viernes, 27 de noviembre de 2015

De libros, autores y otros recuerdos

México D.F., a sábado 28 de noviembre, 2015.— 

Madre leyendo unos cuentos de hadas a su hija, como deberíamos hacerlo.

Este sábado abre la puerta la FIL en Guadalajara, la feria del libro por excelencia en el mundo hispanohablante que ha logrado atraer a más de 765 mil almas que revolotean como mariposas alrededor de los libros, autores y otras celebraciones para que polinicen y cultiven así su vida interior.

En esta feria pretendo un regaderazo al ego, necesario para la sobrevivencia, en donde espero encontrar al editor que se atreva a publicar dos obras más que listas para su publicación: la nueva versión, corregida y disminuida de los 154 Sonetos de Shakespeare en una versión libre y A la orillita del río, una novela o ‘auto-ficción’ que he terminado este año para recuperar la autoestima que estaba por los suelos, una vez que trataron de noquearme, en donde cuento las aventuras editoriales de los años ochentas y de pasada, el trágico final de uno de los poetas a quien le publiqué ‘su’ libro de poesía.

Pero además, estaré como librero vendiendo los tres que recién he publicado en El Globo Rojo que algunos tapatíos ya conocen como son: el curso de Liderazgo que inspira y motiva basado en Enrique V, la versión libre de La vida de Enrique V y los Apuntes de esta obra, es decir, todo lo que quería conocer del liderazgo que motiva desde una nueva perspectiva, como podrán comprobar en aulabierta.org junto a unos video-anécdotas sobre el liderazgo político tomados de una entrevista que me hicieron hace unos años.

Y como no me conforme con esto, acepté la invitación de Ediciones Castillo para presentar brevemente una de sus novedades dirigida a la población juvenil con los Tales from Shakespeare, como se llama en su versión original o los Cuentos de Shakespeare, en la versión traducida por Darío Zárate Figueroa, ilustrada por Jesús Cisneros, Manuel Monroy y Javier Zabala basado en los textos de principios del siglo XIX de los hermanos Charles y Mary Lamb, a pedido del editor y librero William Godwin (padre de Mary Shelley, autora del famosísimo Frankenstein), después de haber puesto una librería y la editorial con una ‘biblioteca juvenil’, en donde pondrían a la venta libros sobre historia, mitología griega, biografías, así como, esas obras encargadas a diferentes autores, como en 1806 les pidió a los hermanos Lamb para esa versión abreviada y en prosa de las obras de Shakespeare. Los invito que me acompañen el sábado 28 a las 17:00 horas en el Salón Antonio Alatorre.

Ir a la  FIL es como volver a casa. Hace veinte años —que se dicen fácil como sucede en nuestra cabeza donde todo parece que fue ayer—, presenté mi primera novela, Confesiones de Maclovia (El Equilibrista, México, 1995), emocionado como pocas veces en mi vida, sudoroso y balbuceando alrededor de esa experiencia, sin poder creer que había terminado un libro de unas 400 páginas, con las historia que imaginé de ‘la divina Cova’, mi abuela. Luego regresé a la FIL en el 2002 con Las batallas del General en la mano, una obra que luego fue parte de la colección Grandes Novelas de la Historia de México y, en el 2010 volví con seis libros publicados por Santillana con las seis Historias de Shakespeare de seis versiones noveladas del Bardo.

Este año regreso feliz y una vez más con la espada desenvainada para disfrutar de las novedades que podremos encontrar o vender, de ver a esos autores que admiramos en medio de esos recuerdos e ilusiones que siempre imaginamos pensando que ahora sí esta obra será un parteaguas, antes de volver a la realidad y asumirla tal como es, sin mayores trámites. 


sábado, 21 de noviembre de 2015

Sin aliento

México D.F., a sábado 21 de noviembre, 2015.— 

Miles de hugonotes asesinados la noche de San Bartolomé, 1572.
Hay situaciones que nos quedamos sin aliento como todo esto que pasó el viernes 13 pasado en París o como pasó en el 9.11.01 cuando murieron 3,016 personas en las destruidas Torres Gemelas de NY cuando vimos actos que nos dejaron sin habla, o cuando leímos sobre los horrores de la ‘noche de San Bartolomé’ en agosto de 1572, cuando los fundamentalistas católicos, encabezados por Carlos IX de Francia y su madre, Catalina de Médici, mandaron matar a miles (no cientos), a miles de hugonotes (protestantes franceses), como parte de esa guerra religiosa (fundamentalista) como la que había en esos años en Francia. Ahítos de los sucesos en París, no puedo menos que desahogarme, con su permiso, escribiendo esta nota para compartirla con ustedes.

