sábado, 30 de enero de 2016

La suma exponencial de las artes

Ciudad de México, sábado 30 de enero, 2016.— 

Roberto Montenegro, Autorretrato en bola de cristal, 1953.

A veces, la presencia de una de las bellas artes hace que otra de ellas se altere y se sume exponencialmente como sucede ahora con la exposición que han inaugurado en la Casa Luis Barragán de la Ciudad de México, en donde han colocado en diferentes espacios de esa casa, obras de arte moderno de la colección y del proyecto ESTANCIA FEMSA, inspirada en la obra del arquitecto Luis Barragán (1902-1988).

El resultado es una suma de la belleza del espacio interior con las referencias de esas obras de arte del siglo XX que resultan pertinentes y juguetonas, colocadas con tino, para que no nos suceda aquello que decía Irving D. Yolom: ¿Cuánto me habré perdido en la vida sólo por dejar de mirar? ¿O por mirar sin ver? Ahora, esos espacios los vemos de otra manera: como un guiño con el que nos llaman la atención.

El proyecto lo imaginó Patrick Charpenel, miembro de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, junto con Eugenia Braniff quienes lo convirtieron en realidad. El curador de la exposición es Willy Kautz quien decidió poner ciertas piezas de arte en cada uno de los diferentes lugares.

Al entrar a la casa, vemos sobre la cómoda Mi vestido cuelga ahí (1933), un óleo de Frida Kahlo hecho cuando experimentaba con la geometría urbana o cuando empezó a sacar sus trapitos al sol y, a partir de esta sorpresa, y poco antes de entrar a la sala, vemos en el recoveco la gran esfera plateada que puso Barragán para que se refleje ese espacio con su doble altura y el jardín al fondo. Ahora, se le ocurrió a Willy Kautz recargar a un lado de la esfera la foto Frida Kahlo en el estudio de Manuel Álvarez Bravo (1930) y enfrente y a la vista, el autorretrato de Roberto Montenegro (1887-1968) donde su rostro se refleja en otra esfera plateada, convirtiendo esta entrada magistral en una obra dentro de la obra, con tres elementos o guiños más que sugerentes.

Sobre la cómoda de la sala Barragán colocó una reproducción del Guernica de Picasso y ahora, al curador se le ocurrió colgar arriba a la derecha (según se vea), el cuadro de Wilfredo Lam Cuando no duermo, yo sueño, (1955), un óleo en donde hay varios elementos del Guernica: la pata de caballo, los cuernos del toro, el ave que vuela por los aires y todo esto es de tal manera que, al mirarla de reojo, sumamos las referencias y vemos ese espacio de otra manera.

En el comedor está el gran óleo de Jesús ‘Chucho’ Reyes, amigo y asesor del arquitecto quien le sugirió, en su momento, que pintara el comedor de rosa mexicano: ahora, han puesto un pequeño retrato de ‘Chucho’ hecho por Lola Álvarez Bravo (1960) en donde el artista tapatío ve el comedor de reojo, como parece que ven el resto de los retratos de esta casa como el mismo ‘Cristo’ de Reyes y, en el muro ‘rosa mexicano’, han colgado un pequeño óleo (15x15 cm.) de Francys Alÿs (Fanny 78, 1994), verde perico, para provocarnos con los colores tal como Barragán jugó con ellos en 1948.

En el cuarto de visitas descansa Los mitos (1944) óleo de Juan O’Gorman como espíritu de visita y, en la recámara monacal del arquitecto, el Negro interior (1962) de Claudio Bravo para que sumemos exponencialmente la austeridad a la belleza de ese espacio.

No podían faltar en el estudio otras obras de la colección tan bien puestas que no hostigan al visitante, sino todo lo contrario, le da a cada obra el espacio que necesita para disfrutarlo, como sucede con los óleos de Eduardo Terrazas que lucen solitos en todo un muro y en el que está de frente, han colocado un pequeño cuadro de Joaquín Torres García Construcción en blanco y negro, (1931) que recuerda esos elementos que usan los arquitectos y, bajo el ventana, el juego óptico de Jesús Rafael Soto, Salut Renard (1976) y enfrente ese que cuando caminamos se mueve. Es el cuadro de Carlos Cruz-Diez Physichromie N. o 953, (1977).

ESTANCIA FEMSA al mismo tiempo apoya a los artistas jóvenes que están vivos. Por eso y para completar la exposición de Barragán fetichista han decidido pasarle la estafeta a Jorge Satorre para que propusiera un proyecto. Después de ver por todos lados lo que hay en la Casa Barragán, decidió retomar del archivo algunas de las caricaturas de Miguel Covarrubias (1904-1957) y darle ese toque fetichista inspirado en algunos gestos y partes de las caricaturas, como las manos o zapatos o el gesto del político caricaturizados, para reproducirlos en tercera dimensión como piezas de barro que también formarán parte de la exposición para inyectarle al arte contemporáneo una buena dosis de buen humor y hacer, en todo caso, que la tragedia sea mejor una comedia con final feliz.



martes, 26 de enero de 2016

¿Habrá muerto cuerdo don Quijote?

Ciudad de México, a sábado 23 de enero, 2016.— 



Moribundo don Quijote voltea a ver a Sancho Panza y le dice: ‘Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo…’ Y Sancho, llorando, le contesta: ‘No muera su merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía.’

