viernes, 30 de agosto de 2013

Un extraño paralelismo

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 31 de agosto, 2013.
Lord Say condenado por el rebelde Jack Cade el 4 de julio de 1450.
“Shakespeare es como el mundo o como la vida y, cada época, encuentra en él lo que busca y quiere ver”, decía el crítico y ensayista Jan Kott y por eso comparto con ustedes algunos hechos que perecen ser paralelos y asimétricos —diferente a las Vidas de Plutarco—, como el que hay entre la toma de Londres por Jack Cade y sus seguidores en 1450 —como lo describe Shakespeare en el 4º Acto de la Segunda Parte de Enrique VI escrita en 1591— y la pesadilla que vivimos en estos días en la ciudad de México.

La Guerra de las Dos Rosas fue una guerra civil entre dos familias poderosas: los Lancaster y los York, conflicto que aprovechó Jack Cade quien llegó a Londres con su gente desde el condado de Kent. Los miles de seguidores llegaron a la capital del reino de Inglaterra con Enrique VI en el poder. Algunos de los sucesos los utiliza Shakespeare para ponerle un poco de sal y pimienta a la trama principal de esa obra, con la que abrió fuego graneado como dramaturgo.

Nos podemos imaginar perfecto la llegada de esa gente marchando por las calles de Londres con sus palos en la mano, listos para destruir parte de la ciudad, bloquear las entradas y acabar con los abogados como primer objetivo —como los ejecutores de la ley—, tal como lo vivieron los londinenses en 1450 y tal como lo vivimos ahora en este otro escenario del mundo como es la ciudad de México en donde todo parece estar de cabeza. En aquel tiempo como ahora se tiene la sensación de estar viviendo «patas p’arriba», en aquel entonces por culpa de Jack Cade y sus seguidores que estaban en contra de los libros y las leyes como aplicaban los abogados. Por eso, lo primero que hacen es quemar públicamente los libros, destruir el Palacio Savoy y las oficinas del Temple Inn’s Courts (equivalente a San Lázaro), así como, condenar a muerte a Chatham, un pobre escribano, porque sabía leer y escribir en latín.

¡Fuera!, que lo ahorquen y le cuelguen al cuello su pluma y su tintero —ordenó Jack Cade quien ya se había auto nombrado ‘Jefe de Gobierno de Londres’ y, por eso, propone que a partir de ese momento ya no corra agua por las fuentes de la ciudad sino que corra vino.

También declara que será condenado a muerte aquel que no se dirija a él llamándolo ‘Lord Mortimer’… en eso, entra un pobre soldado que pregunta por Jack Cade y, sin saber las nuevas reglas es condenado antes que esa multitud saliera a la calle para destruir la Torre y el Puente de Londres con ganas de hacerlos cenizas.

De pasada toman como rehén al viejo Lord Say para ser condenado a pesar de las buenas obras que había hecho, entre ellas, la construcción y apertura de una escuela primaria. Say defiende su vida pero Cade le manda cortar la cabeza y, de pasada, la de su yerno que no tenía vela en el entierro para poner las dos cabezas en unos palos, como si fueran trofeos, para ser llevadas por las calles de Londres y como Cade sabía del cariño que le tenían, obliga a la gente para que se acerque y las besen.

Sí, hemos encontrado que eso que sucedió en Londres en 1450 es lo que vemos ahora en la ciudad de México.


jueves, 29 de agosto de 2013

La angustia existencial

INFOSEL; Crónica cultural del jueves 29 de agosto, 2013.
Franz Schubert en una acuarela de Wilhem Rider (1825).
Decía Claudio Arrau que “la Sonata en si bemol de Schubert es una obra escrita ante la proximidad de la muerte, misma que se presiente desde el primer tema con esos siete compases dominantes, la interrupción y luego el silencio antes de un largo y misterioso trino en el registro grave, para volver a escucharlo, después de otro silencio, en una repetición forte”. Tal como lo podemos escuchar en la versión de Alfred Brendel, uno de los interpretes de Franz Schubert (1797-1828), un compositor que apreciamos por varias razones, entre otras, porque duele su juventud truncada, por el romanticismo que expresa en esa música que es directa y sin recovecos, tal como lo pudimos confirmar hace dos semanas con Shai Wosner (1976-), el elegante pianista israelita que debe conocer en detalle la vida y la obra del compositor, con todo y esos sentimientos duales que va expresando como lo explica el maestro Arrau. Tal vez por eso Wosner logró darle un tono especial a esa especie de buen ánimo con el que empieza antes del silencio y antes de escuchar el acorde grave que hace con la mano izquierda como la maldita señal de la negritud en medio de una mañana soleada.

