jueves, 29 de mayo de 2014

Inspiración y ritmo en la Suite flamenca

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 31 de mayo, 2014.


Agua va, agua va… y agua viene, escuchamos que cantan en la Suite Flamenca de Antonio Gades (TV Film&Arts). Imagino que los ochocientos años que los árabes dominaron en el sur de España, cuando convivían en paz tres religiones y su gente cantaban esas canciones que parecen alargan la pena con gritos templados se fue gestando lo que ahora conocemos como el cante hondo y el baile flamenco que lo acompaña, donde esos ritmos, estoy seguro que son parte de nuestro ser, tal como lo sentimos cuando veíamos en Sevilla a los jóvenes así nomás, palmeando en los parques floridos por el gusto de contrapuntear sus ritmos imaginando todo eso que esconde el grito que nada dice pero que viene a cuento cuando oímos ay-liri-liri-liri-lirí… liri-liri y las caderas de las bailarinas se mueven con tanta gracia que enseñan pero no muestran, ya sean sus deseos o sus frustraciones o el coraje como el que expresan cuando taconean y cierran los brazos y piernas en un final de escena.

Antonio Gades revela la historia de estos bailes y sus distintas formas de expresión como es por soleá o los tangos, la farruca, las bulerías y las rumbas que son los números que componen esta Suite que cubre la historia de la danza flamenca de una manera sorprendente, en una obra que ha sido catalogada en sus inicios como vanguardista y que ahora es un referente obligado del arte flamenco actual con todo y sus palmas y zapateados, como el que despliegan los bailarines plenos de masculinidad y, ellas, su propia feminidad abundante, sobre todo cuando se levantan la falda para jugar con ella sacudiéndola y sugiriendo lo que desean sugerir y según su humor, atacar o retirarse, rechazar o atraer antes de volver a atacar para aceptar con su cuerpo ligero al otro mientras mueven las caderas a un ritmo voluptuoso y se desarrolla entre los quejido del cantaor y las cuerdas de las guitarras como si así recordáramos la arena del desierto ansiando llegar a casa para estar con la mujer y escuchar desde La Alhambra el fluir del agua y el canto de los pájaros.

Las bailarinas tienen cuerpos sólidos y bailan de punta y talón como si fuera una sola cosa y, al hacerlo, marcan lo que ellas ofrecen o rechazan, simulan o sugieren entre sus deseos y el placer de conseguirlo y hasta parece que piden paz para volver a declarar la guerra.

Todo es armonía entre los veinte bailarines que hacen lo mismo al mismo tiempo. En otros números, ellas recuerdan a los toreros antes de palmear de felicidad e integrarse al grupo, dejando en claro que esta danza es como la sublimada primavera de la vida, cuando los cuerpos se atraen y cantan desde la lejanía con esos cantos que nos dicen algo y no nos dicen nada pero que a veces hablan de la luna o de la bella judía, como en esa petenera que todavía recuerdo desde hace tanto tiempo: ¿dónde vas bella judía, tan compuesta y a deshora? y antes de saber a dónde iba, la vemos cruzar por el escenario moviéndose como sabe hacerlo.

Las palmas en la Suite Flamenca inician la fiesta y así cantan y bailan por bulerías o por tientos y entre la letra y los ritmos nos impele a subirnos al tablado y bailar con esas mujeres por el gusto de quien ha regresado del desierto, ávido de sombra y ganas de estar sólo con ella.






miércoles, 28 de mayo de 2014

La vanidad, ruina de los poderosos

INFOSEL, jueves 29 de mayo, 2014.

El próximo lunes 2 y martes 3 de junio a las 20:00 horas transmiten Rey Lear (1606) de Shakespeare desde el National London Theater en la versión que dirige Sam Mendes, el director de cine (American Beauty, entre otras) que ha vuelto al teatro después de haber ganado premios en la Academia con esa película ahora para dirigir a Simon Russell Beale en el papel estelar de ese viejo rey cuyos sucesos podemos hacer equivalente a uno de esos CEO’s que conocemos, desde el momento en que deciden dar a conocer “sus más secretos designios y dividir su reino en tres partes en una decisión irrevocable” (equivalente a heredar en vida las acciones de su empresa), pues todo lo que desea el rey Lear es “poder descargar su vejez de todo cuidado y negocio.”

