sábado, 27 de agosto de 2016

Viajar por España casi gratis

Ciudad de México, sábado 27 de agosto, 2016.— 


Los que saben, nos aconsejan que ahora que ya que se han acabado las vacaciones de verano es cuando hay que viajar. Así que hay que prepararnos para viajar y que ese viaje nos quede como anillo al dedo, ya sea que lo hagamos de manera virtual o esperamos a que llegue esa otra ‘realidad virtual’ para que con las gafas Oculus Rift podamos explorar Londres o París o la ruta maya y sus ruinas o lo que vayan incorporando.

Ustedes me van a perdonar pero descubrí una manera de viajar a España prácticamente sin costo alguno y con los mismos efectos de la tan cacareada realidad virtual. Por eso quiero contarles cómo es que lo logré y que ojalá les sea de provecho: el viaje me costó $150 pesos, como la versión Kindle de Edith Wharton Del viaje como arte. Travesías por España, Francia, Italia y el Mediterráneo, (La Línea del Horizonte, 2016) en donde leí los ‘Viajes a España en cuatro ruedas (1925-1930)’. Desde que empecé a leerlo sabía que estaba a su lado:

«Y por fin, de súbito, saliendo de una pelada yunta de una montaña, bajo un cielo duro y azul, con montañas por doquier, sin árboles, agudamente perfilada bajo una luz solar tan penetrante que cada objeto destaca con la despiadada prominencia de la linterna mágica: España…», y así habíamos llegado con Edith tal como lo imaginamos.

En esos días de lectura escuché la Rapsodia española de Liszt en la versión (gratuita) a través del boletín de Música en México con lo que pude complementar el viaje escuchando ese ‘pintoresquismo musical’ en donde Liszt se inspiró en algunos aires y melodías populares de Andalucía. Por la tarde volvía a ver Iberia de Isaac Albeniz en el DVD que tengo desde hace años coreografiado por Saura: el viaje se sublimó y pude entrar hasta el fondo del alma de los españoles.

Dicen que la Rapsodia es la única pieza «española» de Liszt que forma parte del repertorio y que, por eso, lo podemos escuchar en vivo en los conciertos sin que nos importe mayormente su ‘excesiva pirotecnia’, porque sabemos que Liszt era un apasionado como lo son las andaluzas de este viaje por España.

Con Iberia nos dan ganas de bailar como lo imaginó Saura que, cuando vuelvo a verla, me estremezco y asocio que Guadalajara como Sevilla, no sé por qué, tal vez por su clima, su alegría, sus mujeres o ese espíritu árabe lastimoso que hizo mella en el cante hondo en donde, más que mella, hizo nido, pues los moros habitaron ochocientos años esa región hasta que los expulsaron en 1610, después de esparcirlos por toda la Península y de haberlos derrotado en la guerra de las Alpujarras. Una expulsión que, desde entonces, tuvo efectos nefastos en la región.

Otro recurso muy efectivo es El arte de viajar (2002) de Alain de Bottom, en donde nos cuenta, entre otros, el viaje que (no) hizo un excéntrico y noble francés cuando quiso salir de París para ir a Londres y sólo llegó a la estación de tren donde se tomó una ‘half-pint’ en una taberna tipo ‘pub’. Mejor se compró los mapas de Londres (1:1) los montó en su biblioteca y viajó por toda la ciudad desde su sillón.

Como ven hay varias maneras de viajar ‘virtualmente’ —antes de que llegue esa tecnología—, si disfrutamos de los textos de Wharton, la música de Liszt y Albeniz y si con todo esto, nos servimos un buen jerez, entonces, podremos entrar de lleno por esos territorios imaginarios que son mucho mejor que sufrir del calorón y la sequía de los pueblos al Sur de España, llenos de turistas que apestan y la amenaza de los terroristas que intentan sorprendernos. ¿No creen?


sábado, 20 de agosto de 2016

Husografía o la recreación del mundo

Ciudad de México, sábado 20 de agosto, 2016.— 

Dos de las husografías de Merecdes Aspe en el MAM de Toluca.
No pudo ser en siete días la recreación del mundo que hizo Mercedes Aspe, tal como lo vimos en el Museo de Arte Moderno de Toluca. Le tomó más de tiempo en la creación, una vez que decidió habitar sus Husografías, sus «esferas de acrílico con divisiones paralelas similares a la división de los husos horarios de la esfera terrestre», tal como lo explicó Virginia Aspe en la presentación del pasado sábado 13 de agosto.

Estos planetas están divididos en gajos que van del Este al Oeste para que Mereces Aspe recreara su mundo y su sistema planetario en esferas de un diámetros de 60 o 70 centímetros como los que concibió en su estudio y empezó a dibujarlos permitiendo que sus criaturas-símbolos salieran del inconsciente hasta la punta de su lápiz, empezando por donde se le antojara con una rayita tras otra hasta que, de repente, dibujaba un rostro como el de una niña con todo y sus trenzas o la de un bocón de marras que intenta asustarnos y así seguir, hora tras hora, dejando fluir a su ritmo lo que se le iba ocurriendo para dejarlos plasmados en sus husografías «un tipo de arte que rebasa las categorías tradicionales de la pintura», como Virgina lo apuntó. Todo es sombra y luz, grises que cubren las maquetas de su sistema planetario con todo y una Luna en cuarto creciente, colgada de hilos, con sus mares, lagos, montañas encrespadas y planicies.