Volver a recorrer los lugares de los hechos y recordar cuando vimos a unas personas que prefirieron saltar desde lo alto de las Torres Gemelas —¡qué horror!— y los vimos caer por los aires sin poder aceptar eso que veíamos; ahora nos enteramos de esos islamistas asesinos, kamikazes, odiados por el resto del mundo que matan por matar envueltos en su locura fundamentalista donde creen que ganan con esos actos el paraíso prometido.

A sangre fría o bajo el efecto de drogas que alteran el sentido de la realidad, ejecutan a cientos de personas donde bien pudimos haber estado, como era en el concierto en Bataclán o tomando una copa en la La Bonne Bière o en el partido de futbol, cuando en un momento dado, sin tener vela en el entierro y sin darnos cuenta bien a bien, nos pasan por las armas unos tipos que tratan de imponer a Alá o lo hacen en venganza de otros extremistas en Siria.

Sin aliento. Mudos.

Pegados a la TV en directo, sentimos el frío de la madrugada en ese París otoñal, mientras iban y venían a los hospitales o a las morgues, enloquecidos, sin saber qué fueron esas explosiones o los golpeteos repetitivos que acabaron con la vida de los que, asombrados, no supieron lo que estaba pasando y medio escucharon el grito ‘¡Alá!’, o algo así, sin poder hacer nada antes de caer herido o muerto sin saber el resto de la historia.

La rabia de haber sido sorprendidos por unos demonios que cargan armas modernas que escupen balas y matan a esos que estaban ahí sin saber que iban a morir.

Mudos. Sin habla.

Moviendo la cabeza sin entender por qué hay gente capaz de hacer esto con premeditación, alevosía y ventaja, sin poder defendernos, ni enfrentarlos cara a cara, como debe ser, menos argumentar cualquier cosa y, de pronto, se apaga la luz y deja de latir el corazón que estaba entre la sístole y la diástole.

No sé por qué me viene a la cabeza A bout de souffle - Sin aliento (1960) o Pierrot le fouPierrot el loco (1965), las dos de Jean-Luc Godard con Jean-Paul Belmondo, cuando el loco de Pierrot decide suicidarse amarrándose unas citas a la cabeza con cartuchos de dinamita antes de que cerráramos los ojos para oír la explosión que hizo trepidar la sala.

La locura de una sociedad que nace, crece y se reproduce con ese lodo negro que corre por sus venas, como es la venganza que intenta suprimir a otra sociedad que, aunque es imperfecta, se permite vivir en libertad, igualdad y fraternidad además de ser tolerante con todo y sus cinco millones de islamistas.


Mudo. Sin aliento.

viernes, 20 de noviembre de 2015

El erotismo de Lulú, descarnado y crudo

México D.F., a jueves 19 de noviembre, 2015.— 

Escena de la ópera Lulú de Alban Berg desde el MET de NY.

El dramaturgo Fredrich Wedekind (1864-1918) estuvo trabajando veinte años para redactar una obra trágica basada en el erotismo descarnado  y crudo de una mujer a finales del siglo XIX. Cuando la terminó en 1913 le llamó La caja de Pandora. Más adelante la dividió en dos obras: una, El espíritu de la Tierra, en cuatro actos y, otra, en La caja de Pandora para que en 1928 Alban Berg (1885-1935) las tomara para hacer el libreto de su ópera Lulú, una obra que no pudo terminar de orquestar hasta que su viuda, Helena Nahowski le propuso a Arnold Schönberg que lo hiciera, pero, que tampoco se pudo concluir sino hasta después de la muerte de Helena, cuando la tomó el director austriaco Friedrich Cerha para ponerle punto final.

Se estrenó el 2 de junio de 1937 en el teatro de la ópera de Zürich y medio mundo se quedó con la boca abierta al ver todas y cada una de las escenas escabrosas de esta criatura llamada Lulú mientras despliega su capacidad seductora a dos bandas.

En el Prólogo imaginamos estar en un circo alemán en donde hay varias fieras exóticas. Entre ellas una gran serpiente venenosa y que no es otra sino la propia Lulú que nos recuerda a esa otra serpiente que le propuso a Eva le diera de su manzana a Adán, cuando todavía estaban en el Paraíso Terrenal.

En el primer acto, Lulú aparece como la esposa del Inspector de Sanidad mientras posa, disfrazada de Pierrot, para que el pintor le haga un retrato. Pero, ahí mismo se ha creado una tensión erótica brutal, y se le lanza en el momento en que entra el Inspector que, al ver a su esposa en lo brazos del pintor, cae muerto de un infarto al miocardio. Uno-cero.

