jueves, 26 de junio de 2014

No todo brillaba en la Edad de oro

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 28 de junio, 2014.— 
Coronación de Carlos V en Bolonia.
El título en el original de Hugh Thomas es The Golden Age. The Spanish Empire of Carlos V sus traductores, Carmen Martínez y Jesús Cuéllar o los editores de Crítica o Planeta decidieron llamarle El Imperio Español de Carlos V y la conquista de América dándole más relevancia a la conquista que al inicio de esa Edad llamada de oro desde su inicio con el reinado de Carlos V (1500-1558) seguido por su apogeo en la época de Cervantes y durante los reinados de Felipe II (1527-1598) y Felipe III (1568-1621) hasta que entró en decadencia con Felipe IV (1605-1665).

Así le llamaron a esta época cuando los españoles se aventuraron para explotar las minas de oro en la Nueva España, al tiempo que se desarrollaron las letras y se afianzaba el poder de un Carlos I de España o Carlos V, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. De todas formas Hugh Thomas nos muestra que no todo en esa edad de oro brillaba y tal vez hablaban de oro para esconder la corrupción, la brutalidad, el comercio de esclavos, las matazones de indios y la Santa Inquisición, junto con toda clase de artimañas de esos miles de españoles que cada año emigraron a la Nueva España para aprovechar las aguas turbias y obtener sus ganancias a como diera lugar.

La visión y el detalle que nos ofrece Hugh Thomas en este libro nos puede hacer pensar en su labor titánica de documentación y la narración de tantas peripecias a los ancho y lo largo de este Continente después de la conquista de Hernán Cortés (1485-1547) en 1521, hasta el ocaso del Carlos V en 1558. Con ese texto pudimos entender e imaginar la vida cortesana al filo de la navaja que sabíamos dependía del fruncido del ceño del Rey que, a su vez, se consumía por el veneno de la adulación mientras que veían de qué manera enriquecerse más y hacer un mayor uso de su poder llamándole a su señor, “el rey de todo el mundo” —como la canción— tal como se consideraba el territorio conquistado desde  la Gran Tenochtitlán rumbo a Centroamérica y el Perú más allá de lo que hombre alguno podría imaginarse podía gobernar.

Van surgiendo nombres conocidos, uno tras otro, entrelazados por matrimonios o por la astucia o por esas sociedades para comerciar esclavos que iban y venían de las islas del Caribe al Continente.

También nos enteramos, brevemente, de los finales trágicos de varios de los conquistadores que se jugaron el todo por el todo en estas nuevas tierras pero que acabaron encerrados en unas celdas apestosas, acusados por la envidia de aquellos que se quedaron en España y que nunca conocieron las glorias y la riqueza del Nuevo Mundo.

A finales del siglo XVI nació Ruiz de Alarcón (1580-1639) en la Nueva España para luego trabajar y  escribir sus obras de teatro. Era un hombre de estas tierras y por eso, entre otras cosas, sus personajes eran de este mundo y expresaban un claro sentimiento por la dignidad humana y un amor viril por la sinceridad y la razón —como lo expresa Alfonso Reyes en la Introducción de sus obras completas (FCE)—, sin duda el haber crecido aquí tuvo un sello inconfundible que ahora entiende uno más con la obra de Hugh Thomas que nos remitió a esa edad en donde no todo lo que brillaba era de oro.


Empieza la fiesta y la temporada de lluvias

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 26 de junio, 2014.— 

Las alegres comadres de Windsor
La fiesta empieza como deben empezar las que son inolvidables: animada, llena de luz y de humor. Entonces la vida nos sonríe como le sonrió a Carl Otto Nicolai (1801-1849) en el siglo XIX porque bien lo trasmite en la Obertura a las alegres comadres de Windsor que compuso y que es la pieza con la que empieza su fiesta la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) el próximo viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de julio en la Sala Nezahualcóyotl bajo la elegante batuta de Carlos Miguel Prieto y la dirección artística de Sergio Vela.

Con esta pieza la OSM celebra los 450 años del nacimiento de Shakespeare autor de la comedia Las alegres comadres de Windsor (1597) que dicen compuso en catorce días, gracias al deseo de la reina Isabel I de Inglaterra después de haber conocido al verdadero Sir John Falstaff en las dos partes de Enrique IV (1596) y que ahora se ha convertido en una caricatura de aquel que decía ser el padre putativo de Hal cuando era príncipe de Gales antes de que lo exilara como lo había anunciado en la Taberna de la Cabeza de Jabalí para morir de tristeza (como nos enteramos en Enrique V de 1599).

