miércoles, 28 de mayo de 2014

La vanidad, ruina de los poderosos

INFOSEL, jueves 29 de mayo, 2014.

El próximo lunes 2 y martes 3 de junio a las 20:00 horas transmiten Rey Lear (1606) de Shakespeare desde el National London Theater en la versión que dirige Sam Mendes, el director de cine (American Beauty, entre otras) que ha vuelto al teatro después de haber ganado premios en la Academia con esa película ahora para dirigir a Simon Russell Beale en el papel estelar de ese viejo rey cuyos sucesos podemos hacer equivalente a uno de esos CEO’s que conocemos, desde el momento en que deciden dar a conocer “sus más secretos designios y dividir su reino en tres partes en una decisión irrevocable” (equivalente a heredar en vida las acciones de su empresa), pues todo lo que desea el rey Lear es “poder descargar su vejez de todo cuidado y negocio.”

Su actitud, desde ese momento, es resultado de los defectos que se adquieren en la práctica del poder, cuando el hombre se ha encumbrado y dejan de escuchar a sus buenos asesores (como era Kent, a quien corre por insistir que se ha equivocado en sus decisiones en cuanto a Cordelia, su hija menor), y que solo escuchan a los que lo adulan en esa soberbia triunfalista hasta que, provocan y desatan el caos. No es broma y, para eso, veamos cómo es que propone dividir su reino:

“Díganme hijas mías, puesto que ahora nos despojaremos lo mismo del mando que de nuestras posesiones territoriales y preocupaciones de Estado, ¿cuál de ustedes diremos que nos ama más?, para que nuestra generosidad se alargue ahí donde la naturaleza rivaliza con el mérito. Tú, Goneril, primogénita nuestra, habla primero...”

Lo hizo por pura vanidad y por eso, cuando le toca su turno a Cordelia la menor y la más querida, ella, después de haber escuchado lo que dijeron sus hermanas y segura de que siempre ha querido a su padre sin dudar que su amor es recíproco, no tiene nada más que decir y cuando le pregunta el Rey qué tiene que decir, ella dice “nada.” Y como la nada produce nada, el rey va enloqueciendo y la deshereda y exilia para entregar todo a las otras dos que dijeron eran “enemigas de cualquier goce que no fuese el amor a su padre.”

La locura de la senectud y la arrogancia y el engreimiento lo hecha a perder todo y sólo el Bufón se atreve —porque tiene derecho a eso— a decirle que ahora el mundo está al revés y que él debería ser el Rey y Lear, su bufón y nosotros pensamos la falta que les hace a algunos CEO’s que tengan en sus oficinas a uno de estos bufones para ver si así entienden los errores que cometen, antes de quedarse encuerados como el rey Lear para caer por los suelos, derrotarse y finalmente reconocer lo que es gobernar.

Lear expresa su furia antes de tocar fondo esa noche que se quedó sin techo, en medio de una tormenta amenazadora como las que caen en tiempo de aguas y con eso puede desahogar su furia diciendo esto que publico ahora y que es un fragmento de la versión de Rodrigo Johnson cuando puso en escena, con éxito, esta obra en el Teatro Santa Catarina:

“¡Soplen, vientos, bufen! ¡Rompan sus mejillas! ¡Rujan de rabia! ¡Cataratas y huracanes, inunden a borbotones los campanarios y ahoguen los gallos de sus veletas! ¡Relámpagos sulfúreos, raudos como el pensamiento, precursores de los rayos que hienden el roble, carbonicen mi cabeza blanca!  ¡Y tú, trueno que todo lo consumes, aplasta la espesa redondez del Globo! ¡Resquebraja los moldes de la Naturaleza y arrasa con toda la simiente que engendra al hombre ingrato!…”


Vamos a ver que sorpresas nos trae Sam Mendes con Simon Russell Beale como Lear y que tanto promete. Ojalá tenga esa enjundia como la que se necesita a la hora de la hora, amén.