Más allá, los pequeños satélites esperaban impacientes poder girar alrededor de sus planetas, como su fueran hijos de tigres, pintitos. Todo esto es una obra original que ha sido creada a través de miles de horas que no podemos calcular porque no somos contadores, pero que creemos está cerca del infinito.

Y todo para que disfrutáramos un instante de esos símbolos que normalmente nos resistimos que salgan pero que Mercedes lo permitió con toda paciencia mientras oscurecía la parte meridional de uno de sus planetas y si le viene a la cabeza que allí haya luz, entonces, deja unos círculos que iluminan esa parte de la geografía.

Habitado así, encontramos a ‘pi’ (π = 3.1416) la relación entre la longitud de la circunferencia y su diámetro y, entonces, lo dibuja, pequeño en el Noreste de su planeta. Y sigue con otros objetos que pululan por su cabeza antes de dejarlos plasmados así nomás y a las tantas horas de trabajo diario.

Mercedes dejó a un lado la conciencia y dibuja lo que le viene en ese momento a la cabeza, sin poder borrarlos, para que queden en esa husografía de su imaginario infantil o algunos fragmentos de sus sueños o pesadillas cuando seguro se sintió un poco perdida.

Ella es una artista que la asocio con Dante cuando se trata de lo que le dijo Francesca da Rímini: «ningún dolor es más grande que el de acordarse del tiempo dichoso cuando está uno en desgracia», como tal vez lo dibujó como creí verlo desde la altura, cuando medio cegatón me acerqué para ver el detalle: vi unas caritas que me hablaban en secreto; formas que me decían cosas como esas que ya no están bajo llave porque han salido a flote después de tantas horas de trabajo durante tres años seguidos. Al final, respiré hondo y de repente di un suspiro, asombrado por esa rotunda belleza.

La obra de Mercedes —concluyó Virgina—, ha logrado plasmar el movimiento y la temporalidad de la pintura que, por su propia naturaleza, está inserto en condiciones estáticas y superficies planas bidimensionales habían sido derrotadas por Mercedes al incrustar su obra en las artes del tiempo que, en esencia tienen secuencia y movimiento.

sábado, 13 de agosto de 2016

Atrapados por los nazis

Ciudad de México, sábado 13 de agosto, 2016.— 

Richard Strauss a los 52 años de edad.
No podía estar en mejores manos La colaboración, una obra de Ronald Harwood (1934-) escrita en el 2008 por el mismo autor de El vestidor, (1983) y El pianista (2002). La trama de esta reciente obra se desarrolla alrededor del libreto que escribió el novelista Stefan Zweig (1881-1942) para que Richard Strauss (1864-1949) compusiera la ópera Die schweigsame Frau (La mujer silenciosa), una ópera que fue estrenada en 1934, cuando Hitler tenía dos años en el poder y, por supuesto, perseguía a los judíos, como persiguió al mismo Zweig, al tiempo que el compositor era amenazado por los Nazis para que colaborara con ellos o su nuera y sus dos nietos judíos, estarían en peligro.

Imaginaba a un Strauss diferente: viejo y enjuto, serio y carismático como puede ser un hombre importante a los 70 años de edad. Tenía otra idea de él, con una personalidad diferente a la que se presenta en la obra. Efectivamente era un compositor en busca de un libretista desde que había muerto Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) con quien había trabajado varias óperas: Electra (1908), El caballero de la rosa (1910) y Ariadna en Naxos (1912), entre otras.

No entendí por qué el ritmo con el que hablaba frau Strauss se parece tanto a la insoportable lentitud con la que habla Silvia Lemus en Tratos y retratos en su programa del Canal 22. Por eso la primera parte se estira como si sucediera en cámara lenta.

También imaginé, es fácil hacerlo desde la butaca, que podrían eliminar la circularidad de algunos diálogos donde se repite la conversación más de una vez con casi las mismas palabras y si además, eliminaran la escena en donde toman té frau Strauss y Lotte, entonces, la obra podría presentarse en un solo acto, a un ritmo que nos hubiera llevado en crescendo hasta el gran final, trágico y dramático: trágico, por el suicido de Zweig y Lotte en Brasil donde habían emigrado como ‘judíos errantes’ en donde el escritor se imaginó estar en un callejón sin salida, donde el suicidio era la única salida; dramático, cuando vemos a Strauss desecho por el dolor de esa pérdida y la culpa de no haber podido hacer algo por su amigo Zweig.

Hay un oscuro pero efectivo sentido del humor, más de ellos que de ellas, aunque la dureza de frau Strauss resultó ser cómica. Al final dice Zweig: ‘recuerda qué bella es la música, sí qué bella es sobre todo cuando se termina y nos quedamos por fin en silencio.’

