sábado, 27 de junio de 2015

Las ingeniosas paradojas de Diderot

El Informador, a sábado 27 de junio, 2015. 


Diderot se desnuda para modelar a la guapa Madame Therbouche una vez que lo ha convencido para que lo haga sin que le importe interrumpir su artículo sobre la Moral, el único que faltaba para publicar uno de los tomos de la Encyclopedie, demostrándonos el movimiento andando, es decir, cómo es que nos vamos divertir con esas paradojas en donde el libertino es al mismo tiempo una autoridad en lo que carece.

Otto Minera estrenó en el Teatro Helénico de la ciudad de México El libertino (Una comedia sin pudor) de Eric-Emmanuel Schmitt basada en la vida de Denis Diderot (1713-1784) el escritor, filósofo y libertino que apoyaba los derechos de la mujer y la abolición de la esclavitud y dirigía, junto con D’Alambert, la famosa Encyclopedie o el diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios (1751-1772) redactada por Voltaire, Rousseau, Turgot, Montesquieu y otros pensadores del Siglo llamado de la Ilustración, un parteaguas en la historia del hombre.

El humor de la obra se basa en esa retórica ingeniosa de la que hace uso Diderot para sustentar sus deseos —es decir, lo contrario a la lógica—, tal como vemos que las desarrollo en La paradoja del comediante, en donde proponía que los actores deberían tener un buen número de cualidades que la naturaleza reúne pocas veces en una misma persona, pues se considera que es un oficio contra natura, tal como sugería Hamlet cuando decía que al mismo tiempo eran horribles y admirables, es decir, Monstrous.

Cuando asistí al estreno, estaba leyendo los Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara, 2015), en donde dos miembros de la Real Academia Española (RAE) viajan a Paris en 1780 para comprar los veintiocho tomos de la primera edición de la Encyclopedie, la obra prohibida en donde Pérez-Reverte nos dice que hoy, en París, toda señora que se precie debe tener en su corte al menos a un libertino y a un geómetra, como antes tenían pajes, (pp. 309). Gracias a esa coincidencia disfruté más de la puesta en escena al acercarme y poder ver una de las facetas de Diderot —a quien le falta más presencia como ‘filósofo y hombre culto’ que compensara esa otra faceta de un padrote bien peinado—, pues como dice Madame Dancenis: En Paris el amor no es más que un libertinaje mitigado, un ejercicio social que somete nuestros sentidos sin comprometer la razón ni la obligación. Delicado por su inconstancia, no exige sacrificios que nos cuesten caros. (pp. 471).

La obra que dirige Minera tiene un buen reparto: Karina Gidi (La voz humana que dirigió Antonio Castro), la esposa de Diderot; Marina de Tavira, la provocadora Therbouche; Marcela Guirado, Angelique, la hija de Diderot y, Andrea Guerrero es Mademoiselle D’Hollbach alrededor de Diderot con Rafael Sánchez Navarro y Alberto Dányuro, el simpático Baronnet.

Las mujeres se encontraron en esa situación moral donde los sentimientos se funden y así, Marina de Tavira y sus compañeras lucieron el esplendor del vestuario de María y Tolita Figueroa, mientras veíamos cómo se da el cambio de ánimo para pasar de la alegría delirante a la moderada y, de ahí, a la tranquilidad, seguida de la sorpresa y el asombro hasta que terminan abrazados los amantes en un final feliz como en las buenas comedias, pues la oscuridad acabará en un nuevo siglo de luz. Nos deslumbrará el amanecer, después de haber estado algún tiempo en las tinieblas, como escribió D’Alambert en el Prólogo de la Encyclopedie.

sábado, 20 de junio de 2015

Capaz de quebrar el fémur de un lobo

EL INFORMADOR. Sábado 20 de junio, 2015.

Un galgo ruso o borzoi como los perros en la novela de Padura.
En agosto de 1940 Leandro Sánchez Salazar, jefe del servicio secreto de la policía en la ciudad de México, le preguntó a Ramón Mercader qué fue lo que hizo su víctima después de que le había dado en la cabeza con un piolet. El acusado contestó que había saltado como si estuviera loco y que había dado un grito que nunca más lo pudo olvidar, algo así como: ¡A... a... h...! Pero muy fuerte —dijo.