En el segundo acto, el pintor ya está casado con Lulú, que por lo pronto es viuda y rica, mientras que él le vende todos sus cuadros al Dr. Schön, quien desde hace tiempo, era amante de Lulú. Por lo pronto el doctor decide terminar esa relación; cuando el pintor se entera en primera persona del singular, sin más y ante el fracaso amoroso decide degollarse con una navaja. Dos-cero va el marcador de la seductora Lulú.

Resulta que Lulú es una magnífica bailarina y tiene éxito en el escenario, pero un día se desmaya cuando se entera que el Dr. Schön tiene, por su cuenta y riesgo a una prometida. Lulú le tuerce la mano para que renuncie a su prometida, a pesar de que ella, a su vez y sin preocupación alguna, tiene varios amantes, uno tras otro.

En una escena fatal, se pelea con el doctor y Lulú, sin querer, dispara la pistola que le había dado Schön para que ella se suicidara y el pobre doctor cae mortalmente (Tres-cero) hasta que llega Alwa, el hijo de doctor y ve el cadáver antes de acusar a su madrastra de homicidio y que Lulú sea condenada por veinte años de cárcel.

La Condesa Geschwitz, lesbiana, amante enamorada de Lulú, (Tres-uno) se contagia de cólera para estar junto a ella en el hospital de la prisión para proponerle que huya de la cárcel disfrazada como la Condesa, cosa que logra hacer y Alwa, ahora sí, confiesa que ha estado enamorado de su madrastra desde siempre y trata de ayudarla, pero en el Epílogo, vemos a una Lulú que está prostituyéndose en una calle en Londres antes de recibir a uno de sus clientes que es nada menos que Jack, el Destripador que, por supuesto, mata a Lulú y a la Condesa, antes de que termine la obra (Tres-iguales) y salga de la escena con un ‘gesto displicente’ y nosotros decidimos si aplaudimos o no la puesta en escena del MET con esta ópera de Alban Berg.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Lorena Ochoa: liderazgo del triunfo

México D.F., a sábado 14 de noviembre, 2015.— 


El domingo 15 concluye el Lorena Ochoa Invitational que se lleva a cabo este año en el Club de Golf México en el corazón de Tlalpan, al sur de la ciudad, un torneo que se ha llevado a cabo con el profesionalismo con el que Lorena fue capaz de llegar a ser la número uno del mundo.

En el 2012 publica su libro Soñar en grande. Mi vida, el golf y cómo llegué a ser la número uno del mundo (Grijalbo, México), un libro que ha sido fuente de inspiración para establecer el liderazgo del triunfo siguiendo el método que he venido aplicando desde el 2008, después de haber estado con Richard Olivier en West Sussex, Inglaterra, en donde aprendí a traducir este tipo de complejidades a través del cristal del liderazgo, basado en algunas obras de Shakespeare, en donde se toma en cuenta los conocimientos y propuestas que nos permite mejorar la vida profesional.

El libro de Lorena Ochoa es otro modelo a seguir para descubrir lo que hizo, paso a paso, para llegar a triunfar en su vida y realizar sus sueños —ahora los nuestros en todo caso—, si es que logramos destacar eso que ella hizo para poder vernos en ese espejo y saber cómo llegó a ser ‘la número uno del mundo’, una vez que tuvo ‘un sueño y una ilusión’, como lo tuvo en su tiempo, Enrique V o Próspero o Marco Antonio en las obras clásicas de Shakespeare.

Lorena Ochoa dice al inicio de su libro, que… ‘logré ser la mejor golfista del mundo. Alcancé ese título porque era lo que más deseaba en mi vida, ese era mi más grande anhelo y me dediqué a lograrlo en cuerpo y alma. No fue una casualidad, tampoco fue un golpe de suerte y mucho menos una tarea fácil…. fue el resultado de una serie de decisiones acertadas, tomadas a su debido momento, de acciones enfocadas, de disciplina y entrenamiento y, sobre todo, de una gran pasión por el golf.’

Si seguimos leyendo, podemos revisar cómo y de qué manera logró tener tanto éxito sobre todo si lo entendemos a través del cristal del liderazgo y nos detenemos en su lectura para saber la fuerza que tiene ese ‘lograr lo que soñaba’ y, de ser posible, aplicar esa sabiduría a nuestra vida en donde el golf que ella practicaba como profesional, es el equivalente a lo que nosotros hacemos en nuestra vida.

Al final de su carrera en la LPGA, tiene el valor de aceptar ‘que no todo en esta vida es el golf —o el trabajo que hagamos—, pues (sabe que) la vida es mucho más que eso’ y eso también lo anotamos, como es tener el valor y la madurez que se necesita para saber retirarse a tiempo, cuando estaba en el mejor momento de su vida en donde ahora quería ‘intentar alcanzar otros sueños más grandes todavía’.

