jueves, 28 de agosto de 2014

Puebla de los ángeles al pie de los volcanes

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 30 de agosto, 2014.— 
La ciudad de Puebla y los volcanes al alcance de la mano.
La emoción iba a la par con la expectativa del paisaje rumbo a Puebla de los Ángeles. Poco antes de llegar a Río Frío, entre un paisaje boscoso, apareció por el Sur entre un cielo azul, las sienes nevadas de lo que es la cabeza de Iztaccíhuatl, la mujer dormida e inactiva que bien puedo ser una diosa que ahora estaba rodeada por unos velos con los que cubría sus vergüenzas recostada en su propia montaña y a cierta distancia del viejo volcán que fumaba ese día en son de paz, también rodeado de otras nubes que jugaban alrededor de la poca nieve que lo cubre para que mantenga así su buen humor y el peligro se contenga hasta que un fatídico día no pueda más y escupa lava de fuego por todos lados.

Llegamos al corazón de Puebla —hacía tiempo no la visitaba— para descubrir otra ciudad, una en donde dicen que habitan “cinco millones” de personas (en realidad son poco más de tres) y que de todas maneras ya cuentan ubicados en unos magníficos desarrollos en la periferia como es la Hacienda de La Noria con sus centros comerciales, choperías y casinos, rodeados de edificios de departamentos con más de veinte pisos sobre el nivel de la calle.

Pero el corazón de la Puebla colonial se mantiene de manera ejemplar. De qué manera disfrutamos caminar por el Centro como si estuviéramos en el siglo XVIII, con todas sus calles más que limpias, refulgentes, en donde han respetado todas las fachadas que además, están perfectamente bien cuidadas con sus patios y fuentes que borbotean como la de la Librería Profética de José Luis Escalera, un caserón que ha restaurado y convertido en un centro cultural de primera con su liberaría y una biblioteca de primera abierta al público.

Al amanecer —después de una tromba que cayó la noche anterior—, estaba todo despejado: un cielo azul transparente y, al poniente las dos majestuosas montañas tan cerca que casi las podíamos tocar desnudas, con sus copetes blancos, y la fumarola del viejo Popocatépetl sobre un fondo azul pálido con tres guiñapos de nubes pasajeras merodeando por las alturas, antes de convertirse en en girones de velos transparentes.

Puebla ha logrado mantener su historia y sus valores —que ganas de que así hubieran respetado a la ciudad de Guadalajara—, como es notable la limpieza de toda la ciudad en general. En la periferia los desarrollos urbanos verticales del primer mundo para los millones de las nuevas generaciones que viven con toda clase de necesidades con varios servicios urbanos como el Metrobús o sus necesidades culturales como se llevan a cabo en el Complejo de las Artes o, su actividad deportiva con los Pericos en el beisbol.

En Puebla han resuelto la lucha entre lo antiguo y lo moderno y han mantenido su identidad: la modernidad en la periferia y el resto tal como estaba. Punto. Cada cosa en su lugar aunque los desarrollos están hechos con la frivolidad de estas generaciones donde el tiempo que les queda libre lo ocupan paseando por los centros comerciales.

Puebla tiene un buen nivel económico: 50 años de la VW, una industria ejemplar; varias universidades y un observatorio astronómico importante. Estas nuevas generaciones son los que atienden una agenda cultural que coexiste con la vida metropolitana y sus satisfactores. Todo parece que en Puebla conviven esos dos aspectos, como convive su Centro colonial y una periferia moderna sin conflicto alguno.



miércoles, 27 de agosto de 2014

De lo antiguo a lo moderno de Henry Moore

INFOSEL, Crónica cultural para el jueves 28 de agosto, 2014.— 

Catalina Corcuera en Kew Garden en una escultura de Henry Moore, 2008.
La «figura reclinada» fue un tema obsesivo con el que trabajó Henry Moore desde que descubrió al Chac Mool en el British Museum. A partir de esa escultura pudo recrear esa presencia humana que ve pasar el tiempo desde una misma e incómoda posición con las que Moore pudo mostrar la psicología con una «mayor franqueza e intensidad» y nosotros, años después, la seguimos admirando de diferente manera sus obras obsesivas y la tensión que se necesita para mantenerse en esa posición mientras vemos cómo pasa la vida.

Estas variaciones sobre este tema nos siguen diciendo algo al oído: ¿será que nos aterra vernos tensos observando lo que sucede a lo lejos, viendo llegar la tormenta, sin poder levantarse y entrar en acción?, tal como nos imaginamos al Chac Mool que está en el altar de Chichén Iztá en espera de que le coloquen a las víctimas para ser sacrificadas, pasivo e incómodo, viendo mejor para el horizonte o el más allá, con una mirada fija con la que podía ver cuando se desata la serpiente de luz que baja por los extremos de la pirámide de Chichén en el solsticio de primavera.