Y luego cuenta otras anécdotas relacionadas con sus libros, como en el caso de la decapitación de Ana Bolena en donde ella le exige al Arzobispo de Canterbury que le narre, paso por paso, lo que le va a pasar hasta que le corten la cabeza…

—¿Y luego? —le preguntaba con ansias antes de imaginar su cabeza rodando por el suelo o cayendo en la canasta. Quiere saber todo y qué le pasa después de que la espada o el hacha haya caído:

—¿Y luego? —le volvió a preguntar al Arzobispo y éste se quedó callado. Entonces, ella misma se contestó…

—¿Y luego?… seré más sabia que usted…

La semana pasada terminó la temporada de La colaboración  traducida y dirigida por Sergio Vela con la Compañía Nacional de Teatro en Coyoacán quien cuidó de todos los detalles y la actuación de Juan Carlos Remolina como Strauss; Renata Ramos como frau Strauss; Diego Jáuregui como Zweig, Mariana Gajá como Lotte, la secretaria y amante del escritor, así como, Andrés Weiss como el Nazi, Hans Hinkel y, Ricardo Leal como Adolph, el coordinador del estreno de esa ópera en 1934 a quien luego corrieron por agregar el nombre del libretista judío en el programa de mano.

Ojalá pronto salga de gira y la puedan ver en Guadalajara.

sábado, 6 de agosto de 2016

La samba también es cultura

Ciudad de México, sábado 6 de agosto, 2016.—

La samba, el ritmo preferido en Brasil y en las olimpiadas.
Con cerca de dos mil eventos culturales y artísticos presentados en ochenta diferentes escenarios con más de diez mil exponentes de diversas regiones del Brasil, los espectáculos se presentarán en teatros y plazas en algunas de las trescientas veintinueve ciudades brasileñas por las que pasó la antorcha olímpica, tal como nos reportan los medios aunque no han trasmitido ninguno.

Así han dado inicio las olimpiadas culturales en Brasil al tiempo que ha empezado la deportiva y, en medio de toda clase de dificultades, seguro se ha hecho o se hará presente el baile y la música popular para que, parafraseando a Monsiváis, podamos decir que la samba también es cultura.

Vamos a disfrutar de esos deportistas que llegaron a competir, pues de eso se tratan las Olimpiadas, como bien decía Pierre de Coubertin (1863-1937) en 1896 cuando organizó las primeras olimpiadas modernas, tratando de recuperar el proyecto clásico, incluyendo las competencias literarias y artísticas con medallas tan válidas como las deportivas, como nos enteramos en la revista de agosto de El País el miércoles pasado, en donde Coubertin consiguió el primer lugar en los premios literarios participando con un seudónimo y su Oda al deporte.

Horacio (60 a.C.) ya sabía lo que significaba competir y, por eso escribió en su Arte poética esto: El que ahora se esfuerza por llegar corriendo hasta la meta deseada, sufrió mucho de niño, entrenó mucho, sudó, se quedó frío y se privó de Venus y de vinos, como lo rescató Juan Antonio González en ese artículo.

Para que se den un quemón del talento literario en Brasil, este fragmento del cuento La tercera orilla del río de Joao Gimarães Rosa (1908-1967) que empieza de esta manera:

«Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven y aún de niño, según me testimoniaron diversas personas sensatas, cuando les pedí información. De lo que yo mismo me acuerdo, él no parecía más raro ni más triste que otros conocidos nuestros. Sólo tranquilo. Nuestra madre era quien gobernaba y peleaba a diario con nosotros —mi hermana, mi hermano y yo. Pero sucedió que, cierto día, nuestro padre mandó hacerse una canoa..

Olimpiadas culturales las hubo en México en 1968 y en Inglaterra en el 2012, cuando organizaron el Shakespeare Festival invitando a treinta y seis países para poner en El Globo de Londres sus obras que se grabaron para que las pudiéramos ver en la red. México participó con Enrique IV, Primera Parte y, en ese mismo año, estuvimos a un clic de distancia, como si estuviéramos parados entre los «mosqueteros» resistiendo la lluvia del verano, para ver entre otras obras ‘Medida por medida’, con la compañía Vakhtangov de Moscú, donde enfatizaron el abuso de poder.

Luego, vimos dos versiones de Romeo y Julieta: la del Grupo Galpao de Portugal, un largo fado cantado por y para los enamorados que nos contaban su vida con una música melodiosa y festiva, combinando las artes circenses, la gimnasia y el buen humor —muchas veces despiadado—, mientras escuchábamos los sonetos de Julieta en ese ‘español deshuesado’, como decía mi tía Luisita. La otra, más oscura, como la de la compañía de Teatro de Badgad —donde sólo pudimos ver un tráiler— en un Irak destruido por los odios entre los Sunni y los Shía, como en Verona, entre los Capuleto y los Montesco. Recuerdo a El mercader de Venecia con el grupo Habima de Israel, que dejó claro de qué lado estaba a la hora del juicio de Shylock y los mercaderes, cuando éste cayó en las garras de la veneciana Porcia disfrazada de litigante.

Los medios no han mostrado nada de la olimpiada cultural pero domina en Brasil la samba que, como decía Monsivais del mambo, también es cultura. ¿O no?