Su actitud, desde ese momento, es resultado de los defectos que se adquieren en la práctica del poder, cuando el hombre se ha encumbrado y dejan de escuchar a sus buenos asesores (como era Kent, a quien corre por insistir que se ha equivocado en sus decisiones en cuanto a Cordelia, su hija menor), y que solo escuchan a los que lo adulan en esa soberbia triunfalista hasta que, provocan y desatan el caos. No es broma y, para eso, veamos cómo es que propone dividir su reino:

“Díganme hijas mías, puesto que ahora nos despojaremos lo mismo del mando que de nuestras posesiones territoriales y preocupaciones de Estado, ¿cuál de ustedes diremos que nos ama más?, para que nuestra generosidad se alargue ahí donde la naturaleza rivaliza con el mérito. Tú, Goneril, primogénita nuestra, habla primero...”

Lo hizo por pura vanidad y por eso, cuando le toca su turno a Cordelia la menor y la más querida, ella, después de haber escuchado lo que dijeron sus hermanas y segura de que siempre ha querido a su padre sin dudar que su amor es recíproco, no tiene nada más que decir y cuando le pregunta el Rey qué tiene que decir, ella dice “nada.” Y como la nada produce nada, el rey va enloqueciendo y la deshereda y exilia para entregar todo a las otras dos que dijeron eran “enemigas de cualquier goce que no fuese el amor a su padre.”

La locura de la senectud y la arrogancia y el engreimiento lo hecha a perder todo y sólo el Bufón se atreve —porque tiene derecho a eso— a decirle que ahora el mundo está al revés y que él debería ser el Rey y Lear, su bufón y nosotros pensamos la falta que les hace a algunos CEO’s que tengan en sus oficinas a uno de estos bufones para ver si así entienden los errores que cometen, antes de quedarse encuerados como el rey Lear para caer por los suelos, derrotarse y finalmente reconocer lo que es gobernar.

Lear expresa su furia antes de tocar fondo esa noche que se quedó sin techo, en medio de una tormenta amenazadora como las que caen en tiempo de aguas y con eso puede desahogar su furia diciendo esto que publico ahora y que es un fragmento de la versión de Rodrigo Johnson cuando puso en escena, con éxito, esta obra en el Teatro Santa Catarina:

“¡Soplen, vientos, bufen! ¡Rompan sus mejillas! ¡Rujan de rabia! ¡Cataratas y huracanes, inunden a borbotones los campanarios y ahoguen los gallos de sus veletas! ¡Relámpagos sulfúreos, raudos como el pensamiento, precursores de los rayos que hienden el roble, carbonicen mi cabeza blanca!  ¡Y tú, trueno que todo lo consumes, aplasta la espesa redondez del Globo! ¡Resquebraja los moldes de la Naturaleza y arrasa con toda la simiente que engendra al hombre ingrato!…”


Vamos a ver que sorpresas nos trae Sam Mendes con Simon Russell Beale como Lear y que tanto promete. Ojalá tenga esa enjundia como la que se necesita a la hora de la hora, amén.

jueves, 22 de mayo de 2014

Volver a visitar Chapala

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 24 de mayo, 2014.
Villa Niza diseñada y fotografiada por Guillermo de Alba en 1919.
El pasado fin de semana lo pasamos a la orilla del lago de Chapala —que no es ninguna novedad para los tapatíos, pero sí lo es para los que vivimos en la ciudad de México. Me dio la impresión de haber estado en algún rincón del paraíso en donde los recuerdos se agolpaban uno tras otro, entre los míos, los de mi madre y los de mis abuelos. El mar Chapálico estaba en calma chicha antes de la tormenta —como dicen que lo está después de ella—, mientras buscaba el efecto mirage cuando una parte del agua refleja todas los objetos y se conserva tranquila, mientras que otra está agitada; veía a las garzas que refrescan sus largas patas y a un pescador iluso que se metía hasta la cintura con la tarraya al brazo, listo para sacar con suerte algunos charales antes de la puesta del Sol que esa tarde la perdimos entre la bruma, sin que se declarara la lluvia como la que cae en tiempo de  aguas que hace que retumbe en su centro la tierra.


En un rincón del paraíso, soñando para disfrutar y digerir las cosas en el tiempo desde que andaba descalzo por el pueblo, como quería mi madre para que se me apaciguaran las anginas y no tener que operarlas; o como adolescente, soñando con el amor que creía estaba por ahí, pero que, en ese tiempo, no fue correspondido, sin saber que ese era en realidad el amor platónico que es eterno porque todo queda en los deseos y las posibilidades y nunca se convierte en tragedia; esperamos que saliera la Luna por Tizapán, como dice la canción, recordando a doña Concha Urrea que aceptaba que sus hijos invitaran todo el verano a veinte o más adolescentes entre ellos y ellas y que así nos daba de comer y de beber sin que se notara esfuerzo alguno, durmiendo felices en los catres, escuchando serenatas que le llevaban a Susana o a una de sus amigas y esperando con ansias que amaneciera para volver a ver a nuestros amores con esa flor de jacalosúchil entreverada en el pelo o a la francesa invitada por las Marseille que se llamaba Florence Doré, antes de navegar con ella detrás en un deslizador hasta la isla de los Alacranes y no poder más del cansancio y de la felicidad.