Compuso esa Sonata cuando sentía que su vida peligraba. Tenía veinticinco años de edad desde que se enfermó crónicamente hasta el final de sus días seis años después. Todo empezó cuando fue llevado a uno de los burdeles de Viena que no le interesaba para nada y ahí se contagió de esa sífilis que lo llevó a la tumba. La espada de Damocles se hizo presente y él se puso a componer sus sonatas para transmitirnos la dualidad que sentía entre Eros y Tanatos en estas obras para piano y en sus cuartetos o quintetos o en sus lieder que logró llevar su máxima expresión.

Tuvimos la oportunidad de escuchar la Sonata en si bemol en la versión de Wosner quien no tardó en contagiarnos de ese mundo en donde se pasa del erotismo al amor y de ahí a un especie de abismo como puede ser el silencio que anda merodeando. Por eso experimentamos un frío en la espalda como el péndulo que tenemos sobre la cabeza y que, en defensa propia, lo consideramos lejano.

Schubert tenía el don de la alegría como la tienen los jóvenes, y casi nunca entró en plena melancolía, aunque ésta se trataba de colar entre las rayas del cuaderno pautado y por eso notamos esas sombras que recorren el espacio con los detalles que andan por ahí, sobre todo, cuando es interpretado como lo hizo Wosner que ya escala las cumbres del éxito con estas pequeñas-grandes obras para piano.

Schubert experimentó la satisfacción de la creación y compuso muchas obras mismas que compartía con sus amigos y, aunque tímido, las mostraba encantado de la vida en las famosas ‘schubertiadas’ cuando llevaba sus canciones o sus novedades para piano plenas de la dualidad que tanto nos impacta.

Él sabía lo gratificante que era llevar una obra e imaginaba que sus amigos leían ‘entre notas’ lo que él sentía, mostrando así sus sentimientos cuando la enfermedad es un lastre y se debate con la musa que sabe de lo efímero de la vida.


‘Se defendió de la melancolía —como dice George R. Marek— para fundirse con ella para brindarnos esa luz que nos ilumina a todos.’ Shai Wosner lo interpretó en San Miguel de Allende embebido en esa angustia existencial: la alegría de la mano derecha y la advertencia en la izquierda, tal como lo escuchamos en la obra de Schubert que todavía brilla intensamente en nuestros días.

viernes, 23 de agosto de 2013

El otro sueño

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 24 de agosto, 2013.

Una madre huichola.
El próximo miércoles hace 50 años Martin Luther King Jr., hizo su famoso discurso y declaró su visión: “¡Hoy tengo un sueño! Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo en donde afirmamos que estas verdades son evidentes: ‘todos los hombres son creados iguales.’ Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de los esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso en el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”

En México la situación es diferente pero parecida a lo que sucede del otro lado del río Bravo. Sabemos que hay una población indígena de 13 millones de personas y, aunque en el segundo artículo de la Constitución nos definimos como nación pluricultural ‘sustentada en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización…’, más adelante queda claro que todos gozamos de los derechos humanos establecidos en la misma Constitución y donde, explícitamente, se declara prohibido toda discriminación ‘motivada por origen étnico o nacional, o por el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y las libertades de las personas.’

Este es nuestro ‘credo’ y nos referimos a él cuando se trata de la discriminación y los derechos humanos, dos conceptos amparados bajo la misma ley. Pero hay otras formas de ver la realidad: por un lado, reconocer que las etnias tienen su derecho para establecer las formas de convivencia y organización social, así como el de poder ‘preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad’. Por el otro lado, me pregunto si esto no es justo lo que impide que participen del progreso y del desarrollo, justificados por sus hábitos y costumbres que muchas veces son los que limitan el acceso al conocimiento universal, al mercado laboral, a la igualdad de oportunidades y a la posibilidad de vivir acordes con el siglo XXI.