La semana pasada llegaron a la explanada del Palacio de Bellas Artes del Museo de Arte de San Diego varias escultura de Henry Moore, entre ellas, Reclining Figure: Arch Leg (1969), hecha de mármol blanco que ha sido instalada como parte de la exposición conmemorativa En esto ver aquello, con la que celebra el INBA el centenario del nacimiento de Octavio Paz (1914-1998) y con esta escultura, otras tres piezas: Three-Way Piece No. 2: Archer (Working Model) (1964), Working Model for two piece reclining figure: cut (1978-1979) y Large Slow Form (1962).

El Chac Mool representa a esa figura humana inclinada hacia atrás, sin tener dónde recargarse, en una posición incómoda, tensa, como la de los vigilantes que mantienen una mirada fija, las piernas encogidas y la cabeza vuelta a noventa grados, que, además sostienen en su vientre un recipiente. El que la descubrió en el siglo XIX fue Auguste Le Plongeon (1825-1908) un fotógrafo, anticuario y arqueólogo amateur que excavó Chichén Itzá y la encontró enterrada en medio de las ruinas. Más adelante encontraron otras parecidas al estilo azteca: una en Tula, Hidalgo y otras en la ciudad de México, frente al adoratorio del Tláloc en el Templo Mayor.

El Chac Mool de Chichén Itzá puede interpretarse de varias maneras: en la que está en el altar podían haber colocado las ofrendas a los dioses, sus alimentos o corazones o,  a lo mejor, era en sí misma la piedra de sacrificio donde colocaban a la víctima o, mejor todavía, era un dios o un guerrero —pues está armado y tiene el pectoral de mariposa y un navajón atado al brazo o, a lo mejor, es un asistente de Tláloc, el dios de la lluvia, como lo explica Alfredo López Austin y Leonardo López Luján en Los mexicanos y el Chac Mool en un número de la revista Arqueología mexicana del 2001.

Octavio Paz decía que «en la escultura de Henry Moore podemos ver nosotros, hombres del siglo XX, una representación antigua de la tierra como presencia femenina», y en otra parte explica cómo es que el arte de Henry Moore «es, a un tiempo, tan antiguo que se confunde con el arte del neolítico y es moderno, puesto que sus raíces están en el cubismo, en el surrealismo y en el arte abstracto.»

Y nosotros, en estos días de lluvia, podemos pasear alrededor de esta figura en la explanada del Palacio de Bellas Artes dándole de vueltas a esto que nos sugiere una obra como la de este artista del siglo XX. Habría que fijarnos bien en todo lo que pasa alrededor o a la distancia, como si fuéramos esos dioses inamovibles en espera de la tormenta.



viernes, 22 de agosto de 2014

Muladar urbano

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 23 de agosto, 2014.— 
Ecatepec, Edo. de México
Cuando sale uno desde el Sur de la ciudad de México por la terminal de Tasqueña para ir al Bajío, no nos queda otra que soplarnos ese paisaje urbano que tanto nos duele y del que hay que estar fuerte para no deprimirse después de ver cuadras y cuadras con casas de ladrillo gris que siempre tienen en construcción algo a medias y que, más bien, parece un muladar.

Cuesta trabajo entender cómo y por qué viven así miles o millones de personas sin que puedan dedicarle un poco de tiempo con sus habilidades para mejorar su hábitat (a lo mejor porque están agotados), pero todo parece que no les importa vivir en un chiquero, descuidado, sucio, con azoteas llenas de charcos y abarrotado de cosas inútiles: llantas, bacinicas, un triciclo oxidado, baldes y bolsas de plástico con más porquerías.

Y uno piensa en lo básico, eso que no tiene que ver con el dinero sino de una actitud frente a la vida como la que debieron inculcarles sus padres. No puedo menos que contrastar este viaje con aquel otro que hicimos por España en los 70’s —cuando era “más barato ir que no ir”, como decía un amigo yucateco— y recorrimos el Sur asombrados de esos pueblos de campesinos con sus casitas encaladas (por las señoras), relucientes y limpias, algunas con geranios en la ventana donde uno se imaginaba a sus habitantes como unas personas dignas, flacos y enjutos, tal vez y pobres, sí, pero que vivían y dormían como grandes señores en una casa limpia por dentro y por fuera.

¿Qué nos pasa en México? ¿Esperan que “alguien” venga y les arregle su cochinero? ¿Qué sea Salubridad la que los multe y forcé a limpiar sus casas? ¿Cómo pueden vivir en medio de ese mugrero? No vi ratas pero no lo dudo que husmeaban entre esa miseria.