Los recuerdos volátiles se aparecieron en ese espacio claro, honesto, bien hecho, como lo hace la gente que le gusta compartir su jardín y que lo tiene a su cuidado haciendo trasplantes para ver cómo adorna y combina el color de las flores con los frutos, como los aguacates, limones, limas, duraznos o guamúchiles además de colocar a las trepadoras para que hagan su promenade.

Días de calor y de paz que nos permite estar con uno mismo en las encrucijadas de la vida para que podamos decir con Amado Nervo: 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida estamos en paz!

Volver a Chapala es volver al pasado y también al presente mientras vemos al lago tan cerca de mis ojos y también de mi vida. Sí, me acordé de mi madre y su feliz infancia en Chapala, descalza, jugando en la arena y luego, más crecidita, cuando lo encontró cuando «salió de el agua con sus ojos verdes con chispas doradas y chorreando miel», tal como nos contaba su romance con el hombre de Tepa una y otra vez.



Los rostros festivos de Daniel de Laborde

INFOSEL, México D.F., a jueves 22 de mayo, 2014. 
Cuando celebran la toma de la Alhondiga de Granaditas en Malinanco.
Entre otras cosas Daniel de Laborde se ha dedicado con pasión a la fotografía y por eso no ha dado su brazo a torcer desde hace años que empezó a incursionar y ahora acompañado por una de esas musas que comparten con él su aliento para que logre en ese instante del clic, la imagen que vale la pena ya sea porque nos da más de lo que representa o por su composición, su colorido y la expresión del hombre o de la mujer que nos permite ver lo que está detrás de ellos, siempre con una calidad como la que ha desarrollado en este oficio al que Daniel ha convertido a un arte dedicado por gusto con esa humildad que tienen los verdaderos artistas.

Ahora expone en el Metro Coyoacán —hasta el 8 de junio— y lo hace para esos miles de pasajeros que entran y salen de la estación y que, se paso se detienen un momento para ver la exposición y hasta leer las cédulas en un ambiente lúdico donde, de pronto, resalta la calidad y por qué no, el sentido del humor que lo caracteriza como lo podemos comprobar en esta foto que ha utilizado para enviar sus invitaciones en una de esas fiestas o el simulacro de ellas en puestas en escena popular de algunos momentos históricos como fue la toma de la Alhondiga de Granaditas que se representan cada año en Malinalco o las procesiones de Semana Santa o la llamada Artillería pesada o los típicos danzantes de San Miguel de Arcángel.

La calidad en indiscutible y aunque no presume, nosotros lo hacemos por él porque apreciamos su trabajo desde hace tiempo en una labor constante hecha con ganas y cuidado como si se tratara de una de esas operaciones que está acostumbrado a realizar. Desde que recuerdo le interesan los retratos, como esos que vi en un álbum publicado hace tiempo con varios retratos de primera, hechos en blanco y negro como si no quisiera la cosa.

Ahora expone en los muros de esta estación una nueva serie en donde lo van a conocer miles de personas que suben o bajan de esa estación sureña y que, estoy seguro, les pasará como a nosotros, que no podemos menos que esbozar una sonrisa y disfrutar ese momento cuando captó con transparencia de propósitos, el buen gusto y el sentido de esas fiestas.

Sí, así se dice esto que es un paso o engranaje en este arte: «exponer», es decir, «presentar algo para que sea visto, para ponerlo de manifiesto o arriesgar, aventurar, poner algo en contingencia de perderse o dañarse», como bien dice el diccionarios de la lengua española y que muy bien lo sabe Daniel ahora que expone su obra y sabe que se arriesga a presentar lo que ha hecho para que seamos los otros los que gocemos al alcanzar a ver lo que está detrás esas fiestas mexicanas, con las que compartimos su alegría de vivir, y esos disfraces que usan para ser otros, aunque sea un momento.

«El uso frecuente de la pirotecnia, con su tronido ensordecedor, es un llamado: despierta el recuerdo y la memoria, atrae, buscando el pasado para abrir una brecha en el tiempo. México es sinónimo de fiestas, como las fiestas lo son de dedicación y entrega, de creación y de vida», dice Daniel de Laborde explicando lo que ha buscado en sus viajes con esa curiosidad que bien vale la pena que nunca se agote en todas y cada una de estas representaciones de la historia viva para volver a hacerla presente.