La realidad es que sí existe discriminación: en estos días, por ejemplo, el abuso a los niños en Tabasco y, por supuesto, que nunca hemos visto a los huicholes, zapotecos o tzotziles estudiar en las universidades, mucho menos a las mujeres indígenas estudiando idiomas o artes plásticas o química o letras universales, mucho menos estudiando en el extranjero. Por eso creemos que con esos derechos que tienen, no han podido alcanzar  esa igualdad de oportunidades, pues, amparados en su ‘organización social’, discriminan a sus mujeres y a sus hijas las consideran objetos personales y mano de obra gratis. Pero, ¡ay de aquellos que se atreva a cambiar eso! Y de ahí que se nos cruzan dos ideas bajo una misma Constitución.

Habría que tener otro sueño y hacer algo para que un día tengan las mismas oportunidades que el resto de los mexicanos.



jueves, 22 de agosto de 2013

La magia absoluta de la música

INFOSEL, Crónica cultural, jueves 22 de agosto, 2013.
Los integrantes del Cuarteto Parker.
Cómo no emocionarse cuando alguien lleno de ilusiones trata de decirnos eso que trae en la cabeza y lo hace con una melodía que no sé por qué en cuanto la escuchamos parece que pega en el blanco y se nos hace un nudo en la garganta intuyendo, tal vez, cómo la realidad lo amenaza, tal como sucede al inicio del Quinteto para piano No. 2 en La mayor Op. 81 de Dvorak cuando Shai Wosner al piano empezó a contar la historia a diferencia de otras interpretaciones como la que podemos escuchar con Stanilslav Richter en donde es el cello quien propone el tema. Esta sorprendente versión la escuchamos en el último concierto al cierre del Festival de Música de Cámara de San Miguel en el Teatro Ángela Peralta, donde fuimos el centro de ese blanco.

El Cuarteto Parker está formado por verdaderos virtuosos como son Daniel Chong, al primer violín; Ying Xue, el segundo; Kee-Hyun Kim al cello y Jessica Bodner a la viola, un cuarteto ganador del Grammy en el 2010 y que, la semana pasada, fueron aceptados en Harvard para hacer ahí una residencia artística.

¿Por qué la melodía y el golpe emocional? ¿Qué pasa cuando la música atraviesa ese blindaje que hemos hecho para defendernos de ese tipo de emociones y, de pronto, sin decir agua va, lo traspasa y le da en el centro? ¿Por qué supongo que esa breve melodía es una ilusión, algo esperanzador y deseable como lo es un sueño inalcanzable y por qué nos conmueve de esa manera? ¿Será porque habla directo al inconsciente? ¿Será porque entendemos todo cuando el cello abraza musicalmente al piano? Todo empieza con un Allegro, ma non tanto —tal como a veces nos sentimos— con esa música esperanzadora para que las cuerdas se pasen los siguientes tres movimientos elaborando esa idea.

Le di de vueltas toda la noche y me di cuenta que no había sido el único que recibió la flecha. Tal parece que Dvorak llegó al meollo de las emociones con una melodía simple para mantenernos atentos en su desarrollo para imaginar lo que está pasando.

En el segundo movimiento parece que las ilusión cae por los suelos. Es una romanza triste que luego vuelve a tomar ímpetu en el tercer movimiento —como lo pueden escuchar en la versión virtual que propongo—, para llegar al Lento – Presto al saltarello como lo resolvió el compositor.

El tema se nos ha metido en la cabeza y lo tarareamos cada vez que podemos y esta versión que escuchamos la noche del sábado pasado es inolvidable. Tal vez por eso, una vez terminado el concierto, decidimos ir al roof garden del Hotel Rosewood para respirar hondo, disfrutar del paisaje nocturno de San Miguel y contemplar la luna en cuarto creciente con sus aretes colgadas a los lados y una Venus como diamante, firme y sin parpadear, brillando en ese cielo despejado y claro.

La música y las emociones van de la mano y Dvorak encontró en esa melodía tan breve, un contenido que llega al fondo como la versión que escuchamos con ese Cuarteto y el piano de Wosner.