Me sentí como Dante cruzando el Purgatorio cuando cruzamos Ecatepec ubicado en el centro industrial más importante del país, sin poder creer lo que veía: miles de casas de “desinterés social”, cajones a medio construir que cuando seguro consiguieron el crédito, antes de aplicarlo… se lo bebieron o pagaron lo que debían o vaya usted a saber qué, pero todas están a medias con sus varillas y castillos al aire, oxidándose, hasta que en la otra vida (o sexenio) traten de nuevo para concluir ese cuarto si es que las varillas sirven aunque las hayan tapado con el casco de un refresco para protegerlas del agua.

Es un tema que tiene que ver con esa otra EDUCACIÓN (así con mayúsculas) como esa que recibimos directa de nuestros padres o de una sociedad como sucede en otras partes de este mundo, excepto en México, en donde parece que no nos importa vivir en un muladar en donde se mete el agua de la lluvia, poco ventilado, en donde viven hacinados, sin que puedan descansar, sino más bien vivir angustiados entre las goteras y unos trapos en las ventanas sin que nadie se preocupe por arreglar su vivienda, mucho menos, limpiarla para hacer de ese espacio algo más amable.

Ojalá las nuevas generaciones aprendan a limpiar su casa, encalen las fachadas y tiren las miserias que los rodean para que podamos imaginar que hay esperanza de un círculo virtuoso en donde vivir en un muladar no sea parte de nuestro Destino.

Cuando, de pronto, se abre el paisaje campestre y vemos el «verde que te quiero verde» por la lluvia del verano, respiramos hondo y sabemos que esta vida puede tener otro sentido.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Una producción sorprendente de Don Giovanni

INFOSEL. Crónica cultural del jueves 21 de agosto, 2014.—

Doña Elvira y Don Giovanni en la versión de la Royal Opera House.
Digo que es sorprendente tanto la dirección de Kasper Holten como todo lo demás: el reparto con Mariusz Kwiecien como Don Giovanni; Alex Exposito como Leporello y un bajo como el Invitado de piedra extraordinario; las mujeres que lo rodean, Doña Anna (Malin Bystöm) y Doña Elvira (Veronique Gens), bellas y con grandes voces; ni hablar del escenario diseñado por Es Devlin veramente sensacionalle, pues nos ofrece el estado de ánimo de la obra en cada momento; el vestuario fantástico de Anja Vang Kragh no podía ser mejor y, todo esto, con la música de Mozart, el libreto de Da Ponte y la orquesta de la Royal Opera House dirigida por Nicola Luisotti. No puede uno más que decir más que bien valió la pena y dar gracias que en México podemos ver estas producciones a través de las pantallas de algunas salas de Cinemex que han contratado estas transmisiones desde Londres.

A toda acción corresponde una reacción igual y en sentido contrario, dice una de las leyes de la física que, sin duda, inconscientemente aplicamos en la vida, sobre todo por ese complejo judeo-cristiano que nos han inculcado cuando nos divertimos —fuera de las reglas—, esperamos la reacción con un castigo parecido, pero en sentido contrario.

Esto es lo podemos comprobar en Don Giovanni en donde parece que tarde o temprano las deudas que paga, como proponía Antonio de Zamora que sabía que No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague o El convidado de piedra que luego Mozart y su libretista Lorenzo da Ponte (un libertino veneciano), lo convierten en un drama jocoso, en una acción cómica y seria a la vez, compuesta en dos actos con algunos elementos sobrenaturales.

La ópera se estrenó en Praga en 1787 (dos años antes de que muriera Mozart) y está considerada como una de las mejores óperas compuestas en la historia de la ópera, pues además de esos momentos que cautivan musical y emocionalmente, siempre está presente la acción y la reacción, como la maldita dualidad que viven las dos mujeres entre la emoción y el gusto de ser seducida y la angustia o la furia de ser abandonada o la liberalidad y los valores morales.

Don Giovanni se mete en problemas desde el principio pues después de haber seducido a doña Ana, la hija de don Pedro, el Comendador y prometida de don Octavio, trata de escapar y los gritos de doña Ana —que no sabemos bien si son por cubrir las apariencias o por coraje—, hacen que se despierte don Pedro quien, enfrenta al galán y el seductor lo hiere de muerte. Por otro lado, la desesperación de doña Anna es total mientras que Leporello el sirviente de Don Giovanni se queja de estar hasta el gorro de cubrir las aventuras de su patrón y, al mismo tiempo, las disfruta y le encantan. Una vez más la dualidad.

Más claro no puede ser: se van sumando las culpas por haber engañado a 2,065 conquistas que ha hecho en su vida como nos enteramos que ha logrado ese récord que Leporello actualiza todos los días con las conquistas de su patrón:

Señorita —le dice Leporello a doña Elvira, una de las seducidas y abandonadas—, este es el catálogo de las bellas mujeres que ha amado mi patrón; es un catálogo que yo mismo hice. Ponga atención y lea conmigo… en Italia, seiscientas cuarenta; en Alemania, doscientas treinta y una; cien en Francia; en Turquía, noventa y una; ¡ah!, pero en España, ya son mil tres… Entre estas hay campesinas, camareras, ciudadanas, condesas, baronesas, marquesas, princesas… hay mujeres de toda condición, forma y edad, como lo canta en una plaza de Sevilla.