Así empieza El hombre que amaba los perros la novela de Leonardo de la Caridad Padura un cubano-español nacido en La Habana en 1955 que hace dos semanas resultó ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

Es el autor de varias novelas policiacas donde el protagonista es el detective Mario Conde —homónimo del banquero español— y de otras obras como El hombre que amaba los perros publicada en el 2009, una obra que recién hemos leído para descubrir que, en realidad, el hombre que amaba los perros es el producto o el factor común de tres de los protagonistas de la novela que ha sido estructurada con tres hilos narrativos con los que Padura teje la trama de sus 765 páginas: Iván Cárdenas Marturrel y su perro Truco, un callejero al que le salvó la vida este cubano que llega a conocer la historia que estamos leyendo un hombre bueno contra el que el destino, la vida y la historia se habían confabulado hasta destrozarlo; el segundo, es un catalán nacido como Ramón Mercader del Río (1913-1978) que amó a varios perros: Santiago y Cuba en su infancia; Churro, en la guerra civil e Ix y Dax, los galgos rusos al final de la vida de este hombre que fue entrenado por los rusos para matar y como agente se tuvo que llamar de diferente manera: primero como El Soldado 13, luego, Jacques Mornard, Frank Jacson o Jac, Román Pávlovich y Jaime López o ‘el hombre que amaba los perros’, como le decía Iván cuando lo conoció en La Habana mientras paseaba a dos borzois antes de morir en 1978; el tercer hombre que amaba a sus perros Maya y Azteca era Liev Davídovich Trotski (1879-1940) quien fue la víctima de un complot de Stalin (1878-1953) quien lo exiló, torturó y murió asesinado el 21 de agosto de 1940 cuando vivía exilado en su casa de Coyoacán en la ciudad de México.

La narración del cubano —y posible alter ego de Padura—nos hace ver la vida dura, miserable y constreñida de los cubanos, un espejo deformado de la Rusia de Stalin más la vida del verdugo y de la víctima hecha por un cubano a quien le cuentan todo lo sucedido. La novela empieza mucho tiempo antes del complot y termina con la muerte de los tres protagonistas y la entrega de los papeles que estamos leyendo.

La información de Trotski excede los límites de un lector no especializado pero, creemos que Padura aprovecha para ventanear a la Cuba castrista en esa especie de tiranía estalinista con lo que le cubano se regodea con pelos y señales de esa época siniestra.

Imaginamos ahora a Padura caminando con sus dos galgos de pelambres blancas, moteados de lila oscuro en el lomo y los cuartos traseros, y con el filo de los hocicos, dotados con unas mandíbulas —según la literatura canina— capaces de quebrar el fémur de un lobo.

sábado, 13 de junio de 2015

La alternancia y el poder

El Informador. Sábado 13 de junio, 2015.— 

En el momento de entregar el poder a través de la corona.
Los que tienen que dejar el poder podrían padecer una depresión parecida a la del postparto pero, una vez derrotados, ojalá toquen fondo y acepten su fracaso sin echarle la culpa a los demás. ¿Creen que ahora sí podrán aceptar sus defectos? ¡Qué difícil! Si nos va bien, ojalá se dan cuenta de los errores que cometieron y que acepten que no son dioses, sino unos seres mortales con ciertas limitaciones.

Fueron unas elecciones notables en donde se dieron varias sorpresas resultado de la alternancia democrática que vivimos en México. No lo dudo que a algunos de los que perdieron su corona a lo mejor les dan ganas de sentarse en el suelo y platicar tristes historias de otros reyes que han muerto, como le dieron a Ricardo II en la Inglaterra medieval cuando se enteró que Enrique su primo le había arrebatado la corona y el poder. Sentarse en el suelo. Qué tan deprimido hay que estar para hacerlo así, de pronto, como ese día que caminaba por la playa y vi cómo se sentaba de golpe una mujer en la arena: el mar se había tragado a su hijo y, ella, orinaba su tragedia.

¿Perder el poder es como perder un hijo? No lo sé, pero hay quien enloquece como le pasó al Rey Lear después de haber dividido su reino entre sus hijas mayores —como la izquierda lo ha hecho con sus hijas putativas. El rey Lear se quedó sólo, sin tener dónde caerse muerto y sin alguien a quien gobernar, excepto a su bufón. Después de resistir una tormenta, tocó fondo y, derrotado, entendió lo que era gobernar.

Ricardo II sabía que Dios lo había ungido y por eso estaba seguro que lo defendería con su ejército de ángeles. Nunca entendió por qué había sido víctima de unos soldados apestosos de carne y hueso. Un vez hecho prisionero, aceptó sus errores y se decía a sí mismo… ¿Es música la que oigo? ¡Ja, ja, ja! Qué amarga es la buena música cuando pierde su compás o le falta el ritmo exacto. Lo mismo sucede con la música de la vida de los hombres: aquí demuestro la delicadeza de mi oído, pues me doy cuenta perfecta cuando va a destiempo una cuerda mal templada… Pero, para la armonía de mi propio estado y tiempo, no tuve el mismo oído para darme cuenta que todo estaba fuera de compás…

Qué trabajo cuesta dejar el poder, sobretodo, saber que uno no es todopoderoso como creía que lo era. No puedo imaginarlos viajando en el Metro, pero, si fueran capaces de hacerlo, haciendo a un lado su vanidad, entonces, podrían ponerse en el lugar de los que gobernaba e imaginar qué tendría que hacer para mejorar su calidad de vida.