La magia se hizo presente y las cuerdas proponen salidas o alternativas mientras el piano recuerda su propuesta para que las cuerdas lo festejen como en una alegre conversación. Regresan las ilusiones hasta que el primer violín toma la palabra, repite la idea y confirma la historia.


Más tarde el piano insiste y así, todos vuelven a repetir la historia y a veces el cello abraza al piano —una buena terapia del abrazo— y nosotros temblamos sin importarnos más si entendemos o no lo que pasa, dejándonos llevar por la magia absoluta de la música y, en particular, de este quinteto de Dvorak.

jueves, 15 de agosto de 2013

Ser parte de una historia

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 17 de agosto, 2013.

Martha Reynoso de Solís coordinó en el 2011 una reunión de un grupo de psicoanalistas y estudiosos del psicoanálisis. Más adelante, coordinó también la publicación de la versión escrita de esa reunión en un libro que han publicado como la Historia del Psicoanálisis en México: pasado, presente y futuro y que, al verlo, me siento parte de esa historia que pretendo contarles para que, de esa manera pueda también satisfacer uno de los objetivos que se propusieron en esa reunión, es decir, reconocer la contribución que ha hecho el psicoanálisis. Por eso me atrevo, aunque tenga un sentido narcisista, a narrarles este engranaje para conectar esa historia desde la perspectiva del paciente como uno de tantos que se recuesta en el diván como el del consultorio del doctor Freud en Viena, donde desarrolló sus teorías que han cambiado la visión del hombre a partir del siglo XX.

“Entre las aportaciones del encuentro incluidas en este libro —escribió Martha Reynoso— se puede encontrar quienes fueron los primeros lectores del psicoanálisis en México, las primeras traducciones de Freud al español, algunos de los archivos de Freud y el psicoanálisis; los primeros artículos de psicoanálisis publicados en México, así como, las obras artísticas realizadas en las décadas de los veinte a cincuenta inspiradas en las lecturas de Freud.”

Con el libro en la mano leo el artículo de Juan Alberto Litmanovich titulado: “Un monasterio en psicoanálisis”, que me hizo recordar el camino que encontré para finalmente psicoanalizarme en grupo en una terapia que considero ha sido un parteaguas en mi vida.

En 1963 busqué en Guadalajara al doctor Corona —el único psicoanalista freudiano que había en esa ciudad en esa época. Esto era un año antes de casarme y seguro que deseaba encontrar a alguien que me alertara de esa locura. Tenía 22 años de edad. Pero resulta que no me atreví en ese momento y hasta hoy en día me arrepiento no haberlo hecho.

Cuando en 1965 regresé de Alemania a la ciudad de México me enteré del escándalo que hubo con el psicoanálisis con los monjes benedictinos como los describe Litmanovich en ese mismo artículo: “Coordenadas sobre las operaciones psicoanalíticas gestadas en el monasterio benedictino, Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, México (1960-1967)”.

Entonces decidí buscar al doctor Gustavo Quevedo en 1967 que era el que trataba a los benedictinos no por eso, sino porque sabía que sus terapias eran en grupo y por eso estaban al alcance de mi bolsillo. No me importó que la gente pensaba que era el “demonio encarnado” ni que fuera el culpable de sacar a flor de piel la homosexualidad que pululaba en el monasterio. “Como analista era impresionantemente acertado […] muy afectuoso, feliz del éxito que tenía y cuando comenzó a convertirse el monasterio en una celebridad mundial, a mi manera de ver, se disparó Gustavo…” —como cita al doctor Agustín Palacios.

Empecé a ir una vez por semana y terminar hasta que se termine. Diez años después decidí terminar mi psicoanálisis y hoy en día no concibo cómo pudo haber sido mi vida sin esa terapia.

Otro de los asistentes a esa reunión fue el doctor Raúl Páramo otro ‘diablo’ como lo consideraban en Guadalajara que ahora colabora en este libro “El psicoanálisis y sus dialectos. ” En 1982 le había publicado Sentimiento de culpa y prestigio revolucionario.

De esta manera reconozco la contribución del psicoanálisis como un paciente agradecido que sabe que esa terapia fue un parteaguas en su vida.