¡Qué maravilla! Y más adelante relata eso que hizo un día, antes de iniciar la temporada del 2010 en Morelia, después del Corona Championship, cuando decidió retirarse, sabiendo que todo esfuerzo tiene un fin y que ese era el momento de tomar esa decisión: ‘(lo hice) con una sonrisa gigante. Estaba preparada para iniciar una nueva vida. Me sentí la mujer más feliz del mundo. Había soñado en grande y había alcanzado todo lo que había anhelado: ser la número uno, retirarme como la mejor y hacerlo en mi país. Era momento de ir por otros sueños, ahora más grandes.’



domingo, 8 de noviembre de 2015

Compartir experiencias de otros refugiados

México D.F., a sábado 7 de noviembre, 2015.—

Refugiados españoles llegando a Veracruz (1939-1942).    

Tenemos una idea de la cantidad de refugiados que llegan a la Unión Europea, entre ellos, los sirios de clase media y media alta que huyen de su país destrozado por los bombardeos, pero no conocemos su perfil, ni sus habilidades y conocimientos para imaginarnos lo qué podrían hacer en el país que los reciba. De todas maneras podemos compartir la experiencia que tuvimos de 1939 a 1942, cuando recibimos a unos 25 mil refugiados españoles de la Guerra Civil que llegaron al Puerto de Veracruz en el Sinaia, Ipanema o en el Mexique. Entre ellos, había 6 mil hombres y mujeres bien preparados que aportaron sus conocimientos y su trabajo en diferentes ámbitos de la cultura, aportaciones que resultaron ser benéficas para México.

Algunos, apenas habíamos nacido (1941) y, por eso, los conocemos más por sus trabajos, sus libros, obras de arte o películas porque seguramente los hemos visto o asistido a alguna de las instituciones que fundaron como fue El Colegio de México. Algunos de esos nombres los rescato de la lista que publica Wikipedia de una nota que escribió el museógrafo Fernando Gamboa quien les rindió tributo en vida y que, seguramente, los viejos como su servidor, nos suenan conocidos, como Luis Buñuel, el compositor Rodolfo Halffter, la pintora Remedios Varo, el doctor Pedro Bosch Gimpera, el editor Enrique Díez-Canedo, los filósofos Joaquín Xirau y José Gaos; los economistas José Puche y Antonio Sacristán; el politólogo Adolfo Salazar; Pí Suñer, Bernardo Giner de los Ríos y otros hombres como Max Aub, Emilio Prados, Pedro Garfias, Eugenio Imaz, el poeta León Felipe, Otto Mayer Serra o el sacerdote José Manuel Gallegos Rocafull, figuras que tanto hicieron por México.

Por mi parte, les puedo asegurar a los europeos que varios de mis amigos íntimos fueron algunos de esos refugiados, como el querido, ingenioso y adorable Jaime Muñoz de Baena (1921-2015), casado con Amparo Torres, Mentores desde que llegué de Alemania a la ciudad de México en 1964, el mismo mes que nació Martín, mi hijo y un año antes que naciera Claudia, mi hija. Los Muñoz de Baena vivían en el edificio de la ‘Bola’ Creel en Plaza Río de Janeiro 30 con todo y sus hijos, Guillermo y Javier con los que caché pelota en la plaza y de repente los llevaba a Chapultepec.

A su vez, Jaime nos presentó a otros refugiados que resultaron ser muy queridos amigos, entre ellos, la adorable Rosario ‘Charo’ Maroto, esposa de Miguel Ángel Lavín y sus tres hijos: Mónica, la escritora, María José, la artista y Pedro, el comerciante; al poeta y cineasta Jomí García Ascot (1927-1986), a quien le publiqué Con la música por dentro (1981) y una Antología de la poesía antes que muriera. Cuando lo conocí estaba casado con María Luisa Elío y acababan de filmar El balcón vacío (1963). Luego, Diego su hijo, fue el editor de mi primera novela, Confesiones de Maclovia, en El Equilibrista. Todos amigos del alma.

Me pregunto si los europeos podrían aprender algo de lo que hicimos con ellos aunque las condiciones, los tiempos y cantidades son diferentes, bien deberían conocer cómo recibimos a los Niños de Morelia, esos 450 niños huérfanos que llegaron de España para que el Estado los tomara bajo su cuidado ‘con cariño e instrucción’. El año pasado —vi la fotografía en Internet—, se reunieron para celebrar sus buenos 80 años de edad.


¿Les podrá servir de algo? No lo sé, pero por eso pregunto.