Ojalá que con la derrota acepten sus errores y no sigan echando la culpa de su fracaso a los demás. Ojalá aprovechen la caída y reconozcan haber derrochado su tiempo y, como Ricardo II, sepan que ahora es el tiempo el que me derrocha, pues ya no soy aquel reloj con el que los demás medían las horas: ahora son mis pensamientos los que hacen que los minutos acompañados por mis suspiros hagan el tictac

Con la alternancia se renueva la esperanza por una mejor gestión y los que mal gobernaron y abandonaron el jardín, sepan el trabajo que va a costar arreglarlo, pues... ¿cómo volver a poner este jardín en su estado regular si está lleno de mala hierba?, tal como lo dicen los jardineros que trabajan todos los días.

Mientras, la rueda de la Fortuna da otra vuelta y nosotros reconocemos que más se aprende más cuando se pierde que cuando se gana.



viernes, 5 de junio de 2015

Percibir esa música nos salva

EL INFORMADOR de Guadalajara. Ciudad de México, a sábado 6 de junio, 2015.

Margarita Molina y Adolfo Patrón,
fundadores de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.
Si fuera ciego, les pediría a mis guardianes que me despertaran todos los días con los primeros tres minutos del primer movimiento de la Primera Sinfonía de Mahler*, para que así me pudiera imaginar cómo sería el amanecer, pero, en todo caso, que lo hicieran con la versión de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) tal como la escuchamos el jueves pasado en la Sala Nezahualcóyotl en su gira por la ciudad de México. (*Con razón imaginé eso. Acabo de descubrir que la intención de Mahler al inicio de su Sinfonía era describir ‘el despertar de la naturaleza después de un largo sueño invernal’.)

Finalmente, vi y escuché a esta Orquesta, once años después de que la fundó Adolfo Patrón con todo y el Patronato que ahora preside Margarita Molina, su esposa, feliz de ver la respuesta del público en la Nezahualcóyotl. La interpretación fue como una puesta en escena: bien cuidados los contrastes desde el murmullo del amanecer y el canto de la alondra, hasta las melodías sentimentales y, al final, Mahler hecho todo un Dante sale del infierno rumbo al paraíso en un ‘súbito estallido de desesperación como puede ser el de un corazón herido profundamente.’

El director es Juan Carlos Lemónaco y el programa inició con el Concierto para piano No. 5 de Beethoven, el Emperador con Jorge Federico Osorio al piano, un virtuoso que desglosa cada nota como lo hizo esa noche con el más famoso de los conciertos por ‘su virtuosismo que se combina a la perfección’ que arranca con una melodía que se repite y se modifica con pequeñas variantes, como si la improvisaran sin perder su grandeza y majestuosidad inspirada en la vida de aquel Emperador cuando gobernaba en el Palacio de Schönbrunn en Viena.

Hace una década, Adolfo Patrón fundó esa Orquesta con sede en la ciudad de Mérida, en el Teatro Peón Contreras, restaurado como Dios manda y desde entonces lo hizo como si no tuviera otra cosa que hacer desde que se retiró para irse a vivir a su ciudad natal y, entre otras cosas, pudiera promover como nadie antes lo había hecho para que los yucatecos pudieran percibir la música culta. Con el don y la habilidad que tiene Adolfo, logró, en unos años, integrar los fondos y las instituciones que le han dado vida a esa que dicen se llama ‘La Orquesta Sinfónica Nacional de Yucatán’.

Como buen amante de la música, sabía cómo podía salvarles la vida, tal como lo explica Xavier Güell (Babelia, 23.05.15) cuando escribe sobre la música como «el ruido, la furia de un mundo destemplado, egoísta, no nos permite oír nuestra propia armonía interior. Esa armonía… ese canto sereno, cálido, que proclama la reconciliación entre el pulso trágico que late inevitable en todo ser humano y las fuerzas ocultas de la naturaleza. Percibir esa música nos salva, nos proporciona el placer inmenso de sentirnos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos, en donde todo está concordado por una cadencia general.»


Lemónaco dramatiza el primer movimiento de Mahler alejando a las trompetas del foro al amanecer; con los cornos levantados en horizontal para mayor contundencia; con los dobles timbales y, por ahí, salpicado, el canto sereno con el que Mahler expresó algunos de esos sentimientos amorosos y esperanzadores. Sí, la música es efímera y sólo existe en el preciso momento que la escuchamos. Sin embargo, altera la manera de ver el mundo y el lugar que ocupamos en él. ¿No creen?