Pero la Obertura de esta comedia no tiene nada que ver con esto y después de una introducción formal que imaginamos como un amanecer después de todo lo que le ha sucedido a Sir John que engreído estaba seguro de conquistar a dos comadrees vecinas de la provincia de Windsor a quienes les manda la misma carta con las mismas florituras y deseos, sin saber que ellas se iban a enterar y a ponerse de acuerdo y, no sabemos si por orgullo o por desprecio, planear su venganza contra este caballero que se cree un galán y por eso simulan aceptar sus lances amorosos antes de salvar su vida de milagro metido en una canasta de ropa sucia que es lanzada desde la ventana de la casa de la comadre Ford directo al Támesis helado y profundo.

«He sufrido las agonías de tres distintas muertes —nos explica Sir John—: primero, un intolerable miedo a ser descubierto por ese cabrón podrido de celos; en segundo lugar, el inconveniente de verme doblado como una espada de Bilbao con el puño junto a la punta, es decir, la cabeza con los talones. En tercer lugar, el suplicio de la asfixia, puesto que estaba encerrado en un aparato de destilación entre harapos sucios que se fermentaban en su grasa. ¿Se puede imaginar la posición de un hombre de mi especie que, con el calor me derrito como una bola de manteca y tengo el cuerpo en disolución perpetua, en deshielo permanente? Milagro ha sido que no me ahogara…»

Pero la Obertura no tarda en dar un giro y declararse festiva, como la vida que provocaba este hombre a su alrededor, este tramposo pero encantador caballero venido a menos, ya de edad mayor pero que no pierde el ánimo a pesar de estar en la chilla. Se trata de una comedia y tiene su final feliz mientras escuchamos los valses que tanto nos alegran y recuerdan esos salones llenos de luz y los deseos rebotando entre los espejos.

En menos de nueve minutos Nicolai y la OSM nos transmiten la alegría por la vida de este juego que, como se pregunta una de las comadres: «¿qué tempestad ha arrojado a las playas de Windsor a esta ballena cuya barriga contiene tantos barriles de aceite? ¿Cómo vengarme de él?... Lo mejor sería engañarle y darle esperanzas, hasta que los culpables ardores de la concupiscencia se derritan en su grasa. ¿Se vio alguna vez cosa semejante?»

No, en realidad no habíamos visto cosa semejante y el compositor en esta Obertura lo interpreta tan bien que nos pone a tono para este tiempo de aguas y para entender en esta comedia la importancia que tiene tomar las cosas graves con sentido del humor: la salvación de tantas y tantas posibles disputas.


jueves, 19 de junio de 2014

La montaña rusa de las aflicciones

EL INFORMADOR, Tertulia del sábado 14 de junio, 2014.—
La agonía en la cocina de Jessica Todd Harper (2012).
¿Dónde o cómo podemos encontrar un espejo para ver reflejado eso que estamos sintiendo y que es tan difícil de explicar, aunque a veces nos ahogue y pensemos que no tiene salida? Considerado como un todo —dice Alain de Botton—, vivimos un misterioso ciclo de penas y aflicciones (como si fuéramos por la montaña Rusa) que, con el tiempo, se convierte en un catálogo de pesares, como es el papel que juega en nuestra vida el sufrimiento.

Buscamos nuevas perspectivas que nos permitan fortalecer la capacidad de entender el dolor para que así lo podamos colocar en el lugar que se merece, al tiempo que deseamos compartir eso que no sabemos explicar.

Por eso, cuando sabemos que otros lo han sentido y lo pueden expresar como pocos pueden hacerlo, entonces, podemos reflexionar, compartir esos sentimientos y tener un punto de apoyo para remover el estigma del dolor para que salga por la misma puerta por donde entra la angustia.

Cada quien se conecta a su manera y unos buscamos en la literatura, otros, en la pintura o en los espacios arquitectónicos o en el paisaje o en la música o la danza o en las obras de teatro, para ver si a través de ellas podemos desahogar esta angustia haciendo un esfuerzo que es finalmente puede ser muy gratificante y nos pueda ayudar a encontrarle sentido a las cosas y un mejor equilibrio de nuestras emociones.

Ya lo había dicho Vargas Llosa: «la literatura, la música o una exposición pueden enriquecer la vida, intensificándola y sensibilizándola de manera profunda, transportando a los lectores, oyentes o espectadores a unos niveles de percepción y comprensión del mundo, de las relaciones humanas, de los sentimientos que, además de hacerlos gozar, los vuelve más lúcidos respecto a las insuficiencias e imperfecciones de las que están rodeados.»

