaba comiendo helado, él tenía saco de tweed, ella un vestido amarillo, los dos tenían cuarenta años: se dieron un beso que duró el tiempo que nos tardamos en comer la sopa de cebolla, que estaba bastante caliente.”

El otro tiene que ver con alguna de esas referencias con tan buen humor en donde no sabemos dónde le pone la jiribilla, como esa crónica que hace alrededor de las llaves de agua caliente y fría (Con la “C” de cold), en donde habla de la ‘postración turística’ o del colapso nervioso cuando uno no entiende nada: en inglés ‘frío’ se dice ‘Cold’ y caliente ‘Hot’ entonces, en Estados Unidos las llaves tiene un ‘C’ o una ‘H’, pero, en español, la ‘C’ es de ‘Caliente’ y la ‘F’ es de ‘Fría’ y el turista debería saber esto aunque, al final, como el plomero que las puso era analfabeto, dice Ibargüengoitia que las puso donde le daba la gana y ahí es cuando el turista llega a ese colapso nervioso. Un día los suecos deciden vender sus llaves en todo el mundo y se les ocurre poner ‘en la parte superior un punto azul y otro rojo. Azul por fría y rojo por la caliente… ‘¡Qué ingenioso!, pensé, de esta manera se puede exportar llaves de Suecia a Tailandia, sin que los suecos tengan que preocuparse de cómo se dice frío en tailandés, ni los tailandeses tengan que averiguar cómo se dice caliente en sueco.’

Cada vez que leo estas crónicas tengo la sensación que eso de escribir es fácil todo es cuestión de hacerlo como lo hace Jorge Ibargüengoitia: observar lo que sucede y lo que hay alrededor, describirlo tal cual, darle un giro al final y listo. Así pasa con sus novelas y sus deliciosas obras de teatro donde maneja con desfachatez la ironía que sólo los genios saben expresar.


jueves, 18 de julio de 2013

San Miguel Allende y la música de cámara

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 18 de julio, 2013.
El Cuarteto Enzo, uno de los que vendrán al Festival de Música de Cámara.
Desde hace 35 años que los habitantes de San Miguel Allende —en su mayoría norteamericanos— organizan el Festival de Música de Cámara único en México y que no puede ser más ad hoc en esa ciudad pues ha sido y es y será sustentable, gracias a las aportaciones que hacen entre ellos; resulta que en estos meses, los músicos pueden estar más disponibles por las vacaciones de verano y recuerdo que, entre otras cosas disfrutan más su estancia porque algunos de los organizadores los invitan a sus casas. Para colmo, el tamaño del Teatro Ángela Peralta, donde se llevan a cabo los conciertos, tiene el aforo justo para la orquesta de cámara y, para terminar, los músicos, además de sus conciertos, dan clases maestras a los alumnos que han sido registrados y aceptados.

Por todo esto y para los que nos gusta este tipo de música, ya es una costumbre apartar un buen fin de semana entre el 26 de julio y el 18 de agosto para ir a San Miguel Allende y pasear por esa bella ciudad colonial que ha quedado registrada en catálogo de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, una ciudad por la que extrañamente podemos caminar antes y después de ir al concierto para cenar en uno de sus tantos restaurantes para desde ahí, si tenemos suerte, ver llover y no mojarse.

La música de cámara tiene lo suyo, sobre todo para aquellos que nos gusta la conversación en petite comité como la que siempre asociamos con la plática íntima, como la que escuchamos en los cuartetos de Haydn, Mozart, Schubert o el mismo Beethoven que exploró este otro lado de su obra —más bien es monumental, como fue su Novena Sinfonía—, pues cada uno de sus cuartetos lo fue llevando a una nueva dimensión: el tema o la conversación que establece el primer violín se empieza a desarrollar y a desenvolverse en nuestras narices para que veamos con los oídos y así podamos entender la historia que nos cuentan o el drama, el desengaño, la ilusión que expresa y ver si los demás instrumentos le hacen o no caso hasta ver si logra que acepten o no sus argumentos y ver si estos se repiten, como repetimos las preguntas para entenderlas mejor, antes de intentar una respuesta o si, de alguna manera —casi siempre misteriosa—, imaginamos que ese tema o ese sentimiento con todo y sus emociones encontradas tienen que ver con la soledad, la tristeza o la alegría compartida hasta llegar a un final que nos puede parecer feliz.