Don Giovanni engaña a medio mundo y medio mundo se deja engañar por este hombre obsesivo que está dispuesto a todo con tal de aumentar la lista de su catálogo. Es un enfermo, es un obsesivo compulsivo sexual. Por eso, en un momento dado, iniciando su decadencia, se encuentra la escultura de piedra del Comendador —como uno de los elementos sobrenaturales de esta ópera—, en la tumba y lo reta para que venga a cenar en un desplante de valor.

El convidado de piedra llega a su casa musicalmente contundente: su llegada anuncia el pago completo del saldo de su deuda. Ahora es el invitado le pide lo siga y le de la mano para hundirse no en los infiernos, sino que en esta versión, a quedarse sólo e impotente. Había llegado el plazo, como si fuese esa verdad no escrita que intenta recuperar los valores morales, castigando la liberalidad de nuestro actos.

Hoy jueves es la última función en algunas salas de Cinemex (20:00). Ojalá se animen (4 horas) porque bien vale la pena verla, pues han logrado algo que nunca antes lo había visto tan claro: el aspecto humano de todos los personajes.



jueves, 14 de agosto de 2014

Una charla entre amigos

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 16 de agosto, 2014.

La cita fue en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México el miércoles 6 de agosto a las 19:00 horas cuando, invitado por el CONACULTA y el INBA el arquitecto Andrés Casillas de Alba ofreció una Charla entre amigos que prometía ser todo un evento porque es raro tener la oportunidad de escucharlo hablando y describiendo, como lo hizo esa noche de una manera sencilla, informal, anecdótica y con ese sentido del humor como el que tiene cuando explica alguna de las soluciones que encontró en cierta obra, algunas de ellas construidas en la ciudad de Guadalajara durante los 70’s cuando vivió en esa ciudad.

La teoría arquitectónica no le interesa tanto como la práctica de la arquitectura y, más que eso, el de poder habitarla y vivirla. Por eso, decidió mostrar las fotos de algunas de sus obras y describirlas narrando el cómo y el por qué la diseñó de esa manera.

Empezó con la casa-estudio del pintor Pedro Coronel cuando Inés Amor lo invitó para que lo hiciera con toda libertad mientras que Pedro estaba en Roma. Cuando la había terminado invitó a Luis Barragán para que la viera y cuenta cómo el arquitectos se puso a caminar en el patio de la entrada de un lado para el otro hasta que de pronto le dijo: “me hace falta algo aquí…” y con eso tuvo Andrés para cambiar la ubicación de la escalera de entrada para que la fachada se convirtiera en una obra de arte.

Durante la charla hizo un recorrido de sus obras en el tiempo. Como su hermano menor, conocía varias de ellas desde que las estaba proyectando, admirando desde entonces el respeto que tiene por la Naturaleza y por el contexto, como lo comprobamos con las casas y el Club de la Peña que hizo en Valle de Bravo en donde se incorpora al sello de ese pueblo que tenía sus casitas de teja, columnas de madera y fachadas encaladas y, respetando eso, logra que sus casas sean una muestra de una arquitectura moderna con soluciones que perduran más de cuarenta años de haber sido construidas.

Mientras lo escuchábamos, confirmamos lo que escribió Juan Palomar en el libro que publicó la Secretaría de Cultura de Jalisco (2006) en donde se pregunta: «¿Qué queda después de recorrer la obra de Andrés Casillas? El reflejo de las ramas de un Amate sobre la tensa superficie de un estanque oscuro, una estancia de vasta y, extrañamente, íntimas proporciones que parece aguardar la precisa hora del tequila y los amigos; ciertas fachadas que se recortan contra el cielo y que parecen decir algo que hemos olvidado.»

Entre las casas que presentó está la que habito en Tlalpan hace 25 años con ese impulso a vivirla y a estar en la sala de doble altura, antes de pasar al comedor-biblioteca de altura simple dando al Sur y la fronda de una Jacaranda cubriendo el patio que tiene una azalea majestuosa y una fuente donde llegan los pájaros impúdicos a refrescarse. Aquí, el Tiempo se convierte en espacio.

Nos reímos con Andrés cuando dice que aquellos que atrevan a subir las escaleras para los tinacos y sus torres lo hagan «una vez que hayan comprado un seguro de vida…» Y así, terminó la charla para ver cómo es que ha coronado esas torres que son «una metáfora de lo terreno y lo aéreo, de lo que pasa y va quedando», como escribió Palomar.