Esos pesares que enfrentamos en la vida —dice Alain de Botton en Art as Therapy— nos pueden angustiar ya sea porque somos incapaces de encontrar el amor o cuando nos entra el pánico por falta de dinero o nos damos cuenta nuestras relaciones familiares son infelices o porque el trabajo es frustrante o cuando enfrentamos con incertidumbre la adolescencia, más la maldita culpa y los remordimientos a la mitad de la vida o la angustia que sentimos frente a la muerte o al darnos cuenta que esas ambiciones que teníamos de jóvenes no las vamos a alcanzar.

Este es un catálogo que se suma al fracaso de esas relaciones que de pronto se tensan y se rompen por alguna razón: por intransigencia o por falta de tolerancia de aceptar que cada quien sea como es y no como queremos que sea.

Si en una época el arte les servía a las autoridades para convencer a la gente de sus principios ahora, el reto consiste en buscar o promover la creación de obras que nos puedan servir para enfrentar y resolver esas necesidades psicológicas y que sean tan efectivas como en otras épocas fueron para los temas teológicos o la comunicación de la ideología del Estado.

Por eso hay que empezar a ver las obras de arte desde una nueva perspectiva y que sea a través de ellas que veamos reflejados nuestros sentimientos de tal manera que los integremos a nuestra visión y que lo oculto salga a la luz y se acomode en el lugar que les corresponde, asimilando y digiriendo nuestras penas de esta manera.



miércoles, 18 de junio de 2014

Versiones como fuente de inspiración

INFOSEL, Crónica cultural del jueves 19 de junio de 2014.

«El punto de partida fueron poemas escritos en otras lenguas; el de llegada, la tentativa de escribir, con ellos, poemas en la mía», y eso fue lo que hizo Octavio Paz durante su vida trabajando de «manera dispersa, pero continua… resultado de la pasión y de la casualidad», una pasión con la que tradujo a Pessoa y la casualidad para traducir a los suecos.

Si no es con traducciones, sería imposible disfrutar de la poesía de Chuang-tse y de otros chinos como Wang Wei o de los haikus japoneses. Por eso, el trabajo que hizo Paz como traduttore-traditore es notable, como notable la reedición de su libro Versiones y diversiones (Galaxia Gutenberg. Barcelona, España, 2014) con una puesta al día para disfrutar de las versiones que hizo Octavio Paz.

«Traducción y creación son operaciones gemelas. Por una parte… la traducción es indistinguible de la creación; por la otra, hay un incesante reflujo entre las dos, una continua y mutua fecundación» —dice Paz— y, por eso, el gusto de ver esta nueva edición en las librerías y de poder compartir con ustedes una de estas diversiones para confirmar que efectivamente «casi siempre (lo hizo como) una diversión o, más bien, como una recreación.»

Por ejemplo, esto es lo que logra con un poema de John Donne (1572-1631), ese inglés del XVII que fue el más importante de los poetas metafísicos. Un hombre con una vida aventurera y arriesgada que se casa en secreto con Anne More (la hija de su patrón, Sir Thomas Egerton, destacado miembro de la corte) en 1601 antes de que su suegro lo metiera a la cárcel y que tiempo después de que salió se reconciliaron. Para 1621 es nombrado deán (decano) de la Catedral de San Pablo en el corazón de Londres y su poesía erótica da un giro y se convierte en sermones dominicales.

Escribió este poema: To His Mistess Going to Bed que es uno de los que Paz tradujo y publicó como: Elegía: antes de acostarse (pp. 84). Pocas veces he leído algo tan cercano al verdadero erotismo y a la segunda etapa o assai del amor cortés. Lo que sucede en este poema es que la voz del poeta le pide a su Mistress que se desnude y se meta con él en la cama. Estos son dos fragmentos de lo que hizo Octavio Paz:

Caiga tu pelo, tu diadema,
descálzate y camina sin miedo hasta la cama.
... 
Deja correr mis manos vagabundas
atrás, arriba, enfrente, abajo y entre
mi América encontrada: Terranova,
reino sólo por mí poblado,
mi venero precioso, mi dominio.

Y finalmente, le dice:
Quiero saber quién eres tú: desvístete,
sé natural como al nacer,
más allá de la pena y la inocencia
deja caer esa camisa blanca, 
mírame, ven, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que yo, desnudo?

Esta es la versión con la que Paz logra transmitir la esencia de lo que John Donne escribió cuando decía en el original: 
Licence my roving hands, 
and let them go before, behind, between, above, below… 

Deja correr mis manos vagabundas… Versiones y diversiones es mucho más que esto, es una fuente de inspiración donde volvemos a entender, tal como lo explicó Paz en La doble llama, que la sexualidad es la raíz, el erotismo el tallo y el amor la flor y cuando se logra vivir todo esto, la vida real tiene sentido y la poesía justifica su razón de ser para que la llama alcance esa altura que es, francamente, celestial.