Y con esto que leemos, nos preguntamos junto con Margit Frenk si en verdad don Quijote murió cuerdo, tal como lo resuelve en su libro ‘Don Quijote, ¿muere cuerdo?, y otras cuestiones cervantinas’, publicado por el Fondo de Cultura y que viene a cuento este año porque se cumplen los 400 de la muerte de Cervantes (1616) en la casa donde vivía en Madrid, un año después de haber publicado la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, en donde éste termina muriendo.

Cervantes sabía que iba a morir, tal como lo escribió en el Prólogo de Los trabajos de Persiles y Segismunda con unas viejas y famosas coplas que dicen: ‘Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo, / pues partir no puedo vivo’, antes de decirnos que ‘el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir’, como escribió un año antes de morir.

Uno puede imaginar que una cosa es lo que decimos —o escribimos— y otra, lo que estamos pensando, de tal manera que se dificulta el juicio y por eso, no podemos saber si para esas alturas de su vida sigue siendo el mismo caballero que conocimos en su primera salida urgido por ‘la falta que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer’ o si volvió a ser quien era antes.

Por eso estamos encantados de poder seguir, paso a paso, todas y cada una de sus aventuras, como si fuesen las propias, aunque diferentes, como aquella ocasión que se nos ocurrió enderezar algunos tuertos y salvar a la doncella de la locura de su casa llevándola volando a Friburgo en Brisgovia, aunque ya embarazada, para refugiarse en la casa que daba a la calle de la Selva Negra donde ese otro caballero, que se creyó andante, caminaba entre los bosques dándole de vueltas a eso que tenía que ver con el tiempo, el origen y el destino del hombre en general y de sus andanzas en particular.

Pero don Quijote, aparentemente cuerdo, llega de vuelta a su casa y hace su testamento después de ‘un desmayo para tenderse largo a largo, en la cama… Andaba la casa alborotada, pero, con todo comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena…’

Por eso vamos a ver cómo es que Margit encuentra solución a esa duda, cuando leemos cómo trataba de calmarlos asegurando que ‘he sido loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.’

En verdad, ¿habrá muerto cuerdo el de la Triste Figura?


sábado, 2 de enero de 2016

400 años de Cervantes y Shakespeare

Ciudad de México, martes 5 de enero, 2016.—


Empieza el 2016 un año en donde vamos a celebrar el IV Centenario de la muerte de dos gigantes de la literatura del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y William Shakespeare (1564-1616) que murieron el 23 de abril de 1616, hace 400 años, pero que siguen más vivos que muchos que no han muerto.

Nada mejor para celebrar su vida y sus obras que volverlos a leer y aquel que decida hacerlo, le garantizo tener un éxito rotundo si es uno de sus propósitos del año nuevo, porque estoy seguro que van disfrutar las historias y personajes que seguro andan al lado de sus creadores en los jardines del Olimpo.

Cervantes es el autor de Don Quijote de la Mancha, la primera novela realista en donde conocemos al inolvidable Sancho Panza, un hombre que parece haber salido de la vida real y que nos hace la vida más ligera aunque pasa de tener los pies en la tierra andar como su patrón por los aires, como sucede cada vez que lo volvemos a leer ahora desde las perspectivas que nos ofrece Martín de Riquer en su libro, Para leer a Cervantes (Acantilado, Barcelona, 2003) porque él es, quizás, el español de nuestros días que más se ha «aproximado» a la gran novela de Cervantes desde distintas perspectivas … para los que lleguen a la lectura sin más preparación que su inteligencia y sus deseo de conocimiento, como dice Dámaso Alonso en el Prólogo. 

Sin duda Don Quijote es la novela donde vamos a encontrar todo lo que queríamos saber y no nos atrevíamos a preguntar sobre lo que debe tener una novela como esta, sin la cual no se hubiera desarrollado ese género literario, como sucedió en el XIX con esta obra con la que pasamos unas buenas y entretenidas horas viajando con ese hombre de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro… que había leído todas las novelas de caballería que lo hacen enloquecer.

El otro escritor que murió ese mismo año es William Shakespeare el más grande de los poetas dramáticos que ha habido en la historia y que escribió treinta y siete obras de teatro que tienen que ver con la historia medieval de Inglaterra, o con Roma entre otras tragedias, comedias o últimas obras donde experimenta con la sintaxis, la métrica, la dicción, el uso de repeticiones, el lenguaje figurativo y las propiedades poéticas y verbales intrínsecas, tal como lo explica C.L. Barber. 

Creó una serie de personajes que son nuestros conocidos y que caminan a nuestro lado y a cada rato conversamos con ellos para tener puntos de referencia de su vida que nos permita entender mejor estos remolinos que producen los sentimientos, las pasiones, los amores, odios, deseos de venganza o de conquista como los que describe en su obra.

Hace quince años lo leo y escribo sobre ellos y si puedo, veo lo más reciente como hace poco la película de Macbeth del australiano Kurzel y del 17 al 19 de enero en el Lunario con el Hamlet del London National Theater, bajo la dirección de Lyndsey Turner, la tercera directora que recibió el Premio Laurence Olivier en el 2014, con el londinense Benedict Cumberbatch (1976-) como Hamlet (el actor que hace Sherlock en TV y que hará de Ricardo III en la continuación de la serie en TV The Hollow Crown o El hueco de la corona).


Valdrá la pena aprovechar estas celebraciones para que las nuevas generaciones descubran y disfruten estas historias ya sea esa que empieza en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no queremos acordarnos, o en la bella Verona, es decir en Tepa para volver a escuchar a Julieta y su poesía que reluce y es parte de esa historia de amor tan corta que parece un suspiro como la vida misma.