‘Papa’ Haydn —como le decía Mozart—, es el creador de los cuartetos y su alumno de Salzburgo los entendió a la maravilla para llevarlas al siguiente nivel donde esos tres o cuatro instrumentos de cuerdas —aunque, a veces se incorpora el piano—, logran crear ese universo complejo, dinámico y efímero como los que podemos seguir de cerca, ojalá sin perder el hilo de la conversación desde que empiezan a desplegar las variantes de su tema, desde uno y otro punto de vista, transformados, a veces, en sentimientos profundos como cuando la viola o el cello ejemplifican —como lo hacemos cuando tratamos de entender el problema y hacemos un símil o una metáfora—, antes de retomar la idea para contrastarla con otra que se nos ocurra en ese momento. ¡Ah!, que gusto poder seguir esa conversación y llegar hasta quedar exhaustos.


Vean la cartelera de este Festival que empieza la semana que entra con sus conciertos los fines de semana. Habrá para todos los gustos: música del XVIII o moderna, de tal manera que por las noches, después del concierto podamos salir caminando para digerir un poco las emociones que entendimos esa noche.

viernes, 12 de julio de 2013

Había una vez... y la luz al final del túnel

El Informador, Tertulia del sábado 13 de julio, 2013.
Caperucita roja y el lobo feroz en el granado de Doré (1832-1883).
En vacaciones sabemos que el tiempo cambia de ritmo y dejamos que las horas se escurran entre los bostezos de la mañana húmeda, las caminatas del mediodía y la comida pausada antes de irnos a dormir esa siesta que nos pone a mano con la vida. Las vacaciones que pasamos con la familia es una oportunidad más para que ojalá le lean a sus hijos —o nietos—, algunos cuentos de hadas (en su versión original) y si logro convencerlos, se darán cuenta de lo importante que es para ellos tal como lo explica Bruno Bettelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Paidós, 2010) que me convenció después de conocer que “los cuentos de hadas le transmiten al niño una comprensión intuitiva e inconsciente de su naturaleza y de lo que puede ser su futuro si llega a desarrollar sus potenciales positivos.”

Todos los cuentos de hadas originales —no las versiones de Disney—, tratan sobre los problemas que viven los niños en su interior y por eso, es increíble que cuando los escuchan, pueden elaborar soluciones a sus problemas sin que estén cargadas de culpa: la madrastra o la bruja es la mala, no su madre; el padre es el terrible dragón; el niño es siempre el tonto, el débil de la familia que, a la vez, se atreve a ir hasta el fondo de las cosas aceptando los consejos de un horrible sapo —como el que habita en el inconsciente. Así es como el niño va elaborando y entiende que puede triunfar en la vida, derrotar al dragón y llevarse a la princesa.

La madre de Caperucita le advirtió que no anduviera por ahí ‘curioseando’ y, lo primero que hizo, fue decirle al lobo a dónde iba, dónde vivía su abuelita y todo lo que llevaba en el canasto. Se le puso de pechito y el lobo se lamía la trompa pensando: ‘¡qué criatura tan tierna! Qué buen bocado, mucho más sabroso que la viejita…’ Ahí está señalado un conflicto como el que hay entre el deseo y el miedo al abuso, tal como lo entendió Doré en un grabado impresionante.

Por eso digo que si no se los han leído antes, por favor intente hacerlo estas vacaciones y léanles algunos cuentos de los hermanos Grimm —crudos y despiadados, como es la imaginación de los niños—, y si les piden que se los vuelvan a leer háganle caso pues, seguramente, lo está digiriendo hasta que le encuentra el sentido, al mismo tiempo estimula su imaginación y clarifica sus emociones de acuerdo a sus ansiedades y aspiraciones, reconociendo las dificultades que tienen e imaginando las soluciones a eso que tanto les inquieta.

Ellos los interiorizan y se dan cuenta que, en esta vida, a pesar de cómo se sientan y de sus horribles fantasías, hay esperanza para salir triunfantes de esas crisis por las que están pasando.
Con los cuentos de hadas los niños aprenden más de sus problemas y soluciones que con cualquier otra cosa. Cuando el niño lo escucha, sin que lo interpretemos, lo digiere hasta lograr mágicamente comprender cómo a pesar de ser parte de un mundo complejo, hay una luz al final del túnel y así estructurar sus sueños y canalizar mejor su vida.

Que a esa edad interioricen las complejidades y que sepan que hay soluciones los pueden fortalecer